miércoles, 18 de enero de 2017

Un paseo por la medina de Marrakech

Patio interior de la Madrasa Ali Ben Youssef

Comenzaba un nuevo día en Marrakech y queríamos seguir descubriendo la ciudad, pasear por sus laberínticas calles y encandilarnos con sus colores, aromas y sabores. La magia de nuestro alojamiento, el riad Dar Nakous, solo hacía aumentar esta sensación. Daba gusto levantarse en un lugar así.

Hacía algo más de fresco que la mañana anterior, así que decidimos tomar el desayuno en el salón interior del riad en vez de en la terraza. Al igual que la mañana anterior, estaba todo riquísimo, sabores naturales y caseros acompañados de un delicioso té bereber. Nos encanta el té y el de este lugar es de los mejores que hemos probado nunca.

Desayuno en el salón interior del riad Dar Nakous

Antes de irnos, le pedimos al encargado del riad que si podía ir a comprarnos un par de billetes de bus para Essaouira (2*110 MAD, solo ida) para cuando volviésemos de hacer la Ruta de las Mil Kasbahs. Nos dijo que por supuesto, que cualquier cosa que pudiese hacer por nosotros. lo haría. Nosotros nos teníamos que preocupar solo de disfrutar de la ciudad. Pero qué majo. Hizo el trámite sin cobrarnos ningún cargo y nos ahorró bastante tiempo.

Mezquita de la Koutoubia, el edificio más alto de Marrakech

Salimos del riad y nos fuimos a seguir conociendo la ciudad. El primer destino de la lista era la Mezquita de la Koutoubia, pero antes pasamos por la omnipresente plaza Jemaa el-Fna. Esa plaza siempre tiene vida, siempre tiene algo que ofrecerte, parece que nunca descansa. Desde allí no hay pérdida, basta con que mires alrededor para distinguir a lo lejos el minarete de la mezquita, que con sus 66 metros de alto es el edificio más alto de la ciudad. Para llegar allí, caminamos por la Rue Ibn Khaldoun, una calle llena de carruajes de caballos donde los cocheros no paraban de ofrecernos sus servicios. Pero sinceramente, no era algo que nos apeteciese hacer en Marrakech, preferíamos caminar por sus calles.

Mezquita de la Koutoubia

La Mezquita de la Koutoubia es la mezquita más importante de Marrakech. Data del siglo XII y su famoso minarete dicen que sirvió de inspiración para construir la Giralda de Sevilla. Por desgracia, para todos aquellos que no somos musulmanes, no se nos permite la entrada al templo.

Pese a que no se puede entrar merece la pena ir hasta allí y ver de cerca la Mezquita. Además, en los alrededores se encuentran los jardines de la Mezquita de la Koutoubia, un lugar tranquilo para pasear y hacer algunas fotos.

Jardines de la Mezquita de la Koutoubia
Callejeando por el zoco de Marrakech

Tras dar alguna vuelta por la zona de la mezquita, deshicimos nuestros pasos y nos fuimos al zoco de Marrakech, el gran bazar de la ciudad. Para los amantes de las compras y el regateo este lugar es un auténtico paraíso. Puedes encontrar un montonazo de cosas a muy buen precio, solo hay que armarse de paciencia y regatear sin prisas.

Zoco de Marrakech

Las calles que conforman este gran zoco se encuentran en la parte norte de la plaza Jemaa el-Fna. Nos resultó curioso ver como las tiendas se agrupan por gremios. Por ejemplo, en una calle nos encontrábamos solo productos de cuero y al torcer la esquina solo había puestos de lámparas, de comida o de ropa. Pese a que no somos muy de shopping y tampoco tenemos mucha paciencia para el regateo, nos gustó mucho el paseo que dimos por allí. Bueno, rectifico, a Lena no le gusta el regateo. Sin embargo, yo cada vez le voy cogiendo más el gustillo, la verdad.

Tienda especializada en balones de fútbol en el zoco de Marrakech
Interior de una tienda de lámparas en el zoco de Marrakech Zona de tiendas de lámparas en el zoco de Marrakech
Madrasa Ali Ben Youssef, uno de los tesoros de Marrakech

Pese a la insistencia de los mercaderes conseguimos salir del zoco sin comprar nada. Toda una hazaña, sin duda. Desde allí nos fuimos a visitar la Madrasa Ali Ben Youssef o simplemente Madrasa de Ben Youssef. Un lugar que, pese a no ser de los que más ganas teníamos de ver en la ciudad, fue de lo que más nos gustó. La entrada cuesta 20 MAD (unos 1,86 €) por persona y el horario de visita es de 8:00 a 17:00. Para ver la información actualizada visita la página de la Madrasa Ali Ben Yousef.

Al buscar información sobre Marrakech, vi este lugar, pero ¿qué es una madrasa? Es el nombre que se le da a las escuelas en la cultura árabe. ¡Bendita Wikipedia que siempre nos saca de un apuro! En este caso, la Madrasa de Ben Youssef es la más importante de Marrakech. Construida en el siglo XIV fue utilizada para alojar a más de 800 estudiantes en sus celdas o habitaciones.

Vista general del patio interior de la Madrasa Ali Ben Youssef
Alberto en el patio interior de la Madrasa Ali Ben Youssef Tragaluz de la Madrasa Ali Ben Youssef

El lugar impresiona nada más entrar. Tan pronto entramos en el patio interior nos dimos cuenta de la belleza de aquel sitio. De hecho, nos pasamos un buen rato allí sentados admirando los detalles de las paredes, los arcos, la madera labrada, los estucos... Un lugar para relajarse y disfrutar.

Lena frente a unos bonitos azulejos de la Madrasa Ali Ben Youssef
Interior de una sala de la Madrasa Ali Ben Youssef Lena en el patio interior de la Madrasa Ali Ben Youssef

Tras estar un buen rato observando el patio interior subimos las escaleras laterales y empezamos recorrer los pasillos de la escuela. Éstos comunican las diferentes celdas donde dormían los estudiantes, así como otras estancias de la escuela. El lugar es increíble. Por cierto, hay una muy buena vista del patio interior si te asomas por alguna de las ventanas que hay en las celdas del piso superior.

Vistas del patio interior desde el primer piso de la Madrasa Ali Ben Youssef Los dos en una ventana de la Madrasa Ali Ben Youssef

Antes de irnos de la madraza fuimos al servicio (5 MAD, algo menos de 0,50 €). Bueno, pues si el lugar es espectacular, los servicios no se quedaban atrás. La decoración seguía la misma línea que el resto del edificio, de hecho, me atrevería a decir que esos servicios eran originales salvo "algunas ligeras mejoras modernas". Lástima que no hiciese ninguna foto para que lo puedas ver.

Patio de la Madrasa Ali Ben Youssef
Alberto en un balcón de la Madrasa Ali Ben Youssef Lena en un balcón de la Madrasa Ali Ben Youssef
Lune D'or, un restaurante bueno y barato en el centro de Marrakech

Nos moríamos de hambre, así que al salir de la madraza nos fuimos a buscar algún lugar dónde comer cerca de la plaza Jemaa el-Fnaa. Paseando por una de sus bocacalles, Passage Prince Moulay Rachid, vimos una terraza llena de gente. Era la del restaurante Lune D'or, un lugar sencillo, con variedad de comida y a buen precio, así que nos sentamos y probamos a ver qué tal. Puedes ver la localización exacta del restaurante aquí.

Después de darle vueltas a la carta nos pedimos un tajín de carne y ciruelas (50 MAD, unos 4,67 €), una pizza margarita (30 MAD, 2,80 € al cambio), una tortilla con queso para compartir (25 MAD, unos 2,33 €) y dos tés para beber (10 MAD cada uno, 0,93 € al cambio).

Tajín de carne y ciruelas en el restaurante Lune D'or

El tajín de carne y ciruelas estaba delicioso, con la carne bien jugosa y las ciruelas dándole ese toque dulce tan rico. Para mí fue el mejor tajín que comimos en todo Marruecos. La pizza margarita estaba bien, al igual que la tortilla con queso, pero nada que ver con el plato de carne.

Al final de la comida estuvimos hablando con una pareja que se sentó al lado nuestro en la terraza. La chica era española, pero el chico era de origen marroquí que vivía en España desde hacía muchos años. Nos aconsejaron que tomásemos un batido de aguacate (13 MAD, unos 1,20 €) y así lo hicimos. Estaba riquísimo, de hecho, no fue la última vez en el viaje que nos pedimos ese mismo batido. Les estuvimos hablando sobre la ruta que teníamos pensado hacer y nos dio algún consejo para hacer la Ruta de las Mil Kasbahs y que todo nos fuese bien. Básicamente, se podía resumir en que tuviésemos cuidado con la policía porque tienen fama de ser algo corruptos y te intentan sacar dinero con multas por exceso de velocidad, etc. También nos dijo que pese a que viésemos a gente haciendo autostop por el camino, no debíamos recogerles. No tenía porqué pasarnos nada, pero podía darse el caso de que nos atracasen y se llevasen todo.

Lena bebiendo un batido de aguacate

La verdad es que la conversación con la pareja nos había dejado algo intranquilos por las precauciones que teníamos que tomar los próximos días. Pero al final, la realidad que nosotros percibimos fue bastante distinta y mucho menos peligrosa de cómo la pintaba él.

Una pastelería de referencia en Marrakech

Tras el festín nos fuimos a dar una vuelta para bajar la comida. Íbamos caminando por la calle en la que habíamos comido en dirección contraria a la plaza Jemaa el-Fna. Lo que se suponía era un paseo sin más, tenía un destino bien claro, la pastelería "Patisserie des Princes Glacier - Salon de thé". Había leído buenas referencias de este lugar, así que hicimos una parada para comprarnos un par de pasteles, uno de 6 MAD (unos 0,56 €) y el otro de 16 MAD (1,50 €). Estábamos llenísimos y comérnoslos en ese momento hubiese sido pura gula. Así que nos los guardamos para más tarde, para cuando volviese a surgir el gusanillo.

xxxxxx

Seguimos caminando por las calles de la ciudad en dirección a nuestro riad, para descansar un poco. Fuimos por calles distintas por las que aún no habíamos pisado, saliéndonos de las más transitadas y turísticas, para ver cómo era la vida de la gente. Es lo bueno de usar el app maps.me del que ya os he hablado, que aunque vayas por lugares desconocidos no te pierdes.

Al rato de llegar a la habitación y tras haber descansado un poco, no pudimos resistirnos y nos comimos los pasteles que habíamos comprado en la Patisserie des Princes Glacier. La verdad es que aguantamos demasiado sin abrir la cajita de los pasteles. ¡Nos puede el dulce!

Café de France, té con vistas a la plaza Jemaa el-Fnaa

Ya estaba anocheciendo y volvimos a salir a la calle, pese a que nos podía la modorra. Queríamos despedirnos de la ciudad como es debido antes de comenzar la ruta hacia el desierto. Así que nos dirigimos a la plaza Jemaa el-Fnaa para tomarnos un té a la menta desde la terraza de uno de sus cafés. Hay varias buenas opciones en la plaza para hacer esto, pero en nuestro caso elegimos el café de France, ya que desde aquí se ven los puestos de comida nocturnos y de fondo la mezquita de la Koutoubia.

Vistas de la plaza Jemaa el-Fnaa desde la terraza del café de France

No es un lugar barato, ni mucho menos. Un té a la menta vale 15 MAD (unos 1,40 €) y tampoco es nada del otro mundo. Lo que realmente pagas son las vistas que se tienen desde la terraza. Pese a todo, para nosotros mereció la pena. Con un telón de fondo envidiable, estuvimos charlando tranquilamente entre sorbo y sorbo de té, observando la vida de una plaza que parece que nunca descansa.

De vuelta al riad nos acercamos a un cajero automático que había en la plaza Jemaa el-Fna para sacar algo de dinero en efectivo antes de iniciar la ruta en coche al día siguiente. Cerca había un puesto de palomitas y no nos pudimos resistir a comprar un par de bolsas (3 MAD cada una, unos 0,28 €) antes de irnos a dormir.

Hoy terminaba nuestra etapa en Marrakech, una ciudad que nos había gustado más de lo que esperábamos, pese a que nos dejamos unas cuantas cosas sin ver como los Jardín Majorelle, el Museo de Marrakech, los Jardines de la Menara o dar un paseo en camello por el Palmeral (los tienes marcados en el mapa de más abajo). Sin embargo, al día siguiente empezaba lo bueno, empezaba la aventura de la Ruta de las Mil Kasbahs.

Te dejo un mapa con los puntos de interés de Marrakech que te he ido comentando a lo largo del post, además de otros que puedes visitar si tienes más tiempo (marcados en amarillo).

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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jueves, 12 de enero de 2017

Echando la vista atrás, resumen del 2016

Como todos los años, los primeros días de enero volvemos la vista atrás y recordamos los viajes y experiencias vividas durante el año que nos acaba de dejar. Ha sido un 2016 en el que hemos conocido nuevos lugares de nuestro país, pero de una forma diferente, ya que ahora solemos viajar con nuestra pequeña Amy. También hemos tenido la suerte de hacer por primera vez dos grandes viajes en un mismo año, ambos con destino al continente asiático. Así que no podemos quejarnos en absoluto forma, ¿no?

Málaga, primera escapada perruna del año (Marzo)

El primer viaje del año llegó con las vacaciones de Semana Santa. En esta ocasión optamos por un viaje dentro de España, un viaje al sur en busca del buen tiempo. Uno de los principales motivos del viaje era disfrutar con Amy de una playa para perros, así que nos fuimos a Málaga, más concretamente a Fuengirola, que cuenta con una estupenda playa en la que se permite entrar con mascotas.

Amy mirando al horizonte en la playa de Fuengirola
Amy corriendo en la playa de Fuengirola Alberto y Amy en la playa de Fuengirola

También tuvimos tiempo para hacer senderismo por el Torcal de Antequera, declarado recientemente Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

El Torcal de Antequera

Uno de los días aprovechamos para visitar la ciudad de Málaga, donde no tuvimos problemas para entrar en un estupendo restaurante donde trataban con mucho cariño a los perros. La verdad es que no tuvimos ningún problema en viajar con nuestra pequeña por esta zona.

Vistas desde el mirador del Gibralfaro de Málaga
Amy y Lena en el teatro romano y la Alcazaba de Málaga Catedral de Málaga

Aprovechando los días al máximo, nos dio tiempo a visitar una de las localidades más bonitas de la provincia malagueña, Ronda, donde nos quedamos con la boca abierta con su espectacular Tajo de Ronda.

Alberto y Amy mirando el Tajo de Ronda

Norte de Extremadura, naturaleza con mayúsculas (Abril)

Aprovechando el puente de mayo decidimos hacer otra escapada con nuestra pequeñaja. Esta vez fue una escapada centrada en la naturaleza. Al contar solo con tres días teníamos que elegir un destino relativamente cercano para aprovechar bien el tiempo. Finalmente optamos por Extremadura. Ya habíamos estado el año pasado en el #TBMPlasencia y nos habíamos quedado con ganas de conocer mejor la zona, así que decidimos hacer una ruta de 3 días por el norte de Extremadura.

La primera parada del viaje fue el P.N. de Monfragüe, en el que además de poder ver un montón de buitres, disfrutamos de una buena ruta de senderismo y de las maravillosas vistas que hay desde el Castillo de Monfragüe.

Amy y Lena frente al Salto del Gitano en el P.N. de Monfragüe
Buitres en el P.N. de Monfragüe Amy mirando las dehesas de Extremadura en Monfragüe

Uno de los días que mejor nos lo pasamos fue haciendo una ruta por la Garganta de los infiernos, en el Valle del Jerte, un lugar espectacular.

Los Pilones de la Garganta de los Infiernos
Lena y Amy en la ruta de los pilones Volviendo de la ruta de los pilones

También sacamos tiempo para visitar a un amigo que tenemos en Hervás e hicimos una pequeña ruta por el valle del Ambroz.

Alberto y Amy en la chorrera del valle del Ambroz Lena y Amy caminando por un sendero en el valle del Ambroz

Para terminar el viaje hicimos una breve parada en el trayecto de vuelta para admirar la belleza del Meandro del Melero.

El meandro del Melero

Raíces de Castilla, el primer blogtrip de Castilla y León TB (Junio)

En junio llegó nuestro primer blogtrip, RaícesCyLTB. Junto con otros bloggers de la asociación Castilla y León TB, de la que formamos parte, visitamos las localidades burgalesas de Poza de la Sal, Oña y Frías en un día cargado de visitas y actividades.

Vistas desde el castillo de Frías
Claustro del Monasterio de San Salvador de Oña El Salero de Poza de la Sal

San Vicente de la Barquera, combinación perfecta de casa rural con encanto y playa perruna (Junio)

Al principio del verano, aprovechando el buen tiempo, hicimos una escapada de fin de semana con Amy a la playa de San Vicente de la Barquera. A lo largo del año volveríamos alguna otra vez a esta playa en la que puedes entrar sin problemas con tu perro.

Amy y Lena descansando después de un buen rato de juego
Amy en la playa para perros de San Vicente de la Barquera Qué pesados son Lena y Alberto haciéndome fotos todo el rato

Japón, el gran viaje del verano (Julio)

Como todos los años, con la llegada del verano, llegó el gran viaje del año. El país elegido en esta ocasión fue Japón, un lugar que nos encantó y superó con creces nuestras expectativas. Tenemos claro que volveremos a visitarlo, nos lo pasamos genial.

La primera parada del viaje fue Kioto, una ciudad tradicional, llena de templos, jardines y santuarios que te transportan a otra época. Sin duda alguna, uno de los lugares que más nos gustó del viaje.

El templo Kinkakuji o Pabellón Dorado de Kioto
El templo Ginkakuji o pabellón de plata de Kioto Puente en los jardines del santuario Heian de Kioto
Lena paseando por los jardines del Pabellón de Plata de Kioto
Templo Kiyomizudera de Kioto Bosque de bambú en Arashiyama (Kioto)

Hicimos una visita al templo Fushimi Inari-Taisha, que está a poca distancia del centro de Kioto. Este santuario nos hizo revivir momentos mágicos de la película "Memorias de una geisha". Ya que estábamos, para rematar la experiencia y hacer un poco el friki, ese mismo día nos disfrazamos de geisha y samurái en un estudio fotográfico de Kioto.

Dos japonesas vestidas con traje tradicional paseando por Fushimi Inari-Taisha Lena y Alberto disfrazados de geisha y samurái en Kioto

Desde Kioto también hicimos una excursión a la cercana ciudad de Nara, donde los ciervos se quedaron con parte de nuestro corazón.

Templo Todaiji de Nara
Lena dando de comer a los ciervos de Nara Ciervo entre los farolillos del santuario Kasuga Taisha en Nara

De Kioto nos desplazamos hacia el oeste, haciendo una breve parada en Okayama para visitar sus famosos jardines Korakuen, uno de los tres más importantes de todo el país.

Alberto en los jardines Korakuen de Okayama

Siguiendo el camino hacia el oeste visitamos Hiroshima y vimos, gracias a su museo y demás monumentos conmemorativos, la barbarie que sufrió esta localidad en la Segunda Guerra Mundial II.

Monumento de la Paz de Hiroshima o Cúpula de la Bomba Atómica

En nuestro viaje al oeste del país llegamos finalmente a la isla de Miyajima, un lugar precioso donde además de disfrutar de la isla, vivimos la experiencia de alojarnos en ryokan (un alojamiento tradicional japonés).

Lena en la habitación de nuestro ryokan de Miyajima Tori de Miyajima

Desde Miyajima volvimos hacia el este y, en nuestro camino, hicimos noche en Himeji. Allí se encuentra el que es considerado el castillo de la época feudal más bonito que aún se conserva a día de hoy.

Lena delante del castillo de Himeji

Tras Himeji nos fuimos unos días a los conocidos como Alpes Japoneses, en concreto a Takayama. Una localidad tranquila y llena de encanto, en la que tuvimos la suerte de dormir dentro de monasterio budista. Y por si eso no fuese suficiente, probamos la deliciosa carne de Hida (muy similar a la de Kobe).

Calles de Takayama
Alberto en un puente de Takayama Carne de Hida en el restaurante Maruaki de Takayama

Desde nuestra base en Takayama hicimos una excursión de un día a Shirakawa-go, uno de los pueblos más bonitos que hemos visto en nuestra vida.

Panorámica de Shirakawa-go
Casas de Shirakawa-go Lena frente a un campo de arroz y una casa en Shirakawa-go
Casa tradicional del estilo gasshō-zukuri en Shirakawa-go

Tras los Alpes Japoneses el viaje dio un giro brusco y pasamos de la tranquilidad de las montañas a la locura de una megaurbe como Tokio. Una ciudad en la que nos lo pasamos pipa jugando en las Taito Station, cruzando el famoso cruce de Shibuya y viendo todas las excentricidades de la ciudad y sus habitantes. Además, probamos en un restaurante de la lonja de pescado de la ciudad el mejor sushi que hayamos comido nunca.

Lena pasándoselo pipa en una Taito Station en Tokio
Cruce de Shibuya Alberto con la estatua de Hachiko
Alberto con una estatua de Gundam a tamaño real en Odaiba Panorámica con el edificio Asahi y la Tokyo Skytree
Selección de sushi de atún en un restaurante de la lonja de Tokio

Desde Tokio hicimos varias escapadas. Una de ellas fue a Kamakura, donde se encuentra su famoso gran Buda.

El gran Buda de Kamakura

También pasamos por la moderna Yokohama, aunque no fue lo más destacado del viaje.

El Skyline de Yokohama

Uno de los lugares que más nos gustó de Japón fue Nikko. Una ciudad que se encuentra a unas dos horas de Tokio y que cuenta que con un conjunto arquitectónico increíble ubicado en las montañas.

Lena e Nikko
Los tres monos sabios en el santuario Toshogu en Nikko Estatuas en el abismo de Kanmangafuchi en Nikko
Puente Shin-Kyo en Nikko

Como viene siendo costumbre en los viajes que hacemos, queríamos nuestra ración de aventura, así que decidimos subir el Monte Fuji. En una maratoniana jornada que empezó de madrugada subimos y bajamos en el mismo día al pico más alto de todo el país nipón. Una experiencia muy cansada, pero inmensamente gratificante.

Lena en la cima del Monte Fuji

Para despedirnos del país hicimos un breve parada en Osaka, una bulliciosa ciudad que solo tuvimos tiempo de conocer por la noche.

Cartel de Glico en Osaka

Como extra al viaje, y gracias a las conexiones de los vuelos, estuvimos unas seis horas visitando Ámsterdam. Aunque fue poco tiempo, pudimos pasear por sus calles y ver los principales puntos de interés. Seguro que no tardando mucho volvemos allí, nos pareció una ciudad muy interesante.

Lena comiéndose unas patatas fritas en los canales de Ámsterdam
Iglesia y canal de Ámsterdam Canales de Ámsterdam

Mallorca, escapada de relax al paraíso insular de las Baleares (Agosto)

No había terminado el verano cuando volvimos a hacer otra escapada. En esta ocasión eran un viajecito de relax a Mallorca para visitar a una amiga y conocer la isla. Playa, kayak, snorkel y alguna visita cultural fueron nuestra rutina durante la escapada de 3 días a Mallorca, una guinda perfecta para el fin de la estación estival.

Lena en la Cala Domingos
Alberto buceando en Mallorca Vistas de Cala Antena
Alberto en la Cala Domingos
Catedral de Palma de Mallorca Vistas de Porto Cristo

Vietnam, volvemos a Asia en un segundo gran viaje del año (Noviembre y Diciembre)

A finales de noviembre, y por primera vez, volvíamos a hacer otro gran viaje en un mismo año. Durante casi 20 días estuvimos recorriendo Vietnam de sur a norte.

La primera parada fue la "capital del sur", Ho Chi Minh City. Una ciudad enorme invadida por miles de motos que nos sirvió como base para hacer alguna otra visita cercana.

Alberto delante de un tanque en el Palacio de la Reunificación de Ho Chi Minh City
Catedral de Notre Dame de Ho Chi Minh City Hombre descansando en su moto en Ho Chi Minh City
Vistas desde la terraza del hotel en Ho Chi Minh City

Una de esas escapadas que hicimos fue al Delta Mekong. Un lugar con mucho encanto que pudimos saborear sin las multitudes que inundan esta zona durante el verano.

Lena en un barco en el Mekong
En los canales del río Mekong Barcos en el río Mekong

La otra escapada que hicimos por el sur del país fue a los túneles de Cu Chi. Fue una visita muy interesante en la que descubrimos y "vivimos" la compleja red de túneles que el Viet Cong utilizó durante la guerra contra los Estados Unidos.

Lena metiéndose en uno de los túneles de Cu Chi Lena dentro de un túnel en Cu Chi

Desde el sur volamos al centro del país, dónde hicimos nuestra primera parada en Hoi An. Su río, sus farolillos en las calles y sus casas pintadas en tonos ocres, invitan a pasear por esta tranquila ciudad costera. Un lugar lleno de encanto.

Lena frente al río en Hoi An
Lena en una calle con farolillos de Hoi An Barcas en el río de Hoi An
Farolillos en Hoi An

Desde Hoi An visitamos los templos de My Son. Estas ruinas del antiguo reino Champa nos recordaron en gran medida a los templos de Prambanan que vimos en el viaje a Indonesia del año anterior.

Ruinas de My Son Templos de My Son

Desde Hoi An nos desplazamos hasta Hue, una ciudad cuya principal atracción es su increíble Ciudad Imperial.

La entrada de la Ciudad Imperial de Hue
Corredores de la Ciudad Imperial de Hue Puerta en la Ciudad Imperial de Hue

A unos kilómetros de la ciudad se encuentran las Tumbas imperiales de Hue, de las cuales solo visitamos las tres más importantes.

Tumba Imperial de Tu Duc
Tumba Imperial de Minh Mang Tumba Imperial de Khai Dinh

Desde el centro del país cogimos otro vuelo que nos llevó hasta Hanoi, en el norte. Nuestra primera visita de esta zona fue el increíble entorno natural de Tam Coc. Navegamos por el río Ngo Dong rodeados de montículos cársticos y después recorrimos los alrededores en un paseo en bici. Era como estar en un escenario de película, similar a lo que vimos hace ya mucho años en Yangshuo (China).

Barca en Tam Coc
Paisaje de Tam Coc Una parada en la excursión en bici por los alrededores de Tam Coc

Al igual que ocurrió con el Monte Fuji en Japón, en Vietnam también tuvimos nuestra ración de aventura y trekking. La zona elegida fue Sapa, una zona montañosa llena de terrazas de arroz en las montañas del norte del país. Fueron tres días geniales en los que recorrimos el valle junto con un guía local del que aprendimos muchísimo de las costumbres y tradiciones de la gente de allí.

Valle de Sapa
Terrazas de arroz de Sapa Búfalos en las terrazas de arroz de Sapa
Nosotros en Sapa

Se terminaba el viaje y ya se notaba el cansancio, por lo que no pudo llegar en mejor momento los tres días de relax que pasamos en un crucero en la bahía de Halong. Además tuvimos la grandísima suerte de estar completamente solos uno de los días. Un velero para nosotros solos, ningún barco alrededor y todo lo que veían nuestros ojos, para que lo pudiésemos disfrutar en soledad. Esto, junto a la espectacularidad del lugar, hizo que la Bahía de Halong fuese lo mejor del viaje.

Vista de la Bahía de Halong desde un mirador
Alberto descansando en una tumbona del barco Playa de la Bahía de Halong
Playa en la Bahía de Halong para nosotros solos
Islas de la Bahía de Halong Lena con las islas de la Bahía de Halong de fondo
Atardecer en la Bahía de Halong

Para finalizar el viaje, estuvimos el último día pateando la ciudad de Hanoi y visitando sus principales puntos de interés.

Mausoleo de Ho Chi Minh
Pagoda de un Pilar Único Alberto frente a Notre Dame en Hanoi
Lena sobre un puente sobre el lago Hoan Kiem

Además de estos viajes, los que nos seguís en las redes sabéis que hemos hecho alguna escapada de senderismo con Amy. Es una actividad que nos encanta y que disfrutamos aún más cuando viajamos con nuestra pequeñaja.

Resumiendo, el 2016 ha sido un año genial en viajes y esperamos que el siguiente sea igual o mejor. Seguramente en esta ocasión dejemos el continente asiático a un lado para conocer otras partes del planeta, pero aunque tenemos ideas en mente, no hay nada seguro. Por otro lado, hemos visto como el blog ha crecido llegando a triplicar las visitas respecto al año pasado. También hemos visto como cada vez hay más gente "al otro lado" que nos sigue en nuestras aventuras. Muchísimas gracias por vuestros mails y por vuestros mensajes, no os hacéis a la idea de lo felices que nos hace leeros.



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