lunes, 13 de febrero de 2012

Día 6: ci vediamo Roma

Este era nuestro último día en Roma. El último día de nuestro primer gran viaje. Quién nos iba a decir que ese viaje iba ser el principio de una gran afición como es viajar. Que poco a poco, y gracias a ello, iba a ir abriendo nuestras mentes a otras culturas y otra forma de ver la vida, y de vivirla. Y como consecuencia de todo eso, aquí estoy, por la noche, taza de té en mano, relatando lo vivido en un viaje de hace ya más de seis años. Esto me ayuda a recordar, a mantener vivo en mi mente el recuerdo de lo que fue una gran experiencia.

Divagaciones aparte, voy a seguir con el relato de lo que fue nuestro último día en Roma. El día no iba a ser más que nuestra despedida de Roma, o al menos eso creíamos. Nuestro vuelo salía a las 11:05, una buena hora teniendo en cuenta que no se tarda demasiado en llegar al aeropuerto; a diferencia de otras ciudades. Pero basta que toda sea sencillo para que todo se complique...

Nos levantamos a la hora que habíamos puesto en el móvil la noche anterior. No nos habíamos dormido ¡Bien! Nos hicimos unos bocatas para tener algo de comer cuando llegásemos a Santander, desayunamos nuestras típicas tostadas de los días anteriores y terminamos de revisar la habitación para no dejarnos nada. Hasta ahí todo correcto. Pero lo que iba a ser un día aburrido de vuelta a casa empezó a ganar algo de emoción.

- ¿Qué hora es?
- Bah, tranqui, seguro que todavía es pronto, tenemos tiempo de sobra.

Fuimos a buscar a Paolo a la misma sala donde le encontramos el primer día. Pero, de casualidad, echamos un vistazo al reloj y...

- AY MADRE! Has visto la hora que es?
- Mierda!!! Corre, coge las cosas y vámonos!!

Ni nos despedimos de Paolo (que hacía honor al nombre del B&B Casa Simpatía) ni dejamos nuestra firma en el libro de visitas. Fue una pena, porque nos trató bastante bien, tanto antes de llegar, como durante nuestra estancia en Roma. Pero es que sin darnos cuenta se nos había echado el tiempo encima. Fuimos a toda prisa al metro, para llegar lo antes posible a la última parada de la línea A, Anagnina. Allí estaba la parada del bus que nos llevaría al aeropuerto. Llegamos bastante agobiados, andábamos justos, muy justos.

Llegamos con más nervios que un filete de 5 céntimos, no podíamos perder el vuelo. Estuvimos esperando el bus un rato y no venía. Pasaban los minutos, aunque nos parecían horas, y no se veía al bus. Esto pintaba mal. Así que decidimos coger un taxi y salir pitando hacia el aeropuerto. Pero con esto no se acababan nuestros problemas. No teníamos demasiado dinero suelto ¡Ni tarjetas de crédito! Menudo olvido, menudo fallo. Cruzamos los dedos para no tener que arrepentirnos de ese descuido. Le dijimos al taxista que nos llevase rápidamente al aeropuerto, y así fue. Teníamos que tener una cara de susto considerable porque nos llevó volando.

¡Bien! Habíamos llegado a tiempo al aeropuerto y nos había llegado con el dinero que llevamos ¡Bien, otra vez! Eso sí, nos sobraron menos de cinco euros después de pagar al taxista. Justo, justo.

Al final nos sobró tiempo, el aeropuerto estaba más cerca de lo creíamos. Pero el susto no nos lo quitaba nadie. Como tampoco nadie nos quitaba la cara de tontos que se nos quedó cuando vimos aparecer a gente que estaba esperando con nosotros el bus al aeropuerto en Anagnina. En fin, qué se le va hacer, una historia más para contar.

A partir de ahí fue todo sobre ruedas, como debería haber ido el resto de la mañana. Facturamos sin problemas y el vuelo fue muy tranquilo. En Santander cogimos el autocar hasta Valladolid y después de un largo y estresado día llagamos a casa. El viaje había terminado pero los recuerdos durarían para siempre. Habíamos conocido una ciudad maravillosa, a la que ya tengo ganas de volver, y sin saberlo habíamos marcado un antes y un después en nuestras vidas.



Índice:

Preparativos e información útil
Diario del viaje

6 comentarios:

  1. Llevaba dias sin pasarme pro aqui y me he puesto al dia y los dientes largos de paso....tengo mucha gana de ir a Roma, es más me gustarìa irme este verano o principio de otoño que ademas tengo alli una amiga...

    milittletreasure.blogspot.com

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    1. Pues no te lo pienses más, si tienes una amiga allí no tienes escusa. Yo te aconsejaría otoño por el clima, en verano hace muuucho calor en Roma.

      Un saludo

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  2. Pues te ha quedado un relato de lo más completo, cuando vaya por Roma seguro que me releo la crónica para tomar buena nota :D

    Ahora a ver por cual viaje te animas a continuar en el blog jeje

    Un saludo!

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    1. Gracias! No ha quedado del todo mal para ser el primero, no? jejeje. Esta vez escribiré sobre uno un poco más reciente, porque anda que no ha llovido desde el 2005...

      Un abrazo

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  3. Pues, como dices, una experiencia más para contar. Creo que todos hemos pasado por algo similar. Nosotros en Liverpool, estando en el aeropuerto, por poco perdemos el vuelo también... No sé cómo, nos dormimos en los laureles para pasar el control de entrada y cuando lo quisimos hacer había una cola de mil demonios... En fin, llegamos, pero el avión nos esperó. Ahí tenemos nuestra anécdota.
    Un saludo ;)

    PD: Ahora a esperar más relatos. A ver con qué destino nos sorprendes.

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    1. A nosotros siempre nos pasa una de este estilo, siempre. Todos los viajes tienen su anécdota. Pero desde luego que esta no ha sido la peor de todas, ni mucho menos. En esas pequeñas cosas esta la experiencia de viajar, de hacerlo a tu manera.

      El siguiente tenía muchas ganas de empezar con él... ya lo veréis.

      Un saludo.

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