lunes, 6 de febrero de 2017

Visita a las gargantas del Todra y atardecer en el desierto

Montañas cerca de la Garganta del Todra

Nos despertamos en nuestra fortaleza. No, aquello no era un sueño, habíamos dormido en una kasbah como auténticos reyes. Pero no era plan de hacerse los remolones, hoy nos esperaba un día muy especial. Primero visitaríamos las gargantas del Todra, para más tarde ir al desierto y dormir en una jaima en medio de las dunas. Vamos, que teníamos un auténtico planazo.

Después de desperezarnos nos fuimos al restaurante. El desayuno seguía la línea de lo que habíamos tomado las anteriores mañanas en el riad de Marrakech. Panes, mermeladas caseras, yogurt casero, té y zumo natural eran la base de unos desayunos bien ricos y bien sanos a los que nos estábamos aficionando demasiado.

Desayuno en el riad Timadrouine

Tras recoger nuestras cosas y hacer el checkout nos montamos en el coche y pusimos rumbo a las gargantas del Todra. Llegar hasta allí es sencillo. Basta con seguir por la N10 y al llegar a Tinerhir estar atento y no cruzar el puente que pasa sobre el río Todgha. En ese cruce hay que coger el desvío que te lleva por la carretera R703. Te lo he marcado en el mapa para que sepas dónde te digo.

Una vez cogido el desvío, la carretera se hizo un poco más estrecha y comenzamos a subir en dirección a las montañas. La carretera discurre paralela al río y desde ella podíamos ver la impresionante estampa de su cauce lleno de palmeras y vegetación. También, aunque estaban mimetizados a la perfección con el entorno, había pequeños pueblos con las casas de adobe en la rivera. La verdad es que había que fijarse mucho para no confundirlos con las propias montañas. Pasados 20 minutos llegamos al aparcamiento que hay a la entrada de la garganta y dejamos el coche (5 MAD, unos 0,46 €).

Pueblos de adobe en las garantas del Todra
Las gargantas del Todra

El lugar es espectacular. En esta zona la garganta llega a tener unos 10 metros de ancho y las paredes de roca alcanzan los 160 metros. Este tramo es de aproximadamente unos 500 metros y es la parte más conocida de las gargantas del Todra. Las medidas del lugar no están nada mal, pero hay que estar allí para sentir esa sensación de pequeñez frente al entorno.

Gargantas del Todra
Río en las gargantas del Todra Entrada a las gargantas del Todra

El lugar está asfaltado y de hecho la carretera por lo que llegamos allí continúa por la garganta hacia las montañas. Pese a que nosotros no lo hicimos creo que no habría ningún problema en cruzar este paso con el coche y aparcar de manera gratuita al otro lado. Aunque total, el parking apenas cuestas 0,50 € y lo mejor es tener esa primera impresión de la garganta caminando.

A lo largo de la garganta nos encontramos algún puestecillo con recuerdos para turistas, pero tampoco nada que fastidiase la visita. Mientras recorríamos aquel lugar íbamos a ratos por la parte asfaltada y a ratos por la zona pedregosa del río. Hacíamos esto en parte para tener una perspectiva diferente que las que se tiene desde la carretera, pero también para evitar a algún guía pesado que te ofrecía sus servicios.

Lena paseando por las gargantas del Todra Puestecillos de las gargantas del Todra

Mucha gente recorre este tramo más estrecho de las gargantas del Todra y se vuelve al coche para seguir con su ruta, pero nosotros preferimos conocer un poco más la zona. Es lo bueno de ir por tu cuenta, que haces lo que te apetece en cada momento.

Al llegar al final de la angosta garganta torcimos a la izquierda, en dirección contraria a la que sigue la carretera, y comenzamos a subir por un camino bastante bien definido. En la Lonely Planet de Marruecos aparece esta pequeña ruta de trekking de unas 3 horas que rodea la montaña desde el final de la garganta hasta Tizgui. Nosotros no teníamos tanto tiempo, pero sí queríamos hacer parte del camino.

Lena en el trekking de las gargantas del Todra

El lugar es realmente bonito y nos hubiese encantado hacer la ruta completa, pero nos tuvimos que conformar con solo una hora de caminata. Todavía nos quedaban muchos kilómetros de carretera hasta nuestro destino de ese día y en esta ocasión teníamos que llegar antes que se hiciese de noche. No podíamos perdernos el espectáculo de ver atardecer en el desierto. Así que deshicimos el camino andado y pusimos rumbo al desierto de Erg Chebbi.

Camino de la ruta de trekking en las gargantas del Todra Lena y Alberto en la ruta de trekking en las gargantas del Todra

Ya en el coche, antes de llegar a Tinerhir hicimos una parada en un mirador que hay en la carretera (lo tienes marcado en el mapa). Las vistas del palmeral y de los pueblos de adobe son espectaculares, merece la pena parar unos minutos antes de continuar por el camino.

Vistas desde el mirador cerca de Tinerhir
De camino a Erg Chebbi, el Sáhara marroquí

Otra vez volvimos a pasar por el cruce de Tinerhir por el que habíamos pasado a la ida, pero en esta ocasión cruzamos el puente y continuamos por la N10. Al dejar el pueblo atrás teníamos dos opciones de ruta: seguir por la N10 o desviarnos por la R113 para después ir por la N12. Nuestro plan inicial era ir por la N10, pero viendo que no andábamos muy sobrados de tiempo, preferimos hacer caso al GPS y escoger la ruta más rápida, por la R113.

Paisaje del sur de Marruecos

En un principio teníamos nuestras dudas en ir por la R113. Es una carretera de menor categoría que la N10 y no sabíamos cómo iba a estar el asfalto. Al final, resultó estar en perfecto estado y no tuvimos que ir lentos en ningún momento, salvo en algún pequeño tramo con curvas.

Montañas del sur de Marruecos

Muchas veces no damos suficiente importancia al trayecto y en este viaje no solo disfrutamos de los lugares que visitamos. El propio camino, las vistas a las montañas, a los paisajes desérticos y el conducir en un lugar sin apenas tráfico, hacía que el viaje tomase otra dimensión y que las horas de conducción no se hiciesen tan pesadas.

Puerta de una localidad del sur de Marruecos

Tras unas horas al volante por fin cruzamos Rissani y empezamos a ver a lo lejos las dunas del desierto. En ese momento teníamos que estar atentos porque en cualquier momento no encontraríamos un cartel en la carretera que nos indicaría el desvío que teníamos que coger para llegar al Auberge Café du sud. Lo bueno es que sabíamos, por las indicaciones del hotel, que el desvío estaba a 22,5 kilómetros de Rissani yendo por la N13. Así que una idea aproximada sí que teníamos.

Como era de esperar, la primera vez que pasamos por delante del cartel, nos lo pasamos. Sí que lo vimos, pero cuando quisimos frenar era demasiado tarde como para que el que iba detrás nuestro no se empotrase con nosotros. Así que nos paramos en el arcén un poco más adelante, dimos media vuelta y nos metimos en el desvío. Por delante nos esperaba un conjunto de pistas de tierra que se entrelazaban como si tejiesen una telaraña.

Dunas de Erg Chebbi vistas desde la carretera

Nos metimos sin miedo por las pistas de arena y empezamos a conducir por la que en un principio parecía la pista la principal. Pese a que pueda parecer un camino algo escabroso, no hay que preocuparse, ya que puedes conducir con un coche pequeño de alquiler sin ningún problema. No necesitas ir en un todoterreno.

La pista principal empezó a desaparecer y cada vez eran más los caminos que se cruzaban. No estábamos seguros de si íbamos bien o no, ya que solo veíamos muy de vez en cuando un cartel con indicaciones a nuestro alojamiento. Al final, y tras pararnos en uno que no era, conseguimos llegar al Auberge Café du sud.

Pasando la noche en medio del desierto

Llegamos mucho más tarde de lo que teníamos pensado. ¡Ya estaba atardeciendo! Una vez más el GPS nos había dicho que tardaríamos menos de lo que realmente fue. Tras hacer el checkin nos llevaron a una habitación del hotel dónde podíamos dejar nuestro equipaje y preparar las mochilas que nos llevaríamos al campamento del desierto. Cómo el agua no estaba incluida en la cena, nos llevamos un par de botellas de agua.

Volvimos a la recepción y nos dieron la gran noticia. En vez de dormir en el campamento estándar, que era lo que habíamos reservado, nos iban a llevar al campamento de lujo sin pagar ningún extra. ¡Toma ya! Este año estaba siendo el año de los upgrades gratis (leer "El placer de volar en business con Emirates y llegada a Yogyakarta")

Tras el notición salimos a toda prisa a la entrada, donde nos estaban esperando con un 4x4 para llevarnos al punto de partida de la ruta en camello. El conductor fue a toda velocidad por la pista de tierra para conseguir que llegásemos antes de que se fuese el Sol. Aunque nos dijeron que posiblemente no llegásemos a tiempo para ver atardecer, al final lo conseguimos. Pudimos disfrutar de los últimos minutos de ese mágico momento.

Dunas del desierto de Erg Chebbi

En principio estaba planeado que viésemos el atardecer durante el paseo en camello, pero al llegar tan tarde nos tuvimos que conformar con ver al sol ponerse desde el inicio de las dunas. Así que si tienes pensado hacer esto mismo, no apures tanto como nosotros e intenta llegar a la hora que te dicen en el alojamiento para ver el atardecer. Y sobre todo no te fíes de lo que te diga el GPS que vas a tardar, siempre será más tiempo.

Lena en las dunas de Erg Chebbi Alberto encima de un camello

Con el Sol ya oculto entre las dunas, nos montamos en los camellos y comenzamos nuestra travesía por el desierto. Aunque en principio, el haber llegado tarde había sido un fallo, acabó convirtiéndose en todo un acierto. Te explico, a esas horas ya había partido el resto de la caravana de camellos, por lo que íbamos a ir nosotros dos solos. Un mini punto para nosotros. Pero lo mejor de todo fue que tuvimos la inmensa suerte de que ese día hubiese casi una luna llena completa. Si pasear por el desierto es ya toda una experiencia, hacerlo a la luz de la Luna y en completa soledad es increíble. Brillaba con tanta intensidad que éramos capaces de ver a la perfección el paisaje desértico. Era alucinante. Además, el silencio era total y lo único que oíamos era como las patas del camello se hundían en la arena. Fue uno de los momentos mágicos del viaje.

El campamento del desierto por la noche

Tras un paseo de una hora aproximadamente llegamos al campamento. Nos recibieron como mandan los cánones de hospitalidad, con un buen té bereber, unos frutos secos y unos dulces marroquíes. Una bienvenida perfecta para entrar en calor y para saciar un poco el hambre que teníamos; ten en cuenta no habíamos probado bocado desde el desayuno.

Té de bienvenida en el campamento del Auberge Café du sud

Después de matar un poco el gusanillo, nos acompañaron a nuestra jaima para que descansásemos un rato antes de la cena. Cuando corrimos la cortina de la tienda no podíamos creer lo que estábamos viendo, menuda pasada de lugar. Parecían los aposentos de un sultán, era increíble. Los suelos están cubiertos de alfombras y las paredes estaban decoradas con finas telas rojas, verdes y doradas. Nos sentíamos como si fuésemos protagonistas de una película. Pero no solo era la decoración, en la propia habitación teníamos luz y un baño completo (¡con agua caliente!). Uno lujo, teniendo en cuenta que estábamos en medio del desierto. Si quieres saber más sobre el alojamiento, puedes leer el artículo completo que escribimos sobre Auberge Café du sud.

Cama de nuestra jaima del campamento Auberge Café du sud

Al poco nos llamaron para cenar y fuimos a la jaima principal. Nos pusieron una barbaridad de comida: sopa caliente como entrante, una ensalada marroquí, arroz con pollo, un tajine de pollo y otro de ternera, y de postre fruta variada. Pese a que íbamos con un hambre tremenda, no pudimos terminarnos todo lo que nos sirvieron, era exagerado. Aunque todo estaba bastante rico, no llegaba al nivel del restaurante Lune D'or al que fuimos en nuestro segundo día en Marrakech.

Sopa caliente en la cena del Auberge Café du sud Ensalada marroquí en la cena del Auberge Café du sud
Arroz con pollo en la cena del Auberge Café du sud Tajine de pollo en la cena del Auberge Café du sud
Tajine de ternera en la cena del Auberge Café du sud

Cuando terminamos de cenar nos invitaron a unirnos con ellos al calor de la hoguera. Con un buen té en mano, estuvimos escuchándoles tocar ritmos típicos de la zona. Pasado un rato nos invitaron a participar a los que quisiéramos y yo no lo dudé ni un segundo, me levanté y me puse a tocar el djembe con ellos. Estuvo genial y la verdad es que no se me dio nada mal, aunque también es cierto que ya lo había tocado antes.

Alberto tocando el djembe tras la cena en el Auberge Café du Sud

Después estuvimos charlando con otros huéspedes del campamento, en especial con una pareja de portugueses que estaban recorriendo el país de norte a sur. El chico conocía bien Marruecos porque por cuestiones de negocios se pasaba mucho tiempo viajando por el país y le estaba enseñando a su novia las peculiaridades de la cultura y costumbres de su gente. La verdad es que aprendimos un montón de cosas con él.

Se hizo tarde y pese a que estábamos realmente a gusto allí, preferimos irnos a dormir y descansar. Al día siguiente teníamos que darnos un buen madrugón si queríamos ver amanecer desde lo alto de la gran duna de Erg Chebbi.


Te dejo un mapa con los puntos de interés que visitamos durante el segundo día que estuvimos de ruta por el sur de Marruecos, además de otros que puedes visitar si tienes más tiempo (marcados en amarillo).

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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