domingo, 29 de marzo de 2015

Visitando el casco antiguo de Cracovia

Comenzamos nuestro cuarto día de viaje con un buen desayuno polaco. Realmente era un buffet como el que podríamos ver en un hotel de España, lo único es que había algún embutido y ensalada diferente y estábamos en Polonia, por eso era polaco. Fuera como fuese, nos dimos un buen homenaje. El día iba a ser largo e intenso, ya que teníamos pensado recorrer todo el casco antiguo de la ciudad, así que necesitábamos tener energías suficientes para descubrir esta preciosa ciudad medieval.

Salimos a la calle y en un par de minutos estábamos frente al Planty. Éste es el nombre del parque que rodea el casco antiguo de la ciudad. Un parque en forma de anillo, de nada más y nada menos que 4 kilómetros de largo y una superficie de 21 hectáreas, que está compuesto por jardines de diferentes estilos, fuentes y estanques. La peculiar forma del parque es debido a que ocupa el lugar que tuvieron las murallas medievales de la ciudad. Su construcción se realizó entre 1822 y 1830 como parte del desarrollo urbanístico de la ciudad, ya que la muralla estaba bastante deteriorada por falta de mantenimiento. Por suerte, se promovió la conservación de parte de las fortificaciones, como la puerta Floriana y la Barbacana.

Caminando apenas dos minutos por el Planty llegamos a una parte de las antiguas fortificaciones de la ciudad que se mantienen en pie hasta hoy en día, la Barbacana, (Barbakan Krakowski). Esta tipo de estructura defensiva que se situaba frente a una puerta importante o un puente, se utilizó mucho en la Edad Media. Pese a ello, no muchas se conservan hoy en día en Europa, siendo ésta la que en mejor estado se encuentra en la actualidad. Fue construida en 1498 e inicialmente estaba unida a la Puerta de San Florián por un pasadizo cubierto, siendo un punto clave en la defensa de la ciudad. Se puede visitar e incluso combinar la entrada con una visita a lo que queda de las murallas de la ciudad, pero nosotros decidimos verla únicamente por fuera.

Dejando atrás la Barbacana, te das de bruces con la entrada más importante que tiene el casco antiguo de la ciudad, la Puerta Floriana o Puerta de San Florián (Brama Floriańska). Esta puerta y torre gótica, que llegó a estar unidad a la Barbacana, fue construida en el siglo XIV y actualmente es el inicio de una de las calles más famosas de la ciudad, la calle Florianska. Esta calle es el inicio del que se llama Camino Real (que termina en el Castillo de Wawel) y que en su día recorrían los reyes polacos con motivo de una coronación o funeral real. Actualmente está llena de tiendas de suvenires, restaurantes y hoteles.

Nada más pasar la Puerta de San Florián, si giras la cabeza a los lados, puedes ver parte de la muralla de la ciudad que aún se conserva. Nos recordó al estilo de muralla que vimos en nuestro viaje a Tallin en 2010, solo que de ésta queda una pequeña parte. Seguimos caminando por la calle Florianska y llegamos al icono de la ciudad, la Plaza del mercado (Rynek Głowny). Esta gigantesca plaza de mediados del siglo XIII, de 40.000 m², es la plaza más importante de la ciudad y de todo el país; además es la plaza medieval más grande de toda Europa. Siempre está animada, a cualquier hora del día que vayas verás a gente. Puestos de comida, de flores, carruajes de caballos, terrazas abarrotadas de turistas y cientos de palomas y personas inundan la plaza a cualquier hora del día. En uno de esos puestos de comida probamos un queso típico polaco con mermelada de arándanos (creo que se llamaba oscypek) y que, la verdad, ni fu ni fa. Aunque tengo que decir que fue lo único que comimos en Polonia que no nos gustó. Luego, en otro puesto callejero de la plaza, compramos unas obwarzanek (rosquillas de pan con semillas de amapolas) y esas no nos decepcionaron.

Esta plaza, rodeada de coloridas casas burguesas y palacios medievales, tuvo como función principal en sus inicios el comercio (aunque también han tenido lugar ejecuciones y ceremonias). Montones de puestos de mercaderes inundaban la plaza hasta que se construyó en el centro de la misma el Mercado de los Paños (Sukiennice) para centralizar el comercio en un solo edificio y convertirlo así en un gran centro comercial internacional del siglo XIV. Ahora esos puestos en los que antes se comerciaba con sedas, especias, sales y demás, son tiendas de suvenires. Si quieres llevarte un recuerdo de Cracovia probablemente encuentres aquí lo que buscas, pero ten en cuenta que en una tienda algo más alejada de la plaza lo encontrarás bastante más barato. El Mercado de los Paños abre hasta las 20:00, por lo que tienes prácticamente todo el día para entrar en él.

Además del Mercado de los Paños, la Plaza del mercado alberga la Basílica de Santa María, la torre del antiguo ayuntamiento y la Iglesia de San Adalberto. De estos tres edificios, el más importante es la Basílica de Santa María (Kościoł Mariacki). Te toparás con ella, según entres a la plaza por la calle Florianska. Esta iglesia del siglo XIV tiene la peculiaridad de contar en su fachada con dos torres de diferentes alturas. La más baja (69 metros) hace las funciones de campanario de la iglesia. La más alta (80 metros) está adornada con una corona dorada y antiguamente se utilizaba como punto de vigilancia de la ciudad, para avisar de invasiones enemigas. En ella, cada hora, un trompetista toca el Hejnał mariacki, una melodía tradicional polaca que además, se transmite a mediodía a través de la radio en todo el país. Esta conmemoración se debe a que en el siglo XIII un trompetista, mientras hacía sonar la alarma por la invasión mongola que sufría la ciudad, fue asesinado por un disparo en la garganta. Por esto se la conoce como la torre Hejnał.

En el interior de la iglesia se encuentra el retablo de madera (s. XV) más grande de Europa, además de un crucifijo de arenisca digno de ver. Su decoración poco tiene que ver con lo que estamos acostumbrados a ver en las iglesias occidentales de Europa, se nota esa diferencia y estilo con las que cuentan las iglesias del este del continente. Pese a que tenga un interior admirable, lo que merece realmente la pena es subir a la torre Hejnał y contemplar la Plaza del mercado desde lo alto. Por desgracia estaban con unas reformas y no pudimos subir a la torre. Menudo chasco.

Justo detrás de la Basílica de Santa María se encuentra la Plaza Maly (Mały Rynek), una pequeña plaza, sobre todo si la comparamos con la aledaña Plaza del mercado. Esta plaza ocupa lo que anteriormente era el cementerio parroquial. En las fechas en las que fuimos nos encontramos con que había un festival del Pierogi, una especie de empanadillas típicas de Polonia rellenas de un sin fin de ingredientes. La plaza estaba llena de puestos de comida, incluso tenían un escenario. Pero ya os hablaremos en otra entrada de los pierogis y de lo bien que se lo pasaron algunos polacos comiendo, bebiendo y bailando.

En la esquina de la Plaza Maly con la calle Szpitalna se encuentra un grafiti de un personaje que los más frikis como yo conoceréis, el famoso "Trololo". Seguro que más de uno habréis visto imitaciones suyas en Buenafuente. Este personaje fue un cantante Ruso de los 70 que alcanzó fama mundial gracias a Youtube al final de su vida. Por supuesto, tenía que inmortalizar tan entrañable encuentro.

Tras ese momento friki, volvimos a la animada Plaza del mercado y nos dirigimos hacia una pequeña iglesia situada en medio de la plaza, la Iglesia San Adalberto (Kościół św. Wojciecha). Esta iglesia fue construida en el siglo XI, por lo que es una de las más antiguas de Polonia. El hecho de que sea tan antigua explica el porqué está ubicada dentro de la plaza, entre el Mercado de Paños y la calle Grodzka (en medio del Camino Real); la iglesia estaba antes de que se diseñase y construyese la Plaza del Mercado. En este caso no entramos, la vimos solo por fuera.

Cerca de esta iglesia y casi pegado al Mercado de los Paños se encuentra la única parte que se mantiene en pie del antiguo ayuntamiento de la ciudad, la Torre del Antiguo Ayuntamiento (Wieza Ratuszowa) del siglo XIV. Con una altura nada desdeñable de 75 metros, esta torre es la única parte que se conserva del ayuntamiento que fue demolido allá por el 1820. Pese a que tenga una buena altura, similar a la torre Hejnał, las vistas son bastante peores ya que no hay mucho espacio por el que mirar a través de sus ventanas. Si queréis buenas vistas os recomendamos que subáis a la torre Hejnał de la Basílica de Santa María.

Dejamos la ajetreada Plaza del mercado a un lado y caminamos por la calle Świętej Anny hasta el Collegium Maius (Colegio Mayor). Este edificio que data del siglo XIV es el edificio universitario más antiguo de Polonia. Entre sus estudiantes destaca el famoso astrónomo Nicolás Copérnico, del que más tarde veríamos una estatua en Varsovia. El edificio alberga el Museo de la Universidad Jagellónica, en el que se encuentran instrumentos antiguos utilizados en el estudio de la física, química, astronomía... pero sinceramente no creemos que sea algo muy interesante a no ser que te apasione ese tema. Lo más destacable, sin duda, es su patio interior donde se encuentra un antiguo reloj en el que cada dos horas, mientras suena una melodía, tiene lugar un desfile de tallas de madera. Por desgracia no llegamos a la hora, de todas formas el patio en si es bastante bonito y el acceso es gratuito (para entrar al museo sí que hay que pagar).

Tras estar un rato sentados en el tranquilo patio del Collegium Maius volvimos sobre nuestros pasos hasta la Plaza del mercado para ir esta vez por la calle Grodzka. En el primer cruce torcimos a la izquierda para, en pocos pasos, estar frente a nuestro siguiente punto del itinerario, la Basílica de la Santa Trinidad (Kościół Św. Trójcy). Es una iglesia en la que su fachada no llama demasiado la atención, lo realmente interesante son las capillas laterales de su interior. Recomendamos la visita, aunque también tenemos que decir que no es la iglesia más interesante de la ciudad.

Tras salir del templo, retrocedimos para dirigirnos a la iglesia que estaba al otro lado del cruce con la calle Grodzka, la Basílica de San Francisco de Asís (Bazylika Franciszkanów w Krakowie). Esta basílica del siglo XIII es una de las iglesias más antiguas de la ciudad y una vez más, lo interesante está en el interior. Por fuera, sus paredes de ladrillo rojo no muestran ningún tipo de decoración destacable. Sin embargo, en el interior, las policromías que inundan las paredes hablan por sí solas. Una lástima que pese a que la basílica tenga unas vidrieras llenas de detalles, su pequeño número y tamaño no muy grande, impide que entre la suficiente luz en la estancia para poder admirar como se merecen las pinturas del interior. Como curiosidad, Karol Wojtyła, antes de convertirse en el Papa Juan Pablo II, solía acudir a esta iglesia y en su memoria han colocado una placa con su nombre en el banco en el que solía sentarse.

El sol empezaba a despedirse y nosotros necesitábamos tomarnos un descanso, así que ¿qué mejor idea que irse a sentarse un rato a la Plaza del mercado? Nos fuimos a un banco y nos comimos tranquilamente un Pączki, una especie de donuts polaco relleno de mermelada. Disfrutando del momento, de la gente, del bullicio y de esa preciosa plaza iluminada por la noche. De repente, empezamos a oír música en una de las terrazas, parecía música en directo ¡Era salsa! Era un cuarteto que estaban tocando canciones cubanas. Los músicos parecían polacos, pero la cantante era un pedazo de mujer cubana. Yo bailo algo de salsa (por aquel entonces llevaba un par de años yendo a clase y algo sabía hacer), pero Lena está a otro nivel, ella si sabe bailar de verdad (ha sido profesora de bailes latinos y fue campeona de España de salsa por agrupaciones en 2013, ahí es nada). Estuvimos a puntito de salir a bailar frente al cuarteto cubano, pero me pudo la presión... "¿y si me quedo en blanco y no me acuerdo de ningún paso?""¿y si me equivoco?", "¿y si la piso y nos caemos?". Al final nos quedamos mirando la actuación hasta que terminó y no salimos a bailar. Todavía me arrepiento de no haber dejado la mochila a un lado y haber demostrado de lo que éramos capaces. Si se nos vuelve a dar la oportunidad en cualquier otro viaje juro que no la desaprovecharé.

Tras la actuación, trípode en mano, nos fuimos a hacer unas fotos nocturnas. De la Plaza del mercado ya las habíamos sacado hacía un rato, así que seguimos caminando por el camino real parándonos frente a la Iglesia de San Pedro y San Pablo, la Iglesia de San Andrés, la Basílica de la Santa Trinidad, hasta que llegamos al Castillo de Wawel. Para la mayoría de estos lugares no habíamos tenido tiempo de verlos por dentro, pero aún nos quedaban días en la ciudad.

Cuando nos quisimos dar cuenta ya era tarde y no había muchos sitios abiertos, así que tiramos por la opción más fácil, fast food. De camino al hotel entramos en un local de la calle Grodzka y pedimos dos riquísimas y baratísimas pizzas que nos comimos tranquilamente en nuestra habitación. Ya os hablaremos de lo bien y barato que se come en Polonia. Es un paraíso para una persona de buen comer como yo ;)

Os dejo un mapa con los lugares que visitamos en Cracovia ese día.

Si queréis ver el mapa en otra pestaña haced clic aquí.



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Preparativos e información útil
Diario del viaje

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