jueves, 11 de agosto de 2016

Fin del viaje a Indonesia, un largo camino de vuelta a casa lleno de incidentes

El camino de vuelta a casa iba a ser largo, muy largo. Pero lo que aun no conocíamos eran todas las sorpresas que nos deparaba este viaje. Lo que supuestamente iba a ser un trayecto largo pero tranquilo, tuvo varios momentos tensos, sustos y algún que otro cabreo. Pero vayamos por partes porque la historia tiene miga.

En el hotel llamaron para que viniese a buscarnos un cidomo. No tardó mucho en llegar a la puerta del hotel y tras unos minutos de traqueteo por los caminos del interior de la isla llegamos al embarcadero. El viaje nos costó 75.000 IDR (unos 5,14 €), lo mismo que nos había valido a la ida, salvo que en esta ocasión el "simpático conductor" se intentó hacer el loco con el cambio para ganarse 25.000 IDR extra. No le salió bien la jugada y nos tuvo que dar el cambio que nos correspondía.

Estuvimos un rato esperando en el embarcadero a que llegase nuestro fastboat y durante todo el tiempo que estuvimos allí vimos de primera mano la brutal cantidad de cervezas Bintang que se transportan todos los días a la isla. Supongo que aparte de personas y cervezas, también llegue algo de alimento a la isla.

Embarcadero de Gili Trawangan

Llegó la hora de subir al barco y no dudamos un segundo en que en esta ocasión iríamos todo el trayecto en cubierta. Nos despedimos de Gili Trawangan, una isla que nos había mostrado todos sus encantos marítimos y de la que volvíamos enamorados. Una buena guinda al viaje, de eso no hay duda.

Lena y Alberto sonriendo en la cubierta del fastboat

En la cubierta del barco todo eran risas y buen rollo. El Sol nos calentaba en su justa medida, mientras la brisa del mar nos acariciaba suavemente. Para además de esto, para rematar este momento, mientras la tripulación nos subía cervezas, la música no paraba de sonar en el exterior. ¿Se podía estar mejor?

Alberto en el fastboat

En esta ocasión hicimos una breve parada en Lombok antes de dirigirnos a Bali. Pero cuando arrancamos todo cambió. La tripulación que estaba en cubierta había desaparecido, la música había cesado... qué raro. Aun así, estábamos tan a gusto que no le dimos mayor importancia.

La cubierta del fastboat llena de gente

Cuando nos empezamos a alejar de la costa, el barco comenzó a alcanzar cierta velocidad y empezó a dar pequeños botes. ¡Qué divertido! Con cada pequeño brinco, saltaba algo de agua que hacía que todos nos descojonásemos cuando mojaba a alguno. Pero pasado un rato, cuando ya estábamos mar adentro, esos pequeños botes aumentaron su tamaño y los pequeños salpicones se convirtieron en cantidades de agua bastante considerables. Aquello ya dejaba de tener gracia. Todos nos fuimos a la parte central de la cubierta, alejándonos de la barandilla, para evitar que nos callase mucha agua. Pero eso funcionó al principio. Llegó un momento en el que estuvieses donde estuvieses te caía agua por todas partes. Además para empeorar la situación, era imposible abandonar la cubierta e ir al interior del barco sin caerte al agua. La puerta para acceder estaba en un lateral y para llegar a ella tenías que bajar unas escaleras que estaban al vuelo en el lateral del barco y andar por una cornisa de unos 20 centímetros. Intentarlo a la velocidad que iba el barco y no caerse era prácticamente imposible. Así que no nos quedó otra que acurrucarnos, aguantar chaparrón y esperar que aquello durase lo menos posible.

Cuando ya llevábamos un buen rato allí arriba y estábamos calados hasta los huesos, el barco aminoró. Habían parado para dar un paquete a otro barco que andaba por allí. No lo dudamos, aprovechamos la oportunidad y nos metimos dentro del barco. Unos pocos nos siguieron pero la mayoría se quedó allí arriba.

Estábamos helados así que nos quitamos toda la ropa mojada que pudimos. Lena y otra chica italiana que bajó con nosotros estuvieron tiritando durante un buen rato. Otra de las que bajó, debido al ajetreo del barco, acabó vomitando por la puerta. Pero no solo estábamos así los que veníamos de la cubierta, los que llevaban todo el trayecto en el interior del barco tampoco habían tenido un camino de rosas. Muchos estaban mareados y varios habían vomitado. Vamos, que aquello era un cuadro de lo más dantesco. Poco más se puede hacer cuando el mar está en malas condiciones. Al menos tuvimos la suerte de que el barco saliese y no se cancelase el viaje. Eso sí que hubiese sido un grave problema.

Si el trayecto en fastboat dura normalmente una hora, en este caso y debido a la mar picada, duró más de dos. A nosotros se nos hizo interminable.

Nada más atracar todo el mundo que había estado en la cubierta, incluidos nosotros, aprovechamos para cambiarnos rápidamente con la ropa seca que llevábamos en la maleta. Después de esto, enseguida nos colocaron a todos en distintos autobuses dependiendo de nuestro destino: el aeropuerto de Denpasar, Ubud, Kuta...

Dentro del shuttle que nos llevaría al aeropuerto, y ya algo más tranquilos, nos pedimos un bolsa de patatas fritas por 20.000 IDR (1,37 € al cambio). Pero la calma duró poco. Qué equivocados estábamos cuando creíamos que ya habían terminado todos los problemas. Para empezar, el respaldo de mi asiento estaba roto y si me apoyaba en él se caía hacía atrás. Pero no solo fue eso, con el retraso que habían acumulado a causa del estado del mar, la situación les superó y no organizaron nada bien los traslados. Tanto que a mitad de camino, en medio de una autovía, nos hicieron cambiarnos de autobús.

Al final, llegamos con algo de retraso al aeropuerto de Denpasar (Bali). Por suerte, habíamos reservado un barco con el que llegábamos con tiempo de sobra. No queríamos sustos innecesarios. Ya habíamos leído sobre estas situaciones que se pueden dar en los trayectos en barco de las islas Gili a Bali. Incluso la propia empresa de transportes te advierte de ello, si el mar está en mal estado se pueden sufrir retrasos o incluso cancelaciones. Pero bueno, al final todo quedó en una experiencia más del viaje.

Nuestra cena en el aeropuerto de Bali

Ya en el aeropuerto, facturamos el equipaje y buscamos un lugar en el que cenar. Pese a que la comida de aeropuerto no suele estar demasiado buena y que la relación calidad / precio suele ser malilla, no nos podemos quejar con nuestra elección. Los dos nos pedimos lo que llamaban un black pepper chicken chop por 68.800 IDR cada uno (4,72 € aproximadamente), una botella de medio litro de agua por 14.800 IDR (1 €) y un banana fritter with cheese para compartir por 43.800 IDR (unos 3 €). En total nos cobraron 215.820 IDR (unos 14,80 €).

El vuelo a Yakarta con Air Asia fue genial, sin ningún problema. Menos mal, un poco de tranquilidad era de agradecer después del día que llevábamos.

Ya con las maletas en nuestro poder nos fuimos a coger un taxi para ir al hotel. Aquí te cuento una cuestión bastante importante si vas a coger un taxi en Yakarta. Estuvimos hablando con una pareja joven en la que el chico era de allí. Nos dijo que en Yakarta siempre fuésemos en un taxi de la compañía Blue Bird porque es con la que tendríamos mejor precio, siempre ponen el taxímetro. Además, nos comentó que ir con ciertos taxis por la noche podría llegar a ser peligroso. Según nos dijo: "Yakarta no es como el resto del país".

Al montarnos en el taxi le dimos la dirección y arrancó. El hotel estaba bastante cerca del aeropuerto, pero estábamos tardando más de la cuenta. De repente paramos, se gira el conductor y nos dice que si le podemos volver a decir la dirección. No puede ser, otra vez las cosas se tuercen, menudo día. Al final, tras dar mil vueltas y que el conductor preguntase un montón de veces llegamos al hotel. Parece ser que tanto el edificio como la calle eran bastante nuevos y no sabía cómo llegar.

Entramos en el Zest Hotel Airport e hicimos el checkin. También aprovechamos para reservar un par de plazas en el shuttle bus al aeropuerto. En la reserva estaba incluido el desayuno, pero al irnos tan temprano les preguntamos si tenían alguna opción de early breakfast y nos dijeron que no. Creo que en hoteles de aeropuerto como éste deberían dar alguna opción de ese tipo porque serán muchos los que lo utilicen para dormir y salir temprano al día siguiente.

Habitación Zest Hotel Airport (Yakarta)

Subimos a la habitación y he de decir que estaba bastante bien. No era muy grande, pero sí bonita y con una cama muy cómoda. Además, el precio era realmente barato, 369.000 IDR/noche (unos 25,08 €/noche). No buscábamos más, sólo que fuese barato, con una buena cama y que tuviese servicio gratuito de traslado al aeropuerto.

Como te puedes imaginar, la ropa que llevábamos en el barco seguía calada, así que nos tocó secarla todo lo que pudimos antes de irnos a la cama. Pero el hacer esto, unido a que no llegamos muy pronto al hotel, nos dejó con solo tres horas para dormir antes de volver a levantarnos para coger el vuelo de vuelta a casa.

Día 20: un último susto y vuelta a casa

Nos levantamos como zombis y guardamos la ropa que habíamos dejado secándose hacía solo unas horas antes. Sin perder un segundo bajamos a la recepción algo antes de la hora de salida del shuttle bus, pero al llegar a las puertas nos dicen que está lleno. ¿¡Qué!? Será una broma, ¿no? Pues no, pese a haber reservado el día anterior un par de asientos para esa hora nos dicen que no hay hueco para nosotros. Volvemos a la recepción del hotel y nos dicen que no nos preocupemos que en 15 minutos vendrá otro. Menos mal que habíamos sido precavidos y no habíamos ajustado los tiempos.

Mientras esperábamos nos compramos en una máquina de vending del hotel una botella de té verde frío por 7.000 IDR (unos 0,50 €). Pero pasaba el tiempo y a las puertas del hotel no llegaba ningún autobús. Con una mezcla de preocupación y cabreo a partes iguales le preguntamos al recepcionista qué era lo que pasaba y la respuesta que obtuvimos fue una pasividad absoluta. Había pasado ya media hora y la situación no tenía buena pinta. Ya con un cabreo considerable, le decimos que llame a un taxi o que haga algo para solucionar la situación. Entonces, ante nuestra cara de asombro, sale a la calle a llamar a un taxi con la mano. ¿Estás de coña? Son las 5 y pico de la mañana y por aquí no pasa nadie, alguna moto como mucho.

Todo el tiempo que teníamos de sobre se estaba acabando y ya empezábamos a ir algo justos para llegar a coger el avión. Así que por nuestra cuenta y con un cabreo de tres pares de narices conseguimos convencer a un conductor particular para que nos llevase al aeropuerto por 50.000 IDR (unos 3,50 €).

Finalmente conseguimos llegar a tiempo para embarcar, aunque con un estrés y un cabreo considerables. Conclusión: no recomendamos este hotel a nadie. Es cierto que la habitación estaba bien, pero por su mala gestión estuvimos a punto de perder el vuelo de vuelta. Hay muchos otros hoteles cercanos al aeropuerto con precios y características similares.

El vuelo a Dubái duró unas ocho horas que pasamos durmiendo casi todo el rato. En esta ocasión solo teníamos dos horas y media de escala que aprovechamos para comer algo. Una vez más, al igual que en la escala larga que hicimos en Dubái a la ida, nuestra elección para comer fue un local de fastfood. Una steakhouse grande, una chicken royal grande y sundae pie en un Burger King del aeropuerto saciaron nuestro apetito por 78 AED (unos 19,15 €).

El vuelo de Dubái a Madrid, que también era de ocho horas, lo pasamos sin enterarnos viendo películas y echándonos una cabezadita.

En el aeropuerto no tardamos en recoger nuestras maletas, así que nos dio tiempo a coger un bus (ALSA) anterior al que teníamos programado. Al ser de clase supra (una clase superior al que teníamos contratado) tuvimos que pagar un extra de 1,37 € cada uno. Pero lo pagamos con gusto porque eso nos hizo llegar una hora y media antes a Valladolid. Por fin nos salía algo bien en el viaje de vuelta.

El viaje de vuelta había sido largo, agotador y lleno de incidentes, pero pese a todo lo habíamos logrado. Partimos de una pequeña isla de Indonesia para, después de usar todo tipo de transportes por tierra, mar y aire, llegar a nuestra casa en Pucela.

Espero que hayas disfrutado con los relatos de este viaje tanto como he disfrutado yo escribiéndolos y recordando nuestros días por ese precioso país. Ahora solo queda que te animes y vivas tú la aventura, ya sabes que si te podemos echar una mano solo tienes que escribirnos.


Te dejo un mapa con los transportes que utilizamos durante el viaje de vuelta, con algún consejillo para cada uno.

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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Índice:

Preparativos e información útil
Diario del viaje
Alojamiento

2 comentarios:

  1. Hola chicos!

    Almenos tuvistéis suerte dentro de lo que cabe y pudistéis volver a casa, porque hace 3 años cuando visité Indonesia me cancelaron el vuelo de vuelta a Bcn con la compañía KLM por supuestos "problemas técnicos", dejándonos tirados en el aeropuerto de Jakarta sin ninguna compensanción, pero por suerte y gracias a la insistencia pudimos volver esa misma noche en un vuelo de Emirates sin coste alguno, aunque muchos se quedaron en tierra hasta el día siguiente.

    Con ganas de empezar a leer vuestros relatos de Japón! (No es por meter presión, eh??!!) :)

    Saludos!

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    Respuestas
    1. Sí, la verdad es que a nosotros al final nos salió todo bien, pero acabamos hartos de tantos problemas, era uno tras otro.
      Lo vuestro ya es otra historia, al menos os cambiaron a Emirates que es mejor compañía. Eso sí, pobres los que se quedaron en tierra...

      Antes de Japón queremos hablar sobre otro viaje, pero no tardaremos mucho en escribir sobre nuestras aventuras niponas. En Japón nos lo hemos pasado pipa.

      Un abrazo!

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