miércoles, 27 de enero de 2016

El placer de volar en business con Emirates y llegada a Yogyakarta

Allí estábamos en el aeropuerto de Dubái, listos para coger el vuelo que nos llevaría a Yakarta. Pasamos los controles de seguridad sin problemas y llegamos a la zona de embarque. Entregamos nuestras tarjetas de embarque al personal de Emirates, cuando de repente las rompe. "¿Qué haces? ¿Estás loco?" Nuestra cara era un poema, pero todo cambió cuando oímos las tres palabras mágicas ¡Upgrade to Business! "¡¡¡Síííííííí!!!" Íbamos a ir en business class, como los ricos. Desde aquel momento y en las siguientes 9 horas tendríamos una sonrisa perenne iluminando nuestros rostros.

Se te queda esta cara cuando te hacen un upgrade to business

Entramos en el avión y nos quedamos en esas primeras plazas por las que pasas de largo en dirección a tu triste asiento clase turista. Unas plazas espaciosas y llenas de comodidades que siempre has mirado con recelo y envidia sabiendo que en tu vida vas a estar en una de ellas. Colocamos nuestro equipaje de mano en el compartimento correspondiente y nos sentamos a ver pasar al "pueblo llano" hacia la parte trasera del avión, donde les esperaban 8 horas y media de viaje enlatado, sentados en unos asientos no demasiado confortables (aunque mil veces mejor que los de una low cost, por supuesto).

Asientos clase business

Lo primero que destaca de un asiento de clase business es su tamaño y el espacio disponible. Tened en cuenta que en el avión en el que íbamos, las filas de asientos de business tienen una configuración de 2-3-2, mientras que en clase turista la configuración es 3-4-3. No hay que ser demasiado bueno en mates para saber que en business tu sitio es mucho más amplio. Además tienes tanto espacio frente a ti que por mucho que quieras no podrás tocar el asiento de enfrente a no ser que seas más alto que Gasol. A los laterales tienes compartimentos para guardar tus cosas, así como enchufes varios para cargar tu móvil o gadgets, e incluso una pequeña lámpara por si te da por leer. La pantalla es de mayor tamaño y los auriculares son de muchísima mayor calidad que los que te dan en clase turista. Aparte, tienes una tablet que hace las veces de centro de control de todos elementos de los que dispones (multimedia, asiento, llamada al personal...). Vamos, que notas que vas en business mires por dónde lo mires.

Al sentarnos en nuestros superasientos estábamos como un niño cuando abre los regalos el día de Reyes, no parábamos de tocar todos los botones y cachivaches que teníamos en nuestra zona. El asiento no solo es bastante más ancho de lo normal, sino que te permite ajustar de forma independiente la parte superior e inferior del asiento, así como la zona lumbar para que tus riñones estén dulcemente abrazados durante todo el trayecto. Pero eso no es lo más importante, puedes configurarlo parar que esté completamente horizontal convirtiéndose en un cómoda cama. Así da igual las horas que pases en un avión. Esto es lujo y lo demás son tonterías. Pero el asiento no solo se pone en horizontal, sino que además, para aumentar aún más el grado de confort te dan un futón, una buena manta y una almohada en condiciones para que tu sueño sea, si cabe, más cómodo y placentero.

Lena en clase business

El ir en clase business no solo se nota en el asiento (aunque sí que es una parte importante) sino en todos y cada uno de los detalles. El personal te saluda y se dirige a ti llamándote por tu nombre, no eres uno más de la clase turista, eres todo un Mr. Fulanito o Mrs. Menganita. Te dan una bolsa de aseo completísima, que varía si eres hombre o mujer, llena de botecitos y cremas de primeras marcas. Otro detalle más de cortesía es que al poco de despegar te ofrecen tomar un aperitivo, en nuestro caso elegimos un mojito con un plato de frutos secos variados. Si no eres de mojitos, no hay problema, puedes pedirte cualquier otro coctel, vino, refresco o champán.

El aperitivo de la clase business

Después de un rato regocijándonos por nuestro golpe de suerte, llegó el momento de la cena y con él otra grata sorpresa. Tras elegir los platos que queríamos del menú, nos pusieron un mantel, servilletas de tela y cubiertos de verdad; nada de cubiertos de plasticucho. Todo detalle es poco para agasajar a un Mr. y Mrs. Business. Al poco llegaron con las bebidas y un cesto de panes de diversos tipos (con semillas, rústicos...) de los que elegimos los que nos apetecían. Para beber nosotros pedimos agua, pero una pareja que estaba al otro lado, y que por su cara de felicidad eran otros "upgrade to business", estuvieron toda la noche bebiendo botellas de champan (para el aperitivo, para la comida, para el postre...). Como en un restaurante, iban sirviéndote plato a plato el menú que habías elegido, nada de servirlo todo a la vez. Los platos que los dos elegimos fueron:

  • Entrante: pato ahumado con espárragos, remolacha y sala de mango y chile.
  • Acompañamiento: Ensalada de temporada
  • Plato principal: costillas asadas acompañadas de arroz blanco y setas shimeji.
  • Postre: té y una tabla de quesos con uvas, orejones y crackers.
Primer plato de la cena de clase business
Plato principal de la cena de clase business Postre de la cena en clase business

Todos los platos estaban muy ricos, en buena cantidad y servidos con muchísima amabilidad. Nos sentíamos como unos auténticos millonetis rodeados de esos lujos. Lástima que para repetir una experiencia similar tengas que desembolsar una suma más que considerable de dinero o volver a tener un golpe de suerte.

Tras vernos una peli cada uno, convertimos nuestros asientos en cómodas camas y nos fuimos a dormir. Volábamos de noche, así que pese a que queríamos seguir disfrutando de nuestra clase business, ya era hora de descansar. Pasadas una cuantas horas y tras un plácido sueño, nos despertamos cuando el avión estaba aterrizando. Había sido una gran experiencia, lujos y comodidades que puede que no volvamos a vivir abordo de un avión. Hemos probado el dulce néctar de la clase business y hemos sucumbido a sus encantos ¡No quiero volver a ir en clase turista!

Eran las 6 de la mañana cuando pisamos suelo indonesio. El primer trámite que hay que hacer a la llegada es pasar los controles de seguridad. Desde el 12 de junio de 2015 no necesitas visado para poder entrar al país, tal y como os contamos en nuestra Guía de viaje: Indonesia en 20 días, pero sí que tienes que pasar los controles de seguridad con tu pasaporte en regla. Como cuando fuimos nosotros la nueva normativa sobre los visados era relativamente nueva, algunos del personal de seguridad andaban un poco verdes en el tema y vimos como a una pareja de españoles les hicieron ir a la ventanilla de "Visado on arrival" a sacarse el visado. No les volvimos a ver, pero seguro que allí les dijeron que no era necesario y les tocaría volver a esperar la cola una vez más. Repito, si eres español (o de la mayoría de países sudamericanos) no es necesario visado para entrar en Indonesia si vas a estar menos de 30 días, solo necesitáis tener el pasaporte con una vigencia de al menos 6 meses.

Desayuno en el Starbucks del aeropuerto de Yakarta

Por fin habíamos llegado a Indonesia, pero aún nos quedaba un vuelo por delante. Yakarta no tiene muchos atractivos, así que habíamos decidido no gastar tiempo allí y volar lo antes posible a Yogyakarta. Tras pasar los controles, recoger el equipaje y sacar algo de dinero en un cajero, nos fuimos a desayunar algo a un Starbucks y así gastar las 3 horas que teníamos por delante antes de que nuestro siguiente vuelo saliese. En mi caso, fue la primera vez en mi vida que entraba en uno (sé que ahora mucho estáis con cara de incrédulo, pero así es). Nos pedimos 2 capuccinos grandes (2 x 43.000 IDR, unos 5,7€ los dos), un muffin de arándanos (29.000 IDR, unos 1,9€) y un Croissant de chocolate (20.000 IDR, unos 1,3€). En total nos gastamos 135.000 rupias indonesias, es decir, casi 9 €. Un precio bastante caro para lo que vale la comida en Indonesia, pero hay que tener en cuenta que estamos en el aeropuerto y en un Starbucks.

Después de desayunar y exprimir la wifi que teníamos en la cafetería nos fuimos a coger nuestro siguiente vuelo (107€ los dos). En esta ocasión volaríamos con Garuda Indonesia, la 8º mejor aerolínea del mundo y la que tiene el mejor personal de cabina según los World Airline Awards de 2015. Una carta de presentación que habla muy bien de la compañía.

Aperitivo en un vuelo con Garuda Indonesia

El vuelo salió puntual y llegamos sin retraso a nuestro destino, pero a esto hay que sumar que durante la 1h 15min que duró el vuelo nos ofrecieron un aperitivo. Esas costumbres que hace tiempo que desecharon las low-cost europeas, pero que si vas a Asia podrás seguir disfrutando. Un vaso de agua, un bollo con un relleno que no supe descifrar (pero que picaba) y unas galletas terminaron por matar el gusanillo que nos podía quedar después de haber desayunado.

Bueno, por fin habíamos llegado a nuestro primer destino de Indonesia, Yogyakarta. Aquí pasaríamos dos noches antes de salir rumbo a Borneo, la siguiente etapa del viaje. Lo primero que hicimos al salir del aeropuerto fue buscar un taxi que nos llevase al hotel. Hay otras opciones de transporte para llegar a la ciudad como el bus o el tren, pero nosotros optamos por la más cómoda y rápida, y que no es nada cara. Habíamos leído en otros blogs que habían hecho este viaje años atrás que se suele pagar entre 55.000 IDR (unos 3,7€) o 60.000 IDR (unos 4€) por el trayecto que queríamos hacer. Pero tras preguntar a varios taxistas, en el mostrador de información y hacernos "los duros", no conseguimos regatear ni una rupia del precio que nos decían y acabamos pagando 80.000 IDR (unos 5,3€) por ir a nuestro hotel, el Hotel NEO Malioboro.

Cogiendo un taxi del aeropuerto de Yogyakarta al hotel

Después de tanto vuelo y de no haber dormido demasiadas horas en las dos últimas noches, estábamos bastante cansados, así que nada más llegar a nuestra habitación nos echamos una siesta. De todas formas, ese día no teníamos planeado muchas cosas salvo tener una toma de contacto con la ciudad y contratar el transporte para los dos días siguientes.

Tras desperezarnos, salimos a la calle en dirección a Malioboro street que es dónde puedes encontrar un gran número de agencias locales y taxistas para contratar las excursiones que quieras. Íbamos con las cosas bien claras de lo que queríamos, a sabiendas de que los precios que teníamos como referencia eran más bajos de lo que nos íbamos a encontrar, así que trataríamos de regatear hasta obtener un precio justo.

Fachada del hotel Neo Malioboro

Nada más salir del hotel nos abordó una persona a la voz de "¿taxi?". Ni siquiera nos había dado tiempo a llegar a Malioboro street. Le dijimos el plan que teníamos, que era visitar el primer día Prambanan y los templos cercanos y al día siguiente ir a Borobudur, algún templo cercano, la Meseta de Dieng y terminar en Semarang. Nos dijo que ok y nos llevó a su "oficina", que no era más que una mesa en un puesto callejero de comida en frente del hotel. Nos dio una primera cifra que se salía bastante del presupuesto que teníamos pensado, así que le dijimos que de ninguna forma pagaríamos eso. Nos volvió a dar otra oferta, pero esta vez dándonos una cifra separada por cada día. Les dijimos que seguía siendo caro, así que nos dijo que lo que lo encarecía todo era ir a la Meseta de Dieng. Nos sugirió que lo que podíamos hacer era cambiar un poco nuestra ruta del segundo día para, en vez de pasar por allí, ir a Gedong Songo que también era un lugar muy interesante y eso reduciría el precio final. Enseguida, y sin posibilidad de discutirlo, llamó a un amigo suyo y nos pasó el teléfono. Era otro taxista que hablaba español y que nos quería explicar / convencer de que fuésemos con su amigo. Tras hablar con uno y con otro y seguir regateando algo más conseguimos acordar un precio final de 700.000 IDR (unos 47 €) por el primer día y 750.000 IDR (unos 50 €) por el segundo. Para cerrar el trato le dejamos una señal de 100.000 IDR y él nos dio su carnet de conducir como señal. Tampoco es que eso nos diese muchas garantías, la verdad, pero nos fiábamos de él.

Puede que no sacásemos un súper precio, pero sí que nos parecía justo. Tampoco es plan de sangrar a la gente local cuando visitas un país y hay que pensar si te merece la pena seguir negociando con esa persona o en cualquier otro sitio por ahorrarte 10 €, o es mejor gastar el tiempo en dar un paseo por la ciudad. Con tener una referencia de lo que otras personas se han gastado haciendo un viaje similar te valdrá para que no te timen. Otra cosa a tener en cuenta es que cuando negociéis el servicio de coche con conductor, tenéis que decirles que os incluyan también gasolina y aparcamientos; así evitaréis sorpresas desagradables.

Ya habíamos hecho los deberes para los dos días siguientes pero, por la hora que era, ya no podríamos entrar el Kraton ni en el Palacio del agua. Tampoco es que sean unos lugares preciosos, de hecho mucha gente sale desencantada de su visita, pero los teníamos apuntados por si nos daba tiempo. Así que optamos por dar un paseo por Malioboro street, ver el ambientillo y las tiendas. A todo esto, nuestro conductor nos ve que estamos hablando de qué hacer en ese momento y nos dice que si queremos, que nos lleva a un taller donde hacen batik. Nos pareció una buena idea, ya que teníamos bastante tiempo por delante.

El batik es una técnica de teñido de tela muy popular en Indonesia y en especial en la isla de Java. De hecho, esta técnica está incluida en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. En el taller, que también era una tienda, uno de los estudiantes nos estuvo explicando las herramientas que se utilizan y el proceso que se sigue para teñir una tela con la técnica de batik. Resumiendo el proceso, lo que se hace para conseguir esos estampados es aplicar capas de cera (normalmente mezclada con parafina) sobre las regiones que no se desean teñir. De esta forma y realizando varias veces el proceso de cubrir ciertas partes de cera antes de teñir la tela se consiguen esos estampados tan bonitos. Después de explicarnos todo y de respondernos a algunas preguntas nos enseñó la tabla de precios de los diferentes batiks que había allí por si estábamos interesados en comprar alguno. El precio de estas obras depende de quien lo ha realizado (alumno primerizo, alumno avanzado o maestro), de la tela que se ha utilizado (es más caro si la tela es de seda), del tamaño y de la complejidad del mismo.

Preguntando sobre la técnica del batik Guía para hacer un batik
El chico que nos explicó la técnica del batik Instrumentos que se utilizan para hacer batik

Les había realmente espectaculares y el precio estaba bastante bien, por lo que no nos pudimos resistir a comprar alguno. Tras mirar un montón de ellos nos decantamos por 5 batiks de diferentes tamaños. Algunos serían para nosotros y otros para regalar. En total pagamos 775.000 IDR (unos 52 €) por los 5 batiks. Teniendo en cuenta el tamaño y la calidad de las obras creo que era un buen precio.

Taller de batik en Yogyakarta
Unos cuantos batiks de un taller de Yogyakarta Batiks en un taller de Yogyakarta

Ya iba siendo hora de cenar, así que le dijimos a nuestro conductor que si nos podía recomendar algún restaurante que estuviese bien y que nos pillase de camino al hotel. Nos dijo que sí, pero que si no nos importaba que antes se pasase a recoger un recado por una calle cercana. Le dijimos que sin problemas y le seguimos por los callejones de la zona hasta una casa donde recogió una bolsa en lo que parecía ser una lavandería. Por la zona todo el mundo le conocía y le saludaba; daba la sensación de que era una persona respetada. Posiblemente fueran cosas nuestras, pero después de estar caminando un rato con él por ese barrio y ver la reacción de la gente de allí, salimos con la idea de que era un capo del barrio.

Nos llevó a un restaurante que se llamaba "Superman" y nos enseñó la carta que estaba en la entrada por si queríamos ir a otro en vez de quedarnos en ese. Le dijimos que estaba bien, ya que el restaurante tenía buena pinta, buenos precios y estaba lleno de gente. Tras explicarnos por donde volver, se despidió de nosotros hasta el día siguiente a las 9:00 en la puerta del hotel. Parece ser que de este sitio no se llevaría comisión (al contrario de lo que suponemos que pasó en el taller de batik), lo que posiblemente significase que el restaurante estaría realmente bien.

Vista general de restaurante Superman de Yogyakarta

Nos sentamos en una mesa y tras examinar todo lo que había en la carta nos decidimos por un zumo de aguacate para Lena (20.000 IDR, unos 1,3€), zumo de papaya con naranja para mí (20000 IDR, unos 1,3€), un cóctel de gambas con aguacate para compartir (17.000 IDR, 1,1€ aprox.), un nasi goreng con sate para mí (30.000 IDR, unos 2€) y un nasi ayam para Lena (30.000 IDR, unos 2€). En total la cena nos salió a los dos por 115.000 IDR (unos 7,7€). Buena comida, bastante cantidad y unos zumos deliciosos. Desde ese día empezaría nuestro idilio con los zumos en Indonesia, estaban riquísimos.

Los zumos de frutas del restaurante Supermanda de Yogyakarta

Si habéis leído el párrafo anterior y no sabéis que son esos platos con nombres tan raros, no hay problema, os lo explico. El nasi goreng es un plato muy típico de Indonesia que básicamente es arroz frito cocinado con salsa de soja dulce y que normalmente se acompaña de un huevo frito, vegetales y pollo. En este caso, además, venía con un sate que es un pincho de pollo. El nasi ayam es un plato de arroz blanco con pollo deshuesado acompañado de una salsa que puede ser dulce o picante. De todas formas, si viajáis a Indonesia no tendréis problemas en saber que vais a comer porque o bien está traducido al inglés o viene una foto en la que ves que es cada plato.

Nuestra cena en el restaurante Superman de Yogyakarta

Después de cenar salimos del restaurante y nos fuimos directos al hotel, ya iríamos otro día a Malioboro street. Hoy queríamos relajarnos un poco en la piscina del hotel. Daba igual que fuese de noche, hacía buenísimo para darse un chapuzón. Además, ¿qué mejor forma de terminar el día que ésta?

La piscina del hotel Neo Malioboro (Yogyakarta) Relajándonos en la piscina del hotel Neo Malioboro (Yogyakarta)

Os dejo un mapa de Yogyakarta con los lugares que visitamos (en rojo) y otros sitios interesantes (amarillo).

Si queréis ver el mapa en otra pestaña haced clic aquí.


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Índice:

Preparativos e información útil
Diario del viaje
Alojamiento

7 comentarios:

  1. Guau! como os cuidaron. Así los trayectos de avión son menos pesados ;)
    Un saludo

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    1. Fue increíble. Eso sí, luego no quieres volver a ir en turista y siempre que coges un vuelo piensas "A ver si tenemos suerte y nos vuelven a meter en business", pero nunca pasa.

      Un saludo.

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  2. Hola, ¿Qué tal?
    Viajo en breves con Emirates y he encontrado esta entrada (y descubierto tu fantástico blog) quería preguntarte si hay algún factor por el que creas que os pasaron a business? jeje es por si tengo esa suerte. Llegar demasiado pronto, demasiado tarde? Os dieron alguna explicación? Muchas gracias! Saludos

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    1. Hola Sele!
      Puff hay mil teorías para conseguir esos "upgrade to business" pero ninguna fiable. Lo único que creo que puede funcionar es estar dado de alto en Emirates Skywards. Además de ser útil para acumular millas, lo pueden ver como algo bueno. Supongo que se lo den antes a alguien que esté en su programa, que a otro que no esté registrado.
      He leído trucos como decir que estás de luna de miel o incluso simplemente pedir que si te pueden hacer el upgrade sin cargo alguno. Pero vamos, lo único que te funcionará es tener mucha suerte.
      En nuestro caso no llegamos ni muy tarde, ni muy pronto, simplemente en el momento oportuno. Nos rompieron nuestros billetes proletarios y nos los cambiaron por unos billetes al paraíso... ains, no quiero volver a volar en clase turista!

      Un abrazo.

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    2. Jajaja! Muchísimas gracias por toda la información!! Desde ahora tenéis una fiel seguidora más! El blog de verdad que es una maravilla.

      Hay mucho mundo ahí fuera esperándonos.
      Un abrazo grande!

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  3. En primer lugar mil gracias por la info!! super útil.Quería saber vuestra opinión. Verás, estoy organizando mi ruta por indonesia . Volamos con Qatar Airways a Yakarta. Llegamos a Yakarta a las 15:10 hora local. El problema es que posteriormente optamos como vosotros por coger un avión de Yakarta a Yogyakarta ese mismo día a las 19:30h con la mala suerte de que no nos fijamos que ese segundo vuelo en lugar de despegar desde el Aeropuerto Jakarta Soekarno sale desde otro llamado Halim Perdanakusuma International Airport (HLP) que se encuentra a 45 minutos (según google maps) del otro. ¿Con el enorme tráfico que hay en Yakarta creéis que llegamos a coger el otro vuelo? Es decir de vuestra experiencia de recogida de equipajes etc ¿son rápidos? ¿Realmente el tráfico es tan terrible? Nos da mucha rabia pensar que lo podemos perder. Tenemos 4 horas 20minutos (15:10 a 19:30) entre uno y otro vuelo pero una de ellas la perdemos en el trayecto de un aeropuerto al otro. Graciass

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    1. En cuanto a los tiempos que te dice Google de un aeropuerto a otro, mejor calcúlalos con la fecha y hora a la que vais a llegar (Google te lo permite). Haciendo esto, tendrás unos tiempos más aproximados. Cuando miré esos tiempos yo me salía una hora.
      Por otro lado, nosotros no te podemos decir nada del tráfico de Yakarta, porque el único trayecto que hicimos fue del aeropuerto a un hotel cercano y no vivimos el caos del que habla todo el mundo.
      Lo bueno que tenéis es que voláis con una buena compañía y no creo que lleguéis con retraso. Eso que ganáis.
      En cuanto a los tiempos de recogida del equipaje, si no recuerdo mal, nosotros no tardamos mucho.
      Creemos que sí que os dará tiempo a coger el otro vuelo, pero tendréis que ir rápidos, no os sobrará demasiado tiempo (sobre todo por los tiempos a los que tendréis que llegar para hacer la facturación).
      Suerte y un abrazo.

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