jueves, 20 de abril de 2017

Visita de un día a Essaouira desde Marrakech

Vistas de la muralla de Essaouira

El viaje estaba llegando a su fin, pero aún quedaba la guinda del pastel, Essaouira. Antes de volver a casa pasaríamos una noche en esta preciosa localidad costera del sur de Marruecos.

Como cada mañana, cargamos las pilas con un buen desayuno marroquí en el riad Dar Nakous. Íbamos a echar de menos ese rico té por las mañanas, y es que a lo bueno, uno se acostumbra rápidamente.

Tras recoger las maletas y hacer el checkout, nos despedimos de nuestro querido riad de Marrakech y cogimos un taxi en la calle para que nos llevase a la estación de buses. En esta ocasión, ni nos molestamos en preguntar a los taxistas/timadores que estaban en la plaza y buscamos directamente uno que pasase por allí. Finalmente, y con el taxímetro puesto, la carrera nos costó 12 MAD (1,12 € aproximadamente). A saber lo que nos hubiesen cobrado los otros.

Bus de Marrakech a Essaouira

Ya teníamos los billetes comprados gracias a las gestiones que hicieron desde nuestro riad, así que ese trámite nos le habíamos ahorrado. Nos costaron 110 MAD a cada uno (unos 10,28 €). Lo primero que hicimos al llegar a la estación fue preguntar en información de qué dársena salía nuestro bus. Estábamos de suerte, era de clase superior, así que íbamos a ir bien cómodos durante todo el viaje. También es cierto que ese tipo bus valía un pelín más caro, pero por los horarios era el que más nos convenía.

El camino fue bastante tranquilo. Tras una hora y media de trayecto hicimos una pequeña parada de unos 15 minutos en un bar de carretera lleno de turistas. Algunos aprovecharon para tomarse algo, ir al servicio... pero nosotros teníamos aún el estómago lleno, así que nos quedamos en el bus. Estas paradas siempre se hacen cuando haces el trayecto Marrakech - Essaouira en bus, así que no te impacientes si haces este viaje, es lo normal.

Tras unas tres horas de trayecto llegamos a Essaouira. Nada más bajarnos del bus nos empezaron a ofrecer, tanto taxistas como porteadores, sus servicios para llevarnos al riad y cargar ellos con las maletas. La estación de buses se encuentra fuera de la medina, pero está pegada a las murallas (puedes ver la localización exacta en el mapa de más abajo), así que no nos hacía falta la ayuda de nadie. Lo que sí que hicimos antes de irnos fue pasarnos por la oficina de la estación, para comprar los billetes de vuelta para el día siguiente; 80 MAD cada uno (unos 7,48 €). En este caso iríamos en un autobús normal.

Paseo por la Medina de Essaouira

Desde la estación, caminamos rodeando la muralla hasta llegar a la puerta de la medina llamada "Petit Bab Marrakech". Siguiendo las instrucciones de la dueña del alojamiento, caminamos por la medina hasta que llegamos al riad Dar Sabon.

Rincón de la medina de Essaouira

Estuvimos hablando con la dueña y anfitriona durante un rato. La chica era una extranjera (inglesa si no recuerdo mal) que llevaba tiempo afincada en Essaouira. Nos recomendó restaurantes, cafés, lugares que visitar y demás rincones con encanto que tiene esta localidad. Era un encanto.

Al salir del riad empezamos a caminar por las calles de su medina. Calles estrechas donde el blanco y el azul lo inundan todo. Pequeñas tiendas en las que pese a estar acostumbrados a los turistas no te avasallan para que compres algún artículo. Era un verdadero placer caminar por allí. De hecho, no en vano, la medina es Patrimonio de la humanidad por la UNESCO desde 2001.

Lena en una de las calles principales de la medina de Essaouira
Una de las calles principales de la Medina de Essaouira Puerta de la medina de Essaouira

Después de caminar un rato llegamos a la plaza de Mulay el Hassan, el corazón de la ciudad. A un lado las casas y callejuelas de la medina y al otro la muralla defensiva y el mar. Es un lugar lleno de encanto y también una buena opción para tomarse un café o un té en una de sus terrazas.

Vista general de la plaza de Mulay el Hassan

Allí cerca están los puestos de pescado donde puedes pegarte un buen festín, de calidad y por poco dinero. Pero no adelantemos acontecimientos, eso te lo cuento más tarde.

Skala du Port, las mejores vistas de Essaouira

Desde la plaza de Mulay el Hassan nos fuimos directos a la Skala du Port, uno de los grandes atractivos de esta localidad pesquera. La entrada cuesta 10 MAD por persona (algo menos de 1 € al cambio), algo insignificante por las vistas que ofrece. El horario de apertura es de las 8:30 hasta 18:00, aunque cierran durante unas horas a mediodía.

Lena caminando por las murallas de la Skala du Port
Agujero en las murallas de la Skala du Port Lena al lado de los cañones de la Skala du Port

Desde lo alto de las murallas de esta fortaleza obtendrás una de las imágenes más icónicas de esta ciudad, ésa que aparece en la mayoría de las guías o cuando buscas en Google, el océano atlántico golpeando las murallas de Essaouira con decenas de gaviotas surcando los cielos.

Vistas de Essaouira desde la murallas de la Skala du Port

En la muralla hay una abertura circular tremendamente fotogénica desde la que se ve la medina, y en la que la gente se suele subir para hacerse una foto. Para facilitar las cosas han puesto unas escalares que te permiten subir sin ningún problema. Un buen detalle.

Alberto en la abertura de la Skala du Port

Estuvimos un buen rato haciendo fotos a través del agujero de la muralla, a las gaviotas que volaban a nuestro alrededor, a sus murallas y a la preciosa estampa de la costa. Es un lugar para dedicarle un tiempo y disfrutar de las vistas tranquilamente.

Gaviotas en las murallas de la Skala du Port
Una puerta de la fortaleza Skala du Port Murallas de la Skala du Port

Caminando por la muralla, en el lado opuesto desde donde se tienen las vistas a la medina, se puede observar el puerto pesquero de Essaouira. Allí esperaban amarrados algún viejo barco y muchas pequeñas barcas hasta la mañana siguiente, cuando volverían a salir a faenar. Mientras tanto los pescadores arreglaban sus redes y preparaban los útiles de trabajo para la próxima jornada. Parecía que estábamos en las costas españolas de hacía más de 30 años. Aunque son escenas normales para ellos, a nosotros nos recordaban a otra época, a otros tiempos.

Vista general del puerto pesquero de Essaouira
Barcas amarradas en el puerto pesquero de Essaouira Gaviota frente al puerto pesquero de Essaouira

Frente a las murallas de la Skala du Port se puede ver la isla de Mogador que durante la época fenicia y romana se usaba para la producción de tinte púrpura; de ahí se segundo nombre, Îles Purpuraires (islas púrpuras). Hoy en día es una isla deshabitada donde solo quedan las ruinas de una fortificación, una mezquita y una presión ya en desuso. Sin embargo, ahora es el hogar de los halcones de Eleonora, aunque cuando nosotros fuimos ya no estaban por allí, ya habían migrado a otra zona (se les puede ver desde abril a octubre).

Un banquete de pescado y marisco a buen precio

Tras la visita a la Skala du Port volvimos a los puestos de pescado por los que habíamos pasado y no pusimos a mirar las diferentes opciones que tenían. Todo tenía muy buena pinta y los tenderos nos hacían ofertas realmente buenas por comer con ellos. Después de elegir uno donde el producto tenía bastante buena pinta, nos pusimos manos a la obra con el regateo (sobre todo a la hora de elegir unas piezas u otras) y conseguimos una auténtico festín para dos por 160 MAD (unos 15 € al cambio).

Puestos de pescado cerca del puerto de Essaouira
Sardinas y cigalas, mmmm Lena poniéndose las botas de pescado y marisco

Además de una pequeña ensalada y una botellita de agua para cada uno, nos sirvieron gambas y calamares para un regimiento, un par de sardinas bien hermosas para cada uno, un par de cigalas, un lenguado, una dorada y un besugo. Todo ello cocinado a la plancha delante de ti y con un sabor delicioso. Aunque todo estaba muy rico, tengo que decir que nos costó terminarlo; menuda cantidad de comida.

Felicices tras un buen banquete
Skala de la Ville, el mejor atardecer de Essaouira

Después de comer fuimos paseando tranquilamente por la zona baja de la muralla de la Skala de la Ville hasta que de repente no topamos con una pequeña tienda de artesanía de madera. Aquel lugar era un auténtico tesoro, lleno de tallas y diferentes objetos de madera que el artista había elaborado con sus propias manos. De hecho, el taller en el que trabajaba estaba en la misma trastienda.

Estuvimos un buen rato hablando con él, mientras no enseñaba los objetos más curiosos que tenía. Sobre todo nos llamó la atención una pequeña "caja fuerte" de madera, en la que en su interior se encontraba escondida la propia llave que la abría. El truco estaba en que para acceder a ella, tenías que hacer ciertos movimientos en "piezas ocultas" de la propia caja. Cuando nos enseñaba sus obras, sus ojos brillaban con la ilusión de un niño pequeño, se le veía que estaba tremendamente orgulloso de su trabajo. Por supuesto, no nos fuimos de allí sin comprar algún recuerdo: un par de imanes de madera 20 MAD y 15 MAD (1,86 € y 1,40 € al cambio), unos posavasos de madera de thuya por 80 MAD (unos 7,45 €) y una cajita por 50 MAD (unos 4,66 €).

Tiendas bajo las murallas de Essaouira Parte baja de la muralla de la Skala de la Ville

Al salir de la tienda seguimos nuestro paseo hasta la parte alta de las murallas de la Skala de la Ville. Si sois seguidores de la serie de Juego de Tronos (¡ojo! posible spoiler si no has visto la tercera temporada), seguro que os acordáis de cuando Khaleesi reclutó a los inmaculados de Astapor. Pues bien, las escenas de la muralla fueron grabadas allí mismo.

Atardecer en Essaouira desde la Skala de la Ville

Pero además de haber servido de escenario para Juego de Tronos, si tienes que elegir un lugar para ver atardecer desde Essaouira, ese es sin duda desde la Skala de la Ville. Las vistas que se tienen desde allí son espectaculares. Se ve la muralla con toda una hilera de cañones, a lo lejos la Skala du Port y como telón de fondo el océano Atlántico con el Sol sumergiéndose en él. Un momento mágico.

Un buen té para despedir el día

Para terminar el día nos fuimos a buscar un lugar donde tomar un buen té. Porque claro, de cenar ni hablamos; aún estábamos llenos de la comida. Aunque eso sí, encontramos un hueco para tomarnos una dulce con almendras que compramos en un puesto callejero de la medina (6 MAD, poco más de 0,50 €). Sería el acompañamiento perfecto para el té y además, nunca se dice que no a un buen dulce.

Siguiendo las recomendaciones de nuestra anfitriona, nos fuimos a la cafetería Loft. Un lugar que se sale de los estándares marroquíes y que está decorado con un estilo vintage. De los diferentes tipos de tés que tienen nos pedimos dos tés Royale por 20 MAD cada uno (unos 1,86 € al cambio) que estaban riquísimos. Una cafetería que merece la pena, aunque hay que tener en cuenta que el estilo del lugar es más bien europeo y no algo típico marroquí.

Tomando un té en la cagetería Loft

De camino al riad las calles estaban oscuras y completamente solitarias, y la verdad es que daba cierto respeto caminar por allí. Pero tal y como nos comentó la dueña del riad al día siguiente, no había nada que temer. Todos se conocen dentro de la medina y saben que los turistas son una fuente de ingresos muy importante para la mayoría de ellos que tienen que cuidar. Por otro lado, sí que leí en alguna página que al anochecer se debía evitar las callejuelas de la mellah (barrio judío), ubicado en la zona noreste. Pero igualmente, al comentárselo a nuestra anfitriona, nos dijo que eso había sido un problema hacía varios años, pero no hoy en día.


Te dejo un mapa con los puntos de interés de Essaouira que visitamos durante este día, además de otros que también puedes visitar (marcados en amarillo).

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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lunes, 13 de marzo de 2017

Próximo destino... ¡Dublín!

Temple Bar

Hace ya unos meses del viaje a Vietnam y pese a que hayamos hecho alguna escapada a Córdoba o a Navarra, tenemos ganas de un viaje un poco más largo. Por suerte, en unas semanas se saciará esa sed viajera con un viaje a Dublín.

A finales de marzo me iré a Dublín durante una semana. Por desgracia, será un viaje que haré yo solo, ya que al ser un viaje de trabajo no me podrá acompañar Lena. Saldré hacia la capital irlandesa el sábado 25 de marzo, para volver el lunes 3 de abril. A día de hoy tengo reservado los vuelos y el alojamiento, pero no tengo planificado nada más. Iré improvisando según pasen los días, así que cualquier recomendación que me puedas dar será bienvenida.

Ruta planificada

De lunes a viernes tendré las mañanas ocupadas realizando un curso en Dublín, así que eso días aprovecharé para visitar la ciudad por la tarde. Tengo muchas ganas de vivir el ambiente de Temple Bar, perderme entre libros de la biblioteca del Trinity College, tomarme una pinta bien tirada en la antigua fábrica de cerveza Guinness, conocer lugares tan cargados de historia como la cárcel de Kilmainham, visitar iglesias como la de catedral de San Patricio o Christ Church, dar un paseo por el Phoenix Park o cruzar el puente Ha'penny Bridge.

Ha'penny Bridge

Pero además de visitar todos esos lugares, seguiré el consejo que me han dado varios amigos y "viviré la ciudad". No es una ciudad que tenga tantos atractivos como París, pero sí que es una ciudad que se disfruta tranquilamente, sabiendo saborear los pequeños momentos que te ofrece. Por supuesto, espero tus consejos y recomendaciones para sacarle todo el jugo a Dublín.

Acantilados de Moher

Además de los días que pase en la capital, aprovecharé los fines de semana para hacer alguna escapada a los enclaves más importantes del país. El tiempo que tengo es limitado por lo que tendré que seleccionar bien qué es lo que veo y que no. En un principio tengo pensado ir a los Acantilados de Moher y a la Calzada del Gigante (en Irlanda del Norte), pero todavía no tengo nada cerrado. En un futuro ya tendré tiempo para conocer tranquilamente el país con Lena, por ahora me conformo con visitar alguno de sus lugares más icónicos.

Calzada del gigante

¿Alguna recomendación?

Ya te lo he comentado un par de veces durante el post, pero cualquier recomendación será bienvenida. Qué lugar no debo perderme de Dublín, dónde escuchar buena música en directo, ese rincón de la ciudad que no aparece en las guías pero que es una auténtico tesoro, dónde comer buena comida a buen precio, dónde sirven una buena pinta si tener que pagar un riñón... en fin, todos esos lugares que pese a no ser conocidos (o sí), no debería perderme en mi viaje por Dublín.

Si quieres saber cómo me va en este viaje, sígueme en las redes sociales con el hashtag #NotasDublin.


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jueves, 9 de marzo de 2017

Visita a Ouarzazate y de compras por Marrakech

Fachada de la Kasbah de Taourirt

Hoy era el último día de la Ruta de las Mil Kasbahs. Volvíamos a Marrakech después de haber pasado unos días estupendos recorriendo en coche el sur del país, viendo paisajes espectaculares y viviendo experiencias únicas como ver amanecer en el desierto. Pero eso no significaba que el viaje acabase aquí, todavía nos quedaban unos días en el país. Además, hoy visitaríamos lugares que merecían mucho la pena.

Comenzamos el día con las pilas bien cargadas. Como para no, habíamos dormido de lujo en la cama del riad Ksar Aylan. Bajamos a desayunar y nos encontramos con el desayuno habitual de los días anteriores: zumo de naranja natural, té y café, crepes, tortitas, pan, mermeladas y yogurt natural. Un desayuno sano y bien sabroso. Así daba gusto comenzar el día.

Desayuno en el riad Ksar Aylan

Cuando bajamos a recepción a pagar con la tarjeta, tuvimos unos problemillas con el datáfono y no pudimos hacerlo, así que les pedimos que nos dijesen dónde había un cajero automático para poder sacar dinero en efectivo. Había uno cerca de allí y se ofrecieron a acompañarme por si me liaba entre las laberínticas calles. No era muy difícil llegar a él, pero mejor con ayuda, que al menor despiste te pierdes. Les pagamos y nos despedimos de uno de los mejores riads en los que nos habíamos estado. La verdad es que hasta el momento todos los alojamientos estaban siendo espectaculares y bien baratos.

Visita a la Kasbah de Taourirt

Cogimos el coche y nos dirigimos a la Kasbah de Taourirt, al otro lado del río. No hay problema en ir hasta allí en coche, ya que puedes aparcar en la misma puerta, por eso no nos preocupamos en que el riad que reservamos en Ouarzazate estuviese algo alejado de allí. Al aparcar pagamos al gorrilla de turno 5 MAD (algo menos de 0,50 €) para evitar problemas. Sinceramente no sé si realmente actúan como los gorrillas de España, pero por si acaso le dimos algo.

Patio interior de la Kasbah de Taourirt

Fuimos a sacar las entradas, 20 MAD cada uno (1,87 € aprox.), y nos encontramos de frente con los falsos guías que hay a la entrada. Nosotros no queríamos hacer una visita guiada, pero si estás interesado en hacerla te recomendamos que contrates los servicios de los guías que se encuentran en el interior, ya que éstos son los oficiales. Por lo que leímos en la Lonely Planet, por una visita de dos horas, un precio justo sería unos 150 MAD (unos 14 €).

Vistas del resto de la Kasbah de Taourirt

El caso es que entramos por el patio de armas y empezamos a recorrer sus estancias. La kasbah de Taourirt tiene la peculiaridad de tener su interior muy bien conservado, a diferencia de lo que ocurre con otras del país. Varias de sus salas están decoradas con mosaicos de azulejos de colores y techos finamente labrados. La verdad es que nos gustó más de lo que esperábamos. Es cierto que no llega a la grandiosidad del Ksar de Aït Ben Haddou, pero la belleza de este lugar radica en descubrir su interior laberíntico.

Alberto en el interior de una sala de la Kasbah de Taourirt
Vistas dentro de la Kasbah de Taourirt Techos labrados de la Kasbah de Taourirt
Lena cerca de unas ventanas de la Kasbah de Taourirt
Visita a los Estudios Atlas

Tras estar poco más de una hora recorriendo el interior de la kasbah nos montamos de nuevo en el coche y fuimos hasta nuestro siguiente destino a las afueras de Ouarzazate, los Estudios Atlas. En un principio no teníamos pensado entrar, pero como ese día teníamos tiempo de sobra, al final nos animamos.

Entrada a los Estudios Atlas

Los Estudios Atlas o Atlas Corporation Studios son unos estudios de cine que se encuentran a 5 kilómetros al oeste de Ouarzazate, en dirección a Marrakech. Si eres un aficionado al cine o vas con niños, este lugar es una visita obligada. Aunque si no es el caso, como nos pasa a nosotros, también es muy recomendable entrar. Es realmente curioso ver los entresijos de la escenografía de grandes producciones como "Gladiator", "Asterix y Obelix: misión Cleopatra", "Prince of Persia: Las arenas del tiempo" o escenas de la serie "Juego de Tronos".

La entrada para ver los estudios se compra en la recepción del Oscar hotel, dentro del complejo de los Atlas Studios. El precio es de 50 MAD por persona (unos 4,68 € al cambio) e incluye un guía (en inglés) que te acompaña durante el recorrido. Entre octubre y febrero el horario de visita es de 8:15 a 17:15 y el resto del año es hasta las 18:45. Aunque si quieres ver los horarios actualizados mejor visita su web.

Templo del Tibet en los Estudios Atlas
Escenografía de calles en los Estudios Atlas Lena levantando una roca super pesada en los Estudios Atlas

Durante la visita el guía te va comentando que estás viendo y a qué película pertenece el escenario que tienes delante. Algo que nos llamó bastante la atención fue ver cómo reutilizan la escenografía para diferentes películas. Edificios enormes llenos de columnas pueden usarse para representar un templo Chino, un templo egipcio o uno romano; simplemente basta con cambiar ciertos detalles o la distribución de los elementos.

Templo egipcio de los Estudios Atlas
En los callejones de los Estudios Atlas Catapultas de los Estudios Atlas
Fachada de un templo egipcio de los Estudios Atlas

En resumen, es una visita de una media hora que merece mucho la pena si pasas por Ouarzazate. Lo único malo es que al ser una visita guiada no pudimos entretenernos tanto haciendo fotos como nos hubiese gustado.

Paso por la cordillera del Atlas y el puerto de Tizi n'Tichka

Tras salir de los Estudios Atlas pusimos de nuevo rumbo a Marrakech. Poco a poco el paisaje fue cambiando de llanuras desérticas a montañas imponentes y lo que eran largas rectas de asfalto se convirtieron en carreteras zigzagueantes sin fin.

Vistas de la cordillera del Atlas

En esta ocasión sí que paramos en el puerto Tizi n'Tichka para hacer un par de fotos. Pese a que aparcamos unos metros antes de la cima para evitar captar la atención de vendedores ambulantes, no habíamos puesto un pie en el arcén cuando dos chavales corrieron hacia nosotros como alma que lleva el diablo para ver si hacían su agosto. Por desgracia para ellos no estábamos interesados en comprar nada, ni en quedarnos allí regateando por ningún artículo.

Puerto Tizi n'Tichka

Las carreteras por esa zona son una sucesión de curvas y más curvas, a lo que si sumamos las obras de remodelación que había cuando hicimos el viaje, nos hizo ir durante un buen rato realmente despacio. Aprovechando el paso de tortuga que llevábamos, nos paramos en el arcén para hacer unas fotos de las vistas tan impresionantes que hay desde allí arriba.

Vistas de la cordillera del Atlas

Por el camino, poco a poco se sucedían escenas de las que no estamos muy acostumbrados en España, pero que recuerdan a un tiempo cercano no muy lejano. Carros tirados por burros, camiones cargados hasta límites insospechados, gente haciendo vida en los arcenes de la carretera... esas imágenes que recuerdan de cierta manera a la España de hace décadas.

Carro tirado por un burro
Dos burros por las carreteras de Marruecos Camión por las carreteras de Marruecos
Rally por la medina de Marrakech y devolución del coche

Tras unas horas al volante llegamos a Marrakech. Unos kilómetros antes de entrar a la ciudad se nos ocurrió la "fantástica" idea de acercar el coche al riad, para no tener que cargar con las maletas desde la oficina de alquiler de coches. Esto no sería una mala idea si el riad no se encontrase en medio de la medina. Da igual que Google Maps, el GPS o la divina providencia te diga que puedes meter el coche por las laberínticas calles de Marrakech, es una auténtica locura. Tras dar más vueltas que un tonto, entrar por calles por las que el coche entraba bastante justito, hacer maniobras imposible, sentir como los locales nos miraban con cara de "ya está el guiri de turno tramándola con el coche"... nos paramos en una calle cercana al riad y me fui corriendo con las dos maletas hasta el alojamiento. Conclusión, si alquilas un coche, no lo metas por las calles de la medina.

Tras nuestro particular rally por la medina de Marrakech, nos fuimos a devolver el coche a la oficina de alquiler. Antes de entregarlo paramos en una gasolinera para lavarlo por 10 MAD (1 € aproximadamente) y para llenar el depósito por 285 MAD (26,65 € al cambio). En nuestro caso teníamos que devolverlo con el depósito lleno, tal y como nos lo habíamos encontrado. Aunque es común, no siempre es necesario devolver el coche así, fíjate en las condiciones de tu alquiler.

Al llegar a la oficina de Avis devolvimos las llaves y el GPS, pero antes de firmar los papeles, el ayudante del encargado salió con nosotros para ver el estado del coche. El muchacho dio un par de vueltas al coche y nos dijo que la aleta derecha tenía un golpe que no estaba en el parte que firmamos cuando lo recibimos. Nos quedamos a cuadros, no habíamos tenido ningún incidente con el coche. ¿De qué sería eso? Empezamos a pensar en los lugares en los que lo habíamos aparcado, por los caminos por los que habíamos conducido, pero no se nos ocurría ningún lugar donde pudiésemos haber recibido un golpe. Por suerte, habíamos contratado un seguro adicional que nos cubría ese golpe, así que no tuvimos que pagar ningún extra por reparación, daños o cualquier otra cosa. Menos mal.

Al salir de la oficina seguimos hablando del golpe y caímos en la cuenta de que teníamos fotos en el móvil de cuando nos dieron el coche. A buenas horas. Cuando las vimos nos dimos cuenta de que el golpe había estado allí siempre, pero no lo habíamos apuntado en el parte. Menudo fallo, tanto el no apuntarlo, como el no revisar las fotos cuando nos dijeron lo del golpe. Sinceramente, creo que ellos sí que sabían que el bollo ya estaba en el coche cuando nos lo dieron, pero intentaron sacarse un extra haciéndonos creer que había sido culpa nuestra. Por suerte, contratamos el seguro adicional que cubre esos incidentes. Así que, ya sabes, si vas a alquilar un coche fíjate bien en todos los golpes y rozones cuando te lo den, hazle fotos (y utilízalas al devolverlo) y así evitaras "timos" de este tipo. Por lo que luego he leído, más de uno ha sufrido esta práctica al devolverl el coche en compañías de alquiler de Marruecos.

De compras por los bazares de Marrakech
Murallas de Marrakech

Fuimos caminando por la avenida Mohammed V hasta llegar a las murallas de la ciudad, un lugar que todavía no habíamos visto y que luce especialmente bonito por la noche. Estas murallas que datan del siglo XII separan la medina de la ciudad de la parte moderna de Marrakech. Aunque la muralla tiene varias puertas a lo largo de su recorrido, por la zona que nosotros la cruzamos no hay ninguna, ya que la avenida la rompe literalmente.

Seguimos paseando hasta la siempre viva plaza Djemaa El Fna, el epicentro de la actividad diurna y nocturna de Marrakech. Desde allí nos desviamos hacía los zocos para ultimar las compras y encargos que traíamos de casa. Nos esperaban un par de horas de búsqueda de chollos, regateo y negociaciones con los hábiles comerciantes marroquíes. Sabíamos que por mucho que nos esforzásemos, ellos saben regatear mejor que nosotros y siempre conseguirán un trato más que favorable. Al fin y al cabo somos occidentales, un billete con patas en muchas partes del mundo.

Tras pasarnos por unos cuantos puestos y utilizar todas las tácticas que conocemos para conseguir mejores precios acabamos comprando un mochilita, una cartera, un monedero y un cinturón, todos de cuero, por 450 MAD (un poco más de 42 € al cambio). Por la calidad de los artículos, creo que conseguimos un buen precio. En España algo nos hubiese valido muchísimo más. Así que salimos bastante contentos, aunque cansados después de tanto regateo.

Restaurante Lune D'or cerca de la plaza Djemaa El Fna

Tras terminar las compras nos acercamos al restaurante Lune D'or, al que ya habíamos ido un par de veces en los días que pasamos en la ciudad al inicio del viaje. En esta ocasión nos pedimos una ensalada de cabra (20 MAD, unos 1,90 € al cambio), un tajine de carne con ciruelas (50 MAD, unos 4,70 €), un tajine marrakchia de cordero con limón (40 MAD, unos 3,75 €), dos batidos de aguacate (13 MAD cada uno, unos 1,20 €), un chawarma de carne que es como un kebab (30 MAD, unos 2,80 €) y un zumo de papaya (10 MAD, unos 0,90 €). Como ves nos pusimos las botas, pero es que no habíamos comido nada durante todo el día salvo en el desayuno. En total fueron 176 MAD por comer como auténticos animales, que al cambio son algo menos de 16,50 €.

Tras el festín nos fuimos directos a descansar a nuestro alojamiento, el riad Dar Nakous. Al día siguiente volveríamos a dejar Marrakech para coger un bus e ir a Essaouira, una localidad que teníamos muchas ganas de visitar y que seguro sería un guinda estupenda al viaje.


Te dejo un mapa con los puntos de interés que visitamos durante el cuarto día que estuvimos de ruta por el sur de Marruecos, además de otros que puedes visitar (marcados en amarillo) si tienes más tiempo.

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