domingo, 6 de septiembre de 2015

Los rascacielos de Varsovia y una ruta nocturna por la ciudad

Un nuevo día en nuestro viaje por Polonia y un nuevo cambio de ciudad. En esta ocasión nos desplazaríamos a Varsovia, la capital del país y también la ciudad polaca más grande.

Recogíamos las maletas, desayunábamos y a las diez menos algo nos plantábamos en la estación de buses de Wroclaw. Teníamos por delante un largo camino hasta la capital polaca. Si bien la distancia que separa estas dos ciudades es de unos 350 kilómetros, nuestro viaje iba a durar casi 6 horas. Casi nada. Hicimos el trayecto con Polski Bus, una compañía de buses de bajo coste con la que quedamos muy contentos. El ticket nos valió 30 PLN (unos 7,20 €) a cada uno, un buen precio teniendo en cuenta la distancia recorrida, la comodidad del bus y que teníamos una wifi decente a bordo. Menos mal que teníamos conexión a Internet, porque 6 horas en un bus, son muchas horas y al menos de esta forma te entretienes con el móvil.

En nuestro recorrido pasamos por Łódź, la tercera ciudad más grande del país y en la que tenemos a un buen amigo. Diego, la próxima vez que vayamos a Polonia nos pasamos a verte y si no es en Łódź nos vemos en otra ciudad. Así que ya tenemos una excusa más para volver a este país.

Tras unas cuantas horas de carretera llegamos a la estación de buses Młociny de Varsovia. Lo bueno de este lugar es que allí comienza la línea M1 del metro y, pese a estar en las afueras, puedes moverte rápidamente al centro de la ciudad. Compramos un billete y fuimos hasta la parada Świętokrzyska. Por aquel entonces todavía estaban construyendo la línea M2 del metro que cruza perpendicularmente la M1. Una pena porque nos hubiese venido de perlas poder usar esa línea para llegar al hotel. De todas formas, si viajáis ahora a Varsovia ya está abierta y operativa. Aquí podéis ver un plano del metro de Varsovia.

Desde allí fuimos andando durante un cuarto de hora hasta que llegamos al hotel que teníamos reservado, el JM Apart Hotel. Un mastodonte de cristal en el que desde nuestra habitación, en el piso 27, teníamos unas buenas vistas de la ciudad. Eso sí, tuvimos la mala suerte de tenerlas en dirección contraria a los principales monumentos de la ciudad.

Habitación doble JM Apart Hotel Vistas JM Apart Hotel

Dejamos las maletas en el hotel y tras descansar un poco salimos a la calle a ver que nos ofrecía la capital polaca. Tampoco teníamos expectativas muy altas por lo que habíamos leído y nos había comentado la gente que ya la conocía. Habíamos oído que Cracovia es la verdadera joya polaca, pero aun así Varsovia tiene sus encantos y queríamos descubrirlos.

Salimos a la calle y corroboramos lo que ya habíamos empezado a distinguir desde el metro y el corto camino que habíamos andando hasta el hotel. Varsovia es la capital de Polonia y se nota. Es una ciudad mucho más cosmopolita, más moderna, más... capital. A penas llevábamos diez minutos caminando hacia el centro cuando nos topamos con sus grandes avenidas y rascacielos. Coincidió que era la hora azul y eso hizo que los gigantes luciesen como nunca. Desde luego que estos rascacielos poco tienen que ver con los que vimos en Hong Kong hacía cuatro años. Pero aun así tenían su encanto.

Rascacielos de Varsovia

Sobre todos los rascacielos hay uno que destaca sin lugar a duda, el Palacio de la Cultura y la Ciencia (Pałac Kultury i Nauki). Este impresionante edificio de mediados del siglo XX es el más alto de toda Polonia con sus 230 metros de altura. Fue "un regalo del pueblo soviético al pueblo polaco" mandado edificar por el mismísimo Stalin. Ese día no teníamos pensado entrar en él, solamente verlo por fuera, así que os hablaré de este icónico edificio en otra entrada del blog.

Palacio de la Cultura y la Ciencia

Seguimos caminando en dirección al centro de Varsovia dejando atrás al mastodonte de hormigón. Por el camino, te das cuenta que esta ciudad poco tiene que ver con Cracovia. De hecho, poco tiene que ver con la ciudad que fue antes de la Segunda Guerra Mundial, ya que al finalizar ésta solo quedó en pie cerca de un 20% de los edificios. La ciudad fue arrasada y muchos de sus edificios más representativos destruidos. Hay que tener en cuenta que la llamaban "la París del Norte", aunque tras los estragos que hizo la guerra ese apodo tiene poco sentido tiene.

Palacio de Staszic y estatua de Nicolás Copérnico

Finalmente llegamos a lo que iba a ser el inicio de nuestra ruta nocturna por el centro de la ciudad, la estatua de Nicolás Copérnico, el gran astrónomo polaco, que se encuentra justo en frente del Palacio de Staszic (Pałac Staszica), sede de la Academia Polaca de Ciencias. ¿Por qué iniciar aquí nuestra ruta? Pues porque aquí es donde comienza la calle Krakowskie Przedmieście, una de las calles más bonitas de la ciudad flanqueada por edificios históricos, residencias de corte aristocrático e iglesias. Además, formas parte de la llamada ruta Real de Varsovia. ¿Os acordáis cuando os hablé del Camino Real de Cracovia en otra entrada del blog? Pues en este caso la calle la usaban los reyes para trasladarse desde su residencia habitual, en el Castillo Real, hasta sus residencias veraniegas en las afueras.

Calle Krakowskie Przedmieście

Siguiendo la ruta Real nos paramos delante del Palacio Presidencial o Palacio Namiestnikowski (Pałac Prezydencki o Pałac Namiestnikowski), que es el edificio más destacable de la calle Krakowskie Przedmieście. Actualmente es la sede del Presidente de la República de Polonia y de su cancillería, aunque este detalle actual es de menor importancia porque este edificio tiene mucha historia a sus espaldas. Aquí fue donde se firmó el famoso Pacto de Varsovia que tuvo gran importancia en el transcurso de la Guerra Fría.

Palacio Presidencial

A escasos minutos caminando de allí llegamos a la plaza Zamkowy donde se encuentra la Columna de Segismundo y el Castillo Real (Zamek Królewski), lugar que marca el inicio del casco antiguo de la ciudad. Para nosotros es una de las plazas más bonitas de la ciudad ya que, además del castillo y la columna, las casas con fachadas de colores que rodean la plaza son realmente bonitas.

Castillo Real y Columna de Segismundo

Desde allí seguimos con nuestra ruta nocturna hasta el punto final, la Plaza del Mercado de la Ciudad Vieja (Rynek Starego Miasta). Esta plaza era bastante diferente a las plazas del mercado que habíamos visto los días anteriores en Cracovia o Wroclaw. Era mucho más pequeña y no tenía ningún edificio, o conjunto de casas, en el centro de la misma; aunque antes del 1817 el ayuntamiento se ubicaba allí. Eso sí, la belleza de las fachadas de los edificios que la conformaban no tenía discusión alguna. Las paredes de colores llenas de filigranas y el tamaño reducido de la plaza hacen de este rincón un lugar acogedor perfecto para pasar una velada romántica en uno de sus restaurantes.

Aunque si hay algo que se debe destacar de esta plaza es el Monumento a la Sirena de Varsovia (Pomnik Warszawskiej Syrenki). La Sirena es el símbolo de Varsovia y de hecho, desde principios del siglo XX, figura en el escudo de la ciudad. ¿Cuál es el origen de la sirena en Varsovia? Pues una vez más la razón es una leyenda. Hay que ver lo que les gusta a los polacos las leyendas... Se dice que una sirena llegó nadando por el río y se paró en la ribera del río Vístula, en una zona cercana al casco antiguo de la actual ciudad de Varsovia (antaño un poblado de pescadores). Al parecer, a la sirena le gustó la zona y decidió quedarse por allí. A partir de ese momento los pescadores locales notaron que algo creaba oleaje en el río, enredaba las redes y liberaba a los peces que intentaban pescar. Algo o alguien estaba echando por tierra su trabajo, así que pusieron medidas para solucionarlo. Intentaron atrapar a la sirena, pero cuando se acercaban su canto embelesador les hacía enamorarse de ella y desistir en su intento. Un día, un rico mercader oyó la historia y vio un filón de oro para su negocio. Fue hasta el poblado y, tras taparse los oídos para evitar oír su cautivador canto, logró atraparla y la encerró en una jaula para después exhibirla junto a su puesto. Aquel ser era un gran reclamo para su negocio y le iba a permitir ganar mucho dinero. Pero la sirena quería volver a su río y no dejaba de llorar. Un día, un joven pescador oyó su llanto y, apenado por el destino que había corrido la sirena, decidió liberarla y devolverla al río donde la habían capturado. En agradecimiento, le prometió que siempre que lo necesitasen defendería a su pueblo con su espada.

La Sirenita de Varsovia

Al final, sin darnos cuenta, se nos había hecho bastante tarde y los restaurantes habían cerrado sus cocinas. Solo teníamos una opción si no queríamos quedarnos con el estómago vacío hasta el día siguiente, cenar en algún local de comida rápida de camino al hotel. Así que paramos en un McDonald's en la avenida Juan Pablo II para zamparnos unas hamburguesas. No era la mejor opción culinaria para cenar, pero si de las pocas disponibles a esas horas. Con esta "suculenta" cena terminábamos nuestra primera toma de contacto con la ciudad polaca. Al día siguiente descubriríamos en profundidad la ciudad.

Os dejo un mapa con los lugares que visitamos en Varsovia durante ese paseo nocturno.

Si queréis ver el mapa en otra pestaña haced clic aquí.


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