domingo, 26 de octubre de 2014

Día 1. Un paseo por Milán

Llegó el día 0 del viaje. Iba a ser una jornada rara, ya que sí que íbamos a salir de Valladolid, pero realmente no empezábamos el viaje. Lo bueno comenzaba al día siguiente. Como el vuelo a Milán salía muy temprano, 6:30 de la mañana, preferimos dormir en Madrid el día antes y no pegarnos el madrugón padre. Ya habíamos cometido ese error en otras ocasiones y llegar sin apenas dormir y cansados nos acababa pasando factura.

Llegamos a Madrid a las 20.30 y cogimos el metro hasta la localidad de Barajas, donde teníamos el hotel. Tras cenar unos bocatas que nos habíamos llevado, nos fuimos pronto a la cama porque al día siguiente teníamos que madrugar para coger nuestro vuelo.

Tras descansar unas horas, ahora sí podíamos decir que empezaba el día 1 del viaje. Pero era pronto, muy pronto, seguro que las calles aún no estaban puestas. Aún así, conseguimos levantarnos y fuimos cual zombies a desayunar. Después de meter algo de energías al cuerpo, cogimos al bus del hotel que nos dejaría en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Llegamos con algo de tiempo para poder facturar la maleta que llevábamos, y tras una breve espera, nos montamos en nuestro vuelo rumbo a la primera parada del viaje, Milán.

El vuelo duró algo menos de dos horas y media, en las que fuimos dormitando casi todo el rato. Aterrizamos en Bergamo a las 8:50, pero todavía no era el momento de visitar ese bonito pueblo, ya tendríamos tiempo en un par de días. Así que nos fuimos directos a Milán. Existen varias formas de moverse entre Bérgamo y Milán. En este caso usamos el shuttle-bus de Terravision. Por 5 € cada uno y en algo menos una hora, nos llevaron desde el aeropuerto de Bérgamo a la Estación Central de Milán. Una vez allí, fuimos andando durante unos 10 minutos hasta el hotel NH Machiavelli donde teníamos hecha la reserva.

Estábamos algo cansados por el madrugón, así que dormimos un ratillo y comimos los últimos bocatas que nos quedaban. Después de eso ya teníamos las pilas cargadas para visitar la ciudad. Echamos un vistazo a la guía que llevamos hecha y marcamos el recorrido para ese día. Pero nada más salir a la calle notamos el tortazo de calor que te da esta ciudad; 40 sofocantes grados. Pero bueno, esto no frustraría nuestros planes.

Nuestra primera parada fueron los Jardines Públicos de Milán, uno de los pulmones verdes de esta gran urbe de asfalto. Son el segundo parque más grande de la ciudad y en un día tan caluroso como aquel, y teniendo en cuenta que en Milán no abundan las zonas verdes, se agradece hacer parte del camino bajo la sobra de los árboles. Es un parque grande y bonito, pero sin más, tampoco tiene nada destacable.

Tras dar alguna vuelta por los senderos del parque y ver su lago, nos dirigimos a nuestro siguiente objetivo, el Parque Sempione. Eso sí, había que mitigar el calorazo que hacía, así que qué mejor que refrescamos con unos riquísimos helados.

El Parque Sempione destaca por encontrase junto al Castillo Sforzesco, uno de los iconos de la ciudad. Pero el parque en si, además de ser un lugar muy agradable por el que pasear, también cuenta con elementos interesantes. Se podría destacar el Arco della Pace, por el que pasaron triunfales Napoleón III y Vittorio Emanuele II; la Arena Civica, un gran anfiteatro en el que se celebran competiciones de atletismo; La Trienal, donde se puede visitar el museo de diseño; o el Acquario Civico, uno de los acuarios más antiguos de Europa. Además, el parque cuenta con un bonito lago y grandes zonas de césped que la gente aprovecha para charlar o hacer un picnic. Al ser una de las pocas zonas verdes de la ciudad y tener una extensión considerable, se puede ver a un montón de gente corriendo por sus senderos. El parque Sempione es un lugar tranquilo y muy agradable.

Siguiendo los senderos del parque llegamos al Castello Sforzesco. Fue construido como fortaleza en 1368, aunque hoy en día su función es muy diferente, ya que es la sede de varios museos de la ciudad. Algunos de los que alberga son el Museo de Arte Antiguo, la Pinacoteca, colecciones de Artes Aplicadas, el Museo de Instrumentos Musicales, Museo Egipcio... En nuestro caso no visitamos ninguno de ellos, pero sí que nos dimos una vuelta por su patio central, al que se puede acceder sin entrada. Pese a que no entres en el interior del castillo, merece la pena acercarse y ver el que es uno de los iconos de la ciudad.

Salimos del parque y fuimos andando por la via Dante hasta la via dei Mercanti. Justo detrás de esta calle hay una pequeña plazoleta con mucho encanto, Piazza dei Mercanti. Esta plaza era el corazón de la ciudad durante la Edad Media. De aquella época se conservan perfectamente los edificios que la enmarcan, como el Palazzo della Ragione, la Casa Panigarola, el Palazzo delle Scuole Palatine, la Loggia degli Osii o el Palazzo dei Giureconsulti. Es un lugar tranquilo (más o menos), ajeno al bullicio de la abarrotada plaza del Duomo y con un aspecto medieval que recuerda la importancia que en su día tuvo.

Apenas habíamos caminado un metros más por la via dei Mercanti cuando nos dimos de bruces con la impresionante plaza dei Duomo. Allí estaba al fondo la imponente catedral de Milán, il Duomo. El edificio por el que la ciudad bien merece una visita. Con una fachada impresionante, llena de pináculos, que le dan ese carácter gótico tan representativo. Así que nos sentamos a los pies de la estatua de Vittorio Emanuele II, que preside el centro de la plaza, para poder disfrutar tranquilamente del momento.

La catedral estaba cerrada a esas horas, así que no pudimos entrar. De todas formas, ya tendríamos tiempo al día siguiente para visitarla por dentro y subir a la terraza panorámica. Tras estar un buen rato sentados, decidimos irnos a otro lugar emblemático de la ciudad, las Galerías Vittorio Emanuele II. La entrada principal de estas galerías comerciales está ubicada en un lateral de la plaza del Duomo, haciendo a esta plaza aún más bella.

El edificio está formado por dos arcadas perpendiculares cubiertas por una bóveda de vidrio y hierro fundido. Las galerías fueron construidas durante la segunda mitad del siglo XIX, al igual que había ocurrido en otras ciudades europeas, como las Galeries Royales Saint-Hubert que habíamos visto hacía unos años en Bruselas. El edificio en si, es un monumento de gran belleza por sus paredes ornamentadas, sus pinturas en lo alto de la zona central y una fabulosa bóveda que recorre toda la extensión de la galería. Es un lugar de lujo y opulencia, ya que allí se encuentran las tiendas de algunas de las marcas más exclusivas, como Prada, Louis Vuitton... También hay restaurantes en los que ni nos plateamos cenar ya que los precios se nos iban mucho del presupuesto.

Tras cruzar paseando las galerías, llegamos a otro de los lugares más conocidos de la ciudad, el Teatro alla Scala. Es unos de los teatros de ópera más famosos del mundo. El exterior no es tan impresionante como la catedral o las galerías, ni tampoco como otras óperas, como la Ópera de Viena que habíamos visitado el año anterior. Pero el interior de recinto sí que demuestra la grandeza de este teatro. En nuestro caso no lo visitamos, pero si queréis ver el interior, además de hacerlo acudiendo a alguna de las obras que allí tienen lugar, podéis hacerlo con una visita guiada o visitando el museo del teatro.

Para terminar el día quisimos volver a la plaza del Duomo para hacer unas fotos de la Catedral iluminada por la noche. El día estaba terminando, pero el calor no bajaba. Seguíamos con treinta y pico grados, aunque bueno, eso se podía mitigar algo bebiendo agua fresca. Lo malo fue que mientras hacíamos las fotos (y durante el resto del día) una horda de insaciables mosquitos nos acribillaron. Fue algo desproporcionado, acabamos con las piernas, brazos, cuello e incluso plantas de los pies, llenas de picaduras. Parecía que habíamos pasado el día en una selva tropical.

Nos volvimos caminando a casa dando un paseo y poco antes de llegar al hotel nos paramos a cenar. ¿En una pizzería? ¿En una trattoria? No, en un restaurante japonés. Sí, así somos, teníamos antojo de sushi, así que eso fue lo que cenamos. Os enseñaría una foto de aquellos manjares, pero las piezas de sushi fueron vistas y no vistas. Solo os puedo enseñar como quedó el plato al poco de llegar a la mesa.

Os dejo un mapa con los lugares que visitamos en Milán ese día.

Si queréis ver el mapa en otra pestaña haced clic aquí.



Índice:

Preparativos e información útil
Diario del viaje

2 comentarios:

  1. La Piazza dei Mercanti nos encantó! no sale en la guía que llevábamos pero me la recomendó un viajero que se conoce bien Milán y acertó ;)

    Un saludo!

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    1. Gracias por escribir Verónica! La verdad es que es una joya no demasiado conocida y que merece la pena ver, y más teniendo en cuenta que está pegada a la plaza del Duomo.

      Un saludo.

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