miércoles, 27 de abril de 2016

Próximo destino... ¡Norte de Extremadura!

Volvemos a hacer un viaje perruno. Con el buen sabor de boca que nos dejaron los 4 días por la provincia de Málaga con Amy (nuestra Jack Russell), teníamos que repetir.

El lugar elegido para esta escapada de 3 días es el norte de Extremadura (del 29 de abril al 2 de mayo). Es una zona que tenemos relativamente cerca de nuestra casa, Valladolid, pero de la que todavía no conocemos demasiado; salvo lo que visitamos el año pasado durante el Travel Blogger Meeting en Plasencia (#TBMPlasencia) del año pasado. Naturaleza, buena gastronomía y buena gente son razones de sobre para visitar esta zona de la península. Pero además, allí tengo a un gran amigo de la infancia al que hace ya un tiempo que no veo; una razón más para ir para allá.

Después de mirar distintos lugares en los que pudiésemos alojarnos con nuestra pequeña, hemos elegido un apartamento en Jarilla. Una pequeña localidad que está muy bien ubicada para poder desplazarnos a los lugares que queremos visitar. Una vez más volvemos a reservar a través de Airbnb. Además, para que veas lo majo que soy, aquí tienes un descuento de 31 € para tu próxima reserva en Airbnb, por seguirnos y ser nuestro amiguete ¡Toma ya!

Al igual que en nuestra anterior escapada, no tenemos definido un itinerario fijo, pero sí que tenemos apuntados unos cuantos lugares que nos gustaría visitar. Va a ser un viaje orientado principalmente a la naturaleza, ya que viajando con perro es como más disfrutamos los tres, pero también buscaremos tiempo para pasear por alguna de sus localidades.

No queremos irnos de allí, sin conocer el Parque nacional de Monfragüe, uno de los lugares que más fama tiene para avistar aves. ¿Veremos los famosos buitres negros de los que hablaban Extremoduro en su canción Extremaydura? Pero no solo hay buitres, también está el Salto del gitano, el castillo de Monfragüe y además, según hemos leído, es uno de los mejores lugares de España para ver estrellas por la noche.

Monfrague desde el castillo.jpg

Algo más al norte, intentaremos hacer alguna ruta por la zona de la Garganta de los Infiernos. Es uno de los lugares más conocidos de la zona y en el que, si vas en verano, te puedes dar un chapuzón en alguna de sus charcas.

Agua salvaje corriendo libre (IX) / Wild Water Running Free #9

Otra zona que nos llama la atención y a la que nos gustaría ir, es la comarca de las Hurdes y su famoso meandro del Melero.

Meandro Melero.jpg Fotografía de InusualFoto - Own work, CC BY-SA 3.0

Uno de los mayores atractivos del norte de Extremadura es la floración del cerezo en primavera. ¿Y dónde se puede ver esto? Pues tanto en el famoso valle del Jerte, como en el valle del Ambroz. Esperamos verlos en flor, aunque posiblemente a estas alturas de mes ya no estén en todo su esplendor.

Valle del Jerte

Ubicado en medio del valle del Ambroz se encuentra Hervás, una villa que cuenta con uno de los barrios judíos que mejor se conserva en España, la calle más estrecha del país y donde vive mi amiguete. Vamos, que iremos seguro.

Hervás

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Preparativos e información útil

domingo, 24 de abril de 2016

Visita a la cascada Madakaripura de camino al Monte Bromo

En el laguito de la cascada Madakaripura

Aterrizábamos en el aeropuerto de Surabaya y con eso dábamos por concluida nuestra aventura en la jungla de Borneo. Había sido increíble, pero Indonesia todavía nos tenía guardados un montón de tesoros. Hoy comenzábamos nuestra ruta por la zona volcánica del este de la isla de Java.

A la salida del aeropuerto nos estaba esperando el conductor que nos llevaría durante los siguientes tres días, con el típico cartelito que ponía "Mr. Alberto Hernáiz". Qué ilusión, nunca me habían venido a recoger a un aeropuerto con un cartelito. Vale, es una tontería pero a mí me hizo ilusión. Pese a que habíamos llegado con más de una hora de retraso, allí estaba él esperándonos con una sonrisa. Metimos las maletas en el coche y nos pusimos en marcha.

Había bastante tráfico porque estaban con los preparativos del día de la Independencia de Indonesia que sería dentro de unas jornadas. En varios pueblos por los que pasamos nos encontramos con grupos de niños vestidos con el uniforme del colegio desfilando por las calles. Fue bastante curioso, aunque también hizo que tardásemos bastante más.

Sobre las tres de la tarde paramos a comer en un restaurante de carretera en el que había tanto turistas como locales. Tiramos de clásicos y Lena se pidió unos sates de pollo y yo un mie goreng. Por supuesto, para beber nos pedimos un par de batidos, en este caso fueron de sandía. No apunte el precio, pero supongo que el total rondaría los 80.000 IDR (unos 5,4 € al cambio).

Comiendo de camino a la cascada Madakaripura

Sin hacer mucha sobremesa, para no perder tiempo, nos fuimos directos al coche rumbo a nuestra siguiente parada, la cascada Madakaripura. Es la cascada más alta de todo el este de Java y, si tienes tiempo, una opción perfecta para completar el día de camino al Monte Bromo.

Tras atravesar unas carreteras llenas de curvas, llegamos al aparcamiento de la cascada. En nuestro caso, el tour que habíamos contratado incluía tanto el parking (10.000 IDR, es decir, unos 0,67 €), como la entrada a la cascada (5.000 IDR por persona, es decir, unos 0,33 €). Tampoco es que sea mucho dinero, pero fue algo de lo que nos despreocupamos, ya que se encargó el conductor.

Nada más bajarnos del coche, unos guías se acercaron al conductor para ofrecernos sus servicios. El conductor estuvo hablando con ellos y al poco nos dijo que nos fuésemos con uno de los que había allí. No recordábamos si en lo que teníamos contratado incluía guía local en la cascada o no, aunque tampoco nos molestamos en mirarlo, la verdad. Como el conductor nos dijo que nos fuésemos con aquel hombre, supusimos que sí.

En el sendero a la cascada Madakaripura

Aquel hombre era bastante simpático, aunque no entendía ni papa de inglés, ni por supuesto de español. Solo sabía decir "foto", que significaba que nos hacía una foto en ese momento. Aunque tratamos de preguntarle alguna cosa con mímica y cuatro palabras en inglés, no nos entendía nada y aunque lo hubiese hecho, el pobre no sabría cómo decírnoslo para que le entendiésemos. Así que más que un guía, lo que teníamos era un fotógrafo.

Un puente en el camino a la cascada Madakaripura

Como si no supiésemos a dónde íbamos, fuimos vestidos normales, con un pantalón corto, camiseta y unas chanclas. Bueno eso Lena, yo en un momento de gran lucidez lleve puestas unas playeras. A medio camino, ya me estaba arrepintiendo de ir así. Veíamos a gente que venía calada hasta el último milímetro. No sé si fue por las prisas o porque estábamos algo sobados, pero el caso es que nos olvidamos los ponchos y en mi caso también las chanclas en el coche. ¡Plas, plas! ¡Bravo por los dos lumbreras! Pese a todo, decidimos que no nos volvíamos y que apechugábamos con las consecuencias.

El sendero está justo por encima del río que baja por el valle. El camino no tiene ninguna dificultad y tampoco tiene pérdida, por lo que la misión del guía pierde todo el sentido. Quizás por eso el nuestro se esforzaba tanto en hacernos fotos, algo tiene que hacer.

El entorno de la cascada Madakaripura Parte del sendero a la cascada Madakaripura

Al final del camino hay un puestecillo en el que te venden unos ponchos y te alquilan unas chanclas. Sí que tienen visión de negocio estos indonesios. Con turistas despistados como nosotros lo tenían hecho. Nos compramos dos ponchos por 15.000 IDR (1 € aproximadamente) y yo también me alquilé unas chanclas por 3.000 IDR (unos 0.20 €) para que me solventasen la papeleta. Las playeras la dejé en una especie de taquilla que tenían allí. Si vais un día de calor seguramente sea de agradecer el agua que te cae encima, pero en nuestro caso el sol se estaba yendo y si nos mojábamos mucho nos íbamos a quedar helados.

Puestecillo de alquier de chanclas y ponchos cerca de la cascada Madakaripura

Ahora que terminaba el sendero, teníamos que empezar a caminar por el río. No tiene mucho caudal, pero sí que hay que tener cuidado con no resbalarse al pisar sobre las piedras. Y para evitar eso allí estaba nuestro guía-fotógrafo que no paraba de tenderle la mano a Lena para que no se cayese. Al principio sí que fue de agradecer, pero acabó resultando un verdadero martirio para ella. Le ponía muy nerviosa que no le dejase dar dos pasos sin cogerla de la mano. Ella se vale por sí misma y por más que le decía que gracias pero que no hacía falta que le ayudase, el seguía cogiéndola. El problema estaba en que en muchas ocasiones casi tira a Lena al agua. Pero bueno, al final consiguió que le dejase en paz.

Nosotros en la cascada Madakaripura Caminando por el río hacia la cascada Madakaripura

La cascada Madakaripura, aunque por la cantidad de saltos de agua deberíamos hablar de cascadas, es una auténtica maravilla. Algunos de sus saltos son de 200 metros y además, para añadirle más puntos a favor, es un área sagrada. Pero por lo que realmente impresiona es por su forma. Por una oquedad que se abre en la montaña, la cascada cae a un pequeño laguito. Te puedes bañar, pero ten en cuenta que el agua estará fría y si vas por la tarde como nosotros no tendrás mucho sol que te caliente en tu salida. Los locales dicen que las aguas de Madakaripura tienen propiedades mágicas y que si te bañas conseguirás salud, fuerza y juventud. Pruébalo, puede que consigas eso o un buen constipado al salir.

Parte de los saltos de agua de la cascada Madakaripura Lena bajo la cascada Madakaripura

Es un lugar precioso y no me extraña que fuese una las ubicaciones donde se rodase el anuncio de Bonka que posiblemente hayas visto por la tele. Sí, la cascada del anuncio de Bonka es la cascada Madakaripura.

La cascada Madakaripura

Tras disfrutar de lugar y hacer unas cuantas fotos, nos volvimos hacia el coche. A medio camino la cosa se empeció a torcer y empezamos a ver las orejas al lobo. En principio, nuestro guía no sabía nada de inglés salvo la palabra "photo". Pues bien, descubrimos que conocía una más, "money". Quería que le pagásemos por sus servicios de "guía", pero nosotros no estábamos dispuestos a pagar por algo que no habíamos pedido y menos si nos lo exigían. Sí que nos habíamos planteado darle algo por acompañarnos y porque tampoco nos costaba mucho darle una propina. Pero una cosa es que eso saliese de nosotros y otra muy distinta es que nos lo exijan y nos la intenten colar. Por las buenas lo quieras, pero por las malas de ninguna forma.

Llegamos al aparcamiento y nos fuimos directos a nuestro coche. En ese momento, el "guía", se adelantó y le dijo algunas cosas en indonesio a nuestro conductor. Él nos explicó le había dicho que quería que le pagásemos por los servicios de guía prestados. No recuerdo la cantidad, pero era bastante más de lo que estábamos dispuestos a darle. Le dijimos que no íbamos a darle nada por algo que no habíamos pedido. A todo esto, la "pequeña mafia" que andaba por allí se unió a la discusión. Les dijimos que de ninguna manera íbamos a darle lo que nos pedía, que como mucho le daríamos 50.000 IDR (unos 3,34 €). No estaba dispuesto a que me la colasen de una manera tan descarada, ni que me pidiesen dinero de esas formas. Nuestro error fue que cuando nuestro conductor nos había dicho que nos fuésemos con él y nosotros creímos que no tendríamos que pagar nada, que estaría incluido, menudos inocentes.

Al final, la discusión se zanjó con los 50.000 IDR que les dimos nosotros y otros 20.000 (1,34 € aproximadamente) que les dio el conductor para calmar los ánimos. A continuación os dejo unos consejillos para que no cometáis los mismos errores que nosotros:

Consejos para visitar la cascada Madakaripura

  • Lleva ropa que estés dispuesto a mojar. Lo mejor, ir con un bañador, una camiseta y unas chanclas. En el río el agua te llega por las rodillas.
  • Es una caminata corta, 1 kilómetro por un sendero sin ninguna complicación y unos 500 metros dentro del cauce del río.
  • Si no quieres calarte lleva un poncho, sino ten por seguro que te calarás aunque no quieras.
  • Si llevas una cámara, llévala protegida. Nosotros llevábamos la gopro con la que no tienes problemas, pero también la Canon 700D guardada en su funda y bajo el poncho.
  • No necesitas ir con guía. El camino no tiene pérdida y no te van a contar nada sobre la zona (no hablan inglés). Lo único que harán es hacerte fotos y ayudarte a caminar por el río.
  • Te puedes bañar. El agua está fresquita, así que todo dependerá de cómo haga para que te apetezca bañarte o no.
  • Según nos contaron, si vas por tu cuenta la entrada cuesta 5.000 IDR por persona (unos 0,33 €) y el parking 10.000 IDR (unos 0,76 €).

Salimos de allí rumbo a Bromo con un sabor agridulce. No por la cascada, sino por la discusión que tuvimos. Esas situaciones siempre son bastante desagradables. Pero bueno, no tardó demasiado en que se nos pasase el mosqueo. Tras una hora y cuarto por una carretera de montaña, y ya siendo de noche, llegamos al hotel, el Lava View Lodge del que ya os hablamos en nuestra "Guía de viaje: Indonesia en 20 días".

Nos dieron una habitación standard superior que estaba bastante bien. Sobre todo, teniendo en cuenta lo que habíamos leído de los alojamientos de la zona. El precio de la habitación en temporada alta es de 700.000 IDR (unos 46,8 €), pero en nuestro caso, ese gasto estaba incluido dentro del tour que habíamos contratado por 3.800.000 IDR (unos 254 €).

Dejamos las maletas en la habitación, nos dimos una ducha y nos fuimos al restaurante del hotel. Teníamos un hambre canina, así que nos dimos un buen festín. Lena se pidió los ya clásicos sates de pollo y yo me pedí una sopa de pollo con curry. Además, nos pedimos unas patatas fritas para compartir, unos batidos de frutas para beber y de postre unas riquísimas bananas fritas. Todo estaba bastante bueno y pese a que el precio era algo más caro de lo normal, no llegaba a ser lo que nos cobraron en el hotel de Semarang.

Lena cenando en el restaurante Lava View Lodge Alberto cenando en el restaurante Lava View Lodge

Tan pronto terminamos de cenar nos fuimos a la cama porque al día siguiente nos íbamos a pegar un buen madrugón para ver amanecer en el Monte Bromo. ¡Teníamos que levantarnos a las 3:00 de la madrugada! Pero al final, entre lo que cenamos y preparamos todo para el día siguiente, acabamos acostándonos sobre las diez y pico. Así que dormiríamos menos de cinco horas. Pero daba igual, íbamos a ver uno de los mejores amaneceres de nuestra vida.


Os dejo un mapa con los puntos de interés que vimos durante este día.

Si queréis ver el mapa en otra pestaña haced clic aquí.


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domingo, 17 de abril de 2016

El encuentro con el rey de la selva de Borneo

Amanecía en la selva y con los primeros rayos de Sol acariciando nuestra cara nos desperezábamos. Levantamos la vista y veíamos como río arriba asomaba el Sol. Un espectáculo al que acompañaron los cantos de cientos de aves. Fue algo sencillamente increíble. Toda estaba en calma, tranquilo, esperando a ser admirado. Fue un momento muy especial para nosotros.

Amanecer en la jungla de Borneo

Al cabo de un rato empezamos a oír movimiento en la parte inferior del barco, nos cambiamos, nos quitamos las legañas y casi sin darnos cuenta ya teníamos encima de la mesa el desayuno. Para empezar el día con fuerzas nos pusieron un pancake, un par de tostadas, mantequilla y mermelada, huevos revueltos, un zumo y te. Soltaron amarras y comenzamos nuestro camino hasta el siguiente campamento. Mientras, disfrutamos de un buen desayuno en un entorno inmejorable.

Desayunando en la jungla

Al poco tiempo llegamos al embarcadero del segundo campamento, Pondok Tangui Station. No pusimos las botas y junto a nuestro guía volvíamos a adentrarnos en el interior de la selva. En esta ocasión tuvimos que caminar bastante menos para llegar al punto de alimentación. ¡Qué bien, otra vez íbamos a estar delante de orangutanes!

Cuando llegamos al claro, vimos que el espacio era bastante más reducido que el del día anterior. Íbamos a poder verlos mucho más de cerca, aunque seguro que no más que el macho alfa del día anterior. No creas que nos sentíamos inseguros por estar más cerca, ni mucho menos. Los orangutanes iban a estar a lo suyo, zampando, como para fijarse en esos "larguiluchos con poco pelo que les miraban continuamente". Al llegar cogimos posiciones y esperamos pacientes a que llegasen.

Una vez más, a la hora establecida y tras los silbidos del ranger, aparecieron los primeros orangutanes. Como a la llamada de una madre, "Niños, a comer", los orangutanes acudían a su cita diaria. En esta ocasión uno de los primeros en llegar fue el macho alfa de la zona. Menudo ejemplar, era enorme. Al igual que el día anterior había madres con sus crías, machos (que guardaban las distancias con el macho alfa), orangutanes jóvenes (los más juguetones y revoltosos)... Allí había comida para todos.

¿Me dices a mí?
El macho alfa de Pondok Tangui Station sobre la plataforma de alimentación ¿Qué hay en este cuenco?
orangután colgado de un árbol

En esta ocasión aparte de los plátanos y la yuca, también les daban leche. Pero a diferencia del día anterior, había uno que acaparaba la mayor parte de la comida. El macho alfa estaba sentado en el centro de la plataforma comiendo plácidamente un plátano tras otro. Nadie le iba a echar de allí. El resto cogían los plátanos cautelosos y lo más alejados posible de él, no fuese a ser que se enfadase.

Macho alfa de Pondok Tangui Station
El macho alfa de Pondok Tangui Station de pie El macho alfa de Pondok Tangui Station

Una vez más, el estar allí tranquilamente, simplemente viendo a los orangutanes comer, trepar por los árboles o jugar entre ellos, nos hacía tener una sonrisa de oreja a oreja. Nunca habíamos vivido algo así, era una experiencia increíble.

Una hembra y su cría en Pondok Tangui Station

Tras apurar nuestro tiempo allí todo lo que pudimos, nos fuimos con nuestro guía a dar una vuelta por los alrededores. Mientras caminábamos y charlábamos, él fue cogiendo algunas hojas de helecho. ¿Para que querría eso? No teníamos ni idea. Con la duda en la cabeza, y tras una breve caminata, llegamos a nuestro klotok y pusimos rumbo al tercer y último campamento.

Camino de helechos en Borneo

Poco duró la incógnita de las hojas de helecho cuando vimos a nuestro guía entrelazando los tallos de las hojas. Después de un rato vino a nosotros con un regalo para cada uno. Nos había hecho un anillo para mí y una pulsera para Lena con los tallos del helecho. Bueno, en realidad con el corazón de los tallos del helecho, unas fibras marrones y mucho más duras. Nos quedamos con la boca abierta, eran tremendamente bonitos. No se veía dónde estaba el inicio, ni el fin de los tallos; menuda destreza. Eran unas auténticas obras de arte y todo un detallazo por su parte.

Klotok en el parque nacional Tanjung Puting (Kalimantan - Borneo)

Mientras nos tomábamos un almuerzo en la proa del barco veíamos como el paisaje volvía a cambiar. El río se estrechaba considerablemente y el agua cambiaba su color turbio por uno casi negro. Le preguntamos al guía que si aquí el agua estaba más contaminada y nos dijo que era todo lo contrario. El agua era muy pura y ese color negro se debía a las partículas en suspensión y sedimentos que tenía el río por la vegetación. Era curioso porque al ser completamente negro reflejaba perfectamente, parecía como si estuvieses delante de un espejo.

Las aguas negras de un río en Borneo
Comiendo en el klotok cerca de Camp Leakey

Tras recorrer el río, mucho más agosto a esta altura, llegamos al embarcadero del último campamento que visitaríamos en nuestra expedición en Borneo, Camp Leakey. El más importante y antiguo de los campamentos existentes en el Parque nacional de Tanjung Puting.

En los muelles del campamento nos estaban esperando un par de jóvenes orangutanes jugando entre las maderas. También había por la zona unos macacos de cola larga sentados tranquilamente. Pese al recibimiento que nos habíamos tenido tendríamos que esperar, todavía no era la hora de bajar del barco, sino la hora de comer. Unas tortas con camarones, algo de carne, vegetales algo picantes, arroz blanco, manzanas y unos dulces que no terminé de distinguir lo que eran conformaban el menú de esta ocasión. Estábamos comiendo de vicio estos días. Así da gusto.

Un orangután en el embarcadero de Camp Leakey
Un macaco de cola larga en el embarcadero de Camp Leakey Un macaco de cola larga

Tras una breve sobremesa llegó la hora de apearse del klotok y comenzar la caminata hasta Camp Leakey. Al lado de las primeras casas del campamento había unos voluntarios extranjeros trabajando para construir lo que parecía ser un cobertizo. En una de esas cabañas de madera había una pequeña exposición sobre la fauna de la zona. Como cabía esperar, se centran en el orangután. Una parte curiosa, es en la que se muestra el árbol genealógico de los machos alfa de Camp Leakey. Hoy el rey del lugar es Tom, un ejemplar enorme que destrono a su padre tras una pelea. Desde aquella fecha, y aunque sobrevivió, no se volvió a saber nada del padre.

Dejamos el campamento atrás y fuimos al punto de alimentación. Llegamos de los primeros, así que nos pusimos en una buena posición y esperamos pacientemente a que llegasen los orangutanes. Por el momento solo había unos jabalís barbados esperando poder zampar algo de lo que se les cayese de la plataforma.

Cerdos en Camp Leakey

Bueno, cuando te decía que esperamos pacientemente me refería a mí. Hubo un momento en el que Lena se cansó de esperar y se fue a dar una vuelta y hacer fotos a los alrededores en lo que llegaba la hora. Estaba entre los árboles, cerca del camino, cuando de repente un hombre se giro y sin decir nada le señala hacia arriba. ¡Había un orangután! Se puso a hacerle fotos sin parar, pero de repente el hombre le volvió a avisar y le dijo que mirase a su derecha. Lena giró la cabeza y en un primer vistazo solo vio árboles, aunque veía una mancha grande muy cerca. ¡Era un orangután a menos de un metro! ¡!Solo le separaba de él un par de finos troncos! De inmediato se dió la vuelta y se fue de allí. ¡Piernas para qué os quiero! Yo lo único que vi, fue a Lena aparecer por el camino corriendo a la voz de "¡Un orangután!". La gente se desconjonaba.

A la llamada de los rangers empezaron a llegar los orangutanes desde todas las direcciones, incluso llegó una madre con dos crías que no paraban de jugar. Estábamos abobados viendo cómo se divertían, fue una escena muy tierna. Poco a poco, machos, hembras y crías se iban surtiendo del banquete que les habían preparado los rangers. ¡Plátanos, yuca, leche y naranjas para todos! (láase como Iniesta en el anuncio de Kalise).

Haciendo estiramientos
Un grupo de orangutanes Madre orangután con sus dos crías en un árbol
Familia de orangutanes comiendo

De repente, apareció un invitado inesperado, un gibón. Este simio de brazos extralargos llegó moviéndose como un acróbata circense. ¡Menuda agilidad! Parecía que la gravedad no le afectase, era espectacular verle como saltaba y trepaba por los árboles. Sabía que en la plataforma había comida, pero tenía que hacerlo rápido, ya que era arriesgado permanecer mucho tiempo allí. Alguno de sus hermanos mayores se podría enfadar si les robaba la comida. Evaluó la situación y rápido como una bala bajo, cogió todos los plátanos que pudo y volvió a subirse a la seguridad de las ramas de los árboles. Tal y como vino, se fue, dando una lección de agilidad a los presentes.

Un gibón colgado de un árbol
Un gibón subiendo por un árbol con comida Un gibón en lo alto de un árbol
Un gibón en Camp Leakey

Los que venían en grupos empezaron a irse y solo nos quedamos allí las parejas. Siendo ya mucho menos gente volvió la calma y el silencio. Ahora podíamos disfrutar de una manera más íntima de aquel momento y hacer fotos sin preocupaciones de molestar a nadie.

Una chica y yo estábamos detrás de un tocón de un árbol fotografiando a unos orangutanes cuando de repente un orangután vino por detrás y, rozando a la chica, paso a menos de un metro de mi como si no les importase lo más mínimo nuestra presencia. ¡Se me pusieron los pelos de punta! Había venido a comerse unos platanitos y para él, nosotros simplemente éramos parte del paisaje.

Cuando parecía que nos íbamos a ir de allí sin ver a Tom, el gran macho alfa, los guías vinieron y nos dijeron señalando a los árboles, "macho grande". ¡Sí! ¡Tom había aparecido! El macho alfo del Parque nacional de Tanjung Puting. Era descomunal, bastante más grande que el macho alfa con el que nos habíamos cruzado el día anterior.

Tom mirando a la gente
Tom junto a su madre Tom sentado en el tronco de un árbol
Yo junto a Tom

Al principio Tom nos dio la espalda, parecía que no quería que nadie le hiciese ninguna foto. ¿Qué pasa, no se había arreglado esa mañana? Pero pasado un rato, y tras zamparse un montón de plátanos, perdió toda vergüenza y se dio la vuelta. Las facciones de la cara impresionaban. No te lo había comentado, pero esa es una característica clara que diferencia a los machos adultos de las hembras y de los machos jóvenes. En la cara les aparecen unas protuberancias que hacen que su cara se aplane. De hecho, cuanto mayor sea el tamaño de estas protuberancias, mayor es el poder del macho. Cuando son muy grandes y el macho es muy poderoso estas protuberancias tienden a cerrarse sobre la propia cara. Pues bien, si te fijas en la cara de Tom verás que era un macho muy poderoso.

Tom en parque nacional Tanjung Puting en Kalimantan (Borneo)

Después de hacerle un book fotográfico al rey de la selva llegó la hora de marcharse. A bordo de nuestro querido klotok pusimos rumbo río abajo para volver a Kumai. El camino era largo, así que todavía tendríamos tiempo de disfrutar un poco más de la selva de Borneo. Estaba atardeciendo y tanto los monos narigudos como los macacos volvían al cobijo de las copas de los árboles de la ribera.

Atardeciendo en la selva de Borneo
Un mono narigudo mirando a cámara Un mono narigudo en un árbol
Atardecer en la jungla de Borneo

Durante esos últimos momentos, mientras el Sol se ponía, intentábamos saborear cada instante de esa maravilloso Lugar mientras hubiese luz.

Ya era de noche y seguíamos navegando río abajo, dejando atrás a otros klotoks amarrados a la orilla. Creía que la selva no tenía nada más que ofrecernos, pero estaba equivocado, aún quedaba una de cal y otra de arena. Estaba tranquilo mirando hacia la orilla, cuando de repente y en cuestión de centésimas de segundo vi como un "avisponejo" (una avispa del tamaño de un conejo) se acercaba a mí y me picaba en el brazo. ¡Madre mía qué dolor! Después de conseguir pasar los días en la selva sin ninguna picadura me pica un bicharraco de estos, qué mala suerte. Se me hincho bastante y dolía como mil demonios, pero por fortuna no fue a más.

La última cena en Borneo

Después del incidente con el "avisponejo" nos pusieron la cena. Unas sopas, pescado frito, carne, vegetales salteados, arroz blanco y mango, fue el menú en esta ocasión y como de costumbre estaba todo riquísimo. Terminamos de comer y el klotok todavía seguía en marcha, no nos habíamos detenido. El guía nos tenía guardada una sorpresa.

- El guía (G): ¿Habéis visto alguna vez una luciérnaga?
- Lena (L): Sí, en el pueblo alguna vez.
- El guía (G): (sonriendo) Pero, ¿cuántas a la vez?
- Lena (L): Eh, pues no sé, una o dos.
- El guía (G): Pues hoy vais a ver cientos.
- Lena (L): ¿¡Qué!?

Nos quedamos a cuadros cuando nos dijo que íbamos a ver cientos de luciérnagas. Pensamos que le habíamos entendido mal. Estábamos llegando a la zona de palmeras que habíamos visto el primer día cuando de repente vemos que una de ellas parece un árbol de Navidad. ¡Eran luciérnagas! La palmera estaba llena. Era un auténtico espectáculo ver como brillaban de manera intermitente. Fue algo que no nos esperábamos y nos dejó con la boca abierta. Encima, para rematar, seleccionaron una zona para amarrar el barco dónde había varias de ellas de estos curiosos insectos. No podía haber una mejor visión para irse a la cama que esta.

Día 8: vuelta al aeropuerto para comenzar una nueva aventura

Nos levantamos temprano y tras un desayuno como el del día anterior, pusimos rumbo a la ciudad portuaria de Kumai. Decíamos adiós a una de las mejores experiencias viajeras que hemos tenido nunca. Sentados en la proa del klotok tratábamos de guardar a fuego en la memoria todo lo que habíamos vivido esos días. Había sido algo inolvidable.

Mientras mirábamos los barcos amarrados en el puerto de Kumai, las casas de pescadores y demás, nos llamó la atención que de vez en cuando veíamos edificios enormes sin casi ventanas (solo una arriba) y de los que se oía el piar de miles de aves. Le preguntamos al guía que si aquello eran fábricas, granjas o algo así y nos dijo que eran "fábricas de nidos de golondrinas". Sí, allí anidaban miles de golondrinas de las que se extraían sus nidos para hacer las famosas y tremendamente caras sopas de nido de golondrina.

Casas de pescadores del puerto de Kumai (Borneo)
Casas de pescadores de Kumai con una mezquita al fondo Puerto de Kumai (Borneo)

Tras despedirnos de la tripulación, nos llevaron en coche hasta el aeropuerto de Pangkalan Bun en coche. Aunque es un aeropuerto muy pequeño íbamos a intentar encontrar una tienda que vendiese imanes de viaje de allí. Pintaba como una tarea imposible cuando de repente nos encontramos con una microtienda que vendía unos orangutanes de fieltro con un imán detrás. Menuda suerte, nos compramos uno (30000 IDR, unos 2 €) y nos fuimos a la zona de embarque.

El vuelo que cogíamos a Surabaya (2.001.400 IDR, unos 136€ los dos) salía con retraso. Nosotros no teníamos ningún problema, ya que nos estarían esperando hasta que llegásemos, pero algunos de los turistas que estaban allí se vieron en un gran apuro. Según nos decían, al poco de aterrizar en Surabaya tenían que coger otro vuelo. No sabemos cómo terminó su historia, pero lo que sí que te podemos decir es que si no quieres llevarte sustos como estos no enlaces vuelos con uno que salga de Pangkalan Bun, los retrasos son muy comunes.

El resto del día os lo contamos en una próxima entrada. Dejábamos atrás la selva de Borneo para dar paso a la zona de volcanes del centro de la isla de Java.


Os dejo un mapa con los puntos de interés de esta zona la selva de Borneo.

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