domingo, 22 de abril de 2018

Avistamiento de ballenas en Husavík, Goðafoss y la majestuosa Aurora Boreal

Godafoss, la cascada de los dioses

El día de hoy iba a ser un día muy especial, un día que recordaríamos para el resto de nuestra vida. Hoy veríamos ballenas, visitaríamos la famosa Goðafoss, daríamos un paseo por las casitas de Glaumbær, intentaríamos avistar focas en la península de Vatnsnes, conoceríamos al troll de Hvítserkur y, ¿vendría a visitarnos la Aurora Boreal?

Avistamiento de ballenas en Húsavik

En este octavo día del viaje íbamos a recorrer toda la parte norte de la isla. Sólo de coche teníamos por delante unas 6 horas, por lo que no teníamos tiempo que perder. A las 9 de la mañana ya nos encontrábamos en Húsavík porque a las 9:45 teníamos reservada una excursión para el avistamiento de ballenas con Gentle Giants. Antes de acercarnos al muelle dimos un pequeño paseo por el pueblo y descubrimos que en Húsavík se encontraba la faloteca, un museo con más de 300 penes de diferentes especies. No pudimos entrar, pero tiene que ser cuanto menos curioso, jajaja. En la actualidad, la faloteca se encuentra ubicada en Reikiavik.

Museo del pena de Islandia Cartel del museo del pene de Islandia

A las 9:45 nos estábamos subiendo al barco Sylvía que nos iba a llevar por la bahía de Skjálfandi en busca de ballenas. Cuando nos montamos en el barco nos dieron la posibilidad de subirnos al piso situado sobre el puente de mando. Pensamos que desde arriba podríamos tener una mejor visión de los animales por ambos lados, así que nos subimos. La verdad es que al principio nos lo pasábamos bien, pero cuando el barco salió a mar abierto y cogió velocidad empezamos congelarnos. Menos mal que al poco unos delfines hocico blanco comenzaron a saltar a nuestro lado y con la emoción el frío desapareció. De todas formas, si no vais muy equipados para el frío, en el barco os darán un monos para protegeros.

Barco en el que fuimos a ver ballenas Puerto de Husavík

Unos minutos después, a lo lejos, vimos un rorcual aliblanco. Nos emocionamos mucho al ver cómo respiraba y expulsaba aire al salir a la superficie, pero lo mejor estaba por venir. Tras un buen rato y cuando ya pensábamos que no íbamos a tener suerte, nos encontramos a una familia de ballenas jorobadas. ¡¡Estaban justo a nuestro lado!! Estuvimos más de 10 minutos navegando junto a ellas, viendo cómo respiraban, daban coletazos y se zambullían profundamente. Sabíamos que, de vez en cuando, saltan sobre el agua dejando ver casi todo su cuerpo, pero no tuvimos suerte. Tras un par de zambullidas profundas, volvieron a aparecer pero muy lejos, así que nuestro capitán decidió que ya era hora de volver a tierra. Poco antes de llegar a puerto, Peter, el guía de la excursión, nos dijo que por la noche no nos olvidásemos de mirar al cielo ya que si estaba despejado y había suerte podríamos ver las increíbles Northern Lights. Para los que como yo, no sepáis qué es eso de las Norhtern Lights son ¡Auroras Boreales! Tuvimos que acercarnos a preguntar para ver si habíamos entendido bien porque siendo 23 de agosto no es común que haya Auroras Boreales. Pero sí, habíamos entendido bien. ¡Tendríamos que estar atentos! Con el gusanillo en el cuerpo, no podíamos esperar a que llegase la noche. ¿Habría suerte?

Ballena sacando la cola en la bahía de Husavík
Ballena con saltando en Husavík Barco en busca de ballenas en Husavík
Ballena asomando el cuerpo en Husavík

La excursión de las ballenas fue una experiencia que nos encantó y pese a que en algún momento pasamos mucho frío, tener ballenas a pocos metros y ver cómo se mueven y respiran fue una pasada. Nosotros estuvimos algo más de tres horas de travesía, pero dependiendo del mar y las circunstancias puede variar.

Una ballena a solo unos metros del barco en Husavík
Bandera de Islandia en el barco de Husavík La bahía de Husavík

Goðafoss, la cascada de los dioses

Al volver a Húsavik y bajarnos del barco nos encontramos con un puesto de perritos (lo tenéis señalado en el mapa). Como teníamos frío y algo de hambre, no pudimos resistirnos a comprarnos un par de ellos por cabeza. Nos supieron a gloria y nos dieron fuerza para coger el coche y llegar hasta Goðafoss. El camino es de unos 45 minutos por carreteras asfaltadas hasta el parking situado a unos 300 metros de la cascada.

Goðafoss, la cascada de los dioses

Goðafoss es una cascada donde las aguas del río Skjálfandafljót se precipitan desde una altura de doce metros. Su anchura es de unos 30 metros y está dividida en dos por una enorme piedra, por la que cae también un pequeño chorro.

Vista general de Godafoss Lena al lado de Godafoss

En cuanto nos acercamos, una de las cosas que nos llamó la atención fue el color del agua. Tenía esas tonalidades celestes que le dan ese aire tan místico. Es una cascada preciosa. A medida que te aproximas al borde, el ruido y el vapor en suspensión te permite hacerte una idea de la fuerza del agua en la caída. Existe un saliente, justo delante de la cascada, que es el mejor sitio para poder contemplarla. Nosotros estuvimos allí un buen ratillo haciendo fotos y disfrutando del espectáculo. Como en Islandia en casi todos los sitios los límites los pone tu sentido común, no hay nada que te impida acercarte hasta el mismísimo salto de agua. Nosotros estuvimos en el borde de la primera caída y la verdad es que daba bastante impresión.

Los dos frente a Godafoss Al borde de Godafoss

Goðafoss forma parte de la historia de Islandia. Su significado es "la cascada de los dioses". Este nombre se debe a que sobre el año 1000 el lagman Þorgeir u "hombre de leyes" estableció que los islandeses adoptaran la fe cristiana y, según se cuenta, para ratificar su decisión, arrojó sus antiguos iconos paganos por la cascada. Curioso, ¿verdad?

Esta cascada nos gustó mucho. Además, el camino que lleva desde el parking pasa por delante de Geitafoss, otra cascada más pequeña situada aguas abajo. Goðafoss y Geitafoss se pueden visitar desde ambos márgenes. Desde el parking se pude pasar el puente que queda a mano izquierda para alcanzar la otra orilla del río. Desde allí hay un camino que lleva hasta el margen derecho de Goðafoss. Nosotros no teníamos tiempo, pero parece una opción interesante.

Geitafoss, la cascada cercana a Godafoss

Estuvimos allí casi una hora, ya que aprovechamos para comer y tomarnos un maravilloso Skyr. ¿No sabéis qué es el Skyr? Pues un delicioso lácteo con textura de yogurt y un sabor exquisito! No os podéis ir de allí sin probarlo. ¡Os va a encantar! Se convirtió en nuestro postre favorito, sobre todo el de arándanos. Se me hace la boca agua de solo pensar en él!

Lena con un skyr en la mano frente a Godafoss

Las casas de turba de Glaumbær

Nuestra siguiente parada ese día era Glaumbær, donde llegamos después de más de dos horas de coche siguiendo la Ring Road en dirección oeste y pasando por fiordos y praderas preciosas.

Paisajes del norte de Islandia Lagos en el norte de Islandia

Glaumbær es un museo que muestra cómo era una granja en Islandia en el siglo XIX. Lo que más llama la atención es la estructura de sus casitas construidas a base de turba y madera. Los techos están cubiertos de hierba, que permite aislar la casa del frío manteniendo la temperatura en el interior. Para las paredes, el armazón y el revestimiento se utilizaban bloques de turba y la madera que llegaba a la deriva a la costa. El uso de estos materiales se debía a la escasez de piedra en la zona y al ingenio de los lugareños que, colocando los bloques de una forma específica, lograban construir una estructura que aguantaba el peso de las grandes nevadas del invierno. La granja es muy curiosa. Se puede entrar y dar un paseo por su interior. Nosotros llegamos a las 19:00, pero cerraban a las 18:00, por lo que no pudimos hacer la visita. De todas formas, hemos leído que es muy interesante. Las casitas están comunicadas para que la gente que allí vivía no tuviesen que salir al exterior en invierno. Cada estancia se utilizaba con un fin: cocina, habitación, bodega, despensa, cuadra...y cada una está decorada con muebles, herramientas y utensilios originales de la época.

Casas de turba de Glaumbær Iglesia de turba deGlaumbær

Este sitio es un emblema de la arquitectura tradicional de granjas con tejados de turba, lo que hace que sea una parada obligatoria si estáis visitando la zona. Si queréis entrar hay que pagar una entrada, pero si no queréis o no tenéis tiempo, se puede dar una vuelta alrededor de estas construcciones y su bonita iglesia. A nosotros nos gustó mucho el paseo y observar estas casitas tan curiosas y diferentes a lo que estamos acostumbrados.

Víðimýrarkirkja, la iglesia de turba

A apenas 10 minutos en coche cogiendo la carretera 75 en dirección norte llegamos a Víðimýri. En este pequeño pueblo se encuentra la Víðimýrarkirkja, una de las pocas iglesias de turba existentes en Islandia. Esta iglesia fue construida en 1834 y merece la pena parar unos minutos para verla. Cuando nosotros llegamos estaba cerrada, así que nos pusimos a cotillear por la puerta. En ese momento se nos acercó una señora muy simpática que nos abrió la puerta para que la pudiésemos ver por dentro y, si no recuerdo mal, no pagamos nada. A día de hoy hay que pagar una pequeña entrada y la verdad es que el interior es muy cuco, pero no tiene demasiado. La iglesia es super pequeñita y lo que más destaca es que todo su interior está completamente hecho de madera y con una estructura muy diferente a lo que estamos acostumbrados. Es muy curioso que las bancadas estén separadas del altar por dos medias paredes abiertas en la zona superior. El altar es muy pequeño y simple y también tienen un pequeño órgano de madera. La visita no lleva más que cinco minutos y, si os apetece, es curiosa de ver.

Víðimýrarkirkja, la iglesia de turba

Focas en la península de Vatnsnes

Una vez salimos de la iglesia volvimos al coche para intentar encontrar focas en la península de Vatnsnes. El camino hasta allí nos llevó casi dos horas. La mayor parte del trayecto es por la Ring Road, pero los últimos 40 Km son por un camino de tierra lleno de baches, agujeros y ovejas, por lo que había que tener mucho cuidado y no se podía ir muy rápido. Mientras íbamos por este camino, una manada de unos 15 caballos surgió de la colina que estaba a nuestra derecha y se pusieron a correr justo a nuestro lado. Nosotros nos quedamos flipando mirándolos. En un instante nos adelantaron y bajaron a la carretera. Estuvieron corriendo delante de nosotros unos segundos hasta que salieron de la carretera y se perdieron en la pradera. En Islandia no hay caballos salvajes, pero muchos de ellos viven en semi-libertad durante el verano y corren a sus anchas por los prados. La experiencia fue una pasada.

Camino a la península de Vatnsnes
Bordeando la península de Vatnsnes El mar desde la península de Vatnsnes

La pista 711 pasa junto a varios lagos que no perdimos la oportunidad de fotografiar. El punto al que nos dirigíamos era Hindisvík y cuando llegamos ya comenzaba a oscurecer, eran las 21:30! Allí teníamos identificada una ruta de senderismo para poder acercarnos a ver focas y lobos marinos, pero al llegar allí nos encontramos con un cartel enorme que nos indicaba que el camino estaba cerrado por conservación de las especies... ¡Qué chasco! En el cartel se indicaban otras zonas de avistamiento en la península como Hvammstangi, Illugastaðir u Ósar, a excepción de entre mayo y mitad de julio debido a que es época de cría de aves. Era tan tarde que ya no podíamos acercarnos a ninguno de estos sitios, una pena no haberlo sabido esto antes.

Cartel de Hindisvík

Hvítserkur, el troll de piedra

Ya de camino hacia nuestro albergue Sæberg HI Hostel en Reykjaskólavegur pasamos por delante de Hvítserkur y no pudimos resistirnos a parar para verlo durante unos minutos. Hvítserkur es una formación rocosa de origen volcánico de 15 metros de alto que se encuentra en la orilla del mar. Dice la leyenda que se trata de un troll que se convirtió en piedra cuando le sorprendió el amanecer mientras trataba de destruir el monasterio de Þingeyrar. Hay un camino que permite bajar a la playa y, dependiendo de las mareas, es posible incluso tocarlo. Nosotros nos tuvimos que conformar con verle desde lo alto, ya que teníamos que salir pitando hasta el hostel y aún teníamos una hora de camino.

Hvítserkur, el troll de piedra de la península de Vatnsnes

La aurora boreal, un sueño hecho realidad

Cuando llegamos allí era ya muy tarde. Los otros huéspedes ya estaban terminando de cenar o pasando los últimos momentos del día en la sala de estar. Nuestra habitación estaba en la planta de abajo, y en lo que bajamos, nos cambiamos y preparamos las cositas para la cena, todo el mundo se había ido a dormir. Serían las doce y algo cuando estando en el comedor me senté junto al gran ventanal y, como las palabras de Peter no se nos iban de la cabeza, miré al cielo. De repente, me pareció ver algo verde. Me quedé en shock y le grité a Alberto que apagase la luz, ya que no sabía si era un reflejo de la bombilla. Al quedarnos a oscuras vimos que el cielo era verde, ¡era VERDE! ¡LA AURORA BOREAL!

La aurora boreal a lo largo del cielo

Dejamos la cocina empantanada y nos bajamos corriendo a la habitación para coger el abrigo y salir a la calle. El espectáculo que contemplamos era asombroso. Varias líneas serpenteantes de luz verde intenso, casi fosforito, recorrían el cielo de lado a lado. Sus movimientos eran hipnóticos. Los haces de luz bailaban sobre nuestras cabezas, a veces dividiéndose para formar otra línea más y a veces uniéndose dando lugar a una sola. No hablábamos, la aurora nos había dejado sin palabras. En ocasiones, los movimientos se volvían mucho más rápidos e incluso en un momento cambió de colores: de verde a morado acabando en blando. Guau, qué bonito! No podíamos creernos la suerte que teníamos, había sido un cúmulo de circunstancias que hacía que pudiésemos estar allí anonadados por esa maravilla de la naturaleza. Si no hubiese estado el cielo despejado en nuestra zona, si la casa no hubiese estado a las afueras del pueblo, si no hubiésemos cenado tan tarde, si Peter no nos hubiese avisado y si no nos hubiese dado por cenar en el comedor, nos hubiésemos perdido una de las experiencias más maravillosas de nuestra vida. Puede parecer una bobada, pero todos nuestros compañeros del albergue se lo estaban perdiendo y todo por haberse ido media hora antes a la cama… no podíamos creernos la suerte que habíamos tenido.

La aurora boreal cubriendo el cielo

Estuvimos más de media hora a la intemperie con temperaturas por debajo de los 0ºC. Tal era la emoción que no nos dimos cuenta de que sólo teníamos puesto el pijama y un cortavientos, pero no teníamos frío. El mundo se había parado para nosotros, sólo se movían las luces verdes en el cielo.

Aurora boreal en Islandia Aurora botela islandesa

Las Auroras aparecen cuando las partículas del viento solar entran en contacto con la magnetoesfera de la Tierra. Los colores pueden variar dependiendo de la composición de estas partículas dando lugar a Auroras verdes, azules, rojas o moradas. Su actividad pude durar desde unos pocos minutos hasta horas. La nuestra era verde y duró muchísimo tiempo. Cuando estábamos allí pensé en qué creerían los antiguos habitantes de estas zonas al verlas. Tendría que ser algo mágico para ellos, lo estaba siendo para mí y eso que sé que existe una explicación científica, así que para ellos tendría que ser algo sobrenatural. Leyendo hemos visto que para los antiguos vikingos la aurora representaba la armadura de las Valkirias, las valientes guerreras vikingas, que emitían bellos destellos al ir hacia el Valhalla. Y en Oriente, las auroras se describían como dragones o serpientes moviéndose en el cielo.

La aurora boreal, uno de los mejores espectáculos del mundo

Nos dio muchísima pena, pero teníamos que volver a la cocina para terminar de cenar. Cenamos casi a oscuras, junto a la ventana, mientras la aurora boreal seguía danzando en el cielo. Si hubiese sido por nosotros aún seguiríamos pegados a aquel cristal maravillados por aquellas impresionantes luces, pero teníamos que irnos a la cama. Había sido tan espectacular que caímos rendidos, mañana sería un nuevo día y, aunque no volvieron a aparecer, todos los días mirábamos al cielo antes de irnos a dormir por si las Northern Lights volvían a iluminarse.


A continuación os dejamos un mapa con los puntos de interés del norte de Islandia que visitamos durante nuestro octavo día en el país, además de otros que también puedes ver (marcados en amarillo).

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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domingo, 15 de abril de 2018

Qué ver y hacer en el lago Mývatn y alrededores

Alrededores del lago Mývatn

Por delante teníamos un día sin cascadas, algo raro para ser Islandia. Pero a cambio nos esperaban lugares que parecían sacados de otro planeta. Sufriríamos el ataque de moscas enanas en lago Mývatn, veríamos grutas como Grjótagjá inundadas con agua calentada por la tierra, subiríamos a la cima de un volcán Hverfjall, creeríamos caminar por Marte al pasar por los campos de Hverir, para terminar relajándonos en los baños termales de Jarðböðin við Mývatn, la "Blue Lagoon del norte". Para no haber cascadas, no pintaba mal el día.

Comenzábamos con un delicioso desayuno que nos había preparado el dueño de la casa en la que nos alojábamos. Antes de irnos, estuvimos hablando con él sobre nuestro viaje. Era un señor encantador y al contarle que al día siguiente íbamos a intentar ver ballenas, nos dijo que esa mañana, a primera hora, había visto alguna cuando paseaba cerca de la costa. ¡¡Qué pasada!! También nos contó alguna curiosidad sobre su vida cotidiana, como que Kópasker se queda incomunicado cuando comienza el invierno y durante esos meses se entretenía leyendo algunos de los cientos de libros que tenía en las estanterías, escuchando música o tocando el piano. Su casa era muy sencilla pero muy curiosa, forrada de techo a suelo en madera salvo alguna pared. La verdad es que tiene que ser duro vivir en un sitio así con tanto frío y soledad.

Al final, nos entretuvimos tanto que se nos súper tarde. Eran las 10:30 de la mañana y aún teníamos 150 kilómetros y dos horas por delante hasta llegar al lago de Mývatn. Eso sí, ¿recordáis que el día anterior os contamos como al llegar a Kópasker habíamos visto unos espantapájaros muy curiosos? Bueno, pues pese a las prisas, no pudimos resistirnos a parar para hacer unas fotos. Qué graciosos eran.

Espantapájaros vikingos en Islandia

Mývatn, el lago de las moscas

Unas dos horas más tarde llegábamos a Mývatn. En islandés Mývatn proviene de "mý" = mosca enana y "vatn" = lago. En definitiva, el lago de las moscas enanas. Así fue como nos recibió la zona, con una horda de moscas enanas que estaban dispuestas a meterse por cualquier agujero de nuestro cuerpo: nariz, orejas, boca y ojos. Fue muy agobiante. Horrible.

Lena espantando moscas en Mývatn

Llegamos hasta Mývatn desde la 87. En la intersección con la 1 encontramos un panel informativo que nos acercamos a mirar y, nada más bajar del coche, las moscas comenzaron a acosarnos. Fue tanto el agobio que volvimos al coche y decidimos seguir por la Ring Road. Al poco nos encontramos con una serie de montañas de color rojo que nos recordaban al Rauðhólar que solo habíamos visto de lejos el día anterior. En este caso se trataban de pseudocráteres, que no son más que cráteres formados cuando la lava líquida fluyó hasta el lago desencadenando una serie de explosiones que se producían cuando el agua atrapada en el subsuelo hervía y estallaba. En el que paramos nosotros tenía un tamaño medio, pero los hay de hasta 300 m. Como parecía que aquí había menos moscas, salimos para verlo más de cerca, pero la tranquilidad duraría poco. Cuando estábamos arriba las moscas volvieron a ponerse pesadas de nuevo, así que tuvimos que volver al coche e idear un plan, taparnos completamente la cara como si fuésemos a robar un banco.

Camuflaje para resguardarnos de las moscas de Mývatn

Grjótagjá, el nidito de amor de Jon Nieve

Volvimos con el coche hasta la 87 y continuamos por ella hasta Reykjahlið, una pequeña población situada al noreste del lago. Aparamos el coche allí y nos acercamos a Storagjá, una grieta cuyo fondo está inundado por agua geotermal. Como seguía habiendo moscas, decidimos alejarnos del lago dirigiéndonos hacia Grjótagjá por la 860. Grjótagjá es una grieta que forma una cueva también inundada por agua geotermal. Se puede descender hasta la cueva, pero nosotros no lo vimos muy claro y nos limitamos a asomarnos para ver el agua de color azul celeste del fondo. Desde allí se tiene una perspectiva muy bonita de la elevación de la grieta con la montaña Hlíðarfjall de fondo. En Mývatn hay muchas rutas de senderismo, una de ellas es caminar hasta lo alto de esta montaña de 771 metros. Por cierto, para los seguidores de la serie Juego de Tronos, fue en Grjótagjá donde Jon Nieve y la salvaje Ygritte tuvieron su encuentro amoroso al otro lado del muro.

Grieta con la montaña Hlíðarfjall de fondo
Grjótagjá, el nidito de amor de Jon Nieve Grietas en el suelo cerca Mývatn

Subiendo a la cima del volcán Hverfjall

Volvimos al coche para dirigirnos al aparcamiento del volcán Hverfjall. Desde allí existe un sendero que asciende por la colina del volcán hasta llegar a lo alto del cráter. Este volcán de 463 metros de altura se formó hace 2500 años y tiene la peculiaridad de que es casi circular y simétrico. La subida no es demasiado dura (a diferencia de nuestra experiencia con el Ijen en Indonesia) y desde arriba se tienen unas vistas impresionantes del interior del volcán. Hay un sendero que permite recorrer todo el borde del cráter. Su diámetro es de algo más de 1 Km, por lo que su perímetro es de casi 3,5 Km. Nosotros decidimos dar la vuelta completa y ver las vistas desde el otro lado del cráter. El trekking fue más duro de lo que esperábamos, ya que había cuestas bastante pronunciadas y al final se hace algo cansino. A nosotros nos llevó casi una hora y si volviésemos no repetiríamos. Gastas mucho tiempo en dar la vuelta completa que se puede invertir en disfrutar de otras zonas. Aunque subir el cráter sí que lo recomendaríamos, ya que desde lo alto vamos a poder disfrutar de unas vistas diferentes del lago, de Námafjall (una zona de fumarolas sulfurosas) o de los diferentes volcanes y montañas de la zona.

Volcán Hverfjall
Vistas desde lo alto del volcán Hverfjall Vistas del lago Mývatn desde lo alto del volcán Hverfjall
Lena en lo alto del volcán Hverfjall

Dimmuborgir, los castillos de piedra de Mývatn

Al bajar del volcán nos acercamos al lago. Como ya eran las cinco de la tarde, parece que las moscas estaban empezando a irse a dormir, ya no nos atacaban. Fuimos al mirador de Geiteyjarströnd, al que se llega después de un pequeño paseo entre un bosque de abedules. El lago de Mývatn tiene 37 km2 y es el quinto más grande de Islandia. Es muy poco profundo, apenas 4,5 metros en las zonas más hondas. Las moscas, que aparecen fundamentalmente en verano, sirven de alimento a muchas especies de aves, por eso es un lugar de gran valor ornitológico. Algo curioso de este lago es que en su interior hay muchas pequeñas islitas con formas volcánicas. Desde el mirador se podían observar varias de ellas.

Höfði, formaciones rocosas sobre el lago Mývatn

Tras esto nos dirigimos por la 884 hasta Dimmuborgir, un gran campo de lava con cuevas y curiosas formaciones volcánicas. La zona tiene algo más de 1 Km de diámetro y se piensa que sus pilares y estructuras se formaron hace 2000 años, cuando la lava del volcán Hverfell se acumuló en el anterior campo de lava. Esto formó un ardiente lago de lava en Dimmuborgir. Cuando la superficie se fue enfriando se formó un techo soportado por pilares del material ígneo más antiguo. Cuando el techo cedió, la lava líquida desapareció y quedaron estos llamativos pilares. Estas estructuras tienen formas muy curiosas y en muchos puntos seguro que te recordarán a algún animal o criatura.

Vista general de Dimmuborgir

Esta zona está cargada de misticismo. En el folclore islandés se dice que esta zona está habitada por duendes, gnomos y los Yule Lads, trece trolls hermanos que se dedican a hacer travesuras por la zona. Sus nombres son muy graciosos y tienen relación con sus aficiones como Spoon Licker (Chupa cucharas), Skyr Gobbler (Devorador de Skyr, con el que nos sentimos identificados) o Door Slammer (golpeador de puertas) que le encanta despertar a la gente a golpe de portazo. En verano es muy difícil verlos, ya que es cuando descansan en sus cuevas. Es en invierno el mejor momento para encontrárselos mientras se preparan para las navidades. La mejor forma de verlos es caminando hasta Hallarflot gritando en alto "Jolasveinn!!". Existe una cueva secreta llamada Jólasveinahellirinn que no se encuentra señalada en ningún mapa en donde podréis ver dónde duermen, su ropa o su cocina. Para encontrarla hay que desviarse del camino principal, pero nosotros no la encontramos.

Paseando por Dimmuborgir

Además de por los trolls, la tradición cristiana nórdica dice que esta zona conecta la tierra con las "Catacumbas del infierno" y que fue donde cayó Satanás cuando fue expulsado del cielo, y ahora ¿quién se asoma a estas cuevas?

Formaciones curiosas en Dimmuborgir

En Dimmuborgir existen diferentes senderos que nos llevarán a conocer la zona. Es importante no olvidarse del color de nuestra ruta porque en caso contrario es muy fácil perderse, ya que las formas del campo de lava son muy parecidas en algunas zonas. Nosotros dimos un pequeño paseo, pero al cabo de un rato comencé a encontrarme mal y tuvimos que volver al coche a descansar un buen rato. Fue una pena porque nos hubiese gustado pasear más por el sitio. Pero no pudo ser, se hacía tarde y había otras dos cosas que no nos podíamos perder.

Hverir, las sulfataras cercanas a Mývatn

Nuestro siguiente destino fue Hverir. Siguiendo por la Ring Road y nada más llegar al otro lado de la montaña Námafjall debemos desviarnos por una pequeña pista de gravilla. De camino se pasa por delante de un gran lago de un curioso azul clarito celeste. Éste forma parte de la primera planta geotérmica de Islandia, Bjarnarflag. Como se encuentra pegado a la carretera, paramos unos minutos para verlo. Justo delante de Hverir hay un aparcamiento y nada más bajar del coche el olor a azufre, normalmente asociado a huevos podridos (¿cuántas veces hemos olido huevos podridos?), nos da un desagradable recibimiento. Eso sí, el paisaje que tenemos delante nos deja sin palabras. Las fumarolas silbantes, calderas de lodo, respiraderos humeantes y la mezcla de colores amarillos, ocres, blancos, grises y azules crean un conjunto que nos trasladan a otro planeta.

Vista general de Hverir

Existen senderos marcados por cuerdas y estacas, pero conviene leerse los carteles informativos donde nos explican cómo debemos comportarnos para evitar algún percance. Por ejemplo, evitar pisar la tierra de color más claro, ya que eso indica que ahí existe un respiradero activo y es posible que al pasar sobre ello las playeras se te derritan. Nosotros disfrutamos un montón de este lugar, pese a que en algún momento el olor a azufre era tan intenso que daban ganas de vomitar. La sensación de estar en un lugar donde la tierra hierbe es impresionante. Nos quedábamos absortos mirando a las calderas de barro borbotear, preguntándonos cuál sería su temperatura. Existen varios carteles informativos que nos explican todos estos fenómenos.

Lena disfrutando de los aromas de Hverir
Una fumarola en Hverir Pozo de lodo hirviendo en Hverir

Esta solfatara es increíble. Nosotros la recomendamos sin dudar y debe ser un "must see" en tu viaje al norte de Islandia, es algo que no se puede ver en casi ningún lado del mundo y no se puede desaprovechar la oportunidad.

Lena frente al paisaje lunar de Hverir

Una espinita que se nos quedó clavada fue no subir a lo alto de la colina Námafjall donde hay unas vistas preciosas de la zona. Nosotros no tuvimos tiempo de hacerlo porque suele llevar unas dos horas y se nos habría hecho de noche, pero si os apetece y os veis con fuerzas de subir la montaña, es un trekking muy recomendado.

Relax en los baños termales de Mývatn, la "Blue Lagoon del norte"

Cuando volvimos al coche eran ya las nueve de la noche, pero aún teníamos una última visita por hacer y que después de lo ajetreado que había sido el día era el mejor colofón que podíamos tener: los baños termales de Mývatn o Jarðböðin við Mývatn. Estos baños son parecidos a la famosísima Blue Lagoon, pero el complejo es más pequeño, barato y se encuentra menos masificado. Tenéis toda la información de horarios y precios en su web. Tiene varias piscinas con temperaturas entre 36 y 40 grados y, además, tiene unas vistas espectaculares del lago, los volcanes y las montañas que lo rodean. Sus aguas provienen de la grieta realizada por la central geotérmica Bjarnarflag y su contenido en minerales y alcalinidad hace que no sea necesaria la utilización de cloro u otros químicos para mantenerla limpia.

Cuando nosotros llegamos eran las nueve y algo pero como en verano cierra a media noche aún teníamos varias horas para disfrutar de un baño relajado. Nos metimos en los vestuarios para ponernos el bañador y cuando terminé salí a la laguna. El termómetro marcaba que estábamos a 0°C así que me eché una carrera hasta la piscina para no morir de congelación (son apenas 15 metros pero a mí se me hicieron eternos). Al entrar el agua estaba calentita y daba gusto aunque tenía un ligero aroma sulfuroso. No era desagradable, pero se notaba.

Baños termales de Mývatn, Jarðböðin við Mývatn

Disfrutamos de la piscina central unos minutos, pero como somos de culo inquieto, fuimos probando todo. En la piscina de 40°C casi nos abrasamos. Si permanecíamos quietos no quemaba, pero en cuanto te movieses, te abrasabas. Lo curioso de esa piscina es que te subía tanto la temperatura del cuerpo que al salir de ella no notabas el frío y eso que había 0°C y hacía algo de viento. Probamos también las saunas. Aunque yo me tuve que salir porque los ambientes tan húmedos y calientes me provocan sensación de asfixia. Estuvimos de piscina en piscina hasta el momento de cierre.

Una cosa muy importante, tened en cuenta que el agua contiene sulfuro, lo que puede estropear joyas de plata o latón. Dejadlas en el vestuario.

Este día nos lo habíamos pasado tan bien que se nos había olvidado avisar en nuestro hotel de que íbamos a llegar súper tarde. Cuando nos subimos en el coche a las 00:15 llamamos y nos dijeron que no nos preocupásemos, que nos dejarían la llave de la habitación encima de la mesa del comedor. Cuando llegamos allí era casi la 1:00, así que entramos con cuidado de no hacer ruido, cenamos un sandwich en la habitación y nos fuimos a dormir. Había sido un día agotador pero muy chulo.

La zona del lago de Mývatn tiene muchísimos atractivos. Nosotros no nos habíamos preparado un recorrido y en ciertos momentos andamos dando tumbos de un sitio a otro. Esto nos hizo perdernos algunas zonas que nos hubiese gustado disfrutar, como la zona de Krafla y el cráter de Vítí o subir a Námafjall. Os aconsejamos que en el coche, según estáis yendo os hagáis una rutilla con los sitios que queréis ver y la vayáis siguiendo. Sino os pasará como a nosotros y algo se os quedará en el tintero. Seguro que el mapa que os dejamos os viene genial para planificaros. Este sitio nos encantó y lo recomendamos sin dudar. Tiene de todo, volcanes, lagos, cuevas, aguas termales, paisajes de otro planeta, bosques, fisuras tectónicas, campos de lava y, con un poco de suerte, trolls :)


A continuación os dejamos un mapa con los puntos de interés alrededor del lago Mývatn que visitamos durante nuestro séptimo día en el país, además de otros que también puedes ver (marcados en amarillo).

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