lunes, 27 de febrero de 2012

Nos vamos a París

Así es, nos vamos a París!!!!! La verdad es que ya tenía ganas de visitar esta ciudad. Si no habíamos ido antes era porque Lena ya había estado allí hace casi 10 años y tampoco era plan de repetir un destino con la cantidad de sitios que nos quedan por descubrir. Pero no me podía aguantar, lo siento Lena, tenía ganas de ir allí y de vivir esa experiencia contigo; y se que tú también.


La Torre Eiffel (fotografía de Taxiarchos228 obtenida de wikipedia)

Estaremos en la capital francesa del 6 al 12 de abril, aprovechando el puente de Semana Santa. Volaremos con Ryanair desde el aeropuerto de Barajas hasta el aeropuerto Paris Beauvais. Lo bueno es que llegaremos pronto a París, a las 9:00 de la mañana, y a la vuelta saldremos de allí a las 18:00. Esto no permitirá aprovechar tanto el primer día como el último, y esto, en una ciudad con tanto que ver, lo agradeceremos.

El vuelo nos ha salido bien de precio, 145.96€ los dos (incluyendo los 30€ de una maleta facturada, 15€ por trayecto). Sobre todo teniendo en cuenta los precios que estábamos viendo que había para otros destinos en esos días. Habíamos barajado otras opciones como Dublín, Budapest, Marrakech... pero para las fechas que teníamos los precios de los vuelos nos parecían demasiado caros. He llegado a ver un vuelo Madrid - Marrakech por 900€ ida y vuelta para dos personas!!!

Así que el destino, o mejor dicho, las low cost, han decidido que nuestro próximo viaje sea a París. Aunque hasta ahora es lo único que tenemos, un par de billetes a París y una guías de la biblioteca. Ni hotel, ni reservas de entradas, ni nada de nada. Así que cualquier recomendación de alojamiento, restaurante, monumento, museo o cualquier otro consejo será bienvenido.

Espero vuestros consejos!!!



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lunes, 13 de febrero de 2012

Día 6: ci vediamo Roma

Este era nuestro último día en Roma. El último día de nuestro primer gran viaje. Quién nos iba a decir que ese viaje iba ser el principio de una gran afición como es viajar. Que poco a poco, y gracias a ello, iba a ir abriendo nuestras mentes a otras culturas y otra forma de ver la vida, y de vivirla. Y como consecuencia de todo eso, aquí estoy, por la noche, taza de té en mano, relatando lo vivido en un viaje de hace ya más de seis años. Esto me ayuda a recordar, a mantener vivo en mi mente el recuerdo de lo que fue una gran experiencia.

Divagaciones aparte, voy a seguir con el relato de lo que fue nuestro último día en Roma. El día no iba a ser más que nuestra despedida de Roma, o al menos eso creíamos. Nuestro vuelo salía a las 11:05, una buena hora teniendo en cuenta que no se tarda demasiado en llegar al aeropuerto; a diferencia de otras ciudades. Pero basta que toda sea sencillo para que todo se complique...

Nos levantamos a la hora que habíamos puesto en el móvil la noche anterior. No nos habíamos dormido ¡Bien! Nos hicimos unos bocatas para tener algo de comer cuando llegásemos a Santander, desayunamos nuestras típicas tostadas de los días anteriores y terminamos de revisar la habitación para no dejarnos nada. Hasta ahí todo correcto. Pero lo que iba a ser un día aburrido de vuelta a casa empezó a ganar algo de emoción.

- ¿Qué hora es?
- Bah, tranqui, seguro que todavía es pronto, tenemos tiempo de sobra.

Fuimos a buscar a Paolo a la misma sala donde le encontramos el primer día. Pero, de casualidad, echamos un vistazo al reloj y...

- AY MADRE! Has visto la hora que es?
- Mierda!!! Corre, coge las cosas y vámonos!!

Ni nos despedimos de Paolo (que hacía honor al nombre del B&B Casa Simpatía) ni dejamos nuestra firma en el libro de visitas. Fue una pena, porque nos trató bastante bien, tanto antes de llegar, como durante nuestra estancia en Roma. Pero es que sin darnos cuenta se nos había echado el tiempo encima. Fuimos a toda prisa al metro, para llegar lo antes posible a la última parada de la línea A, Anagnina. Allí estaba la parada del bus que nos llevaría al aeropuerto. Llegamos bastante agobiados, andábamos justos, muy justos.

Llegamos con más nervios que un filete de 5 céntimos, no podíamos perder el vuelo. Estuvimos esperando el bus un rato y no venía. Pasaban los minutos, aunque nos parecían horas, y no se veía al bus. Esto pintaba mal. Así que decidimos coger un taxi y salir pitando hacia el aeropuerto. Pero con esto no se acababan nuestros problemas. No teníamos demasiado dinero suelto ¡Ni tarjetas de crédito! Menudo olvido, menudo fallo. Cruzamos los dedos para no tener que arrepentirnos de ese descuido. Le dijimos al taxista que nos llevase rápidamente al aeropuerto, y así fue. Teníamos que tener una cara de susto considerable porque nos llevó volando.

¡Bien! Habíamos llegado a tiempo al aeropuerto y nos había llegado con el dinero que llevamos ¡Bien, otra vez! Eso sí, nos sobraron menos de cinco euros después de pagar al taxista. Justo, justo.

Al final nos sobró tiempo, el aeropuerto estaba más cerca de lo creíamos. Pero el susto no nos lo quitaba nadie. Como tampoco nadie nos quitaba la cara de tontos que se nos quedó cuando vimos aparecer a gente que estaba esperando con nosotros el bus al aeropuerto en Anagnina. En fin, qué se le va hacer, una historia más para contar.

A partir de ahí fue todo sobre ruedas, como debería haber ido el resto de la mañana. Facturamos sin problemas y el vuelo fue muy tranquilo. En Santander cogimos el autocar hasta Valladolid y después de un largo y estresado día llagamos a casa. El viaje había terminado pero los recuerdos durarían para siempre. Habíamos conocido una ciudad maravillosa, a la que ya tengo ganas de volver, y sin saberlo habíamos marcado un antes y un después en nuestras vidas.



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miércoles, 1 de febrero de 2012

Día 5: Roma clásica y renacentista

El día empezó como los anteriores, un desayuno tranquilo en nuestra habitación. Poco a poco estábamos asimilando esa falsa rutina que se produce en los viajes; despertarte en tu habitación (la consideras tuya aunque sea la de un hotel), desayunar e irte a dar un paseo a conocer la ciudad. La verdad es que esas rutinas son las que gusta seguir, pero también las que menos duran.

Esa mañana nos hicimos los remolones y nos levantamos algo más tarde de lo que teníamos pensado. El día anterior lo habíamos alargado bastante y tampoco queríamos levantarnos como unos zombis. Desayunamos unas tostadas y fuimos directos a la Piazza di San Giovanni in Laterano a esperar el bus que nos llevaría a las Catacumbas de San Callisto. Estas catacumbas son las más grandes (20 km explorados) y las más famosas de las tres que hay en Via Appia Antica.

Hay dos formas de llegar a las catacumbas de San Callisto con el transporte público, nosotros cogimos la primera:

  • Ir en metro, línea A, hasta la parada San giovanni, se va hasta la Plaza de S. Juan de Letrán (Piazza di S. Giovanni in Laterano), allí se coge el autobús 218 con parada en las Fosas Ardeatinas (Fosse Ardeatine). La entrada a las Catacumbas está de frente.
  • Coger el autobús 118 que sale de la Pirámide de Caio Cestio (Metro Pirámide, Estación ferroviaria Ostiense) con la parada en Catacombe di S. Callisto.
En la página oficial de las Catacumbas de San Callisto ofrecen más información de cómo llegar, horarios y precios.

El bus 218 nos dejó en la entrada de las catacumbas, no tenía pérdida, la parada era donde todos los turistas se bajaban. Llegamos a la taquilla y compramos nuestro ticket (fueron unos 4€, hoy en día son 8€!!!), ahora solo nos quedaba esperar a que saliese una visita guiada en español. No lo recuerdo bien, pero creo que no tardamos más de 20 minutos en entrar.

Lo malo es que dentro de las catacumbas no se pueden hacer fotografías, así que os dejo esta foto de la wikipedia para que os hagáis una idea de cómo son.

Las catacumbas no son nada espectacular, pero ni lo necesitan ni lo pretenden. Al hacer la visita con un guía que te vaya explicando qué vas viendo, las historias de las persecuciones de los cristianos, la época de la que datan (siglos I al V)... todo toma otra dimensión.

Al salir de allí cogimos el bus directos a San Giovanni in Laterano. Una vez allí, nos dirigimos a nuestro siguiente objetivo, las Termas de Caracalla. En vez de coger el metro hasta Circo Massimo decidimos ir andando... ¡Errrrooorrrrr! Andamos más de media hora por unas calles que no tenían demasiado interés hasta llegar a las termas. Dimos un rodeo y las vimos por fuera, suficiente para esta vez. Aunque nos han recomendado amigos que tenemos allí y gente que ha ido que merece la pena entrar.

Desde allí nos fuimos al Circo Massimo o Circo Máximo. Ya lo habíamos visto hacía dos días desde el Palatino. La verdad es que no tiene mucho a simple vista, es una explanada de unos 600 metros de largo en la que queda poco de su época gloriosa, allá por el 50 a.C. cuando Julio César estaba en el poder. Pero si uno se para a imaginar (con la ayuda de imágenes de cine como las de la película Espartaco) se puede hacer una idea la monumentalidad de ese recinto, 600 metros de largo, 225 de ancho, hasta 12 carros en la pista, 150.000 espectadores sentados y otros tantos de pie en las colinas adyacentes... es algo realmente espectacular que a día de hoy no se ve en ningún lugar.

Desde allí, a unos metros se encuentra una iglesia, Santa Maria in Cosmedin que por su nombre no os sonará a casi ninguno, aunque tiene un bonito campanario de siete pisos. Pero si digo que en uno de sus muros está la Bocca della Verità o Boca de la verdad, os sonará a unos cuantos más. Al resto basta con que veáis la siguiente imagen y seguro que os vienen recuerdos de las ferias de vuestra ciudad donde por x pesetas una máquina leía el futuro al meter la mano en su boca.

Parece ser que en el pasado fue una tapa de una antigua alcantarilla. Por otro lado, la leyenda dice que si se mete la mano derecha dentro de la boca y se dice una mentira, la boca se cerrará. Aunque parece ser que realmente los sacerdotes ponían escorpiones en el interior para perpetuar el mito. Por supuesto a toda la gente le gusta tentar a la suerte.

Justo al lado, están los templos del Forum Boarium, Templo de Portunus y de Hércules, pequeños pero bonitos.

Caminando un par de minutos nos cruzamos con lo que llamamos el mini-Coliseo, por el aspecto exterior que tenía. Os hablo del Teatro di Marcello, un palacio del siglo XVI construido sobre los restos de un enorme teatro del siglo I a.C.

Seguimos caminando por la misma calle hasta llegar a uno de los platos fuertes del día, la Piazza del Campidoglio y los Museos Capitolinos. Para llegar a la plaza, aunque hay otros accesos secundarios, se sube por La Cordonata, una rampa escalonada, que al igual que la plaza fue diseñada por Miguel Ángel. La rampa la flanquean dos enormes estatuas romanas de Cástor y Pólux.

La plaza está rodeada de palacios en cada uno de sus laterales, el Palazzo Senatorio (Ayuntamiento de Roma) frente a las escaleras, el Palazzo Nuovo a la izquierda y el Palazzo dei Conservatori a la derecha. En el centro destaca la estatua ecuestre de Marco Aurelio (cuando fuimos la original estaba restaurándose en los Museos Capitolinos). La plaza es muy bonita y muy elegante, aunque es una pena que no se pueda apreciar del todo el dibujo que hacen las líneas blancas en el suelo.

La plaza no solo tiene belleza en si misma sino que también cuenta unas vistas muy buenas del foro. Para ello hay que ir bordeando el Palazzo Senatorio por la derecha hasta la parte de atrás.

Después de fisgonear un poco la plaza y ver que se veía desde ella entramos en los Museos Capitolinos. Primero fuimos al Palazzo dei Conservatori, pagando nuestra entrada reducida por ser menores de 25 (ay! qué tiempos aquellos...), 4.20 € por persona (ahora son 6.50 € la reducida, 8.50 € la general). Más info de las entradas aquí. Con este ticket puedes entrar en los dos edificios que forman los Museos Capitolinos, Palazzo Nuovo y el Palazzo dei Conservatori.

En este primer edificio de los museos destacan varias cosas. Para empezar, en el patio interior se pueden ver fragmentos de una estatua gigantesca de Constantino. Comparad proporciones!!

Pero lo que realmente es famoso y destaca sobre el resto de las obras es la Loba capitolina, que data del siglo VI a.C. Por cierto, Rómulo y Remo fueron añadidos alrededor del 1509, no formaban parte de la escultura original.

El museo nos encantó, no es muy grande, pero el interior es de gran valor, tanto por las obras (bustos, esculturas y cuadros) como por el edificio y las pinturas de sus paredes. Y para muestra...

En vez de seguir con la visita del museo en el otro palacio, optamos por ir a ver el interior de un par de iglesias. Total, con la entrada podíamos volver al museo algo más tarde, teníamos hasta las 20.00 que es cuando cierran. Más info de los horarios aquí. Así que nos fuimos a ver la basílica de Santa Maria sopra Minerva que ya habíamos visto dos días antes, pero esta vez la visita sería con algo más de luz.

Después de esto fuimos a ver otra iglesia que estaba cerca, Il Gesù. Tras una fachada un tanto simple, al igual que la basílica de Santa Maria sopra Minerva, se esconde en su interior un fresco en el techo realmente impresionante. La perspectiva que tiene junto con las esculturas da una sensación de profundidad realmente buena.

Estando dentro de esta última iglesia nos anocheció... es lo malo de ver la ciudad en noviembre. Pero ahora nos daba igual, ya que íbamos a visitar la otra parte de los Museos Capitolinos que nos quedaban por ver. Fuimos directos al Palazzo Nuovo para terminar la visita. En este nuevo edificio había obras similares a las del Palazzo dei Conservatori, esculturas en mármol. Pero también había unos mosaicos de una elaboración impresionante, ¡en algunos, las piedras eran poco más grandes que la cabeza de un alfiler! Las obras más destacadas son la estatua ecuestre de Marco Aurelio (ésta es la original, en la plaza hay una copia), el Galata morente (o Galata moribundo), La Venere capitolina (Venus capitolina) y, para mi gusto, los increíbles mosaicos.

A la salida de los museos capitolinos nos sentamos en la plaza y descansamos un poco, que ya iba siendo hora. Sacamos unos bocatas que nos habíamos hecho por la mañana y ale, a comer. Nuestros horarios de comida en los viajes, la verdad, poco tienen que ver con los establecidos en cualquier país. Comer a las 18.00 no es algo que sea muy habitual, pero el ansia de ver cosas nos puede. En este caso se trataba de ver todo lo posible con luz natural.

Así que después de un merecido descanso, nos fuimos andando a nuestra última parada del día, y por desgracia del viaje, La Piazza Spagna o Plaza España. La gran característica de esta plaza es su gran escalita, Scalinata della Trinità dei Monti que va desde la plaza hasta la Chiesa della Trinità dei Monti (Iglesia de la Trinidad de los Montes) situada en la alto de la colina. Hay que decir, que aunque no entramos, si que hemos leído que el interior de la iglesia no tiene nada destacable.

En la plaza destaca, además de la escalinata, la Fontana della Barcaccia (Fuente de la Barca) obra de Bernini y su hijo Gianlorenzo. Como su nombre indica la fuente es una barca, de la que brota agua. Pero esta fuente es bastante diferente al resto de la ciudad, no tiene grandes chorros de agua, ni cascadas. ¿Por qué? Existía un problema para poner una fuente ahí, el agua que llegaba del acueducto "Acqua Vergine" llegaba con poca presión. Entonces con ese problema en la mente Bernini ideó lo que sería la fuente, una barca sumergida parcialmente en agua bajo el nivel de la calle, de forma que no fuese necesaria demasiada presión para lograr que saliese algún chorro de agua. Es que, el que es un genio, es un genio.

Con esto y un bizcocho, o quise decir un cansancio considerable, nos fuimos a nuestra casa en Roma. Esa noche tocaba hacer las maletas, pero no para hacer un nuevo viaje, sino para volver a casa. Es un momento algo triste, al fin y al cabo, se acaba lo bueno. Pero también es el momento de recordar todo lo vivido en el viaje y esbozar una gran sonrisa.

A continuación os dejo un mapa con los lugares que visitamos durante ese día.

Si queréis ver el mapa en otra pestaña haced clic aquí.


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