viernes, 26 de diciembre de 2014

Opinión de la posada la Anjana de Ojedo

Otra vez volvía a mi querido norte de España, pero esta vez era para visitar la comarca de Liébana. Un valle lleno de encanto y con un microclima especial, menos lluvioso que el resto de la región.

Por esa zona se pueden hacer muchas actividades que ya os contaré en otro artículo. Por ahora, os voy a hablar del lugar donde estuvimos alojados y de nuestra experiencia allí.

La posada la Anjana de Ojedo se situa en la localidad de Ojedo, un pueblo pegado a la capital de la comarca, Potes. Esta localización hace que dispongas de todos los servicios que te ofrece la cercanía a la capital y de las buenas comunicaciones que esta tiene. Por todo ello se convierte en una base perfecta para conocer esta región .

La habitación

La habitación es amplia y en nuestro caso se comunicaba directamente con la gran terraza común con la que cuenta la posada. Aunque claro, si sales en invierno te quedas pajarito ahí fuera.

La habitación no cuenta con ningún lujo, tiene lo básico: una cama de matrimonio, una mesita de noche (se echaba de menos otra mesita de noche para el otro lado de la cama), un televisor, una pequeña silla y un armario empotrado. Es cierto que la tele no era muy grande, pero ¿acaso se va a la montaña a ver la tele? Los muebles tenían sus años, pero se encontraban en un estado correcto. En cuanto a la limpieza no podemos ponerle ningún pero, todo estaba perfectamente limpio.

En cuanto a la calefacción, las habitaciones tienen radiadores que se encienden todos los días sobre las siete de la tarde. La calefacción es central, por lo que se enciende sola y uno no controla cuando encenderla. En este punto si que tenemos que decir que cuando llegamos la habitación estaba bastante fría y tardó en calentarse. Luego acabó cogiendo una temperatura más aceptable, aunque nos hubiese gustado que hubiese sido algo más caliente. Eso sí, si tenías frío, en la habitación había mantas suficientes como para crear una barricada sobre la cama.

Las habitaciones, al igual que todo el establecimiento, cuentan con wifi gratuita, pero en este punto no os podemos decir nada porque no nos conectamos a ella; tiramos de 3G.

El baño

Era un baño completo con ducha y al igual que pasaba con la habitación se ve que tiene unos años. Pero esto solo se refleja en el estilo, todos los elementos se conservan perfectamente. En cuanto a la limpieza del baño, al igual que con la habitación, no tenemos nada que objetar; todo limpio.

A pesar de ser una posada, y que se supone que en este tipo de alojamientos tienes menos lujos, me llamó la atención que el baño contase con secador; todo un detalle. También dispones de jabón y gel de baño, amenities que se agradecen y que en alojamientos de mayor categoría a veces no te proporcionan.

El personal

Los dueños del alojamientos son personas muy amables. Son conocedores de su zona y si les preguntas te darán buenos consejos sobre los alrededores y todas las indicaciones para llegar a ellos.

Al entrar te dan tres invitaciones para conocer una orujera de la zona, una quesería y una bodega que al entregar el ticket tras una compra te obsequian con una botella de vino.

Servicio de comidas

El alojamiento también es bar-restaurante, por lo que se puede desayunar, comer y cenar allí mismo. Al calor de la chimenea del restaurante se sirve una rica comida casera a muy buen precio.

El desayuno está incluido en el precio del alojamiento. Consta de un café, té o cola cao y de un croissant a la plancha, una tostada dulce o una tostada salada. En nuestro caso, los dos días que estuvimos allí pedimos el croissant a la plancha, riquísimo.

Para comer o cenar sirven menús del día a un buen precio, 8.5€ por persona. El menú incluye primero, segundo, postre y bebida. Una muy buena opción si estás por allí cerca a la hora de comer o cenar. En nuestro caso, como no parábamos quietos, siempre llegábamos tarde para que nos sirviesen el menú del día. Sin embargo, si que te pueden preparar bocatas o similares. Un par de días pedimos unos bocatas, uno de tortilla de patata y otro de bacon con queso, por 6€ los dos. El tamaño y altura de esos bocatas era enorme y de sabor riquísimos. Otro día cenamos un par de hamburguesas, también ricas y de buen tamaño, y por un precio similar.

Conclusión

Es una buena opción para una escapada al norte a bajo coste. Cerca de la capital de la comarca y con muchas actividades que hacer por la zona.

Lo bueno: el precio, el personal, la ubicación, la calidad y precio de la comida.

Lo malo: la calefacción en época de invierno es mejorable, muebles algo anticuados.

Datos prácticos

Nombre: La Anajana de Ojedo.

Dirección: C/ El Puente 45, 39583, Ojedo. Entrada por la N-621.

Precio: hasta 45€ la habitación doble. Hay descuentos por grupos de 5 personas o más. Para más información visita su web. También suele haber promociones en web de descuentos del tipo Groupon.

Wifi: Sí, gratuito.

Desayuno: Sí, tipo continental.

Servicios: desayuno tipo continental incluido, servicio de comidas, calefacción, wifi gratuito, terraza panorámica, gestión de reservas para visitas a orujeras, bodegas y queserías de la zona.

Reservas: se pueden realizar por teléfono al (+34)942 730 713 o desde ciertos portales de reserva conocidos como booking.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Día 2. Subimos a la terraza del Duomo de Milán

Tras un opíparo desayuno, empezamos la jornada donde lo habíamos dejado el día anterior, en las Galerías Vittorio Emanuele. Las habíamos visto de noche, pero teníamos ganar de ver como relucían durante el día con sus tiendas haciendo unas cajas desorbitantes. Lo malo de verlo a estas horas es que está lleno, a rebosar, aún así es un sitio muy interesante.

Pero ese día, lo que realmente teníamos ganas de hacer era ver el interior de la Catedral de Milán y sobre todo subir a la terraza panorámica. Il Duomo es impresionante por fuera pero su interior no es nada desdeñable. Imaginaros las dimensiones de este grandioso templo que cuenta con un aforo de hasta 40.000 personas. Sus enormes columnas, un suelo decorado con filigranas en mármol y unas estupendas vidrieras hacen que te sientas maravillado al entrar.

Pero a mí, sin duda, hubo algo que me llamó mucho la atención, la escultura de San Bartolomé. Lo curioso de ésta, es que la figura está tallada mostrando al santo con la piel arrancada. En un principio, cuando la miras de frente parece que tenga una túnica por encima, pero si te fijas un poco más y miras la parte de atrás, verás que no es una túnica, sino su propia piel. Esta simbología hace referencia al martirio que sufrió el santo, que irónicamente se ha convertido en el patrón de los curtidores.

En el interior también puedes visitar el tesoro de la catedral, aunque tampoco hay nada destacable en él. Pese a que el interior es bastante impresionante por su tamaño, lo que realmente merece la pena de la visita es subir a la terraza panorámica. Si bien la entrada a la catedral es gratuita (aunque hacer fotos vale 2 €), subir a la terraza panorámica a pie cuesta 7€, en ascensor 12€. Si estáis dudando entre ascensor o escaleras, tened en cuenta que no cuesta mucho subir andando, sus escaleras son bastante cómodas. Si vais a visitarla echad un vistazo a su web para ver los horarios y precios actualizados.

Una vez arriba, paseas por todo el tejado con unas vistas increíbles de toda la ciudad, de la plaza y de las Galerías Vittorio Emanuele. Desde aquí puedes ver los pináculos de la catedral desde un punto de vista completamente diferente. Éste es, sin duda, uno de los lugares que más merece la pena de Milán.

Tras terminar la visita a la terraza nos fuimos callejeando hasta la Basílica de San Ambrosio. No es una iglesia que destaque por nada, pero sí es curiosa su entrada. La entrada al templo se hace a través de un gran atrio, que es casi igual de grande que el interior, y la fachada está flanqueada por dos torres de tamaños diferentes. El interior no es demasiado llamativo, lo más representativo está en el exterior.

Desde allí nos fuimos caminando hasta la iglesia San Lorenzo Maggiore. Ésta es la iglesia más antigua de Milán, data del siglo IV. Fue una lástima la hora a la que llegamos, ya que habían cerrado hacía poco. De todas formas, la plaza que está en frente de la fachada es un lugar muy agradable, en la que sentarse tranquilamente a hablar. En una esquina cercana había una pequeña tienda que vendía varios tipos de cervezas y refrescos bien fríos. Así que teniendo en cuenta que el calor apretaba con sus 36 grados a la sombra, no vimos mejor idea que pasar un rato tranquilo allí tomándonos algo.

Eran ya las ocho de la tarde cuando decidimos levantarnos y seguir nuestro camino bajando la calle Corso di Porta Ticinese. Al poco, pasamos delante de la basílica de San Eustorgio. Su fachada en ladrillo no llama mucho la atención, pero en su interior se conservan unas reliquias de los Reyes Magos; una tibia, un húmero y un esternón. Dada la hora que era, la puerta estaba cerrada, así que no os podemos decir cómo es por dentro.

Justo al lado de la basílica se encuentra la puerta que da el nombre a la calle por la que veníamos caminando, Porta Ticinese. Esta puerta delimita el comienzo de la zona Navigli, nuestro destino para la noche.

El barrio de Navigli, es la zona de canales de Milán. Sí, Milán tiene canales. No es algo muy conocido, pero así es. Sin duda alguna, es una zona con gran encanto y de las más animadas de la ciudad por la noche. También es uno de los mejores lugares de Milán para tomar el aperitivo. Estuvimos pensando si engancharnos al aperitivo italiano o si ir directamente a cenar. Finalmente, tras dar un paseo y ver los locales, nos decantamos por cenar en una trattoria. Abajo podéis ver las deliciosas pizzas que nos metimos entre pecho y espalda, riquísimas. Como colofón un licor típico de Italia, un chupito de limoncello.

El postre preferimos tomárnoslo fuera, en una gelateria que estaba en la misma calle. La elección fue fácil, un riquísimo helado de nocciola (avellana) que tan buenos recuerdos nos trae de nuestro viaje a la Toscana en 2011. La calle estaba muy animada, con gente charlando a la orilla de los canales, en las terrazas, paseando... aunque muchos estaban congregados alrededor de un quinteto de chavales que estaban dando un concierto en plena calle. Eran bastante buenos y muy divertidos, así que allí nos quedamos, disfrutando de buena música y de un buen helado italiano.

Cuando terminó el concierto nos fuimos andando tranquilamente hasta el Duomo. Iba a ser el último momento en el que podríamos disfrutar de esa preciosidad de catedral y no queríamos dejar Milán sin verla una vez más. Al día siguiente visitaríamos Bergamo antes de volar hacia Polonia, así que ésta iba a ser nuestra despedida de la ciudad.

Aunque Milán no es una ciudad con tantos atractivos turísticos como otras ciudades italianas, si que nos dejamos varias cosas en el tintero que me gustaría ver la próxima vez que volvamos. La más conocida de todas ellas es Santa Maria Delle Grazie. Así, de primeras, no os suena a ninguno, ¿verdad? Pues en su interior está una de las pinturas más famosas en todo el mundo, "La Última Cena" de Leonardo da Vinci. Espero algún día poder verla en vivo y en directo.

Os dejo un mapa con los lugares que visitamos en Milán ese día.

Si queréis ver el mapa en otra pestaña haced clic aquí.



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Preparativos e información útil
Diario del viaje

domingo, 26 de octubre de 2014

Día 1. Un paseo por Milán

Llegó el día 0 del viaje. Iba a ser una jornada rara, ya que sí que íbamos a salir de Valladolid, pero realmente no empezábamos el viaje. Lo bueno comenzaba al día siguiente. Como el vuelo a Milán salía muy temprano, 6:30 de la mañana, preferimos dormir en Madrid el día antes y no pegarnos el madrugón padre. Ya habíamos cometido ese error en otras ocasiones y llegar sin apenas dormir y cansados nos acababa pasando factura.

Llegamos a Madrid a las 20.30 y cogimos el metro hasta la localidad de Barajas, donde teníamos el hotel. Tras cenar unos bocatas que nos habíamos llevado, nos fuimos pronto a la cama porque al día siguiente teníamos que madrugar para coger nuestro vuelo.

Tras descansar unas horas, ahora sí podíamos decir que empezaba el día 1 del viaje. Pero era pronto, muy pronto, seguro que las calles aún no estaban puestas. Aún así, conseguimos levantarnos y fuimos cual zombies a desayunar. Después de meter algo de energías al cuerpo, cogimos al bus del hotel que nos dejaría en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Llegamos con algo de tiempo para poder facturar la maleta que llevábamos, y tras una breve espera, nos montamos en nuestro vuelo rumbo a la primera parada del viaje, Milán.

El vuelo duró algo menos de dos horas y media, en las que fuimos dormitando casi todo el rato. Aterrizamos en Bergamo a las 8:50, pero todavía no era el momento de visitar ese bonito pueblo, ya tendríamos tiempo en un par de días. Así que nos fuimos directos a Milán. Existen varias formas de moverse entre Bérgamo y Milán. En este caso usamos el shuttle-bus de Terravision. Por 5 € cada uno y en algo menos una hora, nos llevaron desde el aeropuerto de Bérgamo a la Estación Central de Milán. Una vez allí, fuimos andando durante unos 10 minutos hasta el hotel NH Machiavelli donde teníamos hecha la reserva.

Estábamos algo cansados por el madrugón, así que dormimos un ratillo y comimos los últimos bocatas que nos quedaban. Después de eso ya teníamos las pilas cargadas para visitar la ciudad. Echamos un vistazo a la guía que llevamos hecha y marcamos el recorrido para ese día. Pero nada más salir a la calle notamos el tortazo de calor que te da esta ciudad; 40 sofocantes grados. Pero bueno, esto no frustraría nuestros planes.

Nuestra primera parada fueron los Jardines Públicos de Milán, uno de los pulmones verdes de esta gran urbe de asfalto. Son el segundo parque más grande de la ciudad y en un día tan caluroso como aquel, y teniendo en cuenta que en Milán no abundan las zonas verdes, se agradece hacer parte del camino bajo la sobra de los árboles. Es un parque grande y bonito, pero sin más, tampoco tiene nada destacable.

Tras dar alguna vuelta por los senderos del parque y ver su lago, nos dirigimos a nuestro siguiente objetivo, el Parque Sempione. Eso sí, había que mitigar el calorazo que hacía, así que qué mejor que refrescamos con unos riquísimos helados.

El Parque Sempione destaca por encontrase junto al Castillo Sforzesco, uno de los iconos de la ciudad. Pero el parque en si, además de ser un lugar muy agradable por el que pasear, también cuenta con elementos interesantes. Se podría destacar el Arco della Pace, por el que pasaron triunfales Napoleón III y Vittorio Emanuele II; la Arena Civica, un gran anfiteatro en el que se celebran competiciones de atletismo; La Trienal, donde se puede visitar el museo de diseño; o el Acquario Civico, uno de los acuarios más antiguos de Europa. Además, el parque cuenta con un bonito lago y grandes zonas de césped que la gente aprovecha para charlar o hacer un picnic. Al ser una de las pocas zonas verdes de la ciudad y tener una extensión considerable, se puede ver a un montón de gente corriendo por sus senderos. El parque Sempione es un lugar tranquilo y muy agradable.

Siguiendo los senderos del parque llegamos al Castello Sforzesco. Fue construido como fortaleza en 1368, aunque hoy en día su función es muy diferente, ya que es la sede de varios museos de la ciudad. Algunos de los que alberga son el Museo de Arte Antiguo, la Pinacoteca, colecciones de Artes Aplicadas, el Museo de Instrumentos Musicales, Museo Egipcio... En nuestro caso no visitamos ninguno de ellos, pero sí que nos dimos una vuelta por su patio central, al que se puede acceder sin entrada. Pese a que no entres en el interior del castillo, merece la pena acercarse y ver el que es uno de los iconos de la ciudad.

Salimos del parque y fuimos andando por la via Dante hasta la via dei Mercanti. Justo detrás de esta calle hay una pequeña plazoleta con mucho encanto, Piazza dei Mercanti. Esta plaza era el corazón de la ciudad durante la Edad Media. De aquella época se conservan perfectamente los edificios que la enmarcan, como el Palazzo della Ragione, la Casa Panigarola, el Palazzo delle Scuole Palatine, la Loggia degli Osii o el Palazzo dei Giureconsulti. Es un lugar tranquilo (más o menos), ajeno al bullicio de la abarrotada plaza del Duomo y con un aspecto medieval que recuerda la importancia que en su día tuvo.

Apenas habíamos caminado un metros más por la via dei Mercanti cuando nos dimos de bruces con la impresionante plaza dei Duomo. Allí estaba al fondo la imponente catedral de Milán, il Duomo. El edificio por el que la ciudad bien merece una visita. Con una fachada impresionante, llena de pináculos, que le dan ese carácter gótico tan representativo. Así que nos sentamos a los pies de la estatua de Vittorio Emanuele II, que preside el centro de la plaza, para poder disfrutar tranquilamente del momento.

La catedral estaba cerrada a esas horas, así que no pudimos entrar. De todas formas, ya tendríamos tiempo al día siguiente para visitarla por dentro y subir a la terraza panorámica. Tras estar un buen rato sentados, decidimos irnos a otro lugar emblemático de la ciudad, las Galerías Vittorio Emanuele II. La entrada principal de estas galerías comerciales está ubicada en un lateral de la plaza del Duomo, haciendo a esta plaza aún más bella.

El edificio está formado por dos arcadas perpendiculares cubiertas por una bóveda de vidrio y hierro fundido. Las galerías fueron construidas durante la segunda mitad del siglo XIX, al igual que había ocurrido en otras ciudades europeas, como las Galeries Royales Saint-Hubert que habíamos visto hacía unos años en Bruselas. El edificio en si, es un monumento de gran belleza por sus paredes ornamentadas, sus pinturas en lo alto de la zona central y una fabulosa bóveda que recorre toda la extensión de la galería. Es un lugar de lujo y opulencia, ya que allí se encuentran las tiendas de algunas de las marcas más exclusivas, como Prada, Louis Vuitton... También hay restaurantes en los que ni nos plateamos cenar ya que los precios se nos iban mucho del presupuesto.

Tras cruzar paseando las galerías, llegamos a otro de los lugares más conocidos de la ciudad, el Teatro alla Scala. Es unos de los teatros de ópera más famosos del mundo. El exterior no es tan impresionante como la catedral o las galerías, ni tampoco como otras óperas, como la Ópera de Viena que habíamos visitado el año anterior. Pero el interior de recinto sí que demuestra la grandeza de este teatro. En nuestro caso no lo visitamos, pero si queréis ver el interior, además de hacerlo acudiendo a alguna de las obras que allí tienen lugar, podéis hacerlo con una visita guiada o visitando el museo del teatro.

Para terminar el día quisimos volver a la plaza del Duomo para hacer unas fotos de la Catedral iluminada por la noche. El día estaba terminando, pero el calor no bajaba. Seguíamos con treinta y pico grados, aunque bueno, eso se podía mitigar algo bebiendo agua fresca. Lo malo fue que mientras hacíamos las fotos (y durante el resto del día) una horda de insaciables mosquitos nos acribillaron. Fue algo desproporcionado, acabamos con las piernas, brazos, cuello e incluso plantas de los pies, llenas de picaduras. Parecía que habíamos pasado el día en una selva tropical.

Nos volvimos caminando a casa dando un paseo y poco antes de llegar al hotel nos paramos a cenar. ¿En una pizzería? ¿En una trattoria? No, en un restaurante japonés. Sí, así somos, teníamos antojo de sushi, así que eso fue lo que cenamos. Os enseñaría una foto de aquellos manjares, pero las piezas de sushi fueron vistas y no vistas. Solo os puedo enseñar como quedó el plato al poco de llegar a la mesa.

Os dejo un mapa con los lugares que visitamos en Milán ese día.

Si queréis ver el mapa en otra pestaña haced clic aquí.



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Preparativos e información útil
Diario del viaje

viernes, 26 de septiembre de 2014

Opinión de Blanc Guest House

En el último viaje que he hecho (Sur de Francia) pasé los dos últimos días en una ciudad que me encanta, Barcelona. Es la tercera vez que la visito y creo que nunca me cansaré de pasear por sus calles. Supongo que a los que somos de tierra de secano nos atrae especialmente toda ciudad con mar, pero ésta tiene algo especial para mí.

Durante los días que estuve allí tuve la suerte de alojarme en un hostel especialmente bueno y a un precio adecuado, sobre todo teniendo en cuenta las tarifas que suele haber en la ciudad condal.

El hostal Blanc Guest House está situado en la calle Tuset, 27; entre la Diagonal y la Travessera de Gràcia. Es una buena zona, tranquila y con la parada de metro de diagonal cerca. Si eres de los que les gusta andar como a mí, puedes bajar por el Paseo de Gràcia disfrutando de la arquitectura de la calle (Casa Batlló, La Pedrera...) hasta llegar a la Plaça Catalunya y allí adentrarte en las callejuelas del Gótico.

La habitación

Si algo destaca al entrar en el hostal es su limpieza y la sensación de calidez que transmite. Por supuesto, cuando entras en tu habitación ese sentimiento no cambia. Una decoración en tonos pastel, hogareña y provenzal te transmite ese sensación de relajación que sientes cuando llegas tu casa. Al fin y al cabo, es lo que creo que pretenden, hacerte sentir como en casa cuando llegues después de un largo día pateando la ciudad. Me resulto curioso que viniendo de un viaje en el que había visitado parte del sur de Francia (la Provenza francesa), la decoración de las habitaciones y de todo el hostal estuviese inspirada en ese estilo provenzal. Menuda coincidencia.

Como viajaba solo me alojé en una habitación individual. Ésta cuenta con una cama amplia (1.35) y muy cómoda en la que su cabecero hace las veces de mesita de noche. También dispone de una pequeña mesa, un televisor, un armario y caja fuerte. Además de la calefacción y del aire acondicionado hay un ventilador de techo que siempre da un toque especial a la sala.

Tanto en la habitación, como en todo el alojamiento, dispones de una muy buena conexión wifi que además es gratuita.

El baño

En mi caso, me alojé en una habitación con baño incluido; también existe la opción (más barata) de baño compartido.

El baño es nuevo, como todo el hostal, con una decoración minimalista en grises que resulta muy agradable. Por supuesto, al igual que el resto de la habitación, todo estaba más limpio que la patena.

Era un baño completo con ducha. En ésta había un par de dispensadores de gel y champú. Además te dan un lote de amenities que siempre vienen bien, sobre todo si te has olvidado algo en casa. También dispones de un secador de pelo, que no es algo que suela ofrecer un hostal y que mucha gente agradece.

El personal

Otro punto más a favor es su personal, muy amable, educado y servicial. Siempre están dispuestos a ayudarte con cualquier duda de transporte, entradas y demás.

Gracias a Vueling tuve "la suerte" de llegar a Barcelona con 3 horas de retraso y eso supuso llegar al hostal a las tres y media de la noche. En muchos hostels el check-in no se habilita a estas horas pero en este caso estuvieron esperándome estoicamente hasta que llegué.

El desayuno

El desayuno buffet está incluido en el precio del alojamiento para todos los huéspedes. Es un desayuno variado y bastante completo. Mucho mejor que el que había tenido días antes en los hoteles franceses; y esos no lo incluían de manera gratuita.

El desayuno cuenta con jamón york, queso, zumo, yogures, varios tipos de fruta, cereales, nutella, mermeladas, mantequilla, pan de leche, pan de molde y, dependiendo del día, muffins de chocolate, bizcocho, tartaletas de crema... Además tienen una máquina de café en la que te puedes servir un café, chocolate o infusión cuando quieras a lo largo del día.

Otro punto bueno es la terraza, donde puedes disfrutar del desayuno tranquilamente o si es por la tarde tomarte un café, una copa, leer algo... Es una zona tranquila y muy agradable.

Conclusión

Lo recomendaría sin dudarlo. Ha sido un alojamiento que me ha gustado mucho. Cerca de una parada de metro, en una zona tranquila, limpio, acogedor, nuevo, con buen desayuno...

Lo bueno: la limpieza, la calidez del establecimiento, la relación calidad / precio, el personal, el desayuno.

Lo malo: el único punto negativo es que si haces el check-in tarde, más allá de las 22:00, tienes que pagar un suplemento de 20 €.

Datos prácticos

Nombre: Blanc Guest House.

Dirección: Tuset, 27, 08006 Barcelona.

Precio: aproximadamente 59 € habitación individual con baño privado y 46 € habitación individual con baño compartido (los precios pueden variar dependiendo de la época del año, de las condiciones de reserva y de las ofertas).

Wifi: Sí, gratuito.

Desayuno: Sí, tipo buffet.

Servicios: desayuno tipo buffet incluido, aire acondicionado y calefacción, wifi gratuito, ordenador en la sala común, plancha, caja de seguridad en las habitaciones, venta de tickets y entradas, traslado al aeropuerto, alquiler de coche.

Reservas: se pueden realizar por teléfono al (+34)93 676 18 56, a través de su web o desde ciertos portales de reserva conocidos como booking.