martes, 1 de mayo de 2018

Próximo destino... ¡Jordania!

Petra por la noche

¡Este viernes nos vamos Jordania! Sí, este año empezamos con los grandes viajes antes de verano. Volaremos a un país que teníamos ganas de visitar desde hace muchísimos años. Además será un roadtrip, una de las formas en las que más disfrutamos recorriendo un destino. A nuestro ritmo, con total libertad y marcando nosotros cuándo y dónde queremos parar.

Han pasado ya unos años de nuestro viaje a Marruecos, el último viaje que hicimos por un país de la Liga Árabe. Tenemos ganas de saborear sus comida, su dulces, sus tés; disfrutar de su cultura, su amabilidad y su hospitalidad; y por supuesto, maravillarnos con su riqueza patrimonial. ¿Quién no ha oído hablar de Petra alguna vez?

Estaremos 10 días en el país, sin tener en cuenta los días en los que volamos. Saldremos el viernes 4 de mayo por la tarde y volveremos la madrugada del lunes 14 al martes 15. Durante ese tiempo recorreremos con un coche de alquiler los principales puntos de interés del país. Visitaremos sus ruinas, castillos, conjuntos arquitectónicos, la impresionante Petra... pero también tendremos nuestros momentos de aventura que tanto nos gustan. Haremos trekking en el desierto de Wadi Rum, buceo, snorkel y barranquismo. Incluso habrá algún momento de relax, pero tampoco mucho, que ya sabéis que somos de culo inquieto.

Ruta planificada

Tras un vuelo con escala en Estambul, llegaremos a Amman, la capital jordana. El primer día lo dedicaremos a ver la ciudad, pasear por su ciudadela, sus calles, zocos y tomarle el pulso a este país. Al menos eso intentaremos, porque al volar de madrugada, no creo que podamos dormir demasiado y, antes de que llegue la noche, nuestro cuerpo nos pedirá descansar.

Teatro romano de Amán

Nuestra siguiente visita será Jerash, una de las antiguas ciudades que formaba parte de la Decápolis romana, que se encuentra en el norte del país. Caminaremos entre columnatas que tienen casi dos milenios, antiguos templos bien conservados, teatros que aún guardan casi todo su esplendor... También aprovecharemos ese día para visitar el castillo de Ajlun, un bastión de la época de Saladino que se usó para protegerse de los ataques de los cruzados.

Templo de Artemisa en Jerash

Nuestro primer día de roadtrip hacia la ansiada Petra tendrá varias paradas. Visitaremos mosaicos milenarios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en Umm ar-Rasas. Desde allí, seguiremos por el mítico Camino de los Reyes hasta llegar al famoso castillo de Karak, testigo de innumerables luchas entre los cruzados y los ejércitos de Saladino. Finalmente, tras visitar otra fortaleza histórica, el castillo de Shobak, llegaremos a Wadi Musa, la localidad que se encuentra a la entrada de Petra

Castillo de Al-Karak

Petra es un conjunto arquitectónico al que le sobran adjetivos y que ansiamos ver desde hace mucho tiempo. Caminar por su Siq y llegar al Tesoro, esa preciosa fachada esculpida en la roca, es sueño que por fin cumpliremos. Y es que si este lugar fue nombrado como una de las nuevas siete maravillas del mundo, por algo será, ¿no?. Fue la capital del antiguo pueblo de los nabateos, ciudad caída en el olvido durante siglos, escenario de películas como Indiana Jones y la Última Cruzada y, hoy en día, el lugar más visitado de toda Jordania. Queremos disfrutar bien Petra, así que le dedicaremos dos días enteros.

Petra

Tras Petra seguiremos hacia el sur hasta Wadi Rum. Este hermoso desierto rojizo de arena y roca nos espera con atardeceres y amaneceres que seguramente nos cueste olvidar, con trekkings impresionantes y con un cielo estrellado que disfrutaremos desde un campamento beduino en el que pasaremos la noche.

Wadi Rum

De la aridez del paisaje de Wadi Rum continuaremos nuestra ruta hasta Aqaba, localidad ubicada a las orillas del mar Rojo. A este lugar no iremos a ver construcciones antiguas o modernas, vamos a disfrutar de sus fondos marinos. Durante un par de días bucearemos y haremos snorkel en la pequeña costa del país de tan solo 24 kilómetros. Nuestra intención es disfrutar de sus corales, peces y algún que otro pecio como un tanque hundido que se encuentra a tan solo 5 metros de la superficie.

Tanque M42 en el mar Rojo en la costa jordana

Desde Aqaba comenzaremos nuestro camino de regreso hacia el aeropuerto, pero antes pararemos en las aguas del mar Muerto para saber qué se siente al flotar en sus salinas aguas, a 430 metros bajo el nivel del mar. Tras una tarde de relax y con las pilas recargadas, comenzaremos nuestro último día en el país haciendo barranquismo en Wadi Mujib. Después de esto y con las fuerzas que nos queden, visitaremos el Monte Nebo desde donde la Biblia dice que Moisés vió la Tierra Prometida. Tras ello, veremos el famoso mapa de Madaba, ubicado en la iglesia bizantina de San Jorge en Madaba. Dependiendo del tiempo con el que contemos antes de coger el vuelo de regreso a casa, nos dirigiremos al este para visitar alguno de los castillos del desierto.

Wadi Mujib

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domingo, 29 de abril de 2018

Oeste de Islandia: Glymur, la cascada más alta del país

Vistas desde lo alto de la ruta hacía la cascada Glymur con el río Botnsá en la parte baja

Hoy era el último día en ruta por Islandia. Aunque aún nos quedaba un día más en el que haríamos rafting, hoy terminábamos nuestra vuelta completa a la isla. Salíamos desde la parte noroeste y teníamos por delante más de 5 horas de viaje para visitar el volcán Grábrók; la cascada más alta de Islandia, Glymur; las cuevas de Surtshellir y otras cascadas más pequeñas como Barnafoss y Hraunfossar.

Grábrók, el volcán con vientos huracanados

Después de haber trasnochado el día anterior por ver la aurora boreal, las sábanas se nos pegaron un poquito. Como ya arrastrábamos mucho cansancio, desayunamos tranquilamente y cogimos el coche para comenzar el último día recorriendo Islandia con destino Grábrók. En este camino nos llevamos un pequeño susto con la gasolina del coche. Nuestro pequeño diablo rojo tenía un depósito bastante pequeño, por lo que siempre teníamos que andar con ojo con las gasolineras. En Islandia, cuando pasas una gasolinera suele haber un cartel que te indica la distancia hasta la siguiente, sobre todo en zonas en las que no abundan. Cuando salimos del alojamiento preguntamos y nos dijeron que a pocos kilómetros había dos relativamente seguidas. Paramos en la primera, era una self-service, pero el lector de tarjetas no funcionaba bien, así que salimos en busca de la siguiente. Cuando llegamos a ella había unos cuantos coches acumulados. Qué mal rollo… Cuando nos llegó el turno (era otra self-service), tampoco funcionaba. ¡Ay madre! Salimos de allí con la incertidumbre de si llegaríamos a la siguiente que, según el cartelito, estaba a unos 30 km. Todo el camino hasta Grábrók fuimos con bastante miedito, pero al final llegamos hasta la gasolinera que estaba poco antes de llegar al volcán. Pocas veces me he alegrado tanto de ver una gasolinera funcionando. Así que ya sabéis, si hacéis una ruta en coche por Islandia, siempre hay que ser precavido con la gasolina y no arriesgar demasiado, porque no tienes garantías de que la siguiente esté operativa.

Volcán Grábrók en el oeste Islandia

El volcán Grábrók está justo al lado de la carretera 1. El parking está situado justo a los pies del volcán y desde allí sale un sendero con escaleras de madera que nos lleva hasta la cima. No recuerdo que tardásemos mucho en subir, pero lo que sí que recuerdo es el viento que hacía cuando llegamos arriba. Ya en las guías decían que era un lugar muy ventoso, pero la realidad superó nuestras expectativas. Podías inclinarte un montón y el viento te sostenía sin problema. Como si fuésemos Michael Jackson.

Grábrók es el más grande de los tres cráteres situados en un cañón volcánico. Tiene 173 metros de altura y desde arriba se tienen unas vistas preciosas del valle, las montañas y del volcán más cercano. Como nos gustó el sitio, decidimos dar una vuelta completa alrededor del cráter. Es un agradable paseo y no se tarda demasiado en hacerlo.

Un viento brutal en el volcán Grábrók en el oeste Islandia Interior del volcán Grábrók en el oeste Islandia

Este volcán no tiene mucho de especial, pero al estar situado justo al lado de la Ring Road es una buena parada para estirar las piernas y subir a lo alto para disfrutar de las vistas. No os va a llevar demasiado y no todos los días puedes estar en la cima de un volcán.

Montañas en el oeste Islandia desde el volcán Grábrók

Hraunfossar y Barnafoss, dos cascadas con mucho encanto

Tras salir de aquí nos dirigimos hacia Hraunfossar y Barnafoss. El trayecto nos llevó más o menos una hora. Al principio se va por carreteras asfaltadas, hasta llegar a la 518, que es una pista de tierra. De todos modos, el acceso hasta el parking de las cascadas no es complicado. Una vez allí, en el parking, hay un punto de información en el que se nos muestran los diferentes caminos y miradores de la zona.

El agua brotando a través de la cascada Hraunfossar

Nosotros tomamos el sendero de la izquierda que lleva directamente a unas cascadas muy diferentes al resto, Hraunfossar. Hraunfossar se traduce como "las cascadas de lava" y es que se trata de un conjunto de pequeñas cascadas cuyo agua no proviene de un río sino que emerge del suelo. El agua de las lluvias y del deshielo glaciar se filtra bajo el campo de lava y sube a la superficie al alcanzar una capa de material impermeable situado en el borde del río, lo que da lugar a un espectáculo precioso. Estas cascadas se extienden hasta 1 km río abajo. Es muy curioso ver cómo surgen de la nada. Hay dos miradores en la zona desde las que ver Hraunfossar. En el primero tendremos una visión más frontal y en el segundo algo más lateral. Ambos se encuentran a escasos 5 minutos por lo que no cuesta nada acercarse a los dos y tener diferentes perspectivas. Existe un tercer mirador en el otro margen del río. Desde él las vistas no son mejores, pero desde allí se puede observar como Hraunfossar se extiende por el margen derecho hasta que se nos pierde la vista.

Alberto frente a la cascada Hraunfossar
Hraunfossar, una cascada tremendamente ancha Lena frente a la cascada Hraunfossar

A apenas 5 minutos del segundo mirador vamos a llegar a Barnafoss, la cascada de los niños. Se encuentra situada en un pequeño canal donde el río Hvitá se estrecha tanto que el impacto del agua ha esculpido la lava dando lugar a pequeños puentes y arcos. Existe una historia tradicional islandesa alrededor de esta cascada y a la que le debe el nombre. Un día de Navidad la gente de Hraunsás salió del pueblo a excepción de dos niños pequeños que eran hermanos. Cuando la gente volvió, los niños habían desaparecido, pero se encontraron sus huellas caminando hacia el río. Se creyó que se habían ahogado al caerse de un puente de piedra que se utilizaba para cruzar el río. Finalmente, su madre decidió romper el puente para prevenir otra tragedia.

Cuidado con caerse a las aguas de la cascada Hraunfossar La cascada Barnafoss

Existen varios miradores en la zona desde los que se puede apreciar cómo el río Hvitá comienza a fluir por la estrecha garganta hasta volver a ensancharse a la altura de Hraunfossar. Esta zona es un sitio agradable para disfrutar de un paseo, descubrir las cascadas y observar las curiosas formas que deja la lava al solidificarse. La parada os llevará una media hora, aunque para llegar hasta allí tendréis que conducir por un una pista de tierra por lo que hay que valorar si os merece la pena. En nuestro caso, como nos dirigíamos a las cuevas de Surtshellir, nos pillaba de paso.

Surtshellir, la gran decepción

A Alberto le apetecía mucho visitar Surtshellir, pero al final resultó ser un gran error. Desde Hraunfossar tardamos en llegar casi una hora porque comenzó a llover y la carretera era una pista de tierra en cuesta bastante peligrosa. Pero lo peor es que cuando llegamos allí y nos acercamos a la primera entrada nos dimos cuenta de que no podíamos acceder por nuestra cuenta. No había un camino y nos parecía peligroso. Nos acercamos a varias entradas pero no lo vimos claro, así que dimos un paseo y nos volvimos con las mismas.

Cueva de Surtshellir Un par de entradas a la cueva de Surtshellir

Surtshellir es la cueva de lava más larga de Islandia donde puedes encontrar estalagmitas, hielo permanente y extrañas formaciones. Está declarada como monumento natural y tiene bastante fama entre los islandeses. Nosotros no nos habíamos informado correctamente para visitarla. Hemos leído que hay tramos que se pueden hacer por libre siempre y cuando estés equipado con ropa adecuada y linternas, pero al final se llega a una puerta metálica que sólo los guías pueden abrir. Existen excursiones guiadas que seguro que hacen la visita muy interesante, pero nosotros no lo habíamos contratado, por lo que no mereció la pena el esfuerzo de llegar hasta allí.

Glymur, la cascada más alta de Islandia

Nuestra última parada del día era la cascada más alta de Islandia, Glymur. Aunque realmente existe una más alta por la zona de Skaftafell, con 227,3 metros (30 más que Glymur), que se llama Morsárfoss y fue descubierta en 2007 y medida en 2011. Lo que pasa es que se encuentra en un glaciar y es algo inaccesible, por eso decimos que ésta es la más alta. Tardamos en llegar hasta el aparcamiento casi tres horas. Tras conducir por varias pistas de tierra, llegamos a la carretera 47, desde donde se coge el desvío al aparcamiento que marca el punto de partida de un par de rutas de senderismo que recorren la zona. Nosotros queríamos ir a ver Glymur, por lo que tomamos la ruta que lleva hasta la montaña Hvalfell pasando por la cascada. La ruta hasta Glymur son unos 5.5 Km y está marcada para hacerse en unas 3 horas. Nosotros no teníamos tanto tiempo, por lo que tendríamos que darnos prisa si queríamos llegar.

Río por el oeste de Islandia Paisajes del oeste de Islandia
La cascada Glymur

La ruta es muy dinámica, aunque en ocasiones es algo exigente. Se pasa por una cueva, se atraviesa un río pasando sobre un tronco y luego se sube a lo alto de la colina para llegar hasta un mirador desde el que se puede observar buena parte de la cascada. Glymur es la cascada más alta de Islandia con 190 m de altura, aunque no es tan caudalosa como otras. Además, se encuentra algo encajonada en una garganta, por lo que apenas es posible verla completa, lo que le resta espectacularidad. El camino de la ruta se encuentra bastante expuesto, por lo que hay que tener cuidado; en especial si quieres asomarte al borde para ver la cascada. Desde lo alto, además de ver Glymur, se tienen unas vistas espectaculares del valle del río Botnsá hasta su desembocadura en el mar.

Vistas desde lo alto de la ruta hacía la cascada Glymur con el río Botnsá en la parte baja
Paisajes del valle del río Botnsá en la ruta hacia la cascada Glymur Puente en la ruta hacia la cascada Glymur
Alberto frente a la cascada Glymur

Estuvimos allí haciendo fotos y disfrutando del paisaje hasta las seis y media, hora que nos habíamos marcado como límite para emprender la vuelta. Aquí sí que me gustaría haceros una recomendación. Nosotros bajábamos tan rápido que en un despiste nos salimos del camino. Existía un sendero cerrado y, sin darnos cuenta, nos metimos por él. Éste nos llevó por unas zonas bastante peligrosas y escarpadas que, en algún momento, nos hizo pasar algo de miedo. Al final, este camino se unía al principal en un punto donde se indicaba que el sendero por el que veníamos estaba cerrado por la existencia de zonas de riesgo... Para habernos matao!!!

Momentos difíciles al salirnos de la ruta de la cascada Glymur
Unas cuevas por las que se pasan durante la ruta de la cascada Glymur Paso por una cueva en la ruta hacia la cascada Glymur

Volvimos a cruzar el río y pasar bajo la cueva para llegar al parking, donde encontramos un libro de firmas metido en una urna. No pudimos resistirnos a dejar un recuerdo. Esta ruta nos gustó bastante y, si tenéis tiempo, es recomendable hacerla. Las vistas son muy bonitas, no está muy transitada y nos resultó muy divertida por las diferentes zonas que se atraviesa. En cuanto a tiempos, en la subida tardamos algo más de una hora, eso sí, íbamos a buen ritmo y sin entretenernos demasiado. Una vez llegamos al punto en que decidimos darnos la vuelta estuvimos disfrutando del paisaje poco mas de 10 minutos y comenzamos el camino de vuelta, que nos llevó unos 40 minutos. En total tardamos poco menos de 2 horas, aunque nos hubiese gustado haber podido ir más relajados.

El final del roadtrip por Islandia

En el parking, cuando nos subimos al coche, nos envolvió un sentimiento de tristeza. Emprendíamos el camino de vuelta a Reikiavik y éste sería nuestro último trayecto en nuestro querido coche, nuestro campeón que había podido con todo lo que le habíamos echado, nuestro Demonio Rojo.

Casitas en oeste de Islandia

Llegamos a Reikiavik en algo más de hora y media y, como al día siguiente devolvíamos el coche, teníamos que llenar el depósito y limpiarlo de arriba abajo. Nosotros fuimos a una gasolinera grande que tenía una zona para limpiar, así que matamos dos pájaros de un tiro. Tras esto fuimos al Student Hostel, el mismo en el que habíamos pasado nuestra primera noche.

La vuelta a Islandia había sido algo increíble y muy especial. Nunca habíamos hecho un road trip y nos encantó. Habían sido más de 2600 km de libertad, diversión, locura y en ocasiones estrés. Pero sobre todo había sido un sueño el poder disfrutar de este modo de la tierra del hielo y el fuego, de las cascadas, icebergs, geisers, aguas termales, volcanes, fumarolas, suelos que borbotean, frailecillos, ballenas, auroras boreales, etc. Al meternos en la cama y repasar lo que habían sido estos últimos 9 días concluimos que este país es una maravilla natural con mucha diversidad de paisajes y atractivos que todo el mundo debería visitar al menos una vez en la vida.

Pero nuestro viaje aún no había acabado, al día siguiente nos íbamos de rafting, no podíamos irnos sin nuestra pizquita de aventura.


A continuación os dejamos un mapa con los puntos de interés del oeste de Islandia que visitamos durante nuestro noveno día en el país, además de otros que también puedes ver (marcados en amarillo).

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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Alojamiento

domingo, 22 de abril de 2018

Avistamiento de ballenas en Husavík, Goðafoss y la majestuosa Aurora Boreal

Godafoss, la cascada de los dioses

El día de hoy iba a ser un día muy especial, un día que recordaríamos para el resto de nuestra vida. Hoy veríamos ballenas, visitaríamos la famosa Goðafoss, daríamos un paseo por las casitas de Glaumbær, intentaríamos avistar focas en la península de Vatnsnes, conoceríamos al troll de Hvítserkur y, ¿vendría a visitarnos la Aurora Boreal?

Avistamiento de ballenas en Húsavik

En este octavo día del viaje íbamos a recorrer toda la parte norte de la isla. Sólo de coche teníamos por delante unas 6 horas, por lo que no teníamos tiempo que perder. A las 9 de la mañana ya nos encontrábamos en Húsavík porque a las 9:45 teníamos reservada una excursión para el avistamiento de ballenas con Gentle Giants. Antes de acercarnos al muelle dimos un pequeño paseo por el pueblo y descubrimos que en Húsavík se encontraba la faloteca, un museo con más de 300 penes de diferentes especies. No pudimos entrar, pero tiene que ser cuanto menos curioso, jajaja. En la actualidad, la faloteca se encuentra ubicada en Reikiavik.

Museo del pena de Islandia Cartel del museo del pene de Islandia

A las 9:45 nos estábamos subiendo al barco Sylvía que nos iba a llevar por la bahía de Skjálfandi en busca de ballenas. Cuando nos montamos en el barco nos dieron la posibilidad de subirnos al piso situado sobre el puente de mando. Pensamos que desde arriba podríamos tener una mejor visión de los animales por ambos lados, así que nos subimos. La verdad es que al principio nos lo pasábamos bien, pero cuando el barco salió a mar abierto y cogió velocidad empezamos congelarnos. Menos mal que al poco unos delfines hocico blanco comenzaron a saltar a nuestro lado y con la emoción el frío desapareció. De todas formas, si no vais muy equipados para el frío, en el barco os darán un monos para protegeros.

Barco en el que fuimos a ver ballenas Puerto de Husavík

Unos minutos después, a lo lejos, vimos un rorcual aliblanco. Nos emocionamos mucho al ver cómo respiraba y expulsaba aire al salir a la superficie, pero lo mejor estaba por venir. Tras un buen rato y cuando ya pensábamos que no íbamos a tener suerte, nos encontramos a una familia de ballenas jorobadas. ¡¡Estaban justo a nuestro lado!! Estuvimos más de 10 minutos navegando junto a ellas, viendo cómo respiraban, daban coletazos y se zambullían profundamente. Sabíamos que, de vez en cuando, saltan sobre el agua dejando ver casi todo su cuerpo, pero no tuvimos suerte. Tras un par de zambullidas profundas, volvieron a aparecer pero muy lejos, así que nuestro capitán decidió que ya era hora de volver a tierra. Poco antes de llegar a puerto, Peter, el guía de la excursión, nos dijo que por la noche no nos olvidásemos de mirar al cielo ya que si estaba despejado y había suerte podríamos ver las increíbles Northern Lights. Para los que como yo, no sepáis qué es eso de las Norhtern Lights son ¡Auroras Boreales! Tuvimos que acercarnos a preguntar para ver si habíamos entendido bien porque siendo 23 de agosto no es común que haya Auroras Boreales. Pero sí, habíamos entendido bien. ¡Tendríamos que estar atentos! Con el gusanillo en el cuerpo, no podíamos esperar a que llegase la noche. ¿Habría suerte?

Ballena sacando la cola en la bahía de Husavík
Ballena con saltando en Husavík Barco en busca de ballenas en Husavík
Ballena asomando el cuerpo en Husavík

La excursión de las ballenas fue una experiencia que nos encantó y pese a que en algún momento pasamos mucho frío, tener ballenas a pocos metros y ver cómo se mueven y respiran fue una pasada. Nosotros estuvimos algo más de tres horas de travesía, pero dependiendo del mar y las circunstancias puede variar.

Una ballena a solo unos metros del barco en Husavík
Bandera de Islandia en el barco de Husavík La bahía de Husavík

Goðafoss, la cascada de los dioses

Al volver a Húsavik y bajarnos del barco nos encontramos con un puesto de perritos (lo tenéis señalado en el mapa). Como teníamos frío y algo de hambre, no pudimos resistirnos a comprarnos un par de ellos por cabeza. Nos supieron a gloria y nos dieron fuerza para coger el coche y llegar hasta Goðafoss. El camino es de unos 45 minutos por carreteras asfaltadas hasta el parking situado a unos 300 metros de la cascada.

Goðafoss, la cascada de los dioses

Goðafoss es una cascada donde las aguas del río Skjálfandafljót se precipitan desde una altura de doce metros. Su anchura es de unos 30 metros y está dividida en dos por una enorme piedra, por la que cae también un pequeño chorro.

Vista general de Godafoss Lena al lado de Godafoss

En cuanto nos acercamos, una de las cosas que nos llamó la atención fue el color del agua. Tenía esas tonalidades celestes que le dan ese aire tan místico. Es una cascada preciosa. A medida que te aproximas al borde, el ruido y el vapor en suspensión te permite hacerte una idea de la fuerza del agua en la caída. Existe un saliente, justo delante de la cascada, que es el mejor sitio para poder contemplarla. Nosotros estuvimos allí un buen ratillo haciendo fotos y disfrutando del espectáculo. Como en Islandia en casi todos los sitios los límites los pone tu sentido común, no hay nada que te impida acercarte hasta el mismísimo salto de agua. Nosotros estuvimos en el borde de la primera caída y la verdad es que daba bastante impresión.

Los dos frente a Godafoss Al borde de Godafoss

Goðafoss forma parte de la historia de Islandia. Su significado es "la cascada de los dioses". Este nombre se debe a que sobre el año 1000 el lagman Þorgeir u "hombre de leyes" estableció que los islandeses adoptaran la fe cristiana y, según se cuenta, para ratificar su decisión, arrojó sus antiguos iconos paganos por la cascada. Curioso, ¿verdad?

Esta cascada nos gustó mucho. Además, el camino que lleva desde el parking pasa por delante de Geitafoss, otra cascada más pequeña situada aguas abajo. Goðafoss y Geitafoss se pueden visitar desde ambos márgenes. Desde el parking se pude pasar el puente que queda a mano izquierda para alcanzar la otra orilla del río. Desde allí hay un camino que lleva hasta el margen derecho de Goðafoss. Nosotros no teníamos tiempo, pero parece una opción interesante.

Geitafoss, la cascada cercana a Godafoss

Estuvimos allí casi una hora, ya que aprovechamos para comer y tomarnos un maravilloso Skyr. ¿No sabéis qué es el Skyr? Pues un delicioso lácteo con textura de yogurt y un sabor exquisito! No os podéis ir de allí sin probarlo. ¡Os va a encantar! Se convirtió en nuestro postre favorito, sobre todo el de arándanos. Se me hace la boca agua de solo pensar en él!

Lena con un skyr en la mano frente a Godafoss

Las casas de turba de Glaumbær

Nuestra siguiente parada ese día era Glaumbær, donde llegamos después de más de dos horas de coche siguiendo la Ring Road en dirección oeste y pasando por fiordos y praderas preciosas.

Paisajes del norte de Islandia Lagos en el norte de Islandia

Glaumbær es un museo que muestra cómo era una granja en Islandia en el siglo XIX. Lo que más llama la atención es la estructura de sus casitas construidas a base de turba y madera. Los techos están cubiertos de hierba, que permite aislar la casa del frío manteniendo la temperatura en el interior. Para las paredes, el armazón y el revestimiento se utilizaban bloques de turba y la madera que llegaba a la deriva a la costa. El uso de estos materiales se debía a la escasez de piedra en la zona y al ingenio de los lugareños que, colocando los bloques de una forma específica, lograban construir una estructura que aguantaba el peso de las grandes nevadas del invierno. La granja es muy curiosa. Se puede entrar y dar un paseo por su interior. Nosotros llegamos a las 19:00, pero cerraban a las 18:00, por lo que no pudimos hacer la visita. De todas formas, hemos leído que es muy interesante. Las casitas están comunicadas para que la gente que allí vivía no tuviesen que salir al exterior en invierno. Cada estancia se utilizaba con un fin: cocina, habitación, bodega, despensa, cuadra...y cada una está decorada con muebles, herramientas y utensilios originales de la época.

Casas de turba de Glaumbær Iglesia de turba deGlaumbær

Este sitio es un emblema de la arquitectura tradicional de granjas con tejados de turba, lo que hace que sea una parada obligatoria si estáis visitando la zona. Si queréis entrar hay que pagar una entrada, pero si no queréis o no tenéis tiempo, se puede dar una vuelta alrededor de estas construcciones y su bonita iglesia. A nosotros nos gustó mucho el paseo y observar estas casitas tan curiosas y diferentes a lo que estamos acostumbrados.

Víðimýrarkirkja, la iglesia de turba

A apenas 10 minutos en coche cogiendo la carretera 75 en dirección norte llegamos a Víðimýri. En este pequeño pueblo se encuentra la Víðimýrarkirkja, una de las pocas iglesias de turba existentes en Islandia. Esta iglesia fue construida en 1834 y merece la pena parar unos minutos para verla. Cuando nosotros llegamos estaba cerrada, así que nos pusimos a cotillear por la puerta. En ese momento se nos acercó una señora muy simpática que nos abrió la puerta para que la pudiésemos ver por dentro y, si no recuerdo mal, no pagamos nada. A día de hoy hay que pagar una pequeña entrada y la verdad es que el interior es muy cuco, pero no tiene demasiado. La iglesia es super pequeñita y lo que más destaca es que todo su interior está completamente hecho de madera y con una estructura muy diferente a lo que estamos acostumbrados. Es muy curioso que las bancadas estén separadas del altar por dos medias paredes abiertas en la zona superior. El altar es muy pequeño y simple y también tienen un pequeño órgano de madera. La visita no lleva más que cinco minutos y, si os apetece, es curiosa de ver.

Víðimýrarkirkja, la iglesia de turba

Focas en la península de Vatnsnes

Una vez salimos de la iglesia volvimos al coche para intentar encontrar focas en la península de Vatnsnes. El camino hasta allí nos llevó casi dos horas. La mayor parte del trayecto es por la Ring Road, pero los últimos 40 Km son por un camino de tierra lleno de baches, agujeros y ovejas, por lo que había que tener mucho cuidado y no se podía ir muy rápido. Mientras íbamos por este camino, una manada de unos 15 caballos surgió de la colina que estaba a nuestra derecha y se pusieron a correr justo a nuestro lado. Nosotros nos quedamos flipando mirándolos. En un instante nos adelantaron y bajaron a la carretera. Estuvieron corriendo delante de nosotros unos segundos hasta que salieron de la carretera y se perdieron en la pradera. En Islandia no hay caballos salvajes, pero muchos de ellos viven en semi-libertad durante el verano y corren a sus anchas por los prados. La experiencia fue una pasada.

Camino a la península de Vatnsnes
Bordeando la península de Vatnsnes El mar desde la península de Vatnsnes

La pista 711 pasa junto a varios lagos que no perdimos la oportunidad de fotografiar. El punto al que nos dirigíamos era Hindisvík y cuando llegamos ya comenzaba a oscurecer, eran las 21:30! Allí teníamos identificada una ruta de senderismo para poder acercarnos a ver focas y lobos marinos, pero al llegar allí nos encontramos con un cartel enorme que nos indicaba que el camino estaba cerrado por conservación de las especies... ¡Qué chasco! En el cartel se indicaban otras zonas de avistamiento en la península como Hvammstangi, Illugastaðir u Ósar, a excepción de entre mayo y mitad de julio debido a que es época de cría de aves. Era tan tarde que ya no podíamos acercarnos a ninguno de estos sitios, una pena no haberlo sabido esto antes.

Cartel de Hindisvík

Hvítserkur, el troll de piedra

Ya de camino hacia nuestro albergue Sæberg HI Hostel en Reykjaskólavegur pasamos por delante de Hvítserkur y no pudimos resistirnos a parar para verlo durante unos minutos. Hvítserkur es una formación rocosa de origen volcánico de 15 metros de alto que se encuentra en la orilla del mar. Dice la leyenda que se trata de un troll que se convirtió en piedra cuando le sorprendió el amanecer mientras trataba de destruir el monasterio de Þingeyrar. Hay un camino que permite bajar a la playa y, dependiendo de las mareas, es posible incluso tocarlo. Nosotros nos tuvimos que conformar con verle desde lo alto, ya que teníamos que salir pitando hasta el hostel y aún teníamos una hora de camino.

Hvítserkur, el troll de piedra de la península de Vatnsnes

La aurora boreal, un sueño hecho realidad

Cuando llegamos allí era ya muy tarde. Los otros huéspedes ya estaban terminando de cenar o pasando los últimos momentos del día en la sala de estar. Nuestra habitación estaba en la planta de abajo, y en lo que bajamos, nos cambiamos y preparamos las cositas para la cena, todo el mundo se había ido a dormir. Serían las doce y algo cuando estando en el comedor me senté junto al gran ventanal y, como las palabras de Peter no se nos iban de la cabeza, miré al cielo. De repente, me pareció ver algo verde. Me quedé en shock y le grité a Alberto que apagase la luz, ya que no sabía si era un reflejo de la bombilla. Al quedarnos a oscuras vimos que el cielo era verde, ¡era VERDE! ¡LA AURORA BOREAL!

La aurora boreal a lo largo del cielo

Dejamos la cocina empantanada y nos bajamos corriendo a la habitación para coger el abrigo y salir a la calle. El espectáculo que contemplamos era asombroso. Varias líneas serpenteantes de luz verde intenso, casi fosforito, recorrían el cielo de lado a lado. Sus movimientos eran hipnóticos. Los haces de luz bailaban sobre nuestras cabezas, a veces dividiéndose para formar otra línea más y a veces uniéndose dando lugar a una sola. No hablábamos, la aurora nos había dejado sin palabras. En ocasiones, los movimientos se volvían mucho más rápidos e incluso en un momento cambió de colores: de verde a morado acabando en blando. Guau, qué bonito! No podíamos creernos la suerte que teníamos, había sido un cúmulo de circunstancias que hacía que pudiésemos estar allí anonadados por esa maravilla de la naturaleza. Si no hubiese estado el cielo despejado en nuestra zona, si la casa no hubiese estado a las afueras del pueblo, si no hubiésemos cenado tan tarde, si Peter no nos hubiese avisado y si no nos hubiese dado por cenar en el comedor, nos hubiésemos perdido una de las experiencias más maravillosas de nuestra vida. Puede parecer una bobada, pero todos nuestros compañeros del albergue se lo estaban perdiendo y todo por haberse ido media hora antes a la cama… no podíamos creernos la suerte que habíamos tenido.

La aurora boreal cubriendo el cielo

Estuvimos más de media hora a la intemperie con temperaturas por debajo de los 0ºC. Tal era la emoción que no nos dimos cuenta de que sólo teníamos puesto el pijama y un cortavientos, pero no teníamos frío. El mundo se había parado para nosotros, sólo se movían las luces verdes en el cielo.

Aurora boreal en Islandia Aurora botela islandesa

Las Auroras aparecen cuando las partículas del viento solar entran en contacto con la magnetoesfera de la Tierra. Los colores pueden variar dependiendo de la composición de estas partículas dando lugar a Auroras verdes, azules, rojas o moradas. Su actividad pude durar desde unos pocos minutos hasta horas. La nuestra era verde y duró muchísimo tiempo. Cuando estábamos allí pensé en qué creerían los antiguos habitantes de estas zonas al verlas. Tendría que ser algo mágico para ellos, lo estaba siendo para mí y eso que sé que existe una explicación científica, así que para ellos tendría que ser algo sobrenatural. Leyendo hemos visto que para los antiguos vikingos la aurora representaba la armadura de las Valkirias, las valientes guerreras vikingas, que emitían bellos destellos al ir hacia el Valhalla. Y en Oriente, las auroras se describían como dragones o serpientes moviéndose en el cielo.

La aurora boreal, uno de los mejores espectáculos del mundo

Nos dio muchísima pena, pero teníamos que volver a la cocina para terminar de cenar. Cenamos casi a oscuras, junto a la ventana, mientras la aurora boreal seguía danzando en el cielo. Si hubiese sido por nosotros aún seguiríamos pegados a aquel cristal maravillados por aquellas impresionantes luces, pero teníamos que irnos a la cama. Había sido tan espectacular que caímos rendidos, mañana sería un nuevo día y, aunque no volvieron a aparecer, todos los días mirábamos al cielo antes de irnos a dormir por si las Northern Lights volvían a iluminarse.


A continuación os dejamos un mapa con los puntos de interés del norte de Islandia que visitamos durante nuestro octavo día en el país, además de otros que también puedes ver (marcados en amarillo).

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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