domingo, 14 de junio de 2015

Descubriendo el Castillo de Wawel y Kazimierz, el barrio judío de Cracovia

Comenzaba otro día en Cracovia y tras nuestro típico desayuno de campeones salimos a la calle a seguir descubriendo la ciudad. Esta vez los platos principales eran el Castillo de Wawel y Kazimierz, el barrio judío. ¿Platos? ¿Por qué hablo de comida? ¿Serán reminiscencias de la cena de la noche anterior?

Al igual que habíamos hecho en nuestro primer día en la ciudad íbamos a recorrer el Camino Real, pero en este ocasión entraríamos en el Castillo. Tras un breve paseo por el parque Planty llegamos a la Barbacana (Barbakan Krakowski) que nos daba la bienvenida a la parte antigua de la ciudad. Cruzamos la Puerta Floriana y vimos en las calles ese ambiente que veníamos viendo estos días, el casco antiguo de la ciudad estaba lleno de vida. A un lado, pegado a las murallas, había un par de puestos ambulantes de cuadros como si se tratase de una exposición de arte y más adelante tiendas y más tiendas.

Barbacana (Cracovia) Muralla de Cracovia

Seguimos caminando hasta que nos topamos con la Plaza del mercado (Rynek Głowny). Esta inmensa plaza es una verdadera joya. Nunca te cansas de ella, de ver sus monumentos, de ver como respira y de disfrutar del trasiego que hay siempre. Como no era la primera ni la última vez que estábamos en ella tampoco nos paramos demasiado. Hoy teníamos otros objetivos en mente.

Seguimos caminando por la calle Grodzka hasta llegar frente a la Iglesia de San Pedro y San Pablo (Kościół Św. Apostołów Piotra i Pawła). Aunque ya habíamos pasado por delante de esta bonita iglesia barroca tanto por el día como por la noche, no habíamos entrado en su interior. Por fuera la iglesia es realmente bonita con las esculturas de los doce apóstoles adornando su fachada y verja. Sin embargo, los jesuitas (congregación que construyó esta iglesia) gasto todo el dinero en el exterior, por lo que cuando entras dentro te puede decepcionar un poco. Las paredes son blancas, sin muchos adornos, en las que en todo caso podríamos destacar alguna decoración de estuco y mármol. De todas formas, si pasáis por delante de ella entrad; la entrada es gratuita y gastaréis muy poco tiempo en verla.

Fachada de la Iglesia de San Pedro y San Pablo (Kościół Św. Apostołów Piotra i Pawła) Interior de la Iglesia de San Pedro y San Pablo (Kościół Św. Apostołów Piotra i Pawła)

Justo al lado de la Iglesia de San Pedro y San Pablo se encuentra la Iglesia de San Andrés (Kościół św. Andrzeja). Ésta es todo lo contrario a la anterior. La fachada de la iglesia es simple, pequeña, austera y con un marcado aspecto de fortaleza (de hecho se le dio ese uso en las invasiones tártaras). Su construcción se realizó entre los años 1079 y 1098, pero no fue hasta el siglo XVIII cuando se remodeló su interior a un estilo barroco. Debido a ello, la austeridad de su fachada poco tiene que ver con el tesoro que guarda dentro. Una vez más las apariencias engañan y en el interior de esta pequeña iglesia hay un recargado interior lleno de detalles donde destaca un característico púlpito en forma de barco.

Interior de la Iglesia de San Andrés (Kościół św. Andrzeja)

Dejamos atrás las iglesias y seguimos caminando por la calle Grodzka hasta llegar a la colina de Wawel. En este lugar se han hallado restos arqueológicos que indican que esta colina estuvo habitada en el siglo IV, aunque lo que actualmente vemos sobre ella son edificaciones de la Edad Media. Fue el símbolo del poder político y religioso de la ciudad en la época en la que fue capital del país. De hecho, los dos edificios que representaban ese poder eran el Castillo de Wawel y Catedral de Wawel.

En nuestro caso preferimos entrar primero en algunas de las estancias del castillo. Las entradas para cada uno de estas estancias o edificaciones es independiente, lo que hace que exista un mar de posibilidades a la hora de planificar tu visita. Las entradas que compramos (utilizando nuestro carnets de universitarios que ya tienen más años que la tarara) fueron para las Salas de Estado (11 PLN, 18 PLN normal), el Tesoro de la Corona y la Armería (11 PLN, 18 PLN normal), la cueva del dragón (3 PLN) y la torre Sandomierska (4 PLN). En el caso de las Salas de Estado y del Tesoro de la Corona y la armería te dan una hora en la puedes realizar la visita. En estos dos lugares no puedes entrar cuando quieras, sólo a la hora marcada en la entrada que te dan. En el resto de estancia no hay este problema.

Empezamos la visita al castillo subiendo a la torre Sondomierska. Ésta una de las dos torres defensivas del castillo. Construida sobre el año 1460 tuvo funciones defensivas, aunque en tiempos de paz también fue utilizada como prisión. En lo alto se pueden disfrutar de unas visitas preciosas de la catedral, del castillo y del río Vístula. La típica imagen que se tiene del interior de Wawel se toma desde lo alto de esta torre, así que no dudéis en subir, merece la pena.

Castillo de Wawel desde la torre Sondomierska(Cracovia)

Tras bajar de la torre estuvimos dando un paseo por el patio central del castillo haciendo tiempo hasta que llegase la hora de nuestra siguiente visita. Hacía tanto calor que habían puesto aspersores en el suelo para que la gente que quisiese se refrescase a su paso. Tanto ese día como lo anteriores habíamos estado rondando los 40 grados, algo difícil de aguantar.

Patio interior del Castillo de Wawel

Llegada la hora, accediendo por el patio central del castillo, entramos en las Salas de Estado. Por desgracia no nos permitieron hacer fotos, así que no podré poner ninguna foto del interior. Todavía sigo sin entender este tipo de medidas. Las fotos son una forma de guardar recuerdos y una forma de enseñar a los demás lo que has visto, incluso de incitarles a que vayan allá donde has ido tú. En fin, que no lo entiendo. Divagaciones aparte, se puede considerar que las Salas de Estado son las dependencias principales del castillo. En estas estancias se pretende recrear como era la residencia en el siglo XVI y XVII, por lo que a su paso disfrutas de techos profusamente decorados, pinturas, tapices y bellos muebles italianos. Además, muchos de estos elementos son originales de la época.

Tras la visita a las Salas de Estado era el turno de ver el Tesoro de la Corona y la Armería. En esta ocasión en el recorrido vas viendo una colección de armas y armaduras de distintas épocas en las que destaca Szcerbiec, la espada de coronación de los reyes polacos. También se muestra una colección de joyas y piedras preciosas. A mi me gustan especialmente este tipo de exposiciones y, aunque no es de las más extensas que he visto (como pueda ser la de la Real Armería del Palacio Real de Madrid), sí que me pareció una visita bastante interesante.

Antes de salir del castillo de Wawel no nos podíamos ir sin entrar en su catedral, que una vez más tienen la norma de no permitir hacer fotografías. De verdad que no lo entiendo. La catedral es conocida también como la Catedral de San Wenceslao y San Estanislao o la Catedral de Cracovia. El exterior de la catedral resulta curioso, porque parece un conjunto de elementos inconexos unidos para crear un gran edificio. Capillas de diferentes estilos se fueron añadiendo a la catedral conformando el edificio tan heterogéneo que podemos ver hoy en día.

Catedral de Wawel

Esta catedral es también el santuario nacional de Polonia donde están enterrados reyes y grandes duques de Polonia. Aunque la primera catedral data del año 1000, de ella quedan ya pocos vestigios, y es de las reconstrucciones posteriores de donde toma su imagen actual. De hecho, el rey Ladislao I el Breve que la reconstruyó con estilo gótico fue el primero de los reyes polacos que fue coronado y enterrado allí. Una vez en el interior hay varios lugares interesantes que merecen nuestra atención como la capilla de Segismundo, el mausoleo de San Estanislao, la cripta o la campana de Segismundo.

Al salir de la catedral decidimos ir a nuestra última visita de la colina de Wawel, la cueva del dragón. Si vais a Cracovia veréis un montón de alusiones a este animal mitológico en forma de imán, taza, camisetas... Todo este merchandising viene de la leyenda del dragón de Wawel que os recomiendo que os leáis y del que dicen que habitaba esta gruta.

La cueva del dragón Dragón de Wawel

El interior es una gruta sin más, curiosa de ver, pero en la que tampoco esperéis ver nada del otro mundo. A la salida os encontraréis con el dragón, o mejor dicho con una estatua de él que lleva allí desde 1970. Lo más curioso de la estatua es que escupe fuego cada 5 minutos. Así que sed pacientes y tened la cámara de fotos lista para inmortalizar el momento.

Al salir, y tras hacernos la foto de rigor con el dragón escupiendo fuego, empezó a chispear. Una ligera lluvia que se agradecía con el calor que hacía. Fuimos caminando con la mente puesta en comer, pero antes picamos algo por el camino: un par de obwarzanek (rosquillas de pan con semillas de amapolas) y una mega bolsa de gusanitos. ¡Fijaros en el tamaño de la bolsa en comparación con Lena! ¡Era enorme! Por supuesto, no nos la terminamos ese día, sino que nos acompañó durante varios días del viaje.

Menudas bolsas de gusanitos que venden en Cracovia Comiendo un obwarzanek en Cracovia

Picoteos aparte eran horas de comer de verdad. De hecho, menudas horas eran ya, nos iba a costar encontrar algo abierto. Así que nos fuimos directos a Kazimierz, el barrio judío de Cracovia. Este barrio era centro de la comunidad judía de la ciudad antes de la invasión nazi de la Segunda Guerra Mundial. Cuando los nazis se hicieron con el poder, deportaron a la mayoría de los judíos que allí vivían al gueto de Podgórze situado al otro lado del río. Sin embargo, hoy en día, el barrio es un hervidero de cultura y un lugar ideal para comer, salir a cenar o de fiesta. Eso sí, también conserva la identidad que tuvo antaño con varias sinagogas, restaurantes kosher y conciertos klezmer.

Una tienda diferente en Kazimierz
Una furgoneta en llamas en Kazimierz Un trabant con mucho estilo en las calles de Cracovia

Finalmente, tras mirar en varios lugares y comparar precios, no decidimos por entrar en el "Fabryka Pizzy". Un italiano a buen precio y donde la comida estaba muy rica. Nos pedimos una pizza para cada uno, para beber agua y cerveza y de postre una tarta para compartir que estaba riquísima. Mientras nos tomábamos el café estuvimos mirando que era lo que íbamos a hacer el resto de la tarde.

Tomando el postre en Kazimierz Comiendo unas pizzas en el barrio judio de Cracovia

Una vez que tuvimos el plan trazado salimos a la calle. Fuimos dando un paseo por el barrio viendo sus calles y las sinagogas que hay en él; aunque no teníamos intención de entrar en ninguna por el momento. Las sinagogas que se pueden visitar son:

  • Sinagoga Tempel: Al ser construida por judíos progresistas el interior tiene "más libertades" estilísticas, por lo que hay muchos colores y bonitos diseños que poco tienen que ver con las sinagogas de judíos ortodoxos.
  • Sinagoga Kupa: esta sinagoga del siglo XVII sufrió los destrozos de la ocupación nazi y el interior quedó destruido en su práctica totalidad. Actualmente se utiliza como sala de conferencias, conciertos y exposiciones.
  • Sinagoga Remuh: es la única activa en Kazimierz, además de ser la más pequeña. Pese a su tamaño es una de las más atractivas ya que cuenta con un antiguo cementerio que a pesar de la ocupación nazi conserva muchas lápidas antiguas. En cierta medida, aunque en un tamaño menor, me recuerda al cementerio judío que vimos en Praga el año anterior.
  • Sinagoga de Isaac: su nombre se debe a que su construcción la financió un banquero llamada Isaac "el rico". Ésta es la sinagoga más grande de Cracovia y también una de las más bonitas.
  • Sinagoga Wysoka: posiblemente esta sea la menos interesante de las que cito, así que si no estáis interesados en visitar todas las sinagogas descartad ésta.
  • Sinagoga Vieja (Stara Boznica): su nombre se lo ha ganado a pulso, ya que gracias a que fue construida en el siglo XV es la sinagoga más antigua de toda Polonia.

Estábamos tranquilamente paseando y de repente empezó a diluviar. Tuvimos que resguardarnos durante un buen rato a esperar que la tormenta amainase. El cielo estaba totalmente gris y la cosa no pintaba bien para el resto del día, así que aprovechando un momento en el que la lluvia bajó el ritmo fuimos rápidos al hotel a por unos paraguas. Al final, por el camino acabamos calándonos. Pero bueno, que se le va a hacer, nos cambiamos y estuvimos descansando hasta que la tormenta paró.

Cuando salimos el Sol se estaba poniendo, pero eso no significaba que la jornada iba a terminar; no era tarde aún. Un par de días antes habíamos visto unas casetas cerradas en la Plaza Maly (Mały Rynek) y nos habíamos enterado que estaban allí por un festival del pierogi que se celebraba esa semana. Así que para allá que fuimos. Al llegar vimos el ambientazo que había con la plaza llena de gente. Los mostradores de las casetas estaban a rebosar de pierogis de todos los colores y sabores, y con una pinta tremenda (para que os hagáis una idea, el pierogi es como una empanadilla pero con la masa en crudo y algo blandita, y el relleno puede variar desde sabores salados a dulces). Por supuesto no nos pudimos contener y nos pedimos varios de distintos sabores. Estaban muy ricos y como venía siendo costumbre estaban a buen precio. La comida en Polonia es realmente barata, ¿os lo había comentado ya?

Puesto callejero del Festival del pierogi en Cracovia
Casetas del festival de pierogis El Leonardo Dantés polaco

El ambientazo que había en la plaza no estaba solo alrededor de las casetas. Habían montado un escenario en el que actuaba un cantante solista que me recordó bastante a Leonardo Dantés, pero en su versión Polaca. Sin duda, este fue el momento bizarro del viaje. En el escenario estaba este divo que, con dudosa musicalidad, deleitaba a un pequeño grupo de mujeres de unos 50 que parecían adolescentes un plena edad del pavo, Madre mía que gritos daban cuando terminaban una canción. Por si esto no era suficiente, justo delante del escenario había unas cuatro personas bailando que se habían bebido lo suyo y lo de todos los que estábamos en la plaza. Con una coordinación de sus extremidades asombrosa a la par que algo endiablada contoneaban su cuerpo con bailes en los que en ciertos momentos llegan a un nivel de erotismo no apto para todos los públicos y sensibilidades. Sin duda fue uno de los momentos cumbres del día.

Tras la estupenda sesión de baile que nos habían ofrecido los lugareños y con el estómago lleno volvimos a Kazimierz, esta vez ya de noche. Dimos un paseo por el barrio viendo, está vez de forma más tranquila, las sinagogas por fuera y el ambientillo que había por la noche. En ciertos restaurantes se podía oír música klezmer saliendo de su interior. Así que ya sabéis, un buen plan para cenar en Cracovia es ir al barrio judío en el que además de disfrutar de la comida kosher podrás escuchar un concierto klezmer; una inmersión diferente en la cultura judía.

De vuelta a casa y trípode en mano nos despedimos de nuestra última noche en Cracovia haciendo unas cuantas fotografías nocturnas de la ciudad. Por supuesto volvimos a la Plaza del mercado (Rynek Głowny) a hacer unas cuantas fotos, aunque también tuvimos tiempo para pasar por el Teatro nacional Juliusza Slowaskiego, la calle Florian y la puerta Floriana, por la Barbacana y por la plaza Jana Matejki. Con esto concluía nuestra última noche en la ciudad, pero no nuestro último día, ya que tendríamos toda la mañana del día siguiente para descubrir alguna zona por la que no habíamos pisado

La Lonja de Paños en la plaza del Mercado de Cracovia
Teatro nacional Juliusza Slowaskiego Plaza del Mercado de Cracovia con la Basílica de Santa María al fondo
Barbacana de noche plaza Jana Matejki

A continuación os dejo un mapa con los lugares que visitamos durante el día.

Si queréis ver el mapa en otra pestaña haced clic aquí.


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Preparativos e información útil
Diario del viaje

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