jueves, 19 de mayo de 2011

Día 3: una paseo por la Roma clásica

Nuestro primer día completo en Roma acaba de empezar. Nos esperaba un largo día, así que comenzamos haciéndonos el desayuno en la minicocina que teníamos en la habitación. Tenía un solo fuego, pero era más que suficiente para el uso que le íbamos a dar. También había un minifrigo, algo de menaje, comida y productos de limpieza, vamos, que era una cocina bastante apañada y eso nos daba algo de independencia.
Poder desayunar tranquilamente según te levantas está realmente bien, y más cuando te levantas como un zombie.

Nuestra primera visita sería a la catedral de Roma, San Giovanni in Laterano (o San Juan de Letrán). Antes de ir creía que la catedral era San Pedro, pero claro, eso está en otro país, en el Estado de la Ciudad del Vaticano. San Giovanni in Laterano es la catedral del mundo, la sede episcopal del primado de todos los obispos, es decir, del Papa. Fue el primer templo cristiano que se construyó en Roma, en el siglo IV, aunque ha sido reconstruida y renovada varias veces.

Tras cruzar unas enormes puertas de bronce el interior impresiona, es un espacio enorme y diáfano, sin bancos, que deja ver un suelo con preciosos mosaicos. A lo largo de la iglesia se pueden ver en los laterales las esculturas de los doce Apóstoles. También destaca el ábside, el altar mayor, la decoración del techo... es una catedral que impresiona.

Al salir de allí rodeamos la iglesia y en una plaza lateral, piazza di San Giovanni in Laterano, se erige el enorme (37 m.) obelisco egipcio de Tutmosis IV. Se le considera el más alto de los que en la actualidad se conservan en pie y "solo" tiene unos 3400 añitos!!! Seguimos caminando en dirección al Coliseo y paramos en una pequeña joya, la Basílica de San Clemente de Letrán. Es pequeña, pero el interior merece realmente la pena, sobre todo los mosaicos y el candelabro pascual.

Y por fin llegamos, ahí está el Coliseo, tal cual lo dejamos ayer pero con la luz del día iluminándolo e impresiona igual, ¡es enorme!

Fuimos directos a la entrada. No había apenas gente en la cola así que aprovechamos para entrar, ya tendríamos tiempo para verlo desde fuera. La entrada nos costó 6€ a cada uno y con ella podíamos acceder al Palatino.

Modo clase de historia ON
El Coliseo es icono de la ciudad, símbolo de una era y un imperio. Representó mucho en su época y lo sigue representando hoy en día. Allá por el 72 d.C. Vespasiano lo mandó construir y en el 80 d.C. su hijo Tito lo inauguró. Bastaron 8 años para construir un anfiteatro que daba cabida a más de 50.000 personas, muchas personas para aquella época teniendo en cuenta que la ciudad de Roma tenía una población de más de un millón y medio de habitantes (el censo del 30-11-2010 es de 2.758.991). Los juegos de inauguración duraron cien días y cien noches. Posteriormente Trajano realizó otros juegos, de 117 días, durante los cuales 9.000 gladiadores y 10.000 bestias tomaron partida.
Su uso duró unos 500 años, hasta aproximadamente la caída del Imperio Romano. Tras varios terremotos pasó a ser una cantera para edificar palacios en la ciudad, hasta que en el siglo XVIII el Papa lo consagró como iglesia. Incluso fue fortaleza en la Edad Media. A día de hoy es una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo y uno de los epicentros turísticos del mundo.
Modo clase de historia OFF

Impresiona su exterior, pero también su interior. Estar dentro a la altura de lo que un día fue la arena e imaginarte los gritos y el ruido que debía salir desde las gradas y que tuvieron que oír gladiadores y esclavos... te pone los pelos de punta. A esto había que añadir el miedo a desconocer lo que les deparaba en la arena, nada amigable seguro. Actualmente no hay ni tigres ni leones, pero gatos, todos los que queráis y más, y para un alérgico al pelo de gato como yo pues mejor que se queden lejos (tampoco apto para supersticiosos, ves un gato negro seguro).

Desde el Coliseo vimos lo que serían nuestros siguientes destinos, así que para allá que fuimos. Nuestra primera parada fue el Arco de Constantino, un arco del triunfo erigido en el 315 para conmemorar la victoria de Constantino I el Grande en la batalla del Puente Milvio. Lo singular de este arco, es que pese a tener unos 1700 años es el más joven de todos los arcos de la Roma Antigua.

Después de una parada breve nos dirigimos al Palatino, en el que podíamos entrar "gratis" gracias a la entrada que teníamos del Coliseo. Una cosa, si vais a ver el Coliseo y veis que hay mucha cola, podéis ir primero a ver el Palatino y cogéis la entrada allí, ya que la entrada es la misma para los dos y en el Palatino no suele tener cola. Luego entráis con ese mismo ticket en el Coliseo por la puerta para la gente con entrada comprada y así os ahorráis una larga espera.

El monte Palatino es la colina más céntrica de las siete existentes en Roma, y allí fue donde dice la leyenda que vivía la loba que cuidó de Rómulo y Remo. Leyendas aparte, es aquí donde se han descubierto los asentamientos humanos más antiguos en Roma, allá por el IX a.C. Por su emplazamiento privilegiado, junto al Foro, esta colina fue el lugar elegido por los emperadores para construir sus palacios. Pero aparte de estos palacios, o sus ruinas, se puede ver también un estadio, distintas casas de familias, el museo Palatino, los Jardines Farnese... A mi gusto no hay nada destacable (aunque si recomendable), salvo las vistas al foro. Desde los Jardines Farnese, que están situados al final del recorrido si se entra por la Via di San Gregorio, se tiene una vista muy buena de todo el Foro, muy aconsejable. También desde la Domus Augustana se tiene una buena vista del Circus Maximus.

Directamente desde el Palatino bajamos al Foro Romano. Allí fue donde se partía el bacalao en la época del Imperio, donde tenía lugar el comercio, los negocios, la prostitución, la religión y la administración de justicia. Todo junto y supongo que algo revuelto. Algunos edificios o templos apenas conservan su estructura pero otros permanecen enteros y casi de una pieza. A mi, personalmente, me llamó la atención la Basílica de Majencio y Constantino, posiblemente por ser tan grande (35 metros de alto) y por tener un corte en su estructura que te permitía tener una visión clara del edificio.

Salimos del Foro pasando bajo el Arco de Septimio Severo, como emperadores triunfantes, y dejamos a un lado el Foro de Trajano para dirigimos a nuestro siguiente objetivo. Ah, por cierto, la entrada al foro es gratuita y es un agradable paseo para ver e imaginar la grandiosidad del corazón de un imperio gigantesco.

Llegamos al monumento a Vittorio Emanuelle II, un gigante realmente bonito que no se suele conocer si no viajas a Roma. Lo típico es el Coliseo y demás monumentos de la época del Imperio Romano y del Renacimiento, pero Roma tiene mucho, muchísimo más que ofrecernos. Como ya escribí en la entrada anterior algo de él no me extiendo más y os sigo contando el resto.

Estábamos viendo mucho de lo que vimos el día antes. Pero la diferencia de ver algo de día a verlo de noche cambia mucho. Pero eso sí, los lugares con magia como la Fontana di Trevi da igual cuando los veas y las veces que los veas, siguen fascinando.

La noche anterior ya habíamos lanzado la moneda de rigor a la fuente, con la mano derecha, sobre el hombro izquierdo y de espaldas a la fuente, así que puedo confirmar que es cierto que si haces eso vuelves a ver la fuente ¡¡¡Nosotros solo tardamos un día!!! Aunque espero volver pronto ahora que tengo a un amigo viviendo allí. Un saludo Mau!!!!
Se estima que se arrojan unos 3000€ diarios a la fuente y todo ese dinero va destinado a Cáritas. Sin embargo, en 2002 se descubrió que un indigente oficialmente inestable se había metido varías veces (no se cuantas) en la fuente durante más de 30 años, reuniendo hasta 500 euros al día, ahí es na'.

Al igual que el día anterior, pasamos frente a la Colonna de Marco Aurelio y el Templo de Adriano.

- Oye, acabo de tener un déjà vu, esto ya lo he vivido.
- Claro, ayer por la noche. Anda tira pa'lante...

Llegamos al Panteón de Agripa, uno de los sitios que más me impresionó de Roma. Sería el momento, su arquitectura o lo que fuese, pero este templo fue de lo que más me gustó de la ciudad.

El Panteón es el edificio de la antigua Roma que mejor se conserva y esto permite hacerse una idea de lo monumental que tuvo que ser la ciudad en la época del Imperio. Pero el hecho de que se conserve tan bien es, en parte, gracias a que el templo fue donado al papa Bonifacio VI allá por el 608, convirtiéndose en una iglesia.
Si el exterior impresiona con su inmenso pórtico y sus enormes columnas de una pieza, el interior no se queda atrás. Revestido con mármol de diferentes colores, adornado con columnas, arcos, pinturas y esculturas; el interior deja maravillado a todo el que entra. Por cierto la entrada es gratuita, que no había dicho nada.

Otra cosa más que destacable es la enorme cúpula que tiene, 43,44 m de diámetro, al igual que la altura del interior. Con estas medidas es la mayor cúpula de hormigón en masa de la historia, ahí es na'. Pero claro, una bóveda de estas dimensiones, si fuese maciza, pesaría una barbaridad y acabaría por desplomarse. Para reducir el peso, la bóveda tiene unos casetones (huecos en la pared) que aparte de tener esa función, adornan. También hay una abertura de 9 m. en la bóveda que permite que entre la luz ¡y la lluvia!. Pero no hay ningún problema, sin vais y está lloviendo veréis como el agua entra y forma un círculo antes de desaparecer por unos casi invisibles agujeros que hay en el suelo.

Al salir nos rugían las tripas, y es que, entre tanta visita, solo habíamos picado por el camino algún sandwich, alguna galletita salada... pero nada de comer como es debido. Así que nos acercamos a una calle que daba a la plaza y pedimos dos pizzas, una margarita y una con panceta (de baicon nada señores, panceta!!), para comernoslas en la plaza del Panteón. Las vistas inmejorables y el sabor una delicia, y encima tiradas de precio. Se me hace la boca agua al recordarlo, no he comido una pizza mejor, o al menos tengo ese recuerdo, que la que tenía panceta.

Después de saborear esa delicia nos dirigimos a la basílica de Santa Maria sopra Minerva, que está justo detrás del Panteón. Ya empezaba a caer el Sol, y eso se notó en el interior porque no estaba tan iluminado como nos esperábamos. Pero aún así pudimos ver ese llamativo techo estrellado que tiene y las diferentes esculturas de la iglesia. Una iglesia bonita, recomendable para visitar porque está al lado del Panteón, pero no tan sorprendente, por supuesto, como San Giovanni in Laterano.

Empezábamos a notar el cansancio, bueno, más bien estábamos bastante cansados, así que optamos por irnos a descansar al B&B. Fuimos andando hasta la parada de metro Barberini y nos montamos...

- Oye y si nos paramos en la siguiente y vemos la Plaza de la República.
- Vale, por qué no.

Esto se empezaba a parece al primer día, ese "vale" para ver un monumento se podía convertir en otro, y otro, y otro... Pero esta vez nos bajamos del metro, subimos a la superficie, echamos un vistazo a la Plaza de la República (Piazza della repubblica) y cogimos el metro de nuevo camino a casa, que estábamos muy cansados.

Bueno, el día se había terminado. Habíamos visto parte de los grandes iconos de esta ciudad, esta vez por dentro y de día, y habíamos acumulado un montón de sensaciones... ¡ay que rica la pizza, madre!.
Al día siguiente tocaba visita a otro país dentro de Roma, El Vaticano con su gran museo y su gigantesca catedral.

A continuación os dejo un mapa con los lugares que visitamos durante ese día.

Si queréis ver el mapa en otra pestaña haced clic aquí.


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miércoles, 4 de mayo de 2011

Día 2: llegamos a Roma con ganas de andar

¡Había llegado el día! Estábamos nerviosos, era nuestro primer viaje juntos al extranjero, pero no teníamos de que preocuparnos ya que había estado bastante tiempo leyendo webs, foros, blogs, guías... Además, Lena había estado allí hacía unos años y aún recordaba, mas o menos, dónde estaban las cosas y como moverse por allí. Teníamos todo atado y bien atado... quizás más de lo que se tenga que tener. También hay que dejar algo a la improvisación para llevarte sorpresas, pero bueno, de todo se aprende.

Nos levantamos a una hora ... sin prisas, desayunamos tranquilamente y recogimos las maletas para coger el bus al aeropuerto en la estación de buses de Santander. En apenas 15 minutos habíamos llegado. Fuimos a facturar las maletas (en aquella época se podía facturar gratis 15kg de equipaje por pasajero ... qué tiempos) y a esperar a que el avión saliese. Del equipaje de mano que nos llevamos ni hablamos ... no nos íbamos a la guerra, no, simplemente nos llevábamos las provisiones para tener que comprar lo justo allí. El concepto low cost lo teníamos bien metido en la cabeza :D.

El tiempo pasó sin darnos cuenta, y a eso de las cuatro de la tarde pasadas dejamos de ver por la ventana el mar Mediterráneo para empezar a distinguir esa preciosa ciudad. Bajo un cielo algo nublado intentábamos situar desde el aire los monumentos que visitaríamos los siguientes días, algo encontramos... Haz clic en las fotos y busca a Wally ... digo, al Coliseo.

Llegamos al aeropuerto de Ciampino, recogimos las maletas y nos montamos en uno de los autobuses de la empresa Cotral para ir al hotel, un euro por cabeza y otro euro por maleta. De todas formas si queréis saber más posibilidades para llegar desde Ciampino a Roma o viceversa id a este blog. El bus nos llevó hasta la parada de metro Anagnina donde cogimos la línea A hasta la parada Vittorio Emanuele y en apenas 5 minutos andando ya habíamos llegado al Bed & Breakfast Simpatia. Para ir en metro cogimos un par de billetes CIS válidos durante 7 días que podíamos usar tanto para metro como para bus, 16 € por persona.

La llegada al B&B fue rara ... la entrada no estaba en la calle, sino en una especie de patio interior al que se accedía por una puerta tipo garaje. Si no recuerdo mal, al final de este patio (o calle) interior estaba la "oficina" de Paolo, el dueño del alojamiento. Al llegar, le vimos sentado con otra persona hablando en una mesa pequeña y se callaron de repente... la escena parecía la de dos capos de la mafia negociando que habían sido interrumpidos por dos jovenzuelos. Una imagen algo turbadora que desapareció por completo con el gran trato que nos dio desde el primer momento. Paolo, muy simpático y muy amable, hacia honor al nombre de su alojamiento. Al terminar de explicar todo nos dijo que tenía un regalo para nosotros... ¡un par de pases de metro para toda nuestra estancia en Roma! Miramos los tickets con sorpresa, acabábamos de tirar 32 € a la basura habiendo comprado antes nuestros pases. Le dijimos que muchísimas gracias pero que acabábamos de comprarlos unos minutos antes. Fue una pena, teníamos el presupuesto muy justo y esto nos hubiese dado algo de holgura.

Dejamos las cosas y nos fuimos a recorrer Roma. Eran ya más de las siete y pico, y a esas horas ya era de noche. La mejor opción para que no se nos hiciese muy tarde, y poder rascar algo de tiempo, era coger el metro. Nos fuimos hasta la parada de Barberini, que era la que nos quedaba más cerca de la Fontana di Trevi, y ahí apareció la Fontana di Tritone. Una fuente "sencilla" si la comparamos que lo que íbamos a ver a continuación, pero bien bonita. Hay que tener en cuenta que es obra de un gran artista del Barroco, Bernini, un nombre que se repetiría muchas veces en nuestras ojeadas a la guía y con el que nos acabamos quedando.

Dejamos la plaza, y caminado apenas 5 minutos empezamos a oír un murmullo creciente, estábamos cerca, y de repente al cruzar una esquina... ahí estaba la preciosa Fontana di Trevi. Obra de Nicola Salvi, aunque se dice que con bocetos de... efectivamente, Bernini. Es realmente espectacular, la más grande de la fuentes barrocas de Roma (25,9 m de alto y 19,8 de ancho). Además al estar encajonada en la plaza deslumbra mucho más, hay que estar allí y admirar su belleza. Aunque lo malo es que está siempre llena de turistas y vendedores un tanto pesados que te asedian con rosas una y otra vez si te ven en pareja...
- No, gracias.
- ¡No, gracias!
- ¡¡NO, GRACIAS!!
- !!!!QUÉ NOOOOO!!!!

Fontana di Trevi

Nuestro siguiente destino era el Panteón, pero Roma a cada paso te descubre alguna joya de la antigüedad, del barroco... De camino nos encontramos con la Colonna de Marco Aurelio, por la que pasaríamos unas cuantas veces durante los siguientes días. Una columna de casi 2000 años con unos relieves preciosos. Seguimos y nos encontramos con el Templo de Adriano. De él solo se conservan 11 columnas, lástima.

Ya estábamos llegando al Panteón cuando, en una de las calles que va a dar a él, nos cruzamos con una tienda muy bonita. Estaba llena de juguetes y relojes de madera. Así que ya teníamos el regalo para nuestra sobrinilla Julia, un reloj muy simpático. Elegimos el de un perro muy majete.

Salimos de la tienda y en unos metros estaba la plaza della Rotonda. Allí se mostraba indiferente al paso del tiempo el Panteón de Agripa. Estaba cerrado, pero ya lo veríamos por dentro otro día. Por fuera imponen las grandes columnas de una sola pieza de unos 14 metros. Imaginaos el esfuerzo que supone llevar esos mastodontes hasta allí. De hecho, se cambió el proyecto al no poder suministrar las columnas con las dimensiones que se diseñaron en un principio.

Después nos pasamos por Santa Maria sopra Minerva. Una iglesia que es bastante sobria por fuera, pero con un interior precioso (a esas horas ya estaba cerrada). Lo que si destaca del exterior es el obelisco situado en su plaza, el Pulcino della Minerva, un curioso obelisco sostenido por un elefante, obra de Bernini.

Volvimos a pasar delante de Panteón rumbo a una de las plazas más conocidas de Roma, Piazza Navona. Una plaza con forma alargada que tiene tres fuentes, dos situadas en los extremos y la más destacada en el centro, la Fontana dei Quattro Fiumi, todas obras de Bernini. Justo en frente de ésta se situa la iglesia Sant'Agnese in Agone, obra de Borromini; rivales en aquella época. Nos sentamos frente a la fuente, tranquilos, admirando lo que nos rodeaba, sin mucha gente en la plaza, saboreando el momento... y unos bocatas que nos habíamos traido :D.

Habíamos visto todo lo que teníamos pensado para hoy, pero no estábamos cansados, ¡para nada!, lo que queríamos era seguir descubriendo (o redescubriendo en el caso de Lena) esta gran ciudad. No era muy tarde, sobre las 10 de la noche, así que decidimos volver andando pasando por otros monumentos que veríamos otro día, pero que así podríamos admirar de noche. Nuestra primera parada fue el monumento a Vittorio Emanuelle II. Este enorme monumento fue construido hace unos 100 años en honor al primer rey que unificó Italia ¡Hay que ver la diferencia de edad de los monumentos de esta ciudad, desde abueletes como el Panteón de más de 2000 años hasta este jovenzuelo de apenas 100! Es un monumento imponente, grande y blanco como el solo y que se puede admirar perfectamente gracias a la plaza en la que está ubicado. El monumento tiene la tumba al soldado desconocido, en la que una llama arde de forma continua en honor a un soldado no identificado de la Primera Guerra Mundial.

- ¡Anda mira, si se ve el Coliseo a lo lejos! ¿Vamos?
- ¡Vale!
No tuvimos ninguna duda. Fuimos dando un paseo por la Via dei Fori Imperiali, viendo a un lado el Foro de Trajano y al otro el gran Foro Imperial. Ahí estábamos, frente el gran Coliseo, icono de una ciudad con un herencia arquitectónica impresionante y una de las nuevas siete maravillas del mundo. Es realmente impresionante, y más que lo tuvo que ser en su creación, ya que se encuentra bastante dañado por los terremotos y la "reutilización" de sus piedras y mármol en tiempos posteriores.

- Bueno, ¿y ahora? ¿cogemos el metro?
- No, mejor vamos andando, total, no creo que tardemos mucho ...

Craso error, eran ya las 11 y algo de la noche y aunque en ese momento no estábamos muy cansados, pronto nos vendría el bajón a medio camino. Fueron 20 minutos que se nos hicieron muyyyy largos.

Nuestra primera noche en Roma y la primera lluvia nocturna, menos mal que no nos pilló en la calle. Nos fuimos a la cama sin tardar mucho, había que descansar, ¡¡mañana iba a ser un gran día!!

A continuación os dejo un mapa con los lugares que visitamos durante ese día.

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