domingo, 30 de octubre de 2011

Día 4: Ciudad del Vaticano, un país dentro de una ciudad

El día comenzó tranquilo con un desayuno con tostadas en nuestra humilde cocinilla de la habitación. Nos preparamos unos bocatas y salimos pitando para intentar no pillar mucha cola a la entrada de los Museos Vaticanos. Nos fuimos al metro, a la parada Vittorio Emanuele, para coger la línea roja e ir hasta Ottaviano San Pietro. Aquí se acabó la calma...

Nos montamos en el metro, todo estaba igual que los días anteriores, pero un par de paradas antes de llegar a nuestro destino el metro se queda parado en la estación. Comenzamos a oir algún grito y de repente vemos pasar corriendo a unos carabinieri con sus subfusiles en ristre. El metro no arrancaba y no paraban de correr de un lado a otro. Nos empezamos a preocupar, hacía un año se habían producido los atentados del 11M y en julio de ese mismo año los atentados de Londres... La gente de nuestro alrededor no paraba de mirar por la ventanilla del metro con preocupación, tanto extranjeros como locales. Todos teníamos una rara sensación de incertidumbre. Pero finalmente el metro arrancó como si nada hubiese pasado. La gente rumoreaba, se veían caras de preocupación... pero depués de eso todo fue normal hasta nuestra parada. ¿A qué se debía eso? ¿Por qué habiamos visto a esos carabinieri con subfusiles corriendo de un lada a otro? ¿Teníamos algo por lo que preocuparnos? Las respuestas a estas preguntas la tendríamos al final de la tarde.

Salimos del metro y siguiendo las señales fuimos directos a la entrada de los Museos Vaticanos (un mapa aquí). Llegabamos sobre las diez y algo. No era tarde, pero tampoco pronto, así que nos esperabamos una cola curiosa, como la que vió en su día Lena cuando vino con el insituto. Ibamos rodeando la muralla del Vaticano, pero no existía ningún atisbo de cola.

- ¿Estás segura de que es por aquí?
- Que sí, seguro, hemos seguido las señales y el mapa... pero me extraña mucho que no haya nadie por aquí en la cola...

Seguimos caminando y de repente nos topamos con la entrada de los Museos Vaticanos y ¡no había ninguna cola! Sin duda era una buena época del año para ahorrate las aglomeraciones. Fuimos directos a la taquilla a abonar 12 € cada uno por la entrada si no recuerdo mal (info de precios aquí).

Los Museos Vaticanos, con sus más de 500 años de historia, son unas galerías que cuentan en su interior con obras de valor incalculable. Se pueden encontrar estatuas y bustos de la época romana y la antigua Grecia, vasijas y otros objetos de la época, piezas etruscas, antigüedades cristianas, reliquias egípcias... además cuenta con una pinacoteca de gran valor, una importante galería de mapas, las estacias de Rafael (estancias del papa Julio II) y por supuesto la famosa Capilla Sixtina de Miguel Ángel.

No es solo lo que contine, sino donde está. Los pasillos y las cámaras donde se exponen las obras son obras de arte en si mismas, con frescos preciosos y complejos mosaicos. Por ejemplo, la Galleria delle Carte Geografiche (Galería de los Mapas) es una obra de arte en si misma, un gran pasillo decorado con frescos que representan mapas de regiones italianas pintados a finales del siglo XVI.

Lo malo de ver tantísima cantidad de obras de arte, tantos bustos romanos, tantas estatuas de dioses griegos... es que al final casi acabas pasando de largo para poder verlo todo. Lo ves todo de un vistazo y solo te paras realmente en aquello que te llama la atención o lo que dice la guía o folleto de turno que te tiene que llamar la atención; si no quieres que se te den las uvas, claro. Lo digo como alguien al que le gusta la escultura, aunque no tanto la pintura, pero que tampoco es un ferviente amante que analiza cada detalle.

Como para gustos los colores, voy a deciros los míos. La parte de la pinacoteca está bien, pero no hubo nada que recuerde que me llamase la atención, prefiero las esculturas. Me gustó mucho la parte egipcia del Museo Gregoriano Egizio (Museo Gregoriano Egipcio), quizás por las difrencias con el resto de obras. El resto de esculturas griegas, romanas... me gustaron, aunque las colecciones de bustos acababan cansando un poco.

Pero entre todas las esculturas destacaría sin duda al "Laocoonte y sus hijos". Esta obra me llamó mucho la atención, es una obra que transmite, emana fuerza y sentimientos por los cuatros costados; enamora a simple vista. También destacaría los mosaicos, tanto los expuestos en la pared como los integrados en el propio suelo de los Museos Vaticanos.

Pero por supuesto lo que brilla con luz propia, y más ahora con los colores vivos que tiene tras su restauración, es la Capilla Sixtina. Una obra de arte que encuentras al final del recorrido del museo. Supuestamente está prohibido hacer fotos, pero poco pueden hacer lo vigilantes para evitar que las hordas de turistas que conocen o no la prohibición hagan las fotos con mayor o menor descaro. Si te da algo de corte, ten la cámara preparada (sin flash ni ruiditos a ser popsible) y espera a que llamen la atención a alguien para lanzar la foto. Es lo que se denomina la técnica de la "manada de ñus", esperas a que cacen a uno y aprovechas la confusión para hacer las fotos que quieras.

Al despedirnos de los Museos Vaticanos lo hicimos por una obra de arte en si misma, las escaleras de Giuseppe Momo, un par de escaleras en espiral que parecen ser una sola si las ves desde arriba. Una vez fuera, fuimos directos a la Plaza de San Pedro a comernos unos bocatas que nos habíamos hecho y de paso digerir el atracón de arte que nos habíamos dado durante toda la mañana.

La Plaza de San Pedro, con su columnata presidida por las estatuas de 140 santos, es el preludio del mayor templo de la cristiandad. Esta plaza, proyectada por Bernini, cuenta con dos fuentes que flanquean a un gran obelisco egípcio (de 25 metros de alto y 327 toneladas) situado en el centro. Sin duda es una gran plaza que sirve de hall a un gran templo. Desde su entrada se nota que las magnitudes de cualquier otra iglesia se quedan pequeñas...

Si desde fuera la iglesia parece grande cuando uno entra simplemente se queda sin palabras del tamaño que tiene. Cualquier iglesia o catedral vista antes parece un capilla comparándola con San Pedro, o al menos esa sensación me dió. Hay que tener en cuenta que la iglesia tiene ni más ni menos que 218 m de largo y 136 m de altura hasta la cúpula (y 45 m la nave principal) y puede acoger 60.000 personas. Ah, por cierto, en San Pedro al igual que en otras iglesias de Roma está prohibido entrar con "ropas poco decorosas", es decir, camisetas de tirantes y pantalones o faldas muy cortos. Hay un cartelito muy gráfico con dos monigotes que indica esto a la entrada, lástima que no le hiciese una foto.

Dejando el tema vestimenta aparte, el interior te deja con la boca abierta. Hay que tener en cuenta que en esta iglesia (aunque la primigenia data del siglo IV, la actual comenzó su construcción en 1505) participaron genios de la talla de Bramante, Rafael y Miguel Ángel, y eso se nota. Las obras de arte se distribuyen por toda la nave, siendo esta de por si un marco incomparable por su grandeza y su bellaza. Pero quizás haya que destacar ciertos elementos entre los demás. Nada más entrar a la derecha se encuentra La Pietà de Miguel Ángel, una grandísima escultura que esculpió el genio a los 25 años (en 1972 sufrió el ataque de persona con un martillo, de ahí que ahora este detrás de una vitrina). Otra parte destacada es el Trono de San Pedro, obra de Bernini. Pero quizás lo que más destaca es el Baldacchino (baldaquín) de (como no...) Bernini que cubre el altar mayor, una obra de 29 metros de altura situado en el centro de la iglesia de una grandisima belleza. Justo al lado está una estatua de San Pedro bastante conocida y que tiene el pie derecho desgastado de los besos de los fieles.

Pero cuando llegas al baldaquín no puedes evitar mirar hacia arriba (abriendo la boca, claro) y ver esa inmensa cúpula, obra de Miguel Ángel, que se eleva 119 m sobre tu cabeza y 136 metros hasta la parte superior de la cruz externa. Estas dimensiones le dan el honor de ser la cúpula más alta del mundo, ¡señores, que tiene una altura de casi 40 pisos! Eso sí, siguiendo con más datos, sus 41,47 m de diámetro se quedan un pelín detrás de las cúpulas del Panteón de Agripa (43,3 m) y la Catedral de Florencia (44 m).

Hemos visto la cúpula desde abajo, pues ahora toca subir y cambiar la perspectiva. Pagamos los 4 € por cabeza del ticket para subir a lo alto de la cúpula, sin utilizar el ascensor (subiendo una parte en ascensor 5€), ¡porque yo lo valgo, oiga! Tras una buena subida por las escaleras llegamos a la base de la cúpula. La perspectiva cambia totalmente y se puede apreciar el suelo como si fuera un cuadro. Dimos una vuelta completa a la cúpula y seguimos subiendo las escalaras que se empezaban a estrechar cada vez más, en algunas zonas el paso era algo estrecho para llevar la mochila a cuestas. Después de unos 550 escalones llegamos a la linterna de San Pedro y a la terraza. Las vistas desde aquí son impresionantes, se puede apreciar todo el Vaticano y Roma desde una posición privilegiada.

Bajamos de nuevo al interior, dimos una última vuelta por la nave central y nos fuimos. A esas horas ya estaban cerradas las Grutas Vaticanas, la Tumba de San Pedro y la Necrópolis, otra vez será. Al salir vimos el porqué de tanto revuelo en el metro, la plaza se había convertido en un gran auditorio lleno de sillas y sobre todo en un aparcamiento de coches de lujo. Sin duda alguna, allí se habían reunido personas con poder. Supongo que a eso se debería las medidas de seguridad que vimos en el metro y el nerviosismo de los caravinieri.

El día se terminaba, ya había anochecido, y nuestro pies empezaban a notarlo, pero aún nos quedaba alguna cosilla por ver. Bajamos por Via della Conciliazione hasta el puente Vittorio Emanuele II. Tanto este puente, como el siguiente que vimos, Ponte Sant'Angelo, son dos puentes muy bonitos con estatuas sobre sus pilares. Sant'Angelo es de la época romana, del año 136, pero se derrumbó en 1450, aunque fue reconstruido conservando su estructura. La estampa de San Pedro desde el final de Via della Conciliazione o desde el Ponte Sant'Angelo merece la pena, y más si es de noche. El puente Sant'Angelo debe su nombre al castillo homónimo que tiene justo enfrente, Castillo Sant'Angelo. Originalmente fue el mausoleo de Adriano (s.II), aunque fue transformado en fuerte por los papas en el siglo VI. Ya habían cerrado, pero desde el exterior cabe destacar su estructura circular y el ángel que corona el castillo.

Tras un último vistazo, a San Pedro, al Tiber (el río que pasa por Roma) y al castillo decidimos acercarnos al Palacio de Justicia. Es un edificio bonito de ver aunque no destaca en una ciudad de monumentos como Roma. Desde la plaza donde estaba el palacio cogimos un bus al Trastevere. El Trastevere es un barrio proletario con encanto, donde el tiempo parece haberse detenido hace una décadas, pero como mucha vida nocturna. De hecho es una de las zonas favoritas para salir y cenar, bien y barato, tanto por locales como por extranjeros. Así que allí ibamos a probar un buen plato de pasta al dente. Era un viaje muy low cost, pero hoy tocaba darse un homenaje. Nos bajamos del bus cerca de Isla Tiberina, una pequeña isleta en medio del Tiber, y estuvimos dando un paseo por el barrio viendo al Ponte Palatino que cruza el Tiber y a su hermano mayor del que queda solo una pequeña sección, el Ponte Roto, la Basílica de Santa María en Trastevere y las bonitas calles del barrio. Tras ver algunas cartas de restaurantes nos acabamos deciendo por uno.

Era algo tarde para cenar cuando llegamos pero seguían dando servicio. Nos sentamos y empezamos a leer la carta. Vale, tenemos localizada la pasta, pero no tenemos ni idea de que son muchos de los platos, salvo los típicos carbonara, bolognesa y al pesto. Así que decido probar algo nuevo, total los platos mas famosos ya los había probado. Lena prefiere no arriesgar y pedirse unos penne (como unos macarrones) con salsa de tomate, o algo así. Una vez que nos hemos decidido comienza la aventura para explicar al camarero que Lena es alérgica a la cebolla...

- Nosotros (N): Hello.
- Camarero (C): Hello.
- (N): Have this dish onion? (señalando el plato que quería Lena).
- (C): What!?
- (N): Yes, onion, she is allergic. (uyyy que no nos está entiendo nada...)
- (C): Mmmm? (qué están diciendo estos?)
- (N): Onion. (acompañado de gestos como que estoy cortando una cebolla y estoy llorando)
- (C): Mmmm? (Estos dos están locos)
- (C): Ah!!! Cipolla!!!
- (N): Yes, yes.
- (C): No, no onion.
- (N): Ok, ok.

Despúes de tan fluida conversación y mejor clase magistral de mímica nos trajeron lo que habíamos pedido, y el plato de Lena no tenía cebolla!!!! Lo mio estaba rico, aunque para mi gusto demasiado al dente y aunque me había avisado, mi plato picaba como mil demonios. Ha pasado el tiempo y ahora tengo un amigo romano y siempre me dice que nosotros no sabemos hacer la pasta, que la cocinamos demasiado, que tiene que estar al dente y no pasada; pero oye en cuestión de gustos no hay nada escrito. Eso sí, si vais a Italia notaréis que la pasta la cocinan menos que en España y está algo más dura, al dente. A mi, a día de hoy, la prefiero así, pero por aquel entonces no.

Salimos del restaurante y se había hecho bastante tarde, así que nos fuimos rápido a coger el metro en la parada Circo Massimo, mañana sería otro día.

A continuación os dejo un mapa con los lugares que visitamos durante ese día.

Si queréis ver el mapa en otra pestaña haced clic aquí.


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jueves, 19 de mayo de 2011

Día 3: una paseo por la Roma clásica

Nuestro primer día completo en Roma acaba de empezar. Nos esperaba un largo día, así que comenzamos haciéndonos el desayuno en la minicocina que teníamos en la habitación. Tenía un solo fuego, pero era más que suficiente para el uso que le íbamos a dar. También había un minifrigo, algo de menaje, comida y productos de limpieza, vamos, que era una cocina bastante apañada y eso nos daba algo de independencia.
Poder desayunar tranquilamente según te levantas está realmente bien, y más cuando te levantas como un zombie.

Nuestra primera visita sería a la catedral de Roma, San Giovanni in Laterano (o San Juan de Letrán). Antes de ir creía que la catedral era San Pedro, pero claro, eso está en otro país, en el Estado de la Ciudad del Vaticano. San Giovanni in Laterano es la catedral del mundo, la sede episcopal del primado de todos los obispos, es decir, del Papa. Fue el primer templo cristiano que se construyó en Roma, en el siglo IV, aunque ha sido reconstruida y renovada varias veces.

Tras cruzar unas enormes puertas de bronce el interior impresiona, es un espacio enorme y diáfano, sin bancos, que deja ver un suelo con preciosos mosaicos. A lo largo de la iglesia se pueden ver en los laterales las esculturas de los doce Apóstoles. También destaca el ábside, el altar mayor, la decoración del techo... es una catedral que impresiona.

Al salir de allí rodeamos la iglesia y en una plaza lateral, piazza di San Giovanni in Laterano, se erige el enorme (37 m.) obelisco egipcio de Tutmosis IV. Se le considera el más alto de los que en la actualidad se conservan en pie y "solo" tiene unos 3400 añitos!!! Seguimos caminando en dirección al Coliseo y paramos en una pequeña joya, la Basílica de San Clemente de Letrán. Es pequeña, pero el interior merece realmente la pena, sobre todo los mosaicos y el candelabro pascual.

Y por fin llegamos, ahí está el Coliseo, tal cual lo dejamos ayer pero con la luz del día iluminándolo e impresiona igual, ¡es enorme!

Fuimos directos a la entrada. No había apenas gente en la cola así que aprovechamos para entrar, ya tendríamos tiempo para verlo desde fuera. La entrada nos costó 6€ a cada uno y con ella podíamos acceder al Palatino.

Modo clase de historia ON
El Coliseo es icono de la ciudad, símbolo de una era y un imperio. Representó mucho en su época y lo sigue representando hoy en día. Allá por el 72 d.C. Vespasiano lo mandó construir y en el 80 d.C. su hijo Tito lo inauguró. Bastaron 8 años para construir un anfiteatro que daba cabida a más de 50.000 personas, muchas personas para aquella época teniendo en cuenta que la ciudad de Roma tenía una población de más de un millón y medio de habitantes (el censo del 30-11-2010 es de 2.758.991). Los juegos de inauguración duraron cien días y cien noches. Posteriormente Trajano realizó otros juegos, de 117 días, durante los cuales 9.000 gladiadores y 10.000 bestias tomaron partida.
Su uso duró unos 500 años, hasta aproximadamente la caída del Imperio Romano. Tras varios terremotos pasó a ser una cantera para edificar palacios en la ciudad, hasta que en el siglo XVIII el Papa lo consagró como iglesia. Incluso fue fortaleza en la Edad Media. A día de hoy es una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo y uno de los epicentros turísticos del mundo.
Modo clase de historia OFF

Impresiona su exterior, pero también su interior. Estar dentro a la altura de lo que un día fue la arena e imaginarte los gritos y el ruido que debía salir desde las gradas y que tuvieron que oír gladiadores y esclavos... te pone los pelos de punta. A esto había que añadir el miedo a desconocer lo que les deparaba en la arena, nada amigable seguro. Actualmente no hay ni tigres ni leones, pero gatos, todos los que queráis y más, y para un alérgico al pelo de gato como yo pues mejor que se queden lejos (tampoco apto para supersticiosos, ves un gato negro seguro).

Desde el Coliseo vimos lo que serían nuestros siguientes destinos, así que para allá que fuimos. Nuestra primera parada fue el Arco de Constantino, un arco del triunfo erigido en el 315 para conmemorar la victoria de Constantino I el Grande en la batalla del Puente Milvio. Lo singular de este arco, es que pese a tener unos 1700 años es el más joven de todos los arcos de la Roma Antigua.

Después de una parada breve nos dirigimos al Palatino, en el que podíamos entrar "gratis" gracias a la entrada que teníamos del Coliseo. Una cosa, si vais a ver el Coliseo y veis que hay mucha cola, podéis ir primero a ver el Palatino y cogéis la entrada allí, ya que la entrada es la misma para los dos y en el Palatino no suele tener cola. Luego entráis con ese mismo ticket en el Coliseo por la puerta para la gente con entrada comprada y así os ahorráis una larga espera.

El monte Palatino es la colina más céntrica de las siete existentes en Roma, y allí fue donde dice la leyenda que vivía la loba que cuidó de Rómulo y Remo. Leyendas aparte, es aquí donde se han descubierto los asentamientos humanos más antiguos en Roma, allá por el IX a.C. Por su emplazamiento privilegiado, junto al Foro, esta colina fue el lugar elegido por los emperadores para construir sus palacios. Pero aparte de estos palacios, o sus ruinas, se puede ver también un estadio, distintas casas de familias, el museo Palatino, los Jardines Farnese... A mi gusto no hay nada destacable (aunque si recomendable), salvo las vistas al foro. Desde los Jardines Farnese, que están situados al final del recorrido si se entra por la Via di San Gregorio, se tiene una vista muy buena de todo el Foro, muy aconsejable. También desde la Domus Augustana se tiene una buena vista del Circus Maximus.

Directamente desde el Palatino bajamos al Foro Romano. Allí fue donde se partía el bacalao en la época del Imperio, donde tenía lugar el comercio, los negocios, la prostitución, la religión y la administración de justicia. Todo junto y supongo que algo revuelto. Algunos edificios o templos apenas conservan su estructura pero otros permanecen enteros y casi de una pieza. A mi, personalmente, me llamó la atención la Basílica de Majencio y Constantino, posiblemente por ser tan grande (35 metros de alto) y por tener un corte en su estructura que te permitía tener una visión clara del edificio.

Salimos del Foro pasando bajo el Arco de Septimio Severo, como emperadores triunfantes, y dejamos a un lado el Foro de Trajano para dirigimos a nuestro siguiente objetivo. Ah, por cierto, la entrada al foro es gratuita y es un agradable paseo para ver e imaginar la grandiosidad del corazón de un imperio gigantesco.

Llegamos al monumento a Vittorio Emanuelle II, un gigante realmente bonito que no se suele conocer si no viajas a Roma. Lo típico es el Coliseo y demás monumentos de la época del Imperio Romano y del Renacimiento, pero Roma tiene mucho, muchísimo más que ofrecernos. Como ya escribí en la entrada anterior algo de él no me extiendo más y os sigo contando el resto.

Estábamos viendo mucho de lo que vimos el día antes. Pero la diferencia de ver algo de día a verlo de noche cambia mucho. Pero eso sí, los lugares con magia como la Fontana di Trevi da igual cuando los veas y las veces que los veas, siguen fascinando.

La noche anterior ya habíamos lanzado la moneda de rigor a la fuente, con la mano derecha, sobre el hombro izquierdo y de espaldas a la fuente, así que puedo confirmar que es cierto que si haces eso vuelves a ver la fuente ¡¡¡Nosotros solo tardamos un día!!! Aunque espero volver pronto ahora que tengo a un amigo viviendo allí. Un saludo Mau!!!!
Se estima que se arrojan unos 3000€ diarios a la fuente y todo ese dinero va destinado a Cáritas. Sin embargo, en 2002 se descubrió que un indigente oficialmente inestable se había metido varías veces (no se cuantas) en la fuente durante más de 30 años, reuniendo hasta 500 euros al día, ahí es na'.

Al igual que el día anterior, pasamos frente a la Colonna de Marco Aurelio y el Templo de Adriano.

- Oye, acabo de tener un déjà vu, esto ya lo he vivido.
- Claro, ayer por la noche. Anda tira pa'lante...

Llegamos al Panteón de Agripa, uno de los sitios que más me impresionó de Roma. Sería el momento, su arquitectura o lo que fuese, pero este templo fue de lo que más me gustó de la ciudad.

El Panteón es el edificio de la antigua Roma que mejor se conserva y esto permite hacerse una idea de lo monumental que tuvo que ser la ciudad en la época del Imperio. Pero el hecho de que se conserve tan bien es, en parte, gracias a que el templo fue donado al papa Bonifacio VI allá por el 608, convirtiéndose en una iglesia.
Si el exterior impresiona con su inmenso pórtico y sus enormes columnas de una pieza, el interior no se queda atrás. Revestido con mármol de diferentes colores, adornado con columnas, arcos, pinturas y esculturas; el interior deja maravillado a todo el que entra. Por cierto la entrada es gratuita, que no había dicho nada.

Otra cosa más que destacable es la enorme cúpula que tiene, 43,44 m de diámetro, al igual que la altura del interior. Con estas medidas es la mayor cúpula de hormigón en masa de la historia, ahí es na'. Pero claro, una bóveda de estas dimensiones, si fuese maciza, pesaría una barbaridad y acabaría por desplomarse. Para reducir el peso, la bóveda tiene unos casetones (huecos en la pared) que aparte de tener esa función, adornan. También hay una abertura de 9 m. en la bóveda que permite que entre la luz ¡y la lluvia!. Pero no hay ningún problema, sin vais y está lloviendo veréis como el agua entra y forma un círculo antes de desaparecer por unos casi invisibles agujeros que hay en el suelo.

Al salir nos rugían las tripas, y es que, entre tanta visita, solo habíamos picado por el camino algún sandwich, alguna galletita salada... pero nada de comer como es debido. Así que nos acercamos a una calle que daba a la plaza y pedimos dos pizzas, una margarita y una con panceta (de baicon nada señores, panceta!!), para comernoslas en la plaza del Panteón. Las vistas inmejorables y el sabor una delicia, y encima tiradas de precio. Se me hace la boca agua al recordarlo, no he comido una pizza mejor, o al menos tengo ese recuerdo, que la que tenía panceta.

Después de saborear esa delicia nos dirigimos a la basílica de Santa Maria sopra Minerva, que está justo detrás del Panteón. Ya empezaba a caer el Sol, y eso se notó en el interior porque no estaba tan iluminado como nos esperábamos. Pero aún así pudimos ver ese llamativo techo estrellado que tiene y las diferentes esculturas de la iglesia. Una iglesia bonita, recomendable para visitar porque está al lado del Panteón, pero no tan sorprendente, por supuesto, como San Giovanni in Laterano.

Empezábamos a notar el cansancio, bueno, más bien estábamos bastante cansados, así que optamos por irnos a descansar al B&B. Fuimos andando hasta la parada de metro Barberini y nos montamos...

- Oye y si nos paramos en la siguiente y vemos la Plaza de la República.
- Vale, por qué no.

Esto se empezaba a parece al primer día, ese "vale" para ver un monumento se podía convertir en otro, y otro, y otro... Pero esta vez nos bajamos del metro, subimos a la superficie, echamos un vistazo a la Plaza de la República (Piazza della repubblica) y cogimos el metro de nuevo camino a casa, que estábamos muy cansados.

Bueno, el día se había terminado. Habíamos visto parte de los grandes iconos de esta ciudad, esta vez por dentro y de día, y habíamos acumulado un montón de sensaciones... ¡ay que rica la pizza, madre!.
Al día siguiente tocaba visita a otro país dentro de Roma, El Vaticano con su gran museo y su gigantesca catedral.

A continuación os dejo un mapa con los lugares que visitamos durante ese día.

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