domingo, 19 de febrero de 2017

Amanecer en el desierto de Marruecos

Camellos en las dunas del desierto de Marruecos

Había llegado el día más esperado de todo el viaje, uno de esos momentos que sueñas vivir al menos una vez en tu vida. Hoy veríamos amanecer en el desierto. Pero no solo eso, sino que veríamos salir el sol desde la duna más alta de Erg Chebbi (Sáhara marroquí). Si el día anterior había sido mágico, está sería inolvidable.

La noche había sido fría. A finales de noviembre y en medio del desierto hace bastante rasca. Da igual que por el día haga calor, en cuanto se va el sol la temperatura baja bastante. Por suerte en la cama de nuestra jaima teníamos 7 mantas que nos permitieron estar calentitos por la noche. Aunque eso sí, al entrar en la cama te congelabas.

Amanecer desde la duna más alta del desierto de Erg Chebbi

El día comenzó con el despertador sonando a una hora muy temprana. Aunque no tanto temprano como los madrugones que nos metimos en el viaje de Indonesia de ese mismo año. Aparte del despertador también nos avisaron los del personal del campamento, tal y como les pedimos la noche anterior. Nos cuesta madrugar y una ayudita nunca está de más.

Al salir de la jaima nos dijeron que teníamos dos opciones para ver el amanecer: subir la gran duna que teníamos frente a nosotros o seguirle a él y a las otras personas del campamento e ir a unas dunas cercanas. Lo teníamos claro, con lo ansias que somos no lo dudamos, subiríamos la gran duna. Desde abajo se veía imponente, alta, muy alta, pero seguro que era el mejor lugar para vivir un momento tan mágico como el que nos esperaba.

Amanecer en el desierto de Marruecos

Nos dijeron por dónde debíamos comenzar el ascenso y fuimos para allá. Sí, hablo de ascenso como si fuese una montaña porque el esfuerzo no es moco de paco. Subir una duna no tiene nada que ver con subir una pequeña colina. Al subir una duna arena se te hunden los pies a cada paso que das y el esfuerzo es mucho mayor. Por eso, el personal del campamento había puesto una enorme soga que subía hasta la mitad de la gran duna, una gran ayuda para todos aquellos que se proponían llegar a la cima.

Poco a poco fuimos subiendo ayudándonos de la soga. Empezamos con un buen ritmo y llenos de energía, pero no tardamos en empezar a notar el cansancio. Quedarnos hasta tarde en la fogata de la noche anterior y no haber desayunado nada nos estaba pasándonos factura. No llevábamos la mitad de la subida y ya íbamos con la lengua fuera.

Lena en las dunas del desierto de Marruecos

Nuestro objetivo era llegar hasta arriba del todo, pero al final nos tuvimos que conformar con subir algo menos de tres cuartas partes. El tamaño de la duna es enorme y conforme la subíamos la distancia parecía aumentar. Fue una pena no llegar hasta arriba del todo, pero aun así, desde aquel lugar había unas vistas espectaculares. El campamento parecía de juguete.

A pocos minutos de que comenzase a salir el Sol nos sentamos exhaustos y miramos hacia el horizonte. Era nuestro momento, íbamos a contemplar en completa soledad uno de los amaneceres más espectaculares que se pueden ver. Entonces ocurrió, el Sol emergió de entre las dunas del horizonte y se produjo esa magia que tanto esperábamos.

Fue uno de esos momentos inolvidables, una de esas experiencias que te hacen sentir vivo, algo que te recuerda porqué amas tanto viajar.

Lena jugando con arena del desierto Los dos en las dunas del desierto

Tras estar allí sentados durante unos minutos, sin movernos, sin hablar, simplemente disfrutando el momento, nos levantamos y comenzamos a bajar la gran duna. Nos esperaba el desayuno. ¡Bien! (gritaban nuestros estómagos al unísono). Esta vez lo necesitábamos más que nunca. Necesitábamos reponer fuerzas tras el desgaste de subir aquella colosal montaña de arena.

Vista general del campamento de lujo Auberge Café du sud

Al igual que en la cena, el desayuno lo sirvieron en la jaima principal. Era bastante completo, tenían café, té, zumo de naranja, pan marroquí, pancakes, algo de bollería industrial, mantequilla, varias mermeladas, aceite de oliva, yogurt, tortilla con tomate y aceitunas de diferentes tipos. Todo estaba bastante rico, en especial la tortilla con tomate. Además, con el hambre que teníamos y el cansancio que llevábamos encima, dejamos los platos limpios. Qué manera de comer, parecía que no hubiésemos probado bocado en varios días.

Desayuno del campamento de lujo del Auberge Café du sud
Paseo en camello por el desierto de Marruecos

Tras el desayuno, nos fuimos a nuestra jaima, recogimos las mochilas y salimos a lo que ellos llamaban "el parking", que no era otra cosa que el lugar donde descansaban los camellos. Nos montamos cada uno en uno y comenzamos la travesía de vuelta. Como si de una caravana bereber se tratase, íbamos todos en fila india sobre nuestras monturas.

Caravana de camellos en las dunas del desierto de Marruecos

Si la noche anterior el paseo en camello bajo la luz de la Luna había estado lleno de magia, lo de hoy no se quedaba atrás. La arena de las dunas empezó teniendo un color anaranjado a primera hora de la mañana, para terminar con un color más amarillento conforme el Sol iba tomando altura. Era un auténtico espectáculo para la vista. Cualquier foto o vídeo que te ponga por aquí no hará justicia a verlo en vivo.

Dunas de Erg Chebbi
Sombras de la caravana de camellos en el desierto de Marruecos Lena sobre un camello en el desierto de Erg Chebbi
Dunas del desierto de Marruecos

Después de una hora atravesando las dunas del desierto de Erg Chebbi llegamos a una explanada donde nos estaban esperando para llevarnos en un 4x4 hasta el hotel. Aunque antes de salir aprovechamos para comprarle al guía que nos había llevado por el desierto una figurita de un camello tallada en piedra. No recuerdo lo que le pagamos, pero no fue mucho. La verdad es que regateamos poco, lo suficiente para llegar un precio que nos pareció justo. Como he dicho más de una vez, prefiero regatear hasta un precio que me parezca adecuado y no "sangrar" al comerciante de turno. Lo que para nosotros no es demasiado dinero, para ellos sí lo es.

Últimos momentos en las dunas del desierto de Marruecos

Al llegar al hotel nos fuimos directos a la habitación que nos cedieron la tarde anterior para pegarnos una ducha y cambiarnos de ropa. Teníamos kilos de arena por todo el cuerpo tras subir y bajar por la gran duna. Cuando hablo de kilos, no es solo una forma de hablar, sino una medida específica de la cantidad de arena que teníamos encima.

Habitación del hotel Auberge Café du sud

Hicimos el checkout y nos dimos un paseo por las instalaciones antes de irnos. La verdad es que fue una pena que no hiciese más calor, porque tienen una piscina espectacular con vistas a las dunas. ¿Te imaginas darte un baño viendo el desierto? Este tipo de lujos se pueden ver en pocos lugares.

Piscina del Auberge Café du sud Vistas desde la piscina del Auberge Café du sud
Vista del Auberge Café du sud desde las dunas

Salimos del hotel, pero nos resistíamos a dejar aquel lugar. Queríamos disfrutar un poco más de la magia del desierto, al fin y al cabo, había sido uno de los grandes motivos por los que habíamos hecho el viaje. Así que dejamos las maletas en el coche y nos fuimos a dar un paseo por las dunas que están frente al hotel. Y otra vez nos llenamos las playeras de kilos de arena.

Lena con un turbante
Alberto sentado en una silla en medio de las dunas Lena y Alberto en las dunas de Erg Chebbi

Tras un buen rato haciendo el idiota por la zona y después de una buena ronda de fotos de postureo cogimos el coche y comenzamos el camino de vuelta a Marrakech.

De camino a Ouarzazate

A nuestro paso por Rissani paramos en una gasolinera y llenamos medio depósito por 240 MAD (unos 22,40 €). También aprovechamos para comprar una bolsa de patatas mediana y una grande en una tiendecita que estaba allí al lado por 30 MAD en total (2,80 €). Así ya teníamos el depósito listo para aguantar las horas de trayecto y algo para matar el gusanillo por el camino.

Carretera del sur de Marruecos

Volvimos por la misma ruta por la que habíamos llegado al desierto. Durante unas seis horas de coche recorrimos de nuevo aquellos paisajes tan bonitos que habíamos visto el día anterior. Hay otra opción si dispones de más tiempo y ganas que nosotros, en la que puedes visitar algunos lugares bastante interesantes; lo puedes ver en el mapa al final del artículo.

Llegada al riad de Ouarzazate, dónde lo clásico se mezcla con la modernidad

Tras un viaje que se acabó haciendo largo llegamos a Ouarzazate. Ese día no teníamos pensado visitar la ciudad, así que nos fuimos directos al Riad Ksar Aylan a descansar. Aparcamos en la zona en la que nos dijeron los del personal de la recepción y entramos dentro.

Nos recibieron como de costumbre, con un buen té y unos dulces marroquíes en la terraza. Así da gusto, después de un largo viaje en coche se agradecen detalles así. El lugar era tremendamente bonito, pero ya te daré más detalles del alojamiento en la próxima entrada del blog. Además tuvimos la suerte de que nos pusiesen en una habitación mejor por el mismo precio que teníamos reservado. Dos upgrades de habitaciones en dos días, ¡estábamos de suerte!

Habitación del Riad Ksar Aylan

Tras una buena ducha y descansar un rato en la habitación, salimos a cenar. No queríamos complicarnos la vida buscando restaurantes, ni tampoco andar cogiendo el coche de nuevo, así que nos quedamos en el riad.

Tal y como nos comentó el dueño, el cocinero debía ser un chef con bastante buena reputación que combinaba la cocina tradicional marroquí con ciertos toques de modernidad. De primero nos sirvieron una ensalada marroquí, de segundo un tajine de carne y de postre una especie de pera macerada acompañada de una crema. Todo estaba buenísimo y la presentación estaba muy trabajada. Eso sí, el precio no era nada barato teniendo en cuenta lo que suele pagar por Marruecos. Aun así, mereció la pena por la comodidad, el servicio y lo rico que estaba todo.

Ensalada marroquí en el Riad Ksar Aylan
Tajine de carne en el Riad Ksar Aylan Postre en el Riad Ksar Aylan

Tras cenar nos fuimos a la habitación a descansar. Después de tantas horas de carretera y del madrugón que nos habíamos pegado para ver amanecer en el desierto, estábamos muertos y necesitábamos dormir bien. Al día siguiente visitaríamos Ouarzazate antes de volver a Marrakech, pero esa historia te la contaré en otro artículo.


Te dejo un mapa con los puntos de interés que visitamos durante el tercer día que estuvimos de ruta por el sur de Marruecos, además de otros que puedes visitar (marcados en amarillo) si tienes más tiempo y tomas una ruta alternativa a la nuestra yendo por la carretera N12 y N9.

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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Índice:

Preparativos e información útil
Diario del viaje
Alojamiento

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