lunes, 16 de octubre de 2017

Costa sur de Islandia: Haifoss, Seljalandsfoss y Dyrhólaey

Frailecillo en Dyrhólaey en Islandia

Sonó el despertador y nos levantamos a regañadientes, estábamos algo cansados pero nos esperaba la zona sur de Islandia, hoy iba a ser un gran día. Para empezar, en el desayuno había gofres, y qué gofres…casi aún puedo seguir oliéndolos...la verdad es que me causaron cierta adicción jajaja

Tras mi atracón a gofres, recogimos la habitación y nos fuimos al coche. Se nos había hecho un poco tarde pero hoy iba a ser un día muy especial, un día cargado de experiencias que recordaríamos el resto de nuestras vidas.

Hjálparfoss

Cascada Hjálparfoss en Islandia

Nuestra primera parada del día fue Hjálparfoss, una preciosa cascada con dos caídas de agua de unos 13 metros que se unen para dar lugar a un bonito lago rodeado de columnas de basalto. Es un sitio muy agradable donde pasamos unos minutos relajándonos mientras escuchamos el agua caer.

Nosotros frente a la cascada Hjálparfoss en Islandia
Continuamos nuestro viaje dirección Haifoss. A unos 10 minutos por la carretera 32 nos encontramos con el desvío hacia esta cascada, la carretera 332, una carretera sin asfaltar y, en algunas zonas, llena de agujeros y baches.

Carretera de tierra de Islandia

Haifoss

Nos metimos por el desvío y continuamos por la carretera con miedo, ya que según las normas del seguro no nos recomendaban circular por carreteras no asfaltadas. No había ningún lado donde poder parar el coche así que continuamos un par de kilómetros más hasta encontrarnos un pequeño desvío donde había una casa con una explanada delante. Decidimos dejar allí el coche y hacer el camino a pie. Eran unos 6 kilómetros y nos iba a llevar mucho tiempo, pero teníamos miedo por el coche.

Cascada Haifoss y cascada Granni en Islandia

Estábamos empezando la caminata hasta Haifoss cuando nos adelantó un coche exactamente igual que el nuestro con dos señores super mayores dentro. No paraban de reír con los botes que iban dando por los baches del terreno, ¡se lo estaban pasando en grande! Al pasar a nuestra altura, nos saludaron y siguieron camino adelante. Nosotros pensábamos que no subirían la cuesta que teníamos delante, una cuesta bastante empinada de tierra y llena de agujeros y baches producidos por el agua al correr colina abajo. Sin embargo, subieron sin demasiada dificultad. En ese momento pensamos...12 kilometros andando!?! Van a ir en coche estos señores y nosotros no??? Así que nos dimos la vuelta y fuimos en coche, despacito, hasta el parking que hay justo delante de la cascada. Bueno, los que no teníamos un todoterreno teníamos que parar algo antes ya que había un escalón de unos 40 centímetros a lo largo de toda la carretera insalvable. Lo mejor es que hagáis este camino en todo terreno, pero si no disponéis de él, podréis llegar hasta la cascada yendo con cuidado y despacito.

Panorámica de la cascada Haifoss y del valle Fossardalur (Þjórsárdalur) en Islandia

Háifoss es la segunda cascada más grande de toda Islandia con 122 metros de caída. Además de la belleza de la propia cascada y del increíble arcoíris doble que se forma en la nube de vapor producida por el impacto directo del agua contra la roca, su entorno es espectacular. Desde el mirador situado frente a la cascada, se tiene una preciosa vista del valle Fossardalur (Þjórsárdalur). Nosotros os recomendamos alejaros unos 100 metros del parking y situaros frente a Haifoss, ahí vais a tener una fotografía de la cascada y el valle impresionantes.

Nosotros frente a cascada Haifoss y cascada Granni en Islandia

Además, Haifoss no se encuentra sola, sino que a su alrededor existen numerosas cascadas como su vecina Granni. Todas ellas se forman debido a que el río Fossa se divide justo antes de precipitarse al vacío. Existe una ruta de senderismo de unas 5 o 6 horas que parte desde el parking que os hemos indicado hasta la parte baja de la cascada. Nosotros no pudimos hacerla, pero hemos leído que es muy recomendable. A nosotros nos encantó este espectáculo de la naturaleza, además, como su acceso no es sencillo y supone desviarse bastante de la ruta principal, no es un lugar muy transitado y vamos a poder disfrutarlo casi en solitario. La visita durará tanto como os quedéis hipnotizados de la belleza del lugar, en nuestro caso, estuvimos casi una hora...nos fascinó.

Los típicos grupos de tres ovejas de Islandia Las peculiares torres de alta tensión de Islandia

En el camino de vuelta comenzamos a darnos cuenta de ciertas curiosidades de Islandia, como algunas de sus torres de alta tensión, que son el resultado de perfectos cálculos de ingeniería, o sus famosos grupos de tres ovejas. Cuando comienzas a dejar las carreteras principales es muy común encontrarse con grupos de tres ovejas al lado de la carretera o incluso en medio. El misterio de por qué siempre eran tres lo descubrimos ya de vuelta a casa cuando leímos que se trata de la madre y sus dos crías de la temporada. Siempre van juntas y no se separan hasta que éstas tienen su propia descendencia.

Seljalandsfoss

Vista general de la cascada Seljalandsfoss en Islandia

Nuestra siguiente parada era la cascada Seljalandsfoss y su menos conocida vecina, Gljúfurárfoss. Seljalandsfoss es una de las cascadas más famosas de Islandia ya que se puede caminar tras el salto de agua. El acceso es muy sencillo, la carretera va bordeando los acantilados de la antigua costa, donde se forman numerosas cascadas. Justo en frente de Seljalandsfoss nos encontraremos un gran aparcamiento con un pequeño camino que nos llevará directamente a los pies de la cascada. A medida que nos vamos acercando, nos vamos dando cuenta del porqué de su fama, es preciosa!

Vista lateral de la cascada Seljalandsfoss en Islandia Vista desde atrás de la cascada Seljalandsfoss en Islandia
La cascada Seljalandsfoss en Islandia Lena frente a la cascada Seljalandsfoss en Islandia

Esta cascada, con sus 60 metros de caída, se precipita sobre una zona de poca profundidad, por lo que el ruido y el vapor de agua que genera son impresionantes. Pero lo más curioso de ella es que existe un camino que nos permite rodearla. Las vistas desde atrás son espectaculares, pero eso sí, tenéis que estar dispuestos a empaparos ya que la humedad y el vapor allí son enormes. Mucha gente recomienda ver esta cascada al atardecer, ya que se puede ver el sol a través del agua cayendo, nosotros tuvimos que conformarnos con verla después de comer.

Las increíbles vistas desde detrás de la cascada Seljalandsfoss en Islandia

Gljúfurárfoss

Una vez que se rodea la cascada mucha gente vuelve al coche, pero nosotros teníamos otros planes. Habíamos leído que existía una cascada similar en el interior de una gruta y, aunque había que pasar por un río de agua helada, estábamos dispuestos a sufrir para contemplarla.

Puente sobre el río que forma la cascada Seljalandsfoss en Islandia
Alberto preparándose para meterse en las heladas aguas islandesas de la cascada Gljúfurárfoss Dentro de la gruta de la cascada Gljúfurárfoss en Islandia

A unos 5 minutos andando desde Seljalandsfoss nos vamos a encontrar con un pequeño río que parece salir bajo una grieta en la montaña. Al otro lado de la grieta se encuentra Gljúfurárfoss. Al llegar nos quitamos las botas y nos pusimos las chanclas de agua, ya que el suelo está lleno de cantos y descalzos iba a ser muy difícil acceder. Mientras yo terminaba de prepararme, Alber comenzó a meterse en el rio, ¡¡el agua estaba tan fría que no podía aguantarlo!! ¡¡¡Decía que eran como alfileres que se le clavaban en las piernas!!! Esto me asustó bastante ya que él es un chicarrón del norte y suele aguantar muy bien el frío. Tenía muchas dudas de si podríamos conseguirlo, pero justo cuando terminé de ponerme las chanclas salió un señor empapado entre medias de la grieta gritándonos que la cascada era espectacular, que no había dolor y teníamos que intentarlo. Esto nos dio energías y tras animarnos el uno al otro comenzamos a andar por las aguas heladas del río Gljúfurá. Aquí es importante ver por la zona que te estas metiendo ya que yo, con el subidón, no me fijé y pasé por la zona más profunda, donde el agua me llegaba hasta el muslo. Pero la adrenalina estaba a tope y ya casi ni sentía el frío así que seguimos adelante hasta que llegamos a la orillita de la gruta y pudimos contemplar la espectacular Gljúfurárfoss. Con más de 40 metros de caída en el interior de una pequeña gruta y con la emoción de haber atravesado el río, aún recuerdo cuando nos subimos en la enorme piedra que hay a sus pies y nos pusimos a gritar al mirar hacia arriba mientras nos caía el vapor de agua en la cara. Todo un momentazo.

Lena sobre la roca de la cascada Gljúfurárfoss en Islandia La grieta sobre la cascada Gljúfurárfoss en Islandia

Aprovechando que aún seguíamos a tope, decidimos salir pronto para no sufrir una hipotermia al atravesar el rio de nuevo. La salida fue mucho más sencilla y cuando llegamos al otro lado estábamos super contentos: habíamos logrado atravesar un río de agua helada y disfrutar de la grandiosidad de Gljúfurárfoss. Este lugar no es muy conocido y el hecho de tener que meterte en el agua hace que apenas nadie se atreva por lo que vas a poder disfrutarlo en solitario casi con toda seguridad. Merece la pena ir hasta allí aunque sea solo para asomarse por la grieta y por las vistas de los antiguos acantilados que vais a tener en el camino de vuelta.

Hemos leído que la altura del río varía mucho dependiendo de la época del año, incluso pudiendo llegar a pasar sin necesidad de mojarse. Nosotros fuimos en agosto y el agua me llegó hasta el muslo, aunque si se hubiese ido por la zona menos profunda quizás no me hubiese pasado de la rodilla.

Nosotros frente a la grieta sobre la cascada Gljúfurárfoss en Islandia Antiguos acantilados de la costa sur de Islandia

La visita a Seljalandsfoss es rápida, todo depende del tiempo que te quedes contemplándola y haciendo fotos. En nuestro caso estuvimos unos tres cuartos de hora. Llegar hasta Gljúfurárfoss y entrar en la gruta nos llevó otros tres cuartos de hora más, por lo que en total estuvimos alrededor de una hora y media, aunque se puede hacer mucho más rápido.

Dyrhólaey, la casa de los frailecillos islandeses

Frailecillo en Islandia

Ya de vuelta en el coche nos dirigimos hacia Dyrhólaey con el objetivo de ver frailecillos. Tras algo más de una hora de viaje y tras subir por un horror de camino de tierra hasta lo alto del acantilado, nos asomamos muy emocionados para ver si habíamos tenido suerte. A mediados-finales de agosto es cuando suelen realizar la migración y estábamos a 18 de Agosto! Al principio pensábamos que no había nada, pero luego comenzamos a ver unas pequeñas manchas en los bordes de los acantilados y sí, ¡¡¡ahí estaban!!!

Acantilados de Islandia donde anidan los frailecillos
Colonia de frailecillos en Islandia Vista de cerca de una colonia de frailecillos en Islandia

Los frailecillos son unas aves muy curiosas> que seguro que te dejarán enamorado. Miden unos 20 centímetros y tienen un pico muy característico de color naranja, blanco y gris. Los frailecillos llegan a Islandia para anidar en lo alto de los acantilados y cuando termina el verano alzan el vuelo para comenzar la migración a zonas más cálidas. La colonia situada en Islandia abarca el 60% de la población mundial de estas simpáticas aves y se pueden encontrar por toda la zona sur del país. En el faro de Dyrhólaey vamos a poder verlos a unos 15 metros. Tan solo existe una cuerda que marca el límite para acercarse a ellos ya que, además del riesgo de caernos, es su zona de anidamiento y debemos respetarlos y no estresarlos.

Arco de Dyrhólaey en Islandia

Desde el faro de Dyrhólaey, además de disfrutar de los frailecillos, también vamos a tener unas vistas preciosas de las infinitas playas de arena negra y como no, del arco de Dyrhólaey, un espectacular arco de piedra situado sobre el mar y que tiene una altura de 120 metros. El día que estuvimos nosotros hacía muchísimo frio, y en lo alto del acantilado soplaba muchísimo el viento así que íbamos a irnos cuando, a lo lejos, vimos que unos chicos se dirigían hacia el arco andando por un pequeño sendero. No había nada que lo impidiese así que decidimos ir hacia allá para ver qué se veía desde allí. El camino son apenas 10 minutos y al llegar al promontorio nos encontramos a un lado con una preciosa vista del faro, el acantilado y la playa y al otro con los Reynisdrangar de Vik, unas columnas de lava negra con formas caprichosas que las leyendas Islandesas dicen que son trolls que se convirtieron en piedra.

Las playas de arena negra y el faro Dyrhólaey en Islandia
Playas de arena negra de Vik en Islandia Troll de piedra en Islandia
A punto de cruzar el arco de Dyrhólaey en Islandia

Una vez allí, nos parecía emocionante pasar sobre el arco a 120 metros del mar y pensar: "Y si se rompe justo ahora???" Entre risas y alguna carrera nos acercábamos al final del risco cuando nos dimos cuenta de que allí también había frailecillos, pero éstos se encontraban a apenas unos metros. Nos tumbamos en el suelo y nos escondimos tras unas rocas para no asustarlos, pero no parecían tener miedo, más bien todo lo contrario. Nos miraban y parecían posar para las fotografías. Recuerdo cómo me miraba aquel pequeñín con curiosidad y movía la cabeza de un lado a otro. La verdad es que ver desde tan cerca a estos adorables pajaritos fue una experiencia muy emocionante, confieso que se me escapó alguna lagrimita.

Frailecillo posando en Dyrhólaey
Frailecillo con el mar de fondo Frailecillo mirándonos
Frailecillo en los acantilados de Dyrhólaey en Islandia Lena emocionada con los frailecillos islandeses
Faro de Dyrhólaey y playas de arena negra

Me hubiese quedado allí dos horas más observando a aquellos pequeñajos, pero ya comenzaba a anochecer, con lo que volvimos al aparcamiento para ir al hotel. En Dyrhólaey estuvimos algo más de una hora, aunque nos hubiese gustado caminar más por los acantilados y disfrutar de sus espectaculares vistas.

Vistas espectaculares desde Dyrhólaey

Para este día también teníamos pensado haber visitado Skógafoss, pero el hecho de haber tenido que variar nuestra ruta inicial debido a que una carretera estaba cortada nos hizo perder mucho tiempo por una carretera de tierra. Islandia es así, pero no pasaba nada, nuestro hotel estaba al lado de la famosa cascada y si no podía ser hoy, sería mañana :)

Llegamos sobre las diez de la noche al hotel tras un largo día de coche y experiencias inolvidables. Sólo queríamos descansar de ese día. La belleza de Hjálparfoss, la adrenalina de Gljúfurárfoss y el cruce de miradas con aquel frailecillo no se nos olvidarían nunca.


A continuación os dejamos un mapa con los puntos de interés de la costa sur de Islandia que visitamos durante nuestro segundo día en el país, además de otros que también puedes visitar (marcados en amarillo).

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Opinión del Selfoss Hostel

Fachada del Selfoss Hostel

Selfoss es la ciudad más grande del sur de Islandia, después de la capital. Gracias a ello su oferta de hospedaje es bastante amplia; algo no muy común en Islandia. Por esto, y por los numerosos servicios con los que cuenta la ciudad, se convierte en la base perfecta para pasar la primera noche en ruta por la isla.

Si vas desde Reikiavik hacia el este, es bastante común que dediques toda una jornada a visitar el Círculo Dorado. Una opción sería volver a Reikiavik a dormir, pero por norma general en esta ciudad los alojamientos son más caros. Esto hace que Selfoss se postule como una gran opción para la primera noche en ruta. Conseguiréis una mejor relación calidad precio en el alojamiento y además avanzaréis unos 50 kilómetros en vuestra ruta por la isla.

Después de buscar diferentes opciones, nos decantamos por el Selfoss Hostel. Un hostel con una relación calidad-precio increíble, que además se encuentra en la misma Ring Road a su paso por Selfoss.

El hostel y las instalaciones

Ubicado en el centro de la ciudad, en la misma Ring Road, el hostel estáa cerca de restaurantes y otros servicios. Además, a tan solo 2 minutos en coche (o 15 minutos andando), hay un supermercado Bonus. Estos supermercados, con el logotipo de un cerdito rosa, son populares por ser los más baratos de la isla y también los más utilizados por los turistas. Así que si necesitáis llenar la despensa antes de comenzar la ruta, éste sería un buen lugar.

El hostel cuenta con aparcamiento gratuito, aunque esto no es un problema en Islandia a no ser que te alojes en el centro de Reikiavik. También cuenta con varios espacios comunes a disposición de los huéspedes como una cocina muy bien equipada, un salón con televisión, una biblioteca y un jardín con cenador y barbacoa, la cual también puedes utilizar.

Cenador del jardín del Selfoss Hostel
Mesas de la cocina común del Selfoss Hostel Equipamiento de la cocina del Selfoss Hostel

Aunque si tengo que destacar algo sobre todos los servicios que ofrece el hostel, sería el estupendo jacuzzi que tienen en el jardín. No hay nada mejor que llegar por la tarde, cansado de un día intenso de trekkings, horas de carretera y visitas, y descansar en un jacuzzi burbujeante con el agua caliente mientras fuera la temperatura es de escasos grados. Os lo digo por experiencia propia. Solo por esto ya merece la pena este alojamiento. De todas formas, si no tienes suficiente con esto y quieres más, la piscina geotermal de la ciudad está a solo 350 metros.

Jacuzzi en el hostel de Selfoss

Además de lo citado, el hostel organiza excursiones por la zona. Por otro lado, si lo necesitas, también pueden preparar almuerzos para llevar. Si estáis interesados en alguno de estos servicios deberéis hablar con la recepción del establecimiento.

La habitación

La habitación es básica, siguiendo la tónica del resto del viaje. Pero realmente no necesitábamos más, solo queríamos un lugar donde descansar tras un largo día de visitas y horas de coche. Dispone de dos camas individuales, una silla y un pequeño armario para colgar alguna prenda. No hay más mobiliario, ni adornos; pero tampoco lo echamos en falta. Pese a la ausencia de más elementos, la habitación es práctica y cómoda.

Habitación doble del Selfoss Hostel

Aunque no cuenta con un baño propio en la habitación, sí que disponemos de un lavabo en el interior con un espejo. Así podrás quitarte las legañas antes de salir de la habitación.

Lavabo dentro de una habitación del Selfoss Hostel

Poco más que decir sobre la estancia. El tamaño es reducido pero suficiente, con espacio para dejar las maletas y moverte sin problemas. Al igual que el resto del establecimiento, la habitación está perfectamente limpia. Lo malo es que el WiFi no llega a las habitaciones y solo está disponible en las zonas comunes.

El baño

Al igual que nos ocurrió en todos los alojamientos del viaje, los baños eran compartidos. Esto será la tónica habitual a no ser que aumentéis el presupuesto para el alojamiento. Pero el que sean compartidos no significa que sean de mala calidad, ni mucho menos.

Vista general del baño común del Selfoss Hostel Ducha del baño común del Selfoss Hostel

El baño cuenta con ducha, lavabo y retrete, todo en una misma estancia, como si fuese el baño de vuestra casa. Además, también incluye algún cuadro y adorno que hace que la habitación luzca algo más. Por supuesto, todo está completamente limpio.

El personal

El personal es tremendamente amable y servicial. Aunque bueno, esa fue nuestra experiencia con toda la gente del país. En nuestro caso nos atendió una chica francesa que, casualidades de la vida, veraneaba en España de pequeña. Gracias a ello pudimos hablar con ella en castellano. De todas formas, no os preocupéis si no coincidís con esta chica, allí todo el mundo habla inglés perfectamente.

El desayuno

Sirven un desayuno buffet todas las mañanas, pero no está incluido en el precio de la habitación. Actualmente (2017) tiene un coste de 11 € por persona, pero cuando nosotros fuimos, gracias al cambio de moneda que había, nos costó poco más de 8 €. De todas formas, si no os interesa pagar esa cantidad, siempre podréis usar la cocina común para preparar vuestro propio desayuno.

Desayuno buffet del Selfoss Hostel Sala de desayuno del Selfoss Hostel

El desayuno es variado. Tienes diferentes tipos de panes, bollos, mermeladas, mantequillas, varios tipos de fiambre, queso, diferentes cereales, fruta, zumo, café, leche y unos deliciosos gofres recién hechos. De hecho, en este alojamiento comenzó nuestro idilio de amor islandés con esta dulce bomba calórica.

Conclusión

La ciudad de Selfoss es una opción perfecta para pasar la noche si ese día has visitado el Círculo Dorado y tienes pensado continuar tu ruta al día siguiente hacia el este de la isla. Además, el Selfoss Hostel tiene una relación calidad-precio estupenda. Lo recomendaríamos sin ninguna duda. Además, tiene un estupendo jacuzzi en el jardín.

Lo bueno: el jacuzzi del jardín, la ubicación, la relación calidad-precio, limpieza, comodidad, desayuno, cocina común bien equipada.

Lo malo: los desayunos son caros (aunque así suele ser en todo el país), no llega wifi a las habitaciones.

Datos prácticos

Nombre: Selfoss Hostel.

Dirección: Austurvegur 28, 800 Selfoss, Islandia.

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.

Precio: 52,68€/noche la habitación doble con baño compartido, desayuno no incluido (precios 2011). En el momento de la publicación de este artículo el precio es de 13.080 ISK (unos 102 € con el cambio de moneda actual).

Wifi: Sí, gratuito, pero solo disponible en las zonas comunes.

Desayuno: no está incluido en el precio, cuesta 11 € el desayuno tipo buffet.

Servicios: cocina común, servicio de almuerzos para llevar, lavandería (de pago), aparcamiento gratuito, jacuzzi exterior, WiFi gratis...

Reservas: se puede realizar la reserva a través de portales conocidos como booking.

Todo lo que he comentado en este artículo es fruto de nuestra experiencia personal y no ha sido distorsionado en ningún momento por nadie ajeno al blog, ni por intereses de terceros. Si os ha gustado la entrada compartidla en las redes sociales y dejadnos un comentario y si no os ha gustado pues haced lo mismo ;).



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domingo, 24 de septiembre de 2017

El Círculo Dorado de Islandia: Thingvellir, Geysir y Gullfoss

Gullfoss, una cascada con dos saltos de agua

Eran las 7:30 y el despertador comenzaba a sonar. Anoche nos habíamos ido bastante tarde a la cama, pero nada podía impedir que nos levantásemos como niños en el día de Navidad. Hoy comenzábamos nuestra ruta en coche por la isla y estábamos muy emocionados. Habíamos quedado con el chico del coche de alquiler a las 9:00, por lo que teníamos tiempo de sobra para darnos una ducha bajo la famosa agua islandesa, recoger las maletas y coger fuerzas con el desayuno.

Para los islandeses su agua forma parte del orgullo nacional hasta el punto de que lo consideran la mejor agua del mundo. En el primer hostel que estuvimos preguntamos por agua embotellada y, tras una mirada rara, nos dijeron que la cogiésemos del grifo, ¡que estábamos en Islandia! Nosotros, que somos de Valladolid, poco podemos decir porque tenemos una de las aguas más duras y calcáreas de España, pero a mí, particularmente, no me gustó demasiado. En algunos sitios, sobre todo el agua caliente, me parecía que tenía un ligero olor a azufre, nada agradable cuando vas a bebértela y a la hora de lavarse o ducharse, siempre tenía la sensación de que se me quedaba una ligera capa grasa sobre la piel y por mucho jabón que usase, no se iba. Supongo que sería por tratarse de agua diferente, ya que, efectivamente, el agua islandesa es considerada como una de las aguas más puras del mundo. El filtrado del agua a través de las rocas volcánicas y la inexistente contaminación, permite que se pueda beber directamente sin necesidad de realizar tratamientos con cloro u otras sustancias.

Hablando con la gente de allí nos aseguraban que el agua embotellada era la misma que la que salía del grifo, que simplemente era una cuestión de marketing. Nosotros sólo compramos un par de botellas de agua al principio del viaje y luego siempre las rellenábamos en el sitio en que dormíamos.

Tras la duchita subimos a desayunar. No sabíamos lo que nos esperaba y tampoco fue nada del otro mundo: café, zumos, tostadas, embutido, queso, mantequilla, leche, cereales, algo para untar y fruta. Pese a todo, nos pusimos las botas ya que el día anterior no habíamos comido demasiado y teníamos bastante hambre.

Lena con el Demonio Rojo, el i10 que alquilamos para Islandia

Poco más tarde de las 9:00 llegó el chico del alquiler y tras rellenar los papeles reglamentarios y enseñarnos el coche y los controles, comenzaba la aventura. Con el presupuesto tan ajustado que teníamos sólo nos daba para el coche más pequeño, un i10, que resultó ser más que suficiente. Cierto es que en algunas cuestas iba un poco justito y por algunos caminos con baches extremos me hizo sudar tinta, pero el Demonio Rojo estuvo a la altura.

Consejo: Os recomendamos coger el seguro de rotura de lunas. Es muy probable que en algún momento os toque ir por una carretera de gravilla y tener este extra os permitirá ir mucho más tranquilos ya que si no, cualquier chinita os puede arruinar el viaje.

Conduciendo por Islandia

Tras meter todas las maletas en el coche salimos camino al Circulo Dorado. En nuestro caso, con todo el equipaje que llevábamos y lo pequeñito que era el coche, nos tocaba dejar parte de las cosas en los asientos, algo que no nos hacía mucha gracia. Eso sí, pronto nos dimos cuenta que en Islandia todo el mundo es muy civilizado y nadie iba a rompernos un cristal para robar.

Los primeros momentos al salir del parking de la residencia fueron un poco tensos, era la primera vez que conducía en un país extranjero y con un coche muy diferente al mío :S Tras unos primeros momentos de dudas decidí seguir la técnica de “donde fueras, haz lo que vieras”. Viendo a otros conductores aprendí que cuando un semáforo está en rojo y se enciende a la vez el ámbar, significa que vayas metiendo la marcha que inmediatamente se va a poner en verde, lo que da mucha más fluidez al tráfico. También, dentro de Reikiavik me encontré en cruces con señalizaciones algo extrañas (tienen una señal que indica en un cruce cuál es la vía principal que yo nunca había visto) y, pese a nuestras dudas, nadie nos pitó ni se volvieron locos como sucede en España. Además, el tráfico es muy ligero. ¡La gente prefiere las bicis a los coches! ¡Otro punto para Islandia! Si tienes curiosidad por ver las señales de las que te hablamos, echa un vistazo a esta web de señalización de tráfico en Islandia.

Carretera de gravilla de Islandia

Una vez se sale de Reikiavik, el tráfico disminuye aún más y todo pasa a ser más sencillo. Cuando llegamos a la carretera 36 ya apenas había coches y comenzamos a disfrutar de los fantásticos paisajes islandeses. Hoy íbamos a recorrer la zona del Círculo Dorado.

Thingvellir y el lago Þingvallavatn

Panorámica de Þingvellir

Tras una media hora conduciendo, justo al lado del lago Þingvallavatn vimos un pequeño parking improvisado (ahora han hecho una vía de servicio) con varios coches y decidimos parar para ver qué nos encontrábamos. Se trataba de un precioso mirador del lago Þingvallavatn donde la gente construía pequeños montones de piedras. Nosotros construimos el nuestro y nos fuimos camino del parque nacional Þingvellir o Thingvellir. Por cierto, éste es el lago más grande de todo Islandia.

Alberto en el mirador del lago Þingvallavatn
Lena en el mirador del lago Þingvallavatn Montones de piedras en el mirador del lago Þingvallavatn

Thingvellir se encuentra situado a unos 45 Km de Reikiavik, al norte del lago Þingvallavatn. Se trata de un parque nacional declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por su historia, belleza y geografía.

Lago Þingvallavatn desde un mirador de Þingvellir

Este valle se encuentra sobre la dorsal Mesoatlántica, zona de colisión entre las placas Euroasiática y Norteamericana. Existen varias fallas que atraviesan la región, muestra de la deriva continental que aquí se produce.

Por otra parte, históricamente, este sitio tiene gran importancia para Islandia, ya que en el año 930 se fundó aquí el Alþingi, la primera asamblea nacional y una de las instituciones parlamentarias más antiguas del mundo. El Alþingi se reunía anualmente, momento en que el Logmadur, o hablante de Leyes, decidía en las disputas. Además, en este sitio también se impartían los castigos impuestos a los criminales.

El Alþingi de Þingvellir

Al llegar a Þingvellir lo primero que nos encontramos fue el mirador del centro de visitantes, desde aquí se tienen unas preciosas vistas del río Öxará desembocando en el lago Þingvallavatn.

Falla Almannagjá de Þingvellir, la deriva continental
Lena en la falla Almannagjá de Þingvellir Otro punto de vista de la falla Almannagjá de Þingvellir

Siguiendo el camino de madera, la ruta discurre junto a la falla Almannagjá. El paseo es muy bonito, pero pensar que esta grieta se expande anualmente un centímetro de cada lado y que nuestros pies vacilan entre las placas europea y americana es, cuanto menos, emocionante.

La bandera islandesa sobre la Roca de la Ley o Lögberg en Þingvellir

Unos metros más adelante, un mástil con la bandera islandesa marca la posible localización de la Roca de la Ley o Lögberg. Este montículo rocoso era el lugar donde el intérprete de la ley se situaba para presidir las asambleas del parlamento.

Interior del bosque de Þingvellir Uno de los pocos bosques de Islandia se encuentra en Þingvellir

Si continuamos por el camino, vamos a dar a un precioso campo de flores y algo más allá podemos encontrarnos con uno de los pocos bosques de la isla. Desconocemos el por qué, pero en Islandia apenas hay árboles y este bosque de abedules fue de los pocos que vimos en toda la isla. Hemos oído que la causa se deba a la deforestación que se hizo en épocas pasadas y a la dificultad que tienen los árboles por crecer en condiciones tan extremas de viento.

Öxarárfoss, una pequeña cascada en Þingvellir Lena en Öxarárfoss

Algo más allá se encuentra Öxarárfoss, una pequeña cascada situada en el curso del río Öxará sobre la falla Almannagjá. Como primera toma de contacto con las cascadas no está nada mal, para prepararnos para lo que íbamos a ver los siguientes días.

Río Öxará en Þingvellir
Grieta cubierta de agua en Þingvellir Lena cerca de una de las grietas de Þingvellir

Tras unas fotos, volvimos sobre nuestros pasos para conocer las grietas Nikulásargjá y Peningagjá. Estas dos fallas se encuentran rellenas del agua del río Öxará y, como en tantos otros sitios, la gente tira monedas en su interior para pedir deseos. Nosotros no os lo recomendamos, ya que estos gestos suponen contaminar el medio ambiente y es algo que deberíamos evitar.

El río Öxará a su paso por Þingvellir

El agua en estas grietas es tremendamente cristalina. De hecho, se puede hacer buceo o snorkel en la falla Silfra, donde la visibilidad alcanza los 100 metros. ¡Una verdadera barbaridad! Si estáis interesados, podéis contratar la excursión con alguna agencia islandesa. Ellos os darán el equipo necesario y, por lo que hemos leído, no se debe notar tanto el frío de sus aguas como uno puede pensar. Otra cosa es que te quedes helado con los precios de los tours, para el buceo 39.990 ISK (unos 314 €) y 16.990 ISK (unos 134 €) para el snorkel.

Como os podréis imaginar Þingvellir es un lugar muy especial, tanto para los turistas como para los propios islandeses. De hecho, el primer ministro islandés tiene aquí su vivienda oficial de verano, situada en un precioso paisaje junto al lago Þingvallavatn.

Vista general de una de las grandes grietas de Þingvellir

Nosotros estuvimos allí unas dos horas y media, aunque una visita normal os será más rápida si no sois tan pesados como nosotros con las fotografías.

Por cierto, seguro que a muchos fans de Juego de Tronos os han resultado familiares las imágenes de Þingvellir. Aquí es donde se rodaron las escenas de la Puerta de la Sangre del Valle de Arryn y otras de la zona de Más allá del Muro. De hecho, hay multitud de localizaciones del país que se utilizaron como escenarios de la serie. Si estáis interesados, en Islandia hay un tour por los escenarios de Juego de Tronos que te acompaña por éste y otros lugares que se ven en la serie.

Geysir y el valle de Haukadalur

Litle Geysir, el hermano pequeño del padre de todos los geisers Fumarolas en el valle de Haukadalur

Siguiendo por la carretera 36, a algo menos de una hora se encontraba nuestro siguiente destino: Geysir, situado en el valle de Haukadalur. Geysir es una zona geotérmica con varias pozas de agua caliente y fumarolas, pero lo más espectacular son sus geisers.

Geysir es el geiser que dio nombre a estas explosiones verticales de agua. Fue el primero conocido por los europeos y se dice que llegó a expulsar chorros de hasta 80 metros!!! En la década de los 50 quedó bloqueado debido a que ciertas personas intentaron manipularlo para intentar que sus erupciones fuesen más frecuentes arrojando a su interior productos químicos y otros materiales.

Strokkur, un geiser con bastante actividad geotérmica

Hoy en día, la atracción principal es su geiser vecino Strokkur. Situado a apenas 20 metros de Geysir, erupciona cada 10 minutos aproximadamente, alcanzando alturas de entre 15-30 metros. La verdad es que es una pasada ver cómo el agua que se encuentra alrededor comienza a fluctuar hasta que se forma una gran burbuja que acaba explotando, lanzando agua a una altura de un edificio de 10 plantas. Es muy particular el ruido que el agua hace justo antes de la erupción y el estruendo cuando explota.

Alberto frente a Strokkur empezando a explotar Lena frente a Strokkur cuando el agua alcanza su máxima altura

A nosotros nos costaba mucho hacernos fotos porque estar de espaldas y no girarse cuando suena un ruido tan grande detrás de ti nos resultaba muy difícil, por eso la cara de locatis en todas esas fotos, jajajaja.

Alberto pasando la valla que te lleva al mirador de Geysir Vistas desde el mirador de Geysir en el valle de Haukadalur
Vista general desde el mirador en el valle de Haukadalur con Strokkur en plena actividad

Para ver a Strokkur, además de hacerlo desde cerca os recomendamos muchísimo subir una pequeña colina que se encuentra en dirección contraria a la entrada. Para llegar hasta el mirador hay que meterse en un terreno con ganado que se encuentra vallado y para ello hay que hacerlo por una pequeña escalera de madera. Desde el mirador se puede observar la altura que alcanza el agua con mucha más perspectiva y sobre todo, rodeado de menos gente.

Poza con agua azul celeste cerca de Geysir Poza de agua caliente cerca de Geysir

Además de los geisers, en la zona hay pozas de agua caliente de colores azules misteriosos y siniestros. Nosotros nos quedamos embobados mirando una de ellas, en la vida habíamos visto agua de ese color.

Alberto tocando el agua hirviendo que sale cerca de los geisers

También hay fuentes de agua muuuy caliente donde te indica que no toques. Pero ya sabéis, la curiosidad mató al gato, y en este caso, le quemó un poco el dedo a Alberto. Para él era imposible resistirse a tocarlo.

Los todoterrenos islandeses son super coches El tamaño de los coches y las personas islandesas hacen parecer a Alberto un hobbit

En la zona estuvimos aproximadamente una hora y, como nunca habíamos visto un geiser, nos gustó mucho. Además, el acceso es gratuito. Como era nuestro primer día por las carreteras, todo nos llamaba muchísimo la atención, como por ejemplo los super coches que llevan algunos islandeses. Ríete tú de los todocaminos de aquí.

Gullfoss

Vista general de Gullfoss

Cogimos el coche y en apenas 10 minutos llegamos al plato fuerte del día, la grandiosa cascada de Gullfoss. Esta cascada se encuentra en el cauce del río Hvítá, que discurre por una llanura hasta llegar a Gullfoss. Tras varios escalones, el agua se precipita por dos saltos diferentes y parece desaparecer en un gran cañón de unos 30 metros de profundidad.

El agua de Gullfoss se precipita al vacío

Aún recuerdo la sensación de grandiosidad y la fuerza del agua cuando nos bajamos del coche y nos acercamos al mirador. Nunca había visto una cascada tan grande y me resultaba impresionante el estruendo del agua al caer y la humedad que generaba la colisión del agua. Era una cortina de vapor casi tan densa como las nieblas de invierno de Valladolid :P

Lena al lado de Gullfoss con la única protección de una cuerda
Alberto cerca de la cascada Gullfoss La corriente de agua de Gullfoss

Desde el mirador discurre un camino que te lleva hasta el borde de la cascada, donde sólo existe una pequeña cuerda que marca el límite de seguridad. La inexistencia de una valla como tal, te permite sentirte como si tuvieses una mayor libertad, permitiendo disfrutar de este espectáculo de la naturaleza al 100%. Sentarse a apenas unos metros del agua es una sensación brutal.

El segundo salto de Gullfoss Lena al lado de la corriente de río Hvítá, en la cascada de Gullfoss

Pasamos unos cuantos minutos haciendo fotos y flipando con la fuerza del agua. Cuando estábamos volviendo, vimos que existía un pequeño camino que te llevaba a lo alto de una colina, desde la que podríamos ver la cascada con una mayor perspectiva. En unos cinco minutos llegamos allí y las vistas no nos defraudaron. Juzgad vosotros mismos.

Alberto en el mirador superior de Gullfoss
Vistas de Gullfoss desde el mirador superior Lena en el mirador superior de la cascada Gullfoss

Si queréis recorrer el Círculo Dorado, pero no disponéis de coche propio, podéis hacerlo con un tour desde Reikiavik. Aunque nuestra recomendación es que lo hagáis por vuestra cuenta siempre que podáis.

Kerið

Ya de vuelta al coche volvimos sobre nuestros pasos dirección a Selfoss, la ciudad en la que dormíamos ese día. Durante el camino no pudimos resistirnos a hacer varias paradas y disfrutar de paisajes preciosos y ríos de azules cielo, que te dan una idea de lo frío que está su agua.

Carreteras de Islandia en el Círculo Dorado de Islandia
Paisajes en el Círculo Dorado de Islandia Lena cerca de un río del Círculo Dorado de Islandia
Montañas del Círculo Dorado de Islandia

Antes de llegar al hostel teníamos una última parada, Kerið, un cráter de roca volcánica roja que con el paso del tiempo se ha llenado de agua formando una piscina natural. Tiene unos 200 metros de diámetro y 50 de profundidad, pero lo que más destaca de él es el color azul aguamarina de su agua en contraste con la roca volcánica. Este color azul tan peculiar se debe a los minerales que se encuentran en el suelo, pero parece algo místico :P.

Alberto en lo alto del volcán Kerið

A nosotros Kerið nos pillaba de paso hacia Selfoss y la parada no nos llevó demasiado tiempo. Merece la pena parar para disfrutar unos minutos de esta formación de 3000 años de antigüedad. Hemos leído en algunos sitios que desde Julio de 2017 han comenzado a cobrar una entrada de 400 ISK (unos 3,14 €) por el parking. En nuestro caso fue gratis.

Selfoss

Sobre las nueve y algo de la noche llegamos a nuestro hostel en Selfoss. Tras hablar un ratillo con la chica de la entrada, una francesa que veraneaba en España de pequeña y que nos estuvo contando en un perfecto castellano cómo había ido a parar a Islandia, fuimos a nuestra habitación. Era muy sencillita pero suficiente. Imaginaos nuestra sorpresa cuando al abrir la ventana nos encontramos un jacuzzi en medio del jardín. No lo pensamos demasiado y allí nos fuimos pese al frio que hacía fuera. Pasamos un ratillo descansando y charlando con unos vascos que habían dado la vuelta a la isla en dirección contraria y que ya estaban en su último día de ruta. Ya comenzaba a ser tarde y mañana iba a ser otro día largo así que volvimos a la habitación, cenamos y nos fuimos a dormir pensando en lo que nos depararía el día siguiente.

Jacuzzi en el hostel de Selfoss

Solo como detalle, las fotos del jacuzzi son a las diez de la noche y son fotos sin flash. Esto se debe a que en verano, en Islandia y todas las regiones del círculo polar ártico, se produce el fenómeno del sol de medianoche. Esto consiste en que el sol nunca se pone en las 24 horas del día, de modo que siempre hay algo de luz y no se hace de noche cerrado.


A continuación os dejamos un mapa con los puntos de interés del Círculo Dorado que visitamos durante nuestro primer día en Islandia, además de otros que también puedes visitar (marcados en amarillo).

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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