domingo, 23 de noviembre de 2014

Día 2. Subimos a la terraza del Duomo de Milán

Tras un opíparo desayuno, empezamos la jornada donde lo habíamos dejado el día anterior, en las Galerías Vittorio Emanuele. Las habíamos visto de noche, pero teníamos ganar de ver como relucían durante el día con sus tiendas haciendo unas cajas desorbitantes. Lo malo de verlo a estas horas es que está lleno, a rebosar, aún así es un sitio muy interesante.

Pero ese día, lo que realmente teníamos ganas de hacer era ver el interior de la Catedral de Milán y sobre todo subir a la terraza panorámica. Il Duomo es impresionante por fuera pero su interior no es nada desdeñable. Imaginaros las dimensiones de este grandioso templo que cuenta con un aforo de hasta 40.000 personas. Sus enormes columnas, un suelo decorado con filigranas en mármol y unas estupendas vidrieras hacen que te sientas maravillado al entrar.

Pero a mí, sin duda, hubo algo que me llamó mucho la atención, la escultura de San Bartolomé. Lo curioso de ésta, es que la figura está tallada mostrando al santo con la piel arrancada. En un principio, cuando la miras de frente parece que tenga una túnica por encima, pero si te fijas un poco más y miras la parte de atrás, verás que no es una túnica, sino su propia piel. Esta simbología hace referencia al martirio que sufrió el santo, que irónicamente se ha convertido en el patrón de los curtidores.

En el interior también puedes visitar el tesoro de la catedral, aunque tampoco hay nada destacable en él. Pese a que el interior es bastante impresionante por su tamaño, lo que realmente merece la pena de la visita es subir a la terraza panorámica. Si bien la entrada a la catedral es gratuita (aunque hacer fotos vale 2 €), subir a la terraza panorámica a pie cuesta 7€, en ascensor 12€. Si estáis dudando entre ascensor o escaleras, tened en cuenta que no cuesta mucho subir andando, sus escaleras son bastante cómodas. Si vais a visitarla echad un vistazo a su web para ver los horarios y precios actualizados.

Una vez arriba, paseas por todo el tejado con unas vistas increíbles de toda la ciudad, de la plaza y de las Galerías Vittorio Emanuele. Desde aquí puedes ver los pináculos de la catedral desde un punto de vista completamente diferente. Éste es, sin duda, uno de los lugares que más merece la pena de Milán.

Tras terminar la visita a la terraza nos fuimos callejeando hasta la Basílica de San Ambrosio. No es una iglesia que destaque por nada, pero sí es curiosa su entrada. La entrada al templo se hace a través de un gran atrio, que es casi igual de grande que el interior, y la fachada está flanqueada por dos torres de tamaños diferentes. El interior no es demasiado llamativo, lo más representativo está en el exterior.

Desde allí nos fuimos caminando hasta la iglesia San Lorenzo Maggiore. Ésta es la iglesia más antigua de Milán, data del siglo IV. Fue una lástima la hora a la que llegamos, ya que habían cerrado hacía poco. De todas formas, la plaza que está en frente de la fachada es un lugar muy agradable, en la que sentarse tranquilamente a hablar. En una esquina cercana había una pequeña tienda que vendía varios tipos de cervezas y refrescos bien fríos. Así que teniendo en cuenta que el calor apretaba con sus 36 grados a la sombra, no vimos mejor idea que pasar un rato tranquilo allí tomándonos algo.

Eran ya las ocho de la tarde cuando decidimos levantarnos y seguir nuestro camino bajando la calle Corso di Porta Ticinese. Al poco, pasamos delante de la basílica de San Eustorgio. Su fachada en ladrillo no llama mucho la atención, pero en su interior se conservan unas reliquias de los Reyes Magos; una tibia, un húmero y un esternón. Dada la hora que era, la puerta estaba cerrada, así que no os podemos decir cómo es por dentro.

Justo al lado de la basílica se encuentra la puerta que da el nombre a la calle por la que veníamos caminando, Porta Ticinese. Esta puerta delimita el comienzo de la zona Navigli, nuestro destino para la noche.

El barrio de Navigli, es la zona de canales de Milán. Sí, Milán tiene canales. No es algo muy conocido, pero así es. Sin duda alguna, es una zona con gran encanto y de las más animadas de la ciudad por la noche. También es uno de los mejores lugares de Milán para tomar el aperitivo. Estuvimos pensando si engancharnos al aperitivo italiano o si ir directamente a cenar. Finalmente, tras dar un paseo y ver los locales, nos decantamos por cenar en una trattoria. Abajo podéis ver las deliciosas pizzas que nos metimos entre pecho y espalda, riquísimas. Como colofón un licor típico de Italia, un chupito de limoncello.

El postre preferimos tomárnoslo fuera, en una gelateria que estaba en la misma calle. La elección fue fácil, un riquísimo helado de nocciola (avellana) que tan buenos recuerdos nos trae de nuestro viaje a la Toscana en 2011. La calle estaba muy animada, con gente charlando a la orilla de los canales, en las terrazas, paseando... aunque muchos estaban congregados alrededor de un quinteto de chavales que estaban dando un concierto en plena calle. Eran bastante buenos y muy divertidos, así que allí nos quedamos, disfrutando de buena música y de un buen helado italiano.

Cuando terminó el concierto nos fuimos andando tranquilamente hasta el Duomo. Iba a ser el último momento en el que podríamos disfrutar de esa preciosidad de catedral y no queríamos dejar Milán sin verla una vez más. Al día siguiente visitaríamos Bergamo antes de volar hacia Polonia, así que ésta iba a ser nuestra despedida de la ciudad.

Aunque Milán no es una ciudad con tantos atractivos turísticos como otras ciudades italianas, si que nos dejamos varias cosas en el tintero que me gustaría ver la próxima vez que volvamos. La más conocida de todas ellas es Santa Maria Delle Grazie. Así, de primeras, no os suena a ninguno, ¿verdad? Pues en su interior está una de las pinturas más famosas en todo el mundo, "La Última Cena" de Leonardo da Vinci. Espero algún día poder verla en vivo y en directo.

Os dejo un mapa con los lugares que visitamos en Milán ese día.

Si queréis ver el mapa en otra pestaña haced clic aquí.



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