lunes, 16 de octubre de 2017

Costa sur de Islandia: Haifoss, Seljalandsfoss y Dyrhólaey

Frailecillo en Dyrhólaey en Islandia

Sonó el despertador y nos levantamos a regañadientes, estábamos algo cansados pero nos esperaba la zona sur de Islandia, hoy iba a ser un gran día. Para empezar, en el desayuno había gofres, y qué gofres…casi aún puedo seguir oliéndolos...la verdad es que me causaron cierta adicción jajaja

Tras mi atracón a gofres, recogimos la habitación y nos fuimos al coche. Se nos había hecho un poco tarde pero hoy iba a ser un día muy especial, un día cargado de experiencias que recordaríamos el resto de nuestras vidas.

Hjálparfoss

Cascada Hjálparfoss en Islandia

Nuestra primera parada del día fue Hjálparfoss, una preciosa cascada con dos caídas de agua de unos 13 metros que se unen para dar lugar a un bonito lago rodeado de columnas de basalto. Es un sitio muy agradable donde pasamos unos minutos relajándonos mientras escuchamos el agua caer.

Nosotros frente a la cascada Hjálparfoss en Islandia
Continuamos nuestro viaje dirección Haifoss. A unos 10 minutos por la carretera 32 nos encontramos con el desvío hacia esta cascada, la carretera 332, una carretera sin asfaltar y, en algunas zonas, llena de agujeros y baches.

Carretera de tierra de Islandia

Haifoss

Nos metimos por el desvío y continuamos por la carretera con miedo, ya que según las normas del seguro no nos recomendaban circular por carreteras no asfaltadas. No había ningún lado donde poder parar el coche así que continuamos un par de kilómetros más hasta encontrarnos un pequeño desvío donde había una casa con una explanada delante. Decidimos dejar allí el coche y hacer el camino a pie. Eran unos 6 kilómetros y nos iba a llevar mucho tiempo, pero teníamos miedo por el coche.

Cascada Haifoss y cascada Granni en Islandia

Estábamos empezando la caminata hasta Haifoss cuando nos adelantó un coche exactamente igual que el nuestro con dos señores super mayores dentro. No paraban de reír con los botes que iban dando por los baches del terreno, ¡se lo estaban pasando en grande! Al pasar a nuestra altura, nos saludaron y siguieron camino adelante. Nosotros pensábamos que no subirían la cuesta que teníamos delante, una cuesta bastante empinada de tierra y llena de agujeros y baches producidos por el agua al correr colina abajo. Sin embargo, subieron sin demasiada dificultad. En ese momento pensamos...12 kilometros andando!?! Van a ir en coche estos señores y nosotros no??? Así que nos dimos la vuelta y fuimos en coche, despacito, hasta el parking que hay justo delante de la cascada. Bueno, los que no teníamos un todoterreno teníamos que parar algo antes ya que había un escalón de unos 40 centímetros a lo largo de toda la carretera insalvable. Lo mejor es que hagáis este camino en todo terreno, pero si no disponéis de él, podréis llegar hasta la cascada yendo con cuidado y despacito.

Panorámica de la cascada Haifoss y del valle Fossardalur (Þjórsárdalur) en Islandia

Háifoss es la segunda cascada más grande de toda Islandia con 122 metros de caída. Además de la belleza de la propia cascada y del increíble arcoíris doble que se forma en la nube de vapor producida por el impacto directo del agua contra la roca, su entorno es espectacular. Desde el mirador situado frente a la cascada, se tiene una preciosa vista del valle Fossardalur (Þjórsárdalur). Nosotros os recomendamos alejaros unos 100 metros del parking y situaros frente a Haifoss, ahí vais a tener una fotografía de la cascada y el valle impresionantes.

Nosotros frente a cascada Haifoss y cascada Granni en Islandia

Además, Haifoss no se encuentra sola, sino que a su alrededor existen numerosas cascadas como su vecina Granni. Todas ellas se forman debido a que el río Fossa se divide justo antes de precipitarse al vacío. Existe una ruta de senderismo de unas 5 o 6 horas que parte desde el parking que os hemos indicado hasta la parte baja de la cascada. Nosotros no pudimos hacerla, pero hemos leído que es muy recomendable. A nosotros nos encantó este espectáculo de la naturaleza, además, como su acceso no es sencillo y supone desviarse bastante de la ruta principal, no es un lugar muy transitado y vamos a poder disfrutarlo casi en solitario. La visita durará tanto como os quedéis hipnotizados de la belleza del lugar, en nuestro caso, estuvimos casi una hora...nos fascinó.

Los típicos grupos de tres ovejas de Islandia Las peculiares torres de alta tensión de Islandia

En el camino de vuelta comenzamos a darnos cuenta de ciertas curiosidades de Islandia, como algunas de sus torres de alta tensión, que son el resultado de perfectos cálculos de ingeniería, o sus famosos grupos de tres ovejas. Cuando comienzas a dejar las carreteras principales es muy común encontrarse con grupos de tres ovejas al lado de la carretera o incluso en medio. El misterio de por qué siempre eran tres lo descubrimos ya de vuelta a casa cuando leímos que se trata de la madre y sus dos crías de la temporada. Siempre van juntas y no se separan hasta que éstas tienen su propia descendencia.

Seljalandsfoss

Vista general de la cascada Seljalandsfoss en Islandia

Nuestra siguiente parada era la cascada Seljalandsfoss y su menos conocida vecina, Gljúfurárfoss. Seljalandsfoss es una de las cascadas más famosas de Islandia ya que se puede caminar tras el salto de agua. El acceso es muy sencillo, la carretera va bordeando los acantilados de la antigua costa, donde se forman numerosas cascadas. Justo en frente de Seljalandsfoss nos encontraremos un gran aparcamiento con un pequeño camino que nos llevará directamente a los pies de la cascada. A medida que nos vamos acercando, nos vamos dando cuenta del porqué de su fama, es preciosa!

Vista lateral de la cascada Seljalandsfoss en Islandia Vista desde atrás de la cascada Seljalandsfoss en Islandia
La cascada Seljalandsfoss en Islandia Lena frente a la cascada Seljalandsfoss en Islandia

Esta cascada, con sus 60 metros de caída, se precipita sobre una zona de poca profundidad, por lo que el ruido y el vapor de agua que genera son impresionantes. Pero lo más curioso de ella es que existe un camino que nos permite rodearla. Las vistas desde atrás son espectaculares, pero eso sí, tenéis que estar dispuestos a empaparos ya que la humedad y el vapor allí son enormes. Mucha gente recomienda ver esta cascada al atardecer, ya que se puede ver el sol a través del agua cayendo, nosotros tuvimos que conformarnos con verla después de comer.

Las increíbles vistas desde detrás de la cascada Seljalandsfoss en Islandia

Gljúfurárfoss

Una vez que se rodea la cascada mucha gente vuelve al coche, pero nosotros teníamos otros planes. Habíamos leído que existía una cascada similar en el interior de una gruta y, aunque había que pasar por un río de agua helada, estábamos dispuestos a sufrir para contemplarla.

Puente sobre el río que forma la cascada Seljalandsfoss en Islandia
Alberto preparándose para meterse en las heladas aguas islandesas de la cascada Gljúfurárfoss Dentro de la gruta de la cascada Gljúfurárfoss en Islandia

A unos 5 minutos andando desde Seljalandsfoss nos vamos a encontrar con un pequeño río que parece salir bajo una grieta en la montaña. Al otro lado de la grieta se encuentra Gljúfurárfoss. Al llegar nos quitamos las botas y nos pusimos las chanclas de agua, ya que el suelo está lleno de cantos y descalzos iba a ser muy difícil acceder. Mientras yo terminaba de prepararme, Alber comenzó a meterse en el rio, ¡¡el agua estaba tan fría que no podía aguantarlo!! ¡¡¡Decía que eran como alfileres que se le clavaban en las piernas!!! Esto me asustó bastante ya que él es un chicarrón del norte y suele aguantar muy bien el frío. Tenía muchas dudas de si podríamos conseguirlo, pero justo cuando terminé de ponerme las chanclas salió un señor empapado entre medias de la grieta gritándonos que la cascada era espectacular, que no había dolor y teníamos que intentarlo. Esto nos dio energías y tras animarnos el uno al otro comenzamos a andar por las aguas heladas del río Gljúfurá. Aquí es importante ver por la zona que te estas metiendo ya que yo, con el subidón, no me fijé y pasé por la zona más profunda, donde el agua me llegaba hasta el muslo. Pero la adrenalina estaba a tope y ya casi ni sentía el frío así que seguimos adelante hasta que llegamos a la orillita de la gruta y pudimos contemplar la espectacular Gljúfurárfoss. Con más de 40 metros de caída en el interior de una pequeña gruta y con la emoción de haber atravesado el río, aún recuerdo cuando nos subimos en la enorme piedra que hay a sus pies y nos pusimos a gritar al mirar hacia arriba mientras nos caía el vapor de agua en la cara. Todo un momentazo.

Lena sobre la roca de la cascada Gljúfurárfoss en Islandia La grieta sobre la cascada Gljúfurárfoss en Islandia

Aprovechando que aún seguíamos a tope, decidimos salir pronto para no sufrir una hipotermia al atravesar el rio de nuevo. La salida fue mucho más sencilla y cuando llegamos al otro lado estábamos super contentos: habíamos logrado atravesar un río de agua helada y disfrutar de la grandiosidad de Gljúfurárfoss. Este lugar no es muy conocido y el hecho de tener que meterte en el agua hace que apenas nadie se atreva por lo que vas a poder disfrutarlo en solitario casi con toda seguridad. Merece la pena ir hasta allí aunque sea solo para asomarse por la grieta y por las vistas de los antiguos acantilados que vais a tener en el camino de vuelta.

Hemos leído que la altura del río varía mucho dependiendo de la época del año, incluso pudiendo llegar a pasar sin necesidad de mojarse. Nosotros fuimos en agosto y el agua me llegó hasta el muslo, aunque si se hubiese ido por la zona menos profunda quizás no me hubiese pasado de la rodilla.

Nosotros frente a la grieta sobre la cascada Gljúfurárfoss en Islandia Antiguos acantilados de la costa sur de Islandia

La visita a Seljalandsfoss es rápida, todo depende del tiempo que te quedes contemplándola y haciendo fotos. En nuestro caso estuvimos unos tres cuartos de hora. Llegar hasta Gljúfurárfoss y entrar en la gruta nos llevó otros tres cuartos de hora más, por lo que en total estuvimos alrededor de una hora y media, aunque se puede hacer mucho más rápido.

Dyrhólaey, la casa de los frailecillos islandeses

Frailecillo en Islandia

Ya de vuelta en el coche nos dirigimos hacia Dyrhólaey con el objetivo de ver frailecillos. Tras algo más de una hora de viaje y tras subir por un horror de camino de tierra hasta lo alto del acantilado, nos asomamos muy emocionados para ver si habíamos tenido suerte. A mediados-finales de agosto es cuando suelen realizar la migración y estábamos a 18 de Agosto! Al principio pensábamos que no había nada, pero luego comenzamos a ver unas pequeñas manchas en los bordes de los acantilados y sí, ¡¡¡ahí estaban!!!

Acantilados de Islandia donde anidan los frailecillos
Colonia de frailecillos en Islandia Vista de cerca de una colonia de frailecillos en Islandia

Los frailecillos son unas aves muy curiosas> que seguro que te dejarán enamorado. Miden unos 20 centímetros y tienen un pico muy característico de color naranja, blanco y gris. Los frailecillos llegan a Islandia para anidar en lo alto de los acantilados y cuando termina el verano alzan el vuelo para comenzar la migración a zonas más cálidas. La colonia situada en Islandia abarca el 60% de la población mundial de estas simpáticas aves y se pueden encontrar por toda la zona sur del país. En el faro de Dyrhólaey vamos a poder verlos a unos 15 metros. Tan solo existe una cuerda que marca el límite para acercarse a ellos ya que, además del riesgo de caernos, es su zona de anidamiento y debemos respetarlos y no estresarlos.

Arco de Dyrhólaey en Islandia

Desde el faro de Dyrhólaey, además de disfrutar de los frailecillos, también vamos a tener unas vistas preciosas de las infinitas playas de arena negra y como no, del arco de Dyrhólaey, un espectacular arco de piedra situado sobre el mar y que tiene una altura de 120 metros. El día que estuvimos nosotros hacía muchísimo frio, y en lo alto del acantilado soplaba muchísimo el viento así que íbamos a irnos cuando, a lo lejos, vimos que unos chicos se dirigían hacia el arco andando por un pequeño sendero. No había nada que lo impidiese así que decidimos ir hacia allá para ver qué se veía desde allí. El camino son apenas 10 minutos y al llegar al promontorio nos encontramos a un lado con una preciosa vista del faro, el acantilado y la playa y al otro con los Reynisdrangar de Vik, unas columnas de lava negra con formas caprichosas que las leyendas Islandesas dicen que son trolls que se convirtieron en piedra.

Las playas de arena negra y el faro Dyrhólaey en Islandia
Playas de arena negra de Vik en Islandia Troll de piedra en Islandia
A punto de cruzar el arco de Dyrhólaey en Islandia

Una vez allí, nos parecía emocionante pasar sobre el arco a 120 metros del mar y pensar: "Y si se rompe justo ahora???" Entre risas y alguna carrera nos acercábamos al final del risco cuando nos dimos cuenta de que allí también había frailecillos, pero éstos se encontraban a apenas unos metros. Nos tumbamos en el suelo y nos escondimos tras unas rocas para no asustarlos, pero no parecían tener miedo, más bien todo lo contrario. Nos miraban y parecían posar para las fotografías. Recuerdo cómo me miraba aquel pequeñín con curiosidad y movía la cabeza de un lado a otro. La verdad es que ver desde tan cerca a estos adorables pajaritos fue una experiencia muy emocionante, confieso que se me escapó alguna lagrimita.

Frailecillo posando en Dyrhólaey
Frailecillo con el mar de fondo Frailecillo mirándonos
Frailecillo en los acantilados de Dyrhólaey en Islandia Lena emocionada con los frailecillos islandeses
Faro de Dyrhólaey y playas de arena negra

Me hubiese quedado allí dos horas más observando a aquellos pequeñajos, pero ya comenzaba a anochecer, con lo que volvimos al aparcamiento para ir al hotel. En Dyrhólaey estuvimos algo más de una hora, aunque nos hubiese gustado caminar más por los acantilados y disfrutar de sus espectaculares vistas.

Vistas espectaculares desde Dyrhólaey

Para este día también teníamos pensado haber visitado Skógafoss, pero el hecho de haber tenido que variar nuestra ruta inicial debido a que una carretera estaba cortada nos hizo perder mucho tiempo por una carretera de tierra. Islandia es así, pero no pasaba nada, nuestro hotel estaba al lado de la famosa cascada y si no podía ser hoy, sería mañana :)

Llegamos sobre las diez de la noche al hotel tras un largo día de coche y experiencias inolvidables. Sólo queríamos descansar de ese día. La belleza de Hjálparfoss, la adrenalina de Gljúfurárfoss y el cruce de miradas con aquel frailecillo no se nos olvidarían nunca.


A continuación os dejamos un mapa con los puntos de interés de la costa sur de Islandia que visitamos durante nuestro segundo día en el país, además de otros que también puedes visitar (marcados en amarillo).

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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Índice:

Preparativos e información útil
Diario del viaje
Alojamiento

2 comentarios:

  1. Que pasada! muy chula la gruta de la cascada! aunque un poco de miedo cruzar el río helado! Gracias por compartirlo

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    1. Sí, fue una pasada meternos por ese riachuelo. Estas experiencias son las que dan vidilla a un viaje y de las que luego siempre te acuerdas.

      Gracias por escribir! Un abrazo

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