lunes, 13 de marzo de 2017

Próximo destino... ¡Dublín!

Temple Bar

Hace ya unos meses del viaje a Vietnam y pese a que hayamos hecho alguna escapada a Córdoba o a Navarra, tenemos ganas de un viaje un poco más largo. Por suerte, en unas semanas se saciará esa sed viajera con un viaje a Dublín.

A finales de marzo me iré a Dublín durante una semana. Por desgracia, será un viaje que haré yo solo, ya que al ser un viaje de trabajo no me podrá acompañar Lena. Saldré hacia la capital irlandesa el sábado 25 de marzo, para volver el lunes 3 de abril. A día de hoy tengo reservado los vuelos y el alojamiento, pero no tengo planificado nada más. Iré improvisando según pasen los días, así que cualquier recomendación que me puedas dar será bienvenida.

Ruta planificada

De lunes a viernes tendré las mañanas ocupadas realizando un curso en Dublín, así que eso días aprovecharé para visitar la ciudad por la tarde. Tengo muchas ganas de vivir el ambiente de Temple Bar, perderme entre libros de la biblioteca del Trinity College, tomarme una pinta bien tirada en la antigua fábrica de cerveza Guinness, conocer lugares tan cargados de historia como la cárcel de Kilmainham, visitar iglesias como la de catedral de San Patricio o Christ Church, dar un paseo por el Phoenix Park o cruzar el puente Ha'penny Bridge.

Ha'penny Bridge

Pero además de visitar todos esos lugares, seguiré el consejo que me han dado varios amigos y "viviré la ciudad". No es una ciudad que tenga tantos atractivos como París, pero sí que es una ciudad que se disfruta tranquilamente, sabiendo saborear los pequeños momentos que te ofrece. Por supuesto, espero tus consejos y recomendaciones para sacarle todo el jugo a Dublín.

Acantilados de Moher

Además de los días que pase en la capital, aprovecharé los fines de semana para hacer alguna escapada a los enclaves más importantes del país. El tiempo que tengo es limitado por lo que tendré que seleccionar bien qué es lo que veo y que no. En un principio tengo pensado ir a los Acantilados de Moher y a la Calzada del Gigante (en Irlanda del Norte), pero todavía no tengo nada cerrado. En un futuro ya tendré tiempo para conocer tranquilamente el país con Lena, por ahora me conformo con visitar alguno de sus lugares más icónicos.

Calzada del gigante

¿Alguna recomendación?

Ya te lo he comentado un par de veces durante el post, pero cualquier recomendación será bienvenida. Qué lugar no debo perderme de Dublín, dónde escuchar buena música en directo, ese rincón de la ciudad que no aparece en las guías pero que es una auténtico tesoro, dónde comer buena comida a buen precio, dónde sirven una buena pinta si tener que pagar un riñón... en fin, todos esos lugares que pese a no ser conocidos (o sí), no debería perderme en mi viaje por Dublín.

Si quieres saber cómo me va en este viaje, sígueme en las redes sociales con el hashtag #NotasDublin.


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Preparativos e información útil
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jueves, 9 de marzo de 2017

Visita a Ouarzazate y de compras por Marrakech

Fachada de la Kasbah de Taourirt

Hoy era el último día de la Ruta de las Mil Kasbahs. Volvíamos a Marrakech después de haber pasado unos días estupendos recorriendo en coche el sur del país, viendo paisajes espectaculares y viviendo experiencias únicas como ver amanecer en el desierto. Pero eso no significaba que el viaje acabase aquí, todavía nos quedaban unos días en el país. Además, hoy visitaríamos lugares que merecían mucho la pena.

Comenzamos el día con las pilas bien cargadas. Como para no, habíamos dormido de lujo en la cama del riad Ksar Aylan. Bajamos a desayunar y nos encontramos con el desayuno habitual de los días anteriores: zumo de naranja natural, té y café, crepes, tortitas, pan, mermeladas y yogurt natural. Un desayuno sano y bien sabroso. Así daba gusto comenzar el día.

Desayuno en el riad Ksar Aylan

Cuando bajamos a recepción a pagar con la tarjeta, tuvimos unos problemillas con el datáfono y no pudimos hacerlo, así que les pedimos que nos dijesen dónde había un cajero automático para poder sacar dinero en efectivo. Había uno cerca de allí y se ofrecieron a acompañarme por si me liaba entre las laberínticas calles. No era muy difícil llegar a él, pero mejor con ayuda, que al menor despiste te pierdes. Les pagamos y nos despedimos de uno de los mejores riads en los que nos habíamos estado. La verdad es que hasta el momento todos los alojamientos estaban siendo espectaculares y bien baratos.

Visita a la Kasbah de Taourirt

Cogimos el coche y nos dirigimos a la Kasbah de Taourirt, al otro lado del río. No hay problema en ir hasta allí en coche, ya que puedes aparcar en la misma puerta, por eso no nos preocupamos en que el riad que reservamos en Ouarzazate estuviese algo alejado de allí. Al aparcar pagamos al gorrilla de turno 5 MAD (algo menos de 0,50 €) para evitar problemas. Sinceramente no sé si realmente actúan como los gorrillas de España, pero por si acaso le dimos algo.

Patio interior de la Kasbah de Taourirt

Fuimos a sacar las entradas, 20 MAD cada uno (1,87 € aprox.), y nos encontramos de frente con los falsos guías que hay a la entrada. Nosotros no queríamos hacer una visita guiada, pero si estás interesado en hacerla te recomendamos que contrates los servicios de los guías que se encuentran en el interior, ya que éstos son los oficiales. Por lo que leímos en la Lonely Planet, por una visita de dos horas, un precio justo sería unos 150 MAD (unos 14 €).

Vistas del resto de la Kasbah de Taourirt

El caso es que entramos por el patio de armas y empezamos a recorrer sus estancias. La kasbah de Taourirt tiene la peculiaridad de tener su interior muy bien conservado, a diferencia de lo que ocurre con otras del país. Varias de sus salas están decoradas con mosaicos de azulejos de colores y techos finamente labrados. La verdad es que nos gustó más de lo que esperábamos. Es cierto que no llega a la grandiosidad del Ksar de Aït Ben Haddou, pero la belleza de este lugar radica en descubrir su interior laberíntico.

Alberto en el interior de una sala de la Kasbah de Taourirt
Vistas dentro de la Kasbah de Taourirt Techos labrados de la Kasbah de Taourirt
Lena cerca de unas ventanas de la Kasbah de Taourirt
Visita a los Estudios Atlas

Tras estar poco más de una hora recorriendo el interior de la kasbah nos montamos de nuevo en el coche y fuimos hasta nuestro siguiente destino a las afueras de Ouarzazate, los Estudios Atlas. En un principio no teníamos pensado entrar, pero como ese día teníamos tiempo de sobra, al final nos animamos.

Entrada a los Estudios Atlas

Los Estudios Atlas o Atlas Corporation Studios son unos estudios de cine que se encuentran a 5 kilómetros al oeste de Ouarzazate, en dirección a Marrakech. Si eres un aficionado al cine o vas con niños, este lugar es una visita obligada. Aunque si no es el caso, como nos pasa a nosotros, también es muy recomendable entrar. Es realmente curioso ver los entresijos de la escenografía de grandes producciones como "Gladiator", "Asterix y Obelix: misión Cleopatra", "Prince of Persia: Las arenas del tiempo" o escenas de la serie "Juego de Tronos".

La entrada para ver los estudios se compra en la recepción del Oscar hotel, dentro del complejo de los Atlas Studios. El precio es de 50 MAD por persona (unos 4,68 € al cambio) e incluye un guía (en inglés) que te acompaña durante el recorrido. Entre octubre y febrero el horario de visita es de 8:15 a 17:15 y el resto del año es hasta las 18:45. Aunque si quieres ver los horarios actualizados mejor visita su web.

Templo del Tibet en los Estudios Atlas
Escenografía de calles en los Estudios Atlas Lena levantando una roca super pesada en los Estudios Atlas

Durante la visita el guía te va comentando que estás viendo y a qué película pertenece el escenario que tienes delante. Algo que nos llamó bastante la atención fue ver cómo reutilizan la escenografía para diferentes películas. Edificios enormes llenos de columnas pueden usarse para representar un templo Chino, un templo egipcio o uno romano; simplemente basta con cambiar ciertos detalles o la distribución de los elementos.

Templo egipcio de los Estudios Atlas
En los callejones de los Estudios Atlas Catapultas de los Estudios Atlas
Fachada de un templo egipcio de los Estudios Atlas

En resumen, es una visita de una media hora que merece mucho la pena si pasas por Ouarzazate. Lo único malo es que al ser una visita guiada no pudimos entretenernos tanto haciendo fotos como nos hubiese gustado.

Paso por la cordillera del Atlas y el puerto de Tizi n'Tichka

Tras salir de los Estudios Atlas pusimos de nuevo rumbo a Marrakech. Poco a poco el paisaje fue cambiando de llanuras desérticas a montañas imponentes y lo que eran largas rectas de asfalto se convirtieron en carreteras zigzagueantes sin fin.

Vistas de la cordillera del Atlas

En esta ocasión sí que paramos en el puerto Tizi n'Tichka para hacer un par de fotos. Pese a que aparcamos unos metros antes de la cima para evitar captar la atención de vendedores ambulantes, no habíamos puesto un pie en el arcén cuando dos chavales corrieron hacia nosotros como alma que lleva el diablo para ver si hacían su agosto. Por desgracia para ellos no estábamos interesados en comprar nada, ni en quedarnos allí regateando por ningún artículo.

Puerto Tizi n'Tichka

Las carreteras por esa zona son una sucesión de curvas y más curvas, a lo que si sumamos las obras de remodelación que había cuando hicimos el viaje, nos hizo ir durante un buen rato realmente despacio. Aprovechando el paso de tortuga que llevábamos, nos paramos en el arcén para hacer unas fotos de las vistas tan impresionantes que hay desde allí arriba.

Vistas de la cordillera del Atlas

Por el camino, poco a poco se sucedían escenas de las que no estamos muy acostumbrados en España, pero que recuerdan a un tiempo cercano no muy lejano. Carros tirados por burros, camiones cargados hasta límites insospechados, gente haciendo vida en los arcenes de la carretera... esas imágenes que recuerdan de cierta manera a la España de hace décadas.

Carro tirado por un burro
Dos burros por las carreteras de Marruecos Camión por las carreteras de Marruecos
Rally por la medina de Marrakech y devolución del coche

Tras unas horas al volante llegamos a Marrakech. Unos kilómetros antes de entrar a la ciudad se nos ocurrió la "fantástica" idea de acercar el coche al riad, para no tener que cargar con las maletas desde la oficina de alquiler de coches. Esto no sería una mala idea si el riad no se encontrase en medio de la medina. Da igual que Google Maps, el GPS o la divina providencia te diga que puedes meter el coche por las laberínticas calles de Marrakech, es una auténtica locura. Tras dar más vueltas que un tonto, entrar por calles por las que el coche entraba bastante justito, hacer maniobras imposible, sentir como los locales nos miraban con cara de "ya está el guiri de turno tramándola con el coche"... nos paramos en una calle cercana al riad y me fui corriendo con las dos maletas hasta el alojamiento. Conclusión, si alquilas un coche, no lo metas por las calles de la medina.

Tras nuestro particular rally por la medina de Marrakech, nos fuimos a devolver el coche a la oficina de alquiler. Antes de entregarlo paramos en una gasolinera para lavarlo por 10 MAD (1 € aproximadamente) y para llenar el depósito por 285 MAD (26,65 € al cambio). En nuestro caso teníamos que devolverlo con el depósito lleno, tal y como nos lo habíamos encontrado. Aunque es común, no siempre es necesario devolver el coche así, fíjate en las condiciones de tu alquiler.

Al llegar a la oficina de Avis devolvimos las llaves y el GPS, pero antes de firmar los papeles, el ayudante del encargado salió con nosotros para ver el estado del coche. El muchacho dio un par de vueltas al coche y nos dijo que la aleta derecha tenía un golpe que no estaba en el parte que firmamos cuando lo recibimos. Nos quedamos a cuadros, no habíamos tenido ningún incidente con el coche. ¿De qué sería eso? Empezamos a pensar en los lugares en los que lo habíamos aparcado, por los caminos por los que habíamos conducido, pero no se nos ocurría ningún lugar donde pudiésemos haber recibido un golpe. Por suerte, habíamos contratado un seguro adicional que nos cubría ese golpe, así que no tuvimos que pagar ningún extra por reparación, daños o cualquier otra cosa. Menos mal.

Al salir de la oficina seguimos hablando del golpe y caímos en la cuenta de que teníamos fotos en el móvil de cuando nos dieron el coche. A buenas horas. Cuando las vimos nos dimos cuenta de que el golpe había estado allí siempre, pero no lo habíamos apuntado en el parte. Menudo fallo, tanto el no apuntarlo, como el no revisar las fotos cuando nos dijeron lo del golpe. Sinceramente, creo que ellos sí que sabían que el bollo ya estaba en el coche cuando nos lo dieron, pero intentaron sacarse un extra haciéndonos creer que había sido culpa nuestra. Por suerte, contratamos el seguro adicional que cubre esos incidentes. Así que, ya sabes, si vas a alquilar un coche fíjate bien en todos los golpes y rozones cuando te lo den, hazle fotos (y utilízalas al devolverlo) y así evitaras "timos" de este tipo. Por lo que luego he leído, más de uno ha sufrido esta práctica al devolverl el coche en compañías de alquiler de Marruecos.

De compras por los bazares de Marrakech
Murallas de Marrakech

Fuimos caminando por la avenida Mohammed V hasta llegar a las murallas de la ciudad, un lugar que todavía no habíamos visto y que luce especialmente bonito por la noche. Estas murallas que datan del siglo XII separan la medina de la ciudad de la parte moderna de Marrakech. Aunque la muralla tiene varias puertas a lo largo de su recorrido, por la zona que nosotros la cruzamos no hay ninguna, ya que la avenida la rompe literalmente.

Seguimos paseando hasta la siempre viva plaza Djemaa El Fna, el epicentro de la actividad diurna y nocturna de Marrakech. Desde allí nos desviamos hacía los zocos para ultimar las compras y encargos que traíamos de casa. Nos esperaban un par de horas de búsqueda de chollos, regateo y negociaciones con los hábiles comerciantes marroquíes. Sabíamos que por mucho que nos esforzásemos, ellos saben regatear mejor que nosotros y siempre conseguirán un trato más que favorable. Al fin y al cabo somos occidentales, un billete con patas en muchas partes del mundo.

Tras pasarnos por unos cuantos puestos y utilizar todas las tácticas que conocemos para conseguir mejores precios acabamos comprando un mochilita, una cartera, un monedero y un cinturón, todos de cuero, por 450 MAD (un poco más de 42 € al cambio). Por la calidad de los artículos, creo que conseguimos un buen precio. En España algo nos hubiese valido muchísimo más. Así que salimos bastante contentos, aunque cansados después de tanto regateo.

Restaurante Lune D'or cerca de la plaza Djemaa El Fna

Tras terminar las compras nos acercamos al restaurante Lune D'or, al que ya habíamos ido un par de veces en los días que pasamos en la ciudad al inicio del viaje. En esta ocasión nos pedimos una ensalada de cabra (20 MAD, unos 1,90 € al cambio), un tajine de carne con ciruelas (50 MAD, unos 4,70 €), un tajine marrakchia de cordero con limón (40 MAD, unos 3,75 €), dos batidos de aguacate (13 MAD cada uno, unos 1,20 €), un chawarma de carne que es como un kebab (30 MAD, unos 2,80 €) y un zumo de papaya (10 MAD, unos 0,90 €). Como ves nos pusimos las botas, pero es que no habíamos comido nada durante todo el día salvo en el desayuno. En total fueron 176 MAD por comer como auténticos animales, que al cambio son algo menos de 16,50 €.

Tras el festín nos fuimos directos a descansar a nuestro alojamiento, el riad Dar Nakous. Al día siguiente volveríamos a dejar Marrakech para coger un bus e ir a Essaouira, una localidad que teníamos muchas ganas de visitar y que seguro sería un guinda estupenda al viaje.


Te dejo un mapa con los puntos de interés que visitamos durante el cuarto día que estuvimos de ruta por el sur de Marruecos, además de otros que puedes visitar (marcados en amarillo) si tienes más tiempo.

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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lunes, 27 de febrero de 2017

Opinión del riad Ksar Aylan, alojamiento en Ouarzazate

riad Ksar Aylan

Ouarzazate es una de las ciudades más importantes del otro lado de la cordillera del Atlas, en el sur de Marruecos. Es una ciudad que ha conseguido un gran crecimiento en los últimos años gracias a la industria cinematográfica. Películas como "Gladiator", "Asterix y Obelix: misión Cleopatra", "Prince of Persia: Las arenas del tiempo" o escenas de la serie "Juego de Tronos" se han rodado en los alrededores. Con la gran oferta de alojamiento que tiene, se convierte en una buena opción para pasar una noche si haces una roadtrip por el sur de Marruecos.

En la última noche de nuestra ruta por el sur del país pernoctamos en esta ciudad. No necesitábamos que fuese un alojamiento situado en el centro de la ciudad, ya que íbamos en coche. Para nosotros la ubicación no era un factor a tener en cuenta. Preferíamos que tuviese un lugar donde dejar el coche cerca, a estar en la medina y tener que aparcar el coche lejos.

Otra cuestión que teníamos claro es que queríamos un alojamiento tradicional, un riad. Hasta el momento la experiencia había sido genial y esta ocasión no fue una excepción. El riad Ksar Aylan era un alojamiento de calidad, íntimo y con un gran trato.

El riad y las instalaciones

El riad está ubicado algo lejos del centro, al otro lado del río. Esto tampoco supone un problema si cuentas con coche como fue nuestro caso, ya que si quieres visitar los lugares de interés de Ouarzazate puedes ir en coche y aparcar sin problema alguno. Aunque nos costó un poco encontrar la entrada al riad, porque está en una calle estrecha, pudimos aparcar sin problemas a unos metros del alojamiento en un lugar que nos sugirió el personal del riad Ksar Aylan.

La decoración es tradicional, como es de esperar en un establecimiento así. Pero han sabido combinarlo con un toque más moderno sin perder de vista ese carácter marroquí que uno espera al entrar en un riad.

Interior del riad Ksar Aylan

En el patio interior del edificio se sirven las comidas. Es un espacio reducido, pero suficiente, con unas pocas mesas. Teniendo en cuenta que el riad solo cuenta con seis habitaciones, la intimidad y tranquilidad están más que aseguradas.

Por supuesto, en la parte superior del edificio se encuentra la terraza, un lugar perfecto para descansar por la noche con un buen té. De hecho, así fue como nos recibieron a nuestra llegada. Un detalle que agradecimos enormemente por lo cansados que llegamos después de tantas horas en el coche.

Terraza del riad Ksar Aylan

Aparte de lo citado, el riad cuenta con wifi gratuita, recepción 24 horas, servicio de comidas, información turística, etc. No echamos nada en falta.

La habitación

De las seis habitaciones disponibles reservamos la suite Inès, pero a nuestra llegada nos dijeron que nos hacían un upgrade gratuito a la Suite Rkia, de mejor calidad. Una de las grandes diferencias entre ambas es que en la que nos alojamos contábamos con un pequeño salón dentro de la habitación.

Habitación del riad Ksar Aylan

La decoración de la habitación es espectacular, de hecho fue la que más nos gustó de todo el viaje. Todo el mobiliario es étnico, proporcionado un ambiente genuino a la estancia. Pero no solo son los muebles, sino que los pequeños detalles como las figuras, cuadros y alfombras que decoran la habitación suman belleza al lugar.

Otro punto de vista de la habitación del riad Ksar Aylan

La cama es tremendamente cómoda, de esas que te parece que te acurrucan para que no te cueste caer en un cálido sueño. Además es de tamaño king size, mejor imposible.

El salón del que te he hablado antes cuenta con una mesa bellamente labrada y un sofá que te invita a sentarte y disfrutar de un buen té. La habitación no solo es una cama, en este caso es mucho más, es un lugar en el que descansar y sentirte como en casa.

Salón de la habitación del riad Ksar Aylan

A tu llegada te dan un par de botellas de agua de bienvenida; recuerda que el agua del grifo de Marruecos no es potable. Otro punto más a favor es que todo está perfectamente limpio.

El baño

El baño tiene una decoración algo diferente al resto de la habitación, algo más moderna. Es bastante simple, pero entre todos los elementos lo que más destaca es la figura de la mampara. Quizás eché en falta alguna bombilla más, por la noche no había demasiada luz.

Baño del riad Ksar Aylan

Se dispone de las amenities típicas, gel, champú... además de secador. También, como era de esperar está todo perfectamente limpio.

El personal

El personal es muy amable y servicial. De hecho, en todo nuestro viaje no tuvimos queja alguna con la atención que nos prestaron en todos los alojamientos. En este riad tuvimos un problema al pagar con tarjeta y les dijimos que si nos podían decir dónde había un cajero para poder pagar en efectivo. Nos dijeron que había uno al lado, pero que si queríamos que nos guiaban hasta él. Todo un detalle.

El personal de recepción habla español. Aunque no es algo imprescindible, sí es una comodidad más. En Marruecos es algo que ocurre con bastante frecuencia; esta gente tiene un dominio de las lenguas impresionante.

El restaurante

La comida es uno de los puntos fuertes del riad. El chef es un personaje de renombre en la ciudad y, tal y como nos comentó el dueño, había ganado algún premio de cocina. Su cocina combina los sabores tradiciones marroquíes con técnicas y presentaciones más modernas.

Los desayunos son similares a los que tomamos durante el resto del viaje. Zumo de naranja natural, té y café, crepes, tortitas, pan, mermeladas y yogurt natural. Todo muy sabroso y con productos naturales. De hecho, la cremosidad de los yogures caseros poco tiene que ver con la de las marcas habituales del supermercado.

Desayuno en el riad Ksar Aylan

Aparte del desayuno, también cenamos allí. Con el cansancio con el que llegamos, preferimos no complicarnos la vida y quedarnos a cenar en el riad. El menú que sirven es cerrado. En nuestro caso nos sirvieron de primero ensalada marroquí, como principal un tajine de carne y de postre pera macerada acompañada de una crema. Todo estaba muy rico, aunque el precio de la cena para dos, 340 MAD (unos 32 €), fue un poco elevado para los estándares marroquíes. Tanto el desayuno como la cena se sirven en el patio interior del riad.

Ensalada marroquí en el Riad Ksar Aylan
Tajine de carne en el Riad Ksar Aylan Postre en el Riad Ksar Aylan

Conclusión

Es una opción genial para alojarse en Ouarzazate si estás de ruta por el sur de Marruecos. Tiene una decoración muy cuidada, una cama súper cómoda y la intimidad y buen trato de un riad. Nosotros lo recomendaríamos sin lugar a dudas.

Lo bueno: la decoración de las habitaciones, la cama, la comida y el personal

Lo malo: cuesta un poco encontrarlo y está alejado del centro, aunque si vas en coche tampoco es un problema.

Datos prácticos

Nombre: riad Ksar Aylan.

Dirección: Tigami El Jadid N 611 , 45000 Ouarzazate, Marruecos.

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.

Precio: 52,65 € por habitación doble, desayuno incluido.

Wifi: Sí, gratuito.

Desayuno: sí, con productos naturales y caseros.

Servicios: servicio de desayuno, WIFI gratuita, aparcamiento gratuito, restaurante, terraza, recepción 24 horas, hablan español...

Reservas: se puede realizar la reserva a través de portales conocidos como booking.

Todo lo que he comentado en este artículo es fruto de nuestra experiencia personal y no ha sido distorsionado en ningún momento por nadie ajeno al blog, ni por intereses de terceros. Si os ha gustado la entrada compartidla en las redes sociales y dejadnos un comentario y si no os ha gustado pues haced lo mismo ;).


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domingo, 19 de febrero de 2017

Amanecer en el desierto de Marruecos

Camellos en las dunas del desierto de Marruecos

Había llegado el día más esperado de todo el viaje, uno de esos momentos que sueñas vivir al menos una vez en tu vida. Hoy veríamos amanecer en el desierto. Pero no solo eso, sino que veríamos salir el sol desde la duna más alta de Erg Chebbi (Sáhara marroquí). Si el día anterior había sido mágico, está sería inolvidable.

La noche había sido fría. A finales de noviembre y en medio del desierto hace bastante rasca. Da igual que por el día haga calor, en cuanto se va el sol la temperatura baja bastante. Por suerte en la cama de nuestra jaima teníamos 7 mantas que nos permitieron estar calentitos por la noche. Aunque eso sí, al entrar en la cama te congelabas.

Amanecer desde la duna más alta del desierto de Erg Chebbi

El día comenzó con el despertador sonando a una hora muy temprana. Aunque no tanto temprano como los madrugones que nos metimos en el viaje de Indonesia de ese mismo año. Aparte del despertador también nos avisaron los del personal del campamento, tal y como les pedimos la noche anterior. Nos cuesta madrugar y una ayudita nunca está de más.

Al salir de la jaima nos dijeron que teníamos dos opciones para ver el amanecer: subir la gran duna que teníamos frente a nosotros o seguirle a él y a las otras personas del campamento e ir a unas dunas cercanas. Lo teníamos claro, con lo ansias que somos no lo dudamos, subiríamos la gran duna. Desde abajo se veía imponente, alta, muy alta, pero seguro que era el mejor lugar para vivir un momento tan mágico como el que nos esperaba.

Amanecer en el desierto de Marruecos

Nos dijeron por dónde debíamos comenzar el ascenso y fuimos para allá. Sí, hablo de ascenso como si fuese una montaña porque el esfuerzo no es moco de paco. Subir una duna no tiene nada que ver con subir una pequeña colina. Al subir una duna arena se te hunden los pies a cada paso que das y el esfuerzo es mucho mayor. Por eso, el personal del campamento había puesto una enorme soga que subía hasta la mitad de la gran duna, una gran ayuda para todos aquellos que se proponían llegar a la cima.

Poco a poco fuimos subiendo ayudándonos de la soga. Empezamos con un buen ritmo y llenos de energía, pero no tardamos en empezar a notar el cansancio. Quedarnos hasta tarde en la fogata de la noche anterior y no haber desayunado nada nos estaba pasándonos factura. No llevábamos la mitad de la subida y ya íbamos con la lengua fuera.

Lena en las dunas del desierto de Marruecos

Nuestro objetivo era llegar hasta arriba del todo, pero al final nos tuvimos que conformar con subir algo menos de tres cuartas partes. El tamaño de la duna es enorme y conforme la subíamos la distancia parecía aumentar. Fue una pena no llegar hasta arriba del todo, pero aun así, desde aquel lugar había unas vistas espectaculares. El campamento parecía de juguete.

A pocos minutos de que comenzase a salir el Sol nos sentamos exhaustos y miramos hacia el horizonte. Era nuestro momento, íbamos a contemplar en completa soledad uno de los amaneceres más espectaculares que se pueden ver. Entonces ocurrió, el Sol emergió de entre las dunas del horizonte y se produjo esa magia que tanto esperábamos.

Fue uno de esos momentos inolvidables, una de esas experiencias que te hacen sentir vivo, algo que te recuerda porqué amas tanto viajar.

Lena jugando con arena del desierto Los dos en las dunas del desierto

Tras estar allí sentados durante unos minutos, sin movernos, sin hablar, simplemente disfrutando el momento, nos levantamos y comenzamos a bajar la gran duna. Nos esperaba el desayuno. ¡Bien! (gritaban nuestros estómagos al unísono). Esta vez lo necesitábamos más que nunca. Necesitábamos reponer fuerzas tras el desgaste de subir aquella colosal montaña de arena.

Vista general del campamento de lujo Auberge Café du sud

Al igual que en la cena, el desayuno lo sirvieron en la jaima principal. Era bastante completo, tenían café, té, zumo de naranja, pan marroquí, pancakes, algo de bollería industrial, mantequilla, varias mermeladas, aceite de oliva, yogurt, tortilla con tomate y aceitunas de diferentes tipos. Todo estaba bastante rico, en especial la tortilla con tomate. Además, con el hambre que teníamos y el cansancio que llevábamos encima, dejamos los platos limpios. Qué manera de comer, parecía que no hubiésemos probado bocado en varios días.

Desayuno del campamento de lujo del Auberge Café du sud
Paseo en camello por el desierto de Marruecos

Tras el desayuno, nos fuimos a nuestra jaima, recogimos las mochilas y salimos a lo que ellos llamaban "el parking", que no era otra cosa que el lugar donde descansaban los camellos. Nos montamos cada uno en uno y comenzamos la travesía de vuelta. Como si de una caravana bereber se tratase, íbamos todos en fila india sobre nuestras monturas.

Caravana de camellos en las dunas del desierto de Marruecos

Si la noche anterior el paseo en camello bajo la luz de la Luna había estado lleno de magia, lo de hoy no se quedaba atrás. La arena de las dunas empezó teniendo un color anaranjado a primera hora de la mañana, para terminar con un color más amarillento conforme el Sol iba tomando altura. Era un auténtico espectáculo para la vista. Cualquier foto o vídeo que te ponga por aquí no hará justicia a verlo en vivo.

Dunas de Erg Chebbi
Sombras de la caravana de camellos en el desierto de Marruecos Lena sobre un camello en el desierto de Erg Chebbi
Dunas del desierto de Marruecos

Después de una hora atravesando las dunas del desierto de Erg Chebbi llegamos a una explanada donde nos estaban esperando para llevarnos en un 4x4 hasta el hotel. Aunque antes de salir aprovechamos para comprarle al guía que nos había llevado por el desierto una figurita de un camello tallada en piedra. No recuerdo lo que le pagamos, pero no fue mucho. La verdad es que regateamos poco, lo suficiente para llegar un precio que nos pareció justo. Como he dicho más de una vez, prefiero regatear hasta un precio que me parezca adecuado y no "sangrar" al comerciante de turno. Lo que para nosotros no es demasiado dinero, para ellos sí lo es.

Últimos momentos en las dunas del desierto de Marruecos

Al llegar al hotel nos fuimos directos a la habitación que nos cedieron la tarde anterior para pegarnos una ducha y cambiarnos de ropa. Teníamos kilos de arena por todo el cuerpo tras subir y bajar por la gran duna. Cuando hablo de kilos, no es solo una forma de hablar, sino una medida específica de la cantidad de arena que teníamos encima.

Habitación del hotel Auberge Café du sud

Hicimos el checkout y nos dimos un paseo por las instalaciones antes de irnos. La verdad es que fue una pena que no hiciese más calor, porque tienen una piscina espectacular con vistas a las dunas. ¿Te imaginas darte un baño viendo el desierto? Este tipo de lujos se pueden ver en pocos lugares.

Piscina del Auberge Café du sud Vistas desde la piscina del Auberge Café du sud
Vista del Auberge Café du sud desde las dunas

Salimos del hotel, pero nos resistíamos a dejar aquel lugar. Queríamos disfrutar un poco más de la magia del desierto, al fin y al cabo, había sido uno de los grandes motivos por los que habíamos hecho el viaje. Así que dejamos las maletas en el coche y nos fuimos a dar un paseo por las dunas que están frente al hotel. Y otra vez nos llenamos las playeras de kilos de arena.

Lena con un turbante
Alberto sentado en una silla en medio de las dunas Lena y Alberto en las dunas de Erg Chebbi

Tras un buen rato haciendo el idiota por la zona y después de una buena ronda de fotos de postureo cogimos el coche y comenzamos el camino de vuelta a Marrakech.

De camino a Ouarzazate

A nuestro paso por Rissani paramos en una gasolinera y llenamos medio depósito por 240 MAD (unos 22,40 €). También aprovechamos para comprar una bolsa de patatas mediana y una grande en una tiendecita que estaba allí al lado por 30 MAD en total (2,80 €). Así ya teníamos el depósito listo para aguantar las horas de trayecto y algo para matar el gusanillo por el camino.

Carretera del sur de Marruecos

Volvimos por la misma ruta por la que habíamos llegado al desierto. Durante unas seis horas de coche recorrimos de nuevo aquellos paisajes tan bonitos que habíamos visto el día anterior. Hay otra opción si dispones de más tiempo y ganas que nosotros, en la que puedes visitar algunos lugares bastante interesantes; lo puedes ver en el mapa al final del artículo.

Llegada al riad de Ouarzazate, dónde lo clásico se mezcla con la modernidad

Tras un viaje que se acabó haciendo largo llegamos a Ouarzazate. Ese día no teníamos pensado visitar la ciudad, así que nos fuimos directos al Riad Ksar Aylan a descansar. Aparcamos en la zona en la que nos dijeron los del personal de la recepción y entramos dentro.

Nos recibieron como de costumbre, con un buen té y unos dulces marroquíes en la terraza. Así da gusto, después de un largo viaje en coche se agradecen detalles así. El lugar era tremendamente bonito, pero ya te daré más detalles del alojamiento en la próxima entrada del blog. Además tuvimos la suerte de que nos pusiesen en una habitación mejor por el mismo precio que teníamos reservado. Dos upgrades de habitaciones en dos días, ¡estábamos de suerte!

Habitación del Riad Ksar Aylan

Tras una buena ducha y descansar un rato en la habitación, salimos a cenar. No queríamos complicarnos la vida buscando restaurantes, ni tampoco andar cogiendo el coche de nuevo, así que nos quedamos en el riad.

Tal y como nos comentó el dueño, el cocinero debía ser un chef con bastante buena reputación que combinaba la cocina tradicional marroquí con ciertos toques de modernidad. De primero nos sirvieron una ensalada marroquí, de segundo un tajine de carne y de postre una especie de pera macerada acompañada de una crema. Todo estaba buenísimo y la presentación estaba muy trabajada. Eso sí, el precio no era nada barato teniendo en cuenta lo que suele pagar por Marruecos. Aun así, mereció la pena por la comodidad, el servicio y lo rico que estaba todo.

Ensalada marroquí en el Riad Ksar Aylan
Tajine de carne en el Riad Ksar Aylan Postre en el Riad Ksar Aylan

Tras cenar nos fuimos a la habitación a descansar. Después de tantas horas de carretera y del madrugón que nos habíamos pegado para ver amanecer en el desierto, estábamos muertos y necesitábamos dormir bien. Al día siguiente visitaríamos Ouarzazate antes de volver a Marrakech, pero esa historia te la contaré en otro artículo.


Te dejo un mapa con los puntos de interés que visitamos durante el tercer día que estuvimos de ruta por el sur de Marruecos, además de otros que puedes visitar (marcados en amarillo) si tienes más tiempo y tomas una ruta alternativa a la nuestra yendo por la carretera N12 y N9.

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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