lunes, 30 de enero de 2017

Opinión del riad Timadrouine, alojamiento cerca del valle del Dadès

Habitación del Riad Timadrouine

En nuestro roadtrip por el sur de Marruecos fueron varios los alojamientos que utilizamos. Todos ellos marcaban el final de cada etapa. Por ello, uno de los principales factores para elegirlos era su ubicación. Durante la primera jornada buscamos uno que se encontrase entre el valle del Dadès y las gargantas del Todra. La razón era sencilla, según los días con los que contábamos para recorrer el sur de Marruecos, esa zona sería el lugar perfecto para dormir antes de ir a Erg Chebbi, en el desierto del Sahara.

Al igual que hicimos en Marrakech, la mejor opción de alojamiento era un riad. Son lugares con mucho más carácter, trato más personalizado y hacen del viaje una experiencia mucho más "auténtica" (aunque este calificativo es una de esas palabras que no me gusta demasiado usar cuando se habla de viajes).

El riad y las instalaciones

Como te decía, la ubicación era genial. Al encontrarse entre el valle del Dadès y las gargantas del Todra podíamos llegar en no demasiado tiempo al desierto (unas 3 horas y media). Además, el riad estaba en la propia N10, la carretera por la que conducíamos durante este tramo de la Ruta de las Mil Kasbahs. Esto hacía que fuese muy sencillo encontrarlo, incluso por la noche, y que no tuviésemos que desviarnos y sumar más tiempo conduciendo.

Dejando la ubicación a un lado, algo que destaca de este riad es su apariencia externa. Es una kasbah, una pequeña fortaleza de adobe. ¿Te imaginas dormir en una fortaleza árabe? Pues sí, es algo increíble, además en este caso el precio es totalmente asequible.

Vistas desde la terraza del riad Timadrouine
Alberto en el solárium del riad Timadrouine Vistas del patio interior del riad Timadrouine

La decoración es tradicional, como no podía ser de otra forma. Muros de adobe de más de medio metro de ancho, arcos árabes que separan las estancias, alfombras cubriendo los suelos de cada habitación y un montón de detalles que crean un atmósfera realmente acogedora en todo el alojamiento.

Sala del patio interior del riad Timadrouine

Todas las habitaciones del riad, que tampoco son muchas, están como de costumbre entorno a un patio central. En este caso no hay un estanque en el centro, sino una pequeña zona ajardinada. Además de este patio hay otro, dónde sí hay una zona con agua, pero en vez de ser un simple estanque, es una estupenda piscina. Aunque claro, en diciembre, cuando fuimos nosotros, no hacía para darse un baño.

Espacio de la piscina del riad Timadrouine Piscina del riad Timadrouine

En la planta superior, casi a modo de muralla, hay una inmensa terraza que hace las veces de solárium. Desde allí hay unas vistas tremendas, por un lado está la cordillera del Atlas y por el otro la inmensidad de un paisaje desértico.

Uno de los servicios que más nos gustaron del riad fue el spa que tienen. Consta de un jacuzzi, una sauna y un hamman. La decoración de esta parte del riad está cuidada al detalle, dónde destacan algunas piezas de mobiliario tremendamente bonitas. También cuentan con unas zonas para el descanso y el relax decoradas con mucho mimo, además de las salas ya citadas. La pena fue que nosotros no tuvimos tiempo para disfrutarlo todo lo que nos hubiese gustado. Aún así, pudimos relajarnos durante una media hora en el jacuzzi y el hamman el día que llegamos, justo antes de que nos sirviesen la cena. Además, todos los elementos son de uso gratuito para los huéspedes.

Jacuzzi del riad Timadrouine
Detalle del spa del riad Timadrouine Pasillo del spa del riad Timadrouine

El riad también cuenta con servicio de comidas, que se sirve en un salón realmente acogedor. Este aspecto lo detallo un poco más abajo, pero lo que sí te puedo decir es que todo estaba riquísimo.

La habitación

La decoración de las habitaciones, como no podía ser de otro modo en este tipo de alojamientos, es tradicional marroquí. Las alfombras, los apliques de la luz y todos los detalles la habitación combinan a la perfección sin llegar a sobrecargar.

Sala de estar de la habitación

Tiene una cama muy cómoda flanqueada por un par de mesitas de noche. También se cuenta con un sofá y una pequeña mesita para tomar el té o simplemente descansar. El mueble que se utiliza para encima el equipaje guarda en su interior un mini frigorífico, una buena solución para conservar la línea de decoración de la habitación. En su interior te dejan un par de botellas de agua gratuitas como cortesía. Hay que recordar que el agua del grifo en Marruecos no es potable.

Sin duda, algo que llama la atención de la estancia es su amplitud, pero sobre todo la gran altura de los techos. Esta cuestión podría haber sido un inconveniente en invierno, pero como habían encendido la calefacción previamente, la habitación tenía una temperatura agradable a nuestra llegada.

Habitación del Riad Timadrouine

Debido al carácter fortificado del riad, la habitación solo contaba con una ventana a nivel del suelo que daba al patio interior. ¿Te imaginas una fortaleza con amplias ventanas al exterior? No sería muy defensiva, ¿verdad? Pese a que en principio podría ser una característica que diese una cierta sensación de agobio o claustrofobia, no fue para nada así. Creo que el tener un techo tan alto minimizó esta sensación; no echamos en falta ninguna ventana más.

El baño

En el caso del baño los techos son más bajos, de una altura normal. De esta forma no solo se consigue una mejor temperatura en su interior, sino que también da una sensación de mayor intimidad. Aparte de su altura, la estancia es muy amplia.

El baño está decorado con azulejos rústicos, paredes pintadas y pequeños elementos que hacen que se continúe la línea tradicional del resto de la habitación. Si a esto le unimos la iluminación tan delicada da como resultado un baño muy bonito.

Baño del riad Timadrouine

La única pega que le pondría sería que la ducha no contaba con una cortina, ni con una mampara que impidiese que se salpicase el resto de la sala. Pese a que la ducha estaba a suficiente distancia como para no mojar ningún otro elemento es algo que eché de menos. Creo que la decisión de no incluir una mampara o una cortina de ducha fue simplemente por guardar la estética tradicional de la habitación.

El personal

La frase que nos dijeron al entrar fue toda una declaración de intenciones "Esta noche sois los reyes del castillo, estamos a vuestro servicio". Éramos los únicos huéspedes del riad esa noche y efectivamente, nos trataron como auténticos reyes.

El trato fue inmejorable. Fueron muy amables, serviciales y atentos con nosotros. La verdad es que nos estaba sorprendiendo la tremenda hospitalidad que estábamos recibiendo en los alojamientos de Marruecos.

Pese a que para nosotros no suponía un problema, en este riad no hablaban español como sí que lo hacían en el riad dar Nakous de Marraquech.

El restaurante

Las comidas se sirven en un pequeño salón con capacidad para unas diez personas. El lugar cuenta con una chimenea que, junto al resto de la decoración de la sala y la iluminación, hacen de la estancia un espacio tremendamente acogedor.

Vista general del restaurante del riad Timadrouine Zona de la chimenea del riad Timadrouine

Los desayunos seguían la tónica de lo que tomaríamos durante todo el viaje por el sur de Marruecos. Productos locales, elaboraciones artesanales y un sabor insuperable. Nos sirvieron panes y tortas bereberes con mantequilla y mermeladas artesanales. Para beber teníamos un delicioso zumo de naranja natural, té bereber y café. Además también nos dieron yogurt natural, que poco tiene que ver con lo que compramos habitualmente en los supermercados de nuestra ciudad.

Desayuno del riad Timadrouine

La cena que nos sirvieron el día que llegamos al riad estaba riquísima. El menú era cerrado y nos sirvieron de entrantes una pequeña ensalada de tomate, berenjena y una especie de sardina con un toque marroquí. El primero fue un tipo empanadilla, junto con un puré de patata especiado y pepinillos aliñados. Como plato principal nos sirvieron una deliciosa barbacoa de cordero que estaba de muerte. Para finalizar nos pusieron una mousse de chocolate. Resumiendo, una cena muy rica y en un entorno envidiable. La cena, a diferencia del desayuno, no está incluida en el precio del alojamiento y cuesta 30 € para dos personas.

Entrante de la cena en el riad Timadrouine Primer plato de la cena en el riad Timadrouine
Barbacoa en el riad Timadrouine Postre de la cena en el riad Timadrouine

Conclusión

Fue uno de los alojamientos que más nos gustó del viaje, especialmente por el propio edificio, su decoración, el trato recibido y las instalaciones del spa a las que se tiene acceso de forma gratuita. Lo recomendaríamos sin lugar a dudas.

Lo bueno: el personal, el edificio, el trato, el spa y el desayuno.

Lo malo: por decir alguna cosa, la ducha no tiene ningún tipo de mampara o cortina que evite que salpiques el resto del baño.

Datos prácticos

Nombre: riad Timadrouine.

Dirección: Douar Timadrouine, Rn 10-Km 22, 45 800 Tinghir.

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.

Precio: 47 € por habitación doble, desayuno incluido.

Wifi: Sí, gratuito.

Desayuno: sí, con productos naturales y caseros.

Servicios: servicio de desayuno, WIFI gratuita, aparcamiento gratuito, sauna, jacuzzi y hammam incluido en el precio, piscina, restaurante, jardín, solárium, terraza,...

Reservas: se puede realizar la reserva a través de portales conocidos como booking.

Todo lo que he comentado en este artículo es fruto de nuestra experiencia personal y no ha sido distorsionado en ningún momento por nadie ajeno al blog, ni por intereses de terceros. Si os ha gustado la entrada compartidla en las redes sociales y dejadnos un comentario y si no os ha gustado pues haced lo mismo ;).


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Alojamiento

miércoles, 25 de enero de 2017

Inicio de la Ruta de las Mil Kasbahs en coche y visita al Ksar de Aït Ben Haddou

Kasbah de Aït Ben Haddou

Nos levantábamos ansiosos. Hoy empezaba nuestra aventura hacia el desierto del Sahara de Marruecos, hoy comenzaba la Ruta de las Mil Kasbahs. Dejaríamos atrás la estabilidad de dormir todos los días en la misma ciudad, para convertirnos en unos "nómadas" por el sur del país durante los próximos cuatro días.

Para hacer la llamada Ruta de las Mil Kasbahs que va desde Marrakech hasta el desierto hay dos posibilidades: por tu cuenta o con un tour organizado. Te explico las ventajas e inconvenientes de cada una a continuación:

Opciones para hacer la Ruta de las Mil Kasbahs

Tour organizado

Sin duda alguna, ésta es la forma más cómoda de hacerlo. Un tour privado en el que vas solo con tu pareja, familia o tu grupo de amigos. La empresa se encarga del transporte (normalmente en un 4x4) y además, durante todo el camino, te acompañará un guía que habla español. Aparte del transporte, también se incluye alojamiento en media pensión (desayuno y cena).

Dependiendo del tiempo que dispongas, hay tours de diferente duración:

  • Excursión de 2 días al desierto de Zagora.
    • Descripción: si tienes poco tiempo ésta es la mejor opción. Visitas Aït Ben Haddou, la kasbah más famosa de Marruecos y además duermes en una jaima en el desierto.
    • Precio: 120 € (precio para 2 personas).
  • Excursión de 3 días al desierto de Merzouga.
    • Descripción: en este caso la ruta cambia y podrás disfrutar con más tiempo de los espectaculares paisajes que hay al otro lado de la cordillera del Atlas, como las Gargantas del Dades o las Gargantas del Todra. También se visita Aït Ben Haddou y se pasa una noche en una jaima bereber en medio del desierto; entre otras cosas.
    • Precio: 180 € (precio para 2 personas).
  • Excursión de 4 días al desierto de Merzouga.
    • Descripción: esta ruta sería más o menos la equivalente a la que hicimos nosotros por nuestra cuenta. Con cuatro días puedes visitar bastantes más puntos durante el camino. Si tienes tiempo, para nosotros sería la más recomendable.
    • Precio: 690 € (precio para 2 personas).
  • 5 días de aventura, ruta Dakar y Merzouga.
    • Descripción: con un día más podrás adentrarte a lugares más recónditos por los que antaño pasaba el famoso rally Dakar.
    • Precio: 860 € (precio para 2 personas).

* Para ver los precios actualizados visita los enlaces.

Coche de alquiler

Ésta fue la opción que nosotros elegimos. La razón principal fue que nos gusta ir a nuestro ritmo, sin preocuparnos de que nadie nos está esperando, ni que tenemos que cumplir una ruta establecida. Además, hacerlo de esta forma hace que sea toda una aventura. Eso sí, te recomiendo que tengas cerradas un par de cosas antes de ir allí: el coche de alquiler y el alojamiento

El alojamiento puedes cogerlo directamente cuando llegues a un pueblo o ciudad, pero al no haber tanta oferta y normalmente llegar a una hora tarde se te puede complicar el asunto. En el caso del alojamiento en el desierto yo diría que sí o sí debes reservarlo con antelación si no quieres llevarte un chasco. Te recomendaría que reservases todos los alojamientos con antelación; así lo hacemos nosotros. De esta forma podemos comparar antes de decantarnos por uno y nos evitamos perder tiempo en el destino.

Para que te hagas una idea de los precios de los alojamientos, las dos noches que pasamos en riads rondaron los 50 € habitación doble. Sin embargo, la noche que pasamos en el desierto el precio era considerablemente mayor. Gracias a un acuerdo con el Auberge Café du sud nos hicieron una rebaja de precio, de no ser así, el precio por una jaima estándar ronda los 40 € por persona u 80 € en el campamento de lujo (incluyen desayuno y cena).

En cuanto al tema del coche, nosotros alquilamos un peugeot 206 con AVIS. Estuvimos comparando precios en la página de rentalcars para ver cuál era la empresa que mejor nos salía y al final nos decidimos por ésta. El alquiler del coche durante 4 días (incluyendo extras) fue de 165 €, más unos 75 € en gasolina. Es decir, en total unos 240 € para el transporte.

A lo anterior habría que añadir el coste de las cenas, que en nuestro caso se nos fue un poco de las manos y nos gastamos unos 30 € por noche (en el desierto estaba incluido). Sumando todo esto serían unos 240 € en transporte, 180 € en alojamiento, y 60 € en cenas, lo que hace un total de unos 480 € por dos personas. Como ves, es una opción más barata que la del tour organizado (algo más de 200 €), pero eso ya depende de los gustos de cada uno, la comodidad que desees, si prefieres tener o no un guía, etc.

Seguimos con el relato... El día no había amanecido tan caluroso como para poder desayunar en la terraza del riad, así que un día más lo tomamos en el salón. El desayuno fue muy similar al anterior, salvo por alguna pequeña variación. Eso sí, el riquísimo té bereber estaba presente. De hecho, en esta ocasión me enseñó a hacerlo. Usaba unas 9 plantas que compraba en el mercado, así que muy a nuestro pesar no podríamos hacerlo cuando volviésemos a casa.

Desayuno en el riad Dar Nakous

Tras pagar el alojamiento y darle una propina por lo bien que nos había tratado durante nuestra estancia (comprarnos los billetes de bus a Essaouira, enseñarnos a hacer el té...), nos fuimos a buscar un taxi para ir a la oficina de la empresa de alquiler de coches. Salimos a una plazoleta cercana, dónde había unos pocos taxis aparcados, y les preguntamos por cuanto valía ir hasta dónde nosotros queríamos. Nos dijeron un burrada de dinero y, por supuesto, les respondimos que no, que pusiesen el taxímetro. Hablaron entre ellos y, entre risas, nos negaron con la cabeza. Insistimos un par de veces y al ver que se mantenían en sus trece, les dijimos que de eso nada y nos fuimos a buscar otro lado. No llevábamos caminando ni un minuto cuando encontramos otro taxi que no puso ningún impedimento en poner el taxímetro. Así que ya sabes, si te pasa esta misma situación, no te dejes engañar y no te montes en un taxi que no quiera poner el taxímetro, porque al final te van a cobrar muchísimo más de lo que realmente sería.

Recogiendo el coche de alquiler

Llegamos a la oficina de Avis en la avenida Mohammed V después de poco más de cuarto de hora. Enseñamos los papeles de la reserva y comenzamos con los trámites del alquiler. Aunque no lo teníamos contratado en la reserva, a última hora decidimos incluir un seguro adicional que nos cubría pequeños rayones, rotura de cristales, etc. Preferíamos no tener que preocuparnos por estos problemas. Así, si nos saltaba alguna piedrecita al cristal o nos rayaban el coche nos evitábamos pagar la reparación. Ahora no recuerdo el precio, pero tampoco era mucho.

Tras terminar de firmar todos los papeles y enseñar los documentos necesarios, nos fuimos a la calle a recoger el coche con uno de los empleados. Lo primero que hay que hacer en estos casos es apuntar todos y cada uno de los rozones, abolladuras o cualquier tipo de desperfecto que tenga el coche. El empleado nos dio un papel con el esquema de un coche para que los fuésemos apuntando, pero además de esto fuimos haciendo fotos desde todos los lados para también tenerlo nosotros. Después de firmar ese último papel, nos dio las llaves del coche y el GPS. Ahora sí comenzaba nuestra ruta de cuatro días por el sur de Marruecos.

Lena se puso al volante y arrancamos. La verdad es que al principio iba un poco tensa, pero no era para menos. La manera que tienen de conducir allí es bastante más caótica que en España. Los coches se cruzan sin previo aviso y tienes que estar muy atento a todo lo que pasa a tu alrededor. En las grandes avenidas, cuando la circulación es más fluida, el tráfico se normaliza un poco más.

En apenas unos minutos ya habíamos abandonado Marrakech y el tráfico se había disminuido muchísimo. Al final, salir de la ciudad fue mucho más sencillo de lo que nos imaginábamos. Pese a que el tráfico es más caótico que en España, no fue la locura que nos imaginábamos.

La cordillera del Atlas
Colina en el sur de Marruecos

Dejamos atrás Marrakech y poco a poco el paisaje fue cambiado, nos íbamos acercando a la cordillera del Atlas. Pasamos por pequeñas poblaciones donde parecía que el tiempo se había detenido hace años. Gente montada en burro, carros tirados por caballos, ancianos sentados en la calle observando tranquilamente el día a día... En conclusión, todas esas escenas que los que vivimos en ciudades no vemos jamás.

Carreteras del sur de Marruecos Estado de las carreteras en el sur de Marruecos

Llevamos ya un par de horas conduciendo y hacemos una breve parada para estirar las piernas. Nos está sorprendiendo el estado en el que se encuentra la carretera, está bastante mejor de lo que esperábamos. Poco tienen que envidiar a las carreteras españolas, al menos por lo que hemos visto hasta el momento.

Lena delante de nuestro coche de alquiler por el sur de Marruecos

Unos kilómetros después de la parada comenzamos a subir las montañas. La carretera cambia por completo. La inclinación y la sucesión interminable de curvas nos hacen ir más lentos y gastar más gasolina. Además, por esta zona están en obras (a fecha del viaje, noviembre de 2015), en lo que parece ser una ampliación y mejora de la carretera. Esto nos hace ir aun más lentos. Pero bueno, con paciencia y tranquilidad vamos avanzando. Es mejor ir algo más lentos, pero seguros. Algo que vemos bastante frecuentemente y que nos llama mucho la atención es que muchos coches marroquíes adelantan aunque no tengan visibilidad o incluso en curvas. Esto en España lo veríamos como una locura, pero en Marruecos parece una práctica bastante habitual, por eso es mejor ir con cuidado. De todas formas, a las velocidades que vamos da tiempo de sobra para frenar y que ambos coches se aparten sin chocar. El ir tan lentos también tiene otra ventaja, nos permite disfrutar de los impresionantes paisajes de esta zona del país.

Subiendo por carretera la cordillera del Atlas Cordillera del Atlas

Terminamos de subir y llegamos al famoso puerto Tizi n'Tichka. Con 2260 metros de altura, este lugar es el paso de carretera más alto del país. Además también se le conoce como la "puerta del Desierto de Sáhara", ya que conecta Marrakech con el gran desierto. En esta ocasión no paramos porque íbamos algo justos de tiempo y no queríamos llegar muy tarde a nuestro destino (ya lo haríamos a la vuelta). A estas altitudes empezamos a ver algo nieve, por lo que es conveniente informarse previamente si el puerto está en buenas condiciones o está cerrado. En las fechas que nosotros fuimos es raro que esto ocurra, pero sí que puede pasar en los meses de invierno. Así que si vas a hacer esta ruta, infórmate antes para evitar sustos una vez llegues allí.

Una persona en burro por las carreteras del sur de Marruecos

Pese a las curvas, el camino está siendo bastante sencillo, básicamente hay que seguir todo el rato por la carretera N9 y tener algo de cuidado con los adelantamientos en las zonas de curvas. Eso sí, el ir tan despacio y con marchas cortas, ha hecho que el depósito de gasolina haya bajado bastante, aunque por el momento preferimos no repostar.

El impresionante kasbah Aït Ben Haddou

Pasadas dos horas desde que hicimos la parada llegamos a Tabourahte, dónde cogemos el desvío en dirección a Aït Ben Haddou. En este caso la carretera está un poco peor, pero aun así no hay ningún problema en ir por ella durante los 10 kilómetros aproximados que hay hasta el destino. Aparcamos al lado de un pequeña tienda donde aprovechamos para comprar una Coca-Cola de litro y medio (15 MAD, unos 1,40 €) y una bolsa grande de patatas por 20 MAD (1,86 € al cambio). Era tarde y habíamos decidido no parar para comer hasta que llegásemos al riad, pero algo teníamos que meternos en el estómago.

Fuimos caminando hacia uno de los lugares que más ilusión nos hacía visitar, la famosa Kasbah de Aït Ben Haddou. Un lugar Patrimonio de la Humanidad que posiblemente te suene por haber aparecido en numerosas películas como Gladiator, La momia, Babel o Prince of Persia: The Sands of Time. En el interior de este lugar se conservan construcciones del siglo XVII y es sin lugar a duda, uno de los principales atractivos de la Ruta de las Mil Kasbahs.

Kasbah de Aït Ben Haddou

Una aclaración, antes he dicho kasbah de Aït Ben Haddou, que es como normalmente se le cita a este lugar, pero realmente se debería decir Ksar de Aït Ben Haddou. La diferencia entre kasbah y ksar, simplificándolo mucho, sería que una kasbah es una casa fortificada y un ksar es un poblado fortificado.

Al llegar a la orilla del cauce del río Ounila vimos el ksar de Aït Ben Haddou. Era impresionante, imponente. No me extraña que haya sido el escenario de tantas películas, es un lugar precioso.

Kasbah de Aït Ben Haddou vista desde abajo

Cruzamos el cauce seco del río y fuimos subiendo por las callejuelas. Parecía un lugar abandonado. No veíamos a nadie, salvo alguna pequeña tienda que nos encontramos por el camino. Pero es que además, no había apenas turistas. Supongo que ir en noviembre ayuda bastante a poder disfrutar de lugares así con mayor intimidad.

Una fortaleza dentro de la Kasbah de Aït Ben Haddou Calles de la Kasbah de Aït Ben Haddou

Después de subir un rato llegamos a la parte superior. Las vistas desde allí son increíbles, es un lugar lleno de magia y encanto que ha conservado toda la esencia de su época.

Alberto en la Kasbah de Aït Ben Haddou
Torre en la Kasbah de Aït Ben Haddou Vistas desde uno de los miradores de la Kasbah de Aït Ben Haddou
Lena en la Kasbah de Aït Ben Haddou

Estábamos tranquilos, disfrutando del momento cuando a lo lejos, en el cauce del río, vimos un montón de gente. ¡Estaban grabando una película! Aquel montón de gente representaba a un ejército que cargaba contra el enemigo. La misma toma la repitieron una y otra vez durante todo el rato que estuvimos allí. Aunque estaban muy lejos, las cámaras enfocaban hacia nosotros. Así que, quien sabe, quizás salimos en una película y no lo sabemos aun.

Grabación de una película en la Kasbah de Aït Ben Haddou

Seguimos subiendo hasta llegar al agadir (granero fortificado) que se encuentra en lo alto de la colina. Desde allí las vistas al palmeral y a la hamada son espectaculares. Eso sí, allí arriba el viento corría con fuerza. Menos mal que nos llevamos los abrigos porque ahora sí que se notaba algo más de frío.

Vista de la hamada desde lo alto de la colina
Vistas desde lo alto de la colina Lena frente al agadir

Tras un rato callejeando por ese maravilloso lugar y después de un montón de fotos, volvimos a cruzar el río. Lo llamo río, aunque no corría ni una gota de agua. Cuando llegamos al otro lado hicimos la foto de rigor, la típica foto de postal que se suele ver en las guías, pese a que el Sol ya casi se había ido. Tampoco quisimos entretenernos mucho porque se nos había hecho bastante tarde y todavía nos quedaban unos cuantos kilómetros de carretera. Tendríamos que hacer una buena parte del camino de noche.

Nosotros frente a la Kasbah de Aït Ben Haddou
De camino al riad, una llamada inesperada

Aun nos faltaban más de 150 kilómetros hasta nuestro destino y con la gasolina que había en el depósito no nos daba ni de coña para llegar. Aprovechamos que pasábamos por Ouarzazate, la ciudad principal de la zona, para parar en una de sus gasolineras y llenar el depósito por 280 MAD (28 litros por unos 26 €).

Íbamos conduciendo tranquilamente, cuando de repente recibo una llamada de un número marroquí. ¿Quién podría ser? Con mi mente pensando en las tarifas del roaming y en el sablazo que me iban a dar en la factura del teléfono, respondí. Eran los del alojamiento en el que íbamos a dormir esa noche. Estaban preocupados por si nos había pasado algo o no encontrábamos el riad. Les dijimos que no se preocupasen, en unos veinte minutos llegaríamos allí.

Nos alojamos en una kasbah en el valle del Dades

Al final, 3 horas y pico más tarde de nuestra salida del Kasbah de Aït Ben Haddou, llegamos al Riad Timadrouine. Los tiempos que habíamos consultado con Google Maps e incluso lo que nos decía el gps del coche, se acercaban bastante poco a la realidad; se tardaba mucho más. Nada más aparcamos el coche salieron a recibirnos y a ayudarnos con las maletas. Nos dieron la bienvenida y nos dijeron, y cito palabras textuales, "Esta noche sois los reyes del castillo, estamos a vuestro servicio". Toma ya, eso es un recibimiento y lo demás son tonterías. Pero lo mejor es que no era una frase hecha, era completamente literal. Éramos los únicos huéspedes de aquel riad que era, ni más ni menos que, una increíble kasbah transformada en riad. ¡Íbamos a dormir en una fortaleza marroquí! El lugar era impresionante, pero eso ya lo detallaré con pelos y señales en otra entrada del blog, sigamos con la historia.

Habitación del Riad Timadrouine

Nos preguntaron si queríamos cenar allí. Tampoco teníamos muchas más opciones teniendo en cuenta las horas que eran, así que aceptamos. Nos dijeron que iban a empezar a preparar las brasas de la barbacoa y que si queríamos, todavía nos quedaba algo de tiempo para poder ir al hamman del riad y relajarnos hasta la cena. Así que no lo dudamos, nos cambiamos y nos fuimos para allá.

Lena en el jacuzzi del Riad Timadrouine

El hamman-spa era precioso, estaba decorado con un montón de detalles marroquíes y además era de uso gratuito para los huéspedes del riad. Primero estuvimos relajándonos un buen rato en el jacuzzi, para terminar yendo unos minutos al hamman. La verdad es que fue una grandísima pena no haber podido llegar antes al riad para disfrutar de aquel lugar. La media hora que estuvimos nos supo a poco.

Tras disfrutar del hamman, nos cambiamos y fuimos al salón-comedor. La iluminación tenue, la decoración rústica y el calor de la chimenea hacían de la estancia un lugar muy acogedor. Poco a poco nos fueron sirviendo los platos de un menú cerrado. Como entrantes nos pusieron una pequeña ensalada de tomate, una berenjena con una especie de pisto por encima y una sardina a la barbacoa con un toque marroquí. El primero fue algo parecido a una empanadilla, acompañada de un puré de patata especiado y pepinillos aliñados. Todo estaba riquísimo, pero lo mejor llegó con el principal, una barbacoa de cordero que estaba para chuparse los dedos. Por último y para rematar el menú, nos sirvieron una mousse de chocolate.

Entrante de la cena en el riad Timadrouine Primer plato de la cena en el riad Timadrouine
Barbacoa en el riad Timadrouine Postre de la cena en el riad Timadrouine

La cena estuvo genial, especialmente la barbacoa, la única pega es que quizás fue algo cara. Pagamos en total 30 €. También es cierto que mereció la pena tanto por el lugar, como por el servicio y el sabor de los platos. Fue una velada genial con la que terminamos el primer día de la Ruta de las Mil Kasbahs.


Te dejo un mapa con los puntos de interés que visitamos durante el primer día que estuvimos en ruta por el sur de Marruecos, además de otros que puedes visitar si tienes más tiempo (marcados en amarillo).

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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miércoles, 18 de enero de 2017

Un paseo por la medina de Marrakech

Patio interior de la Madrasa Ali Ben Youssef

Comenzaba un nuevo día en Marrakech y queríamos seguir descubriendo la ciudad, pasear por sus laberínticas calles y encandilarnos con sus colores, aromas y sabores. La magia de nuestro alojamiento, el riad Dar Nakous, solo hacía aumentar esta sensación. Daba gusto levantarse en un lugar así.

Hacía algo más de fresco que la mañana anterior, así que decidimos tomar el desayuno en el salón interior del riad en vez de en la terraza. Al igual que la mañana anterior, estaba todo riquísimo, sabores naturales y caseros acompañados de un delicioso té bereber. Nos encanta el té y el de este lugar es de los mejores que hemos probado nunca.

Desayuno en el salón interior del riad Dar Nakous

Antes de irnos, le pedimos al encargado del riad que si podía ir a comprarnos un par de billetes de bus para Essaouira (2*110 MAD, solo ida) para cuando volviésemos de hacer la Ruta de las Mil Kasbahs. Nos dijo que por supuesto, que cualquier cosa que pudiese hacer por nosotros. lo haría. Nosotros nos teníamos que preocupar solo de disfrutar de la ciudad. Pero qué majo. Hizo el trámite sin cobrarnos ningún cargo y nos ahorró bastante tiempo.

Mezquita de la Koutoubia, el edificio más alto de Marrakech

Salimos del riad y nos fuimos a seguir conociendo la ciudad. El primer destino de la lista era la Mezquita de la Koutoubia, pero antes pasamos por la omnipresente plaza Jemaa el-Fna. Esa plaza siempre tiene vida, siempre tiene algo que ofrecerte, parece que nunca descansa. Desde allí no hay pérdida, basta con que mires alrededor para distinguir a lo lejos el minarete de la mezquita, que con sus 66 metros de alto es el edificio más alto de la ciudad. Para llegar allí, caminamos por la Rue Ibn Khaldoun, una calle llena de carruajes de caballos donde los cocheros no paraban de ofrecernos sus servicios. Pero sinceramente, no era algo que nos apeteciese hacer en Marrakech, preferíamos caminar por sus calles.

Mezquita de la Koutoubia

La Mezquita de la Koutoubia es la mezquita más importante de Marrakech. Data del siglo XII y su famoso minarete dicen que sirvió de inspiración para construir la Giralda de Sevilla. Por desgracia, para todos aquellos que no somos musulmanes, no se nos permite la entrada al templo.

Pese a que no se puede entrar merece la pena ir hasta allí y ver de cerca la Mezquita. Además, en los alrededores se encuentran los jardines de la Mezquita de la Koutoubia, un lugar tranquilo para pasear y hacer algunas fotos.

Jardines de la Mezquita de la Koutoubia
Callejeando por el zoco de Marrakech

Tras dar alguna vuelta por la zona de la mezquita, deshicimos nuestros pasos y nos fuimos al zoco de Marrakech, el gran bazar de la ciudad. Para los amantes de las compras y el regateo este lugar es un auténtico paraíso. Puedes encontrar un montonazo de cosas a muy buen precio, solo hay que armarse de paciencia y regatear sin prisas.

Zoco de Marrakech

Las calles que conforman este gran zoco se encuentran en la parte norte de la plaza Jemaa el-Fna. Nos resultó curioso ver como las tiendas se agrupan por gremios. Por ejemplo, en una calle nos encontrábamos solo productos de cuero y al torcer la esquina solo había puestos de lámparas, de comida o de ropa. Pese a que no somos muy de shopping y tampoco tenemos mucha paciencia para el regateo, nos gustó mucho el paseo que dimos por allí. Bueno, rectifico, a Lena no le gusta el regateo. Sin embargo, yo cada vez le voy cogiendo más el gustillo, la verdad.

Tienda especializada en balones de fútbol en el zoco de Marrakech
Interior de una tienda de lámparas en el zoco de Marrakech Zona de tiendas de lámparas en el zoco de Marrakech
Madrasa Ali Ben Youssef, uno de los tesoros de Marrakech

Pese a la insistencia de los mercaderes conseguimos salir del zoco sin comprar nada. Toda una hazaña, sin duda. Desde allí nos fuimos a visitar la Madrasa Ali Ben Youssef o simplemente Madrasa de Ben Youssef. Un lugar que, pese a no ser de los que más ganas teníamos de ver en la ciudad, fue de lo que más nos gustó. La entrada cuesta 20 MAD (unos 1,86 €) por persona y el horario de visita es de 8:00 a 17:00. Para ver la información actualizada visita la página de la Madrasa Ali Ben Yousef.

Al buscar información sobre Marrakech, vi este lugar, pero ¿qué es una madrasa? Es el nombre que se le da a las escuelas en la cultura árabe. ¡Bendita Wikipedia que siempre nos saca de un apuro! En este caso, la Madrasa de Ben Youssef es la más importante de Marrakech. Construida en el siglo XIV fue utilizada para alojar a más de 800 estudiantes en sus celdas o habitaciones.

Vista general del patio interior de la Madrasa Ali Ben Youssef
Alberto en el patio interior de la Madrasa Ali Ben Youssef Tragaluz de la Madrasa Ali Ben Youssef

El lugar impresiona nada más entrar. Tan pronto entramos en el patio interior nos dimos cuenta de la belleza de aquel sitio. De hecho, nos pasamos un buen rato allí sentados admirando los detalles de las paredes, los arcos, la madera labrada, los estucos... Un lugar para relajarse y disfrutar.

Lena frente a unos bonitos azulejos de la Madrasa Ali Ben Youssef
Interior de una sala de la Madrasa Ali Ben Youssef Lena en el patio interior de la Madrasa Ali Ben Youssef

Tras estar un buen rato observando el patio interior subimos las escaleras laterales y empezamos recorrer los pasillos de la escuela. Éstos comunican las diferentes celdas donde dormían los estudiantes, así como otras estancias de la escuela. El lugar es increíble. Por cierto, hay una muy buena vista del patio interior si te asomas por alguna de las ventanas que hay en las celdas del piso superior.

Vistas del patio interior desde el primer piso de la Madrasa Ali Ben Youssef Los dos en una ventana de la Madrasa Ali Ben Youssef

Antes de irnos de la madraza fuimos al servicio (5 MAD, algo menos de 0,50 €). Bueno, pues si el lugar es espectacular, los servicios no se quedaban atrás. La decoración seguía la misma línea que el resto del edificio, de hecho, me atrevería a decir que esos servicios eran originales salvo "algunas ligeras mejoras modernas". Lástima que no hiciese ninguna foto para que lo puedas ver.

Patio de la Madrasa Ali Ben Youssef
Alberto en un balcón de la Madrasa Ali Ben Youssef Lena en un balcón de la Madrasa Ali Ben Youssef
Lune D'or, un restaurante bueno y barato en el centro de Marrakech

Nos moríamos de hambre, así que al salir de la madraza nos fuimos a buscar algún lugar dónde comer cerca de la plaza Jemaa el-Fnaa. Paseando por una de sus bocacalles, Passage Prince Moulay Rachid, vimos una terraza llena de gente. Era la del restaurante Lune D'or, un lugar sencillo, con variedad de comida y a buen precio, así que nos sentamos y probamos a ver qué tal. Puedes ver la localización exacta del restaurante aquí.

Después de darle vueltas a la carta nos pedimos un tajín de carne y ciruelas (50 MAD, unos 4,67 €), una pizza margarita (30 MAD, 2,80 € al cambio), una tortilla con queso para compartir (25 MAD, unos 2,33 €) y dos tés para beber (10 MAD cada uno, 0,93 € al cambio).

Tajín de carne y ciruelas en el restaurante Lune D'or

El tajín de carne y ciruelas estaba delicioso, con la carne bien jugosa y las ciruelas dándole ese toque dulce tan rico. Para mí fue el mejor tajín que comimos en todo Marruecos. La pizza margarita estaba bien, al igual que la tortilla con queso, pero nada que ver con el plato de carne.

Al final de la comida estuvimos hablando con una pareja que se sentó al lado nuestro en la terraza. La chica era española, pero el chico era de origen marroquí que vivía en España desde hacía muchos años. Nos aconsejaron que tomásemos un batido de aguacate (13 MAD, unos 1,20 €) y así lo hicimos. Estaba riquísimo, de hecho, no fue la última vez en el viaje que nos pedimos ese mismo batido. Les estuvimos hablando sobre la ruta que teníamos pensado hacer y nos dio algún consejo para hacer la Ruta de las Mil Kasbahs y que todo nos fuese bien. Básicamente, se podía resumir en que tuviésemos cuidado con la policía porque tienen fama de ser algo corruptos y te intentan sacar dinero con multas por exceso de velocidad, etc. También nos dijo que pese a que viésemos a gente haciendo autostop por el camino, no debíamos recogerles. No tenía porqué pasarnos nada, pero podía darse el caso de que nos atracasen y se llevasen todo.

Lena bebiendo un batido de aguacate

La verdad es que la conversación con la pareja nos había dejado algo intranquilos por las precauciones que teníamos que tomar los próximos días. Pero al final, la realidad que nosotros percibimos fue bastante distinta y mucho menos peligrosa de cómo la pintaba él.

Una pastelería de referencia en Marrakech

Tras el festín nos fuimos a dar una vuelta para bajar la comida. Íbamos caminando por la calle en la que habíamos comido en dirección contraria a la plaza Jemaa el-Fna. Lo que se suponía era un paseo sin más, tenía un destino bien claro, la pastelería "Patisserie des Princes Glacier - Salon de thé". Había leído buenas referencias de este lugar, así que hicimos una parada para comprarnos un par de pasteles, uno de 6 MAD (unos 0,56 €) y el otro de 16 MAD (1,50 €). Estábamos llenísimos y comérnoslos en ese momento hubiese sido pura gula. Así que nos los guardamos para más tarde, para cuando volviese a surgir el gusanillo.

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Seguimos caminando por las calles de la ciudad en dirección a nuestro riad, para descansar un poco. Fuimos por calles distintas por las que aún no habíamos pisado, saliéndonos de las más transitadas y turísticas, para ver cómo era la vida de la gente. Es lo bueno de usar el app maps.me del que ya os he hablado, que aunque vayas por lugares desconocidos no te pierdes.

Al rato de llegar a la habitación y tras haber descansado un poco, no pudimos resistirnos y nos comimos los pasteles que habíamos comprado en la Patisserie des Princes Glacier. La verdad es que aguantamos demasiado sin abrir la cajita de los pasteles. ¡Nos puede el dulce!

Café de France, té con vistas a la plaza Jemaa el-Fnaa

Ya estaba anocheciendo y volvimos a salir a la calle, pese a que nos podía la modorra. Queríamos despedirnos de la ciudad como es debido antes de comenzar la ruta hacia el desierto. Así que nos dirigimos a la plaza Jemaa el-Fnaa para tomarnos un té a la menta desde la terraza de uno de sus cafés. Hay varias buenas opciones en la plaza para hacer esto, pero en nuestro caso elegimos el café de France, ya que desde aquí se ven los puestos de comida nocturnos y de fondo la mezquita de la Koutoubia.

Vistas de la plaza Jemaa el-Fnaa desde la terraza del café de France

No es un lugar barato, ni mucho menos. Un té a la menta vale 15 MAD (unos 1,40 €) y tampoco es nada del otro mundo. Lo que realmente pagas son las vistas que se tienen desde la terraza. Pese a todo, para nosotros mereció la pena. Con un telón de fondo envidiable, estuvimos charlando tranquilamente entre sorbo y sorbo de té, observando la vida de una plaza que parece que nunca descansa.

De vuelta al riad nos acercamos a un cajero automático que había en la plaza Jemaa el-Fna para sacar algo de dinero en efectivo antes de iniciar la ruta en coche al día siguiente. Cerca había un puesto de palomitas y no nos pudimos resistir a comprar un par de bolsas (3 MAD cada una, unos 0,28 €) antes de irnos a dormir.

Hoy terminaba nuestra etapa en Marrakech, una ciudad que nos había gustado más de lo que esperábamos, pese a que nos dejamos unas cuantas cosas sin ver como los Jardín Majorelle, el Museo de Marrakech, los Jardines de la Menara o dar un paseo en camello por el Palmeral (los tienes marcados en el mapa de más abajo). Sin embargo, al día siguiente empezaba lo bueno, empezaba la aventura de la Ruta de las Mil Kasbahs.

Te dejo un mapa con los puntos de interés de Marrakech que te he ido comentando a lo largo del post, además de otros que puedes visitar si tienes más tiempo (marcados en amarillo).

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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