domingo, 15 de abril de 2018

Qué ver y hacer en el lago Mývatn y alrededores

Alrededores del lago Mývatn

Por delante teníamos un día sin cascadas, algo raro para ser Islandia. Pero a cambio nos esperaban lugares que parecían sacados de otro planeta. Sufriríamos el ataque de moscas enanas en lago Mývatn, veríamos grutas como Grjótagjá inundadas con agua calentada por la tierra, subiríamos a la cima de un volcán Hverfjall, creeríamos caminar por Marte al pasar por los campos de Hverir, para terminar relajándonos en los baños termales de Jarðböðin við Mývatn, la "Blue Lagoon del norte". Para no haber cascadas, no pintaba mal el día.

Comenzábamos con un delicioso desayuno que nos había preparado el dueño de la casa en la que nos alojábamos. Antes de irnos, estuvimos hablando con él sobre nuestro viaje. Era un señor encantador y al contarle que al día siguiente íbamos a intentar ver ballenas, nos dijo que esa mañana, a primera hora, había visto alguna cuando paseaba cerca de la costa. ¡¡Qué pasada!! También nos contó alguna curiosidad sobre su vida cotidiana, como que Kópasker se queda incomunicado cuando comienza el invierno y durante esos meses se entretenía leyendo algunos de los cientos de libros que tenía en las estanterías, escuchando música o tocando el piano. Su casa era muy sencilla pero muy curiosa, forrada de techo a suelo en madera salvo alguna pared. La verdad es que tiene que ser duro vivir en un sitio así con tanto frío y soledad.

Al final, nos entretuvimos tanto que se nos súper tarde. Eran las 10:30 de la mañana y aún teníamos 150 kilómetros y dos horas por delante hasta llegar al lago de Mývatn. Eso sí, ¿recordáis que el día anterior os contamos como al llegar a Kópasker habíamos visto unos espantapájaros muy curiosos? Bueno, pues pese a las prisas, no pudimos resistirnos a parar para hacer unas fotos. Qué graciosos eran.

Espantapájaros vikingos en Islandia

Mývatn, el lago de las moscas

Unas dos horas más tarde llegábamos a Mývatn. En islandés Mývatn proviene de "mý" = mosca enana y "vatn" = lago. En definitiva, el lago de las moscas enanas. Así fue como nos recibió la zona, con una horda de moscas enanas que estaban dispuestas a meterse por cualquier agujero de nuestro cuerpo: nariz, orejas, boca y ojos. Fue muy agobiante. Horrible.

Lena espantando moscas en Mývatn

Llegamos hasta Mývatn desde la 87. En la intersección con la 1 encontramos un panel informativo que nos acercamos a mirar y, nada más bajar del coche, las moscas comenzaron a acosarnos. Fue tanto el agobio que volvimos al coche y decidimos seguir por la Ring Road. Al poco nos encontramos con una serie de montañas de color rojo que nos recordaban al Rauðhólar que solo habíamos visto de lejos el día anterior. En este caso se trataban de pseudocráteres, que no son más que cráteres formados cuando la lava líquida fluyó hasta el lago desencadenando una serie de explosiones que se producían cuando el agua atrapada en el subsuelo hervía y estallaba. En el que paramos nosotros tenía un tamaño medio, pero los hay de hasta 300 m. Como parecía que aquí había menos moscas, salimos para verlo más de cerca, pero la tranquilidad duraría poco. Cuando estábamos arriba las moscas volvieron a ponerse pesadas de nuevo, así que tuvimos que volver al coche e idear un plan, taparnos completamente la cara como si fuésemos a robar un banco.

Camuflaje para resguardarnos de las moscas de Mývatn

Grjótagjá, el nidito de amor de Jon Nieve

Volvimos con el coche hasta la 87 y continuamos por ella hasta Reykjahlið, una pequeña población situada al noreste del lago. Aparamos el coche allí y nos acercamos a Storagjá, una grieta cuyo fondo está inundado por agua geotermal. Como seguía habiendo moscas, decidimos alejarnos del lago dirigiéndonos hacia Grjótagjá por la 860. Grjótagjá es una grieta que forma una cueva también inundada por agua geotermal. Se puede descender hasta la cueva, pero nosotros no lo vimos muy claro y nos limitamos a asomarnos para ver el agua de color azul celeste del fondo. Desde allí se tiene una perspectiva muy bonita de la elevación de la grieta con la montaña Hlíðarfjall de fondo. En Mývatn hay muchas rutas de senderismo, una de ellas es caminar hasta lo alto de esta montaña de 771 metros. Por cierto, para los seguidores de la serie Juego de Tronos, fue en Grjótagjá donde Jon Nieve y la salvaje Ygritte tuvieron su encuentro amoroso al otro lado del muro.

Grieta con la montaña Hlíðarfjall de fondo
Grjótagjá, el nidito de amor de Jon Nieve Grietas en el suelo cerca Mývatn

Subiendo a la cima del volcán Hverfjall

Volvimos al coche para dirigirnos al aparcamiento del volcán Hverfjall. Desde allí existe un sendero que asciende por la colina del volcán hasta llegar a lo alto del cráter. Este volcán de 463 metros de altura se formó hace 2500 años y tiene la peculiaridad de que es casi circular y simétrico. La subida no es demasiado dura (a diferencia de nuestra experiencia con el Ijen en Indonesia) y desde arriba se tienen unas vistas impresionantes del interior del volcán. Hay un sendero que permite recorrer todo el borde del cráter. Su diámetro es de algo más de 1 Km, por lo que su perímetro es de casi 3,5 Km. Nosotros decidimos dar la vuelta completa y ver las vistas desde el otro lado del cráter. El trekking fue más duro de lo que esperábamos, ya que había cuestas bastante pronunciadas y al final se hace algo cansino. A nosotros nos llevó casi una hora y si volviésemos no repetiríamos. Gastas mucho tiempo en dar la vuelta completa que se puede invertir en disfrutar de otras zonas. Aunque subir el cráter sí que lo recomendaríamos, ya que desde lo alto vamos a poder disfrutar de unas vistas diferentes del lago, de Námafjall (una zona de fumarolas sulfurosas) o de los diferentes volcanes y montañas de la zona.

Volcán Hverfjall
Vistas desde lo alto del volcán Hverfjall Vistas del lago Mývatn desde lo alto del volcán Hverfjall
Lena en lo alto del volcán Hverfjall

Dimmuborgir, los castillos de piedra de Mývatn

Al bajar del volcán nos acercamos al lago. Como ya eran las cinco de la tarde, parece que las moscas estaban empezando a irse a dormir, ya no nos atacaban. Fuimos al mirador de Geiteyjarströnd, al que se llega después de un pequeño paseo entre un bosque de abedules. El lago de Mývatn tiene 37 km2 y es el quinto más grande de Islandia. Es muy poco profundo, apenas 4,5 metros en las zonas más hondas. Las moscas, que aparecen fundamentalmente en verano, sirven de alimento a muchas especies de aves, por eso es un lugar de gran valor ornitológico. Algo curioso de este lago es que en su interior hay muchas pequeñas islitas con formas volcánicas. Desde el mirador se podían observar varias de ellas.

Höfði, formaciones rocosas sobre el lago Mývatn

Tras esto nos dirigimos por la 884 hasta Dimmuborgir, un gran campo de lava con cuevas y curiosas formaciones volcánicas. La zona tiene algo más de 1 Km de diámetro y se piensa que sus pilares y estructuras se formaron hace 2000 años, cuando la lava del volcán Hverfell se acumuló en el anterior campo de lava. Esto formó un ardiente lago de lava en Dimmuborgir. Cuando la superficie se fue enfriando se formó un techo soportado por pilares del material ígneo más antiguo. Cuando el techo cedió, la lava líquida desapareció y quedaron estos llamativos pilares. Estas estructuras tienen formas muy curiosas y en muchos puntos seguro que te recordarán a algún animal o criatura.

Vista general de Dimmuborgir

Esta zona está cargada de misticismo. En el folclore islandés se dice que esta zona está habitada por duendes, gnomos y los Yule Lads, trece trolls hermanos que se dedican a hacer travesuras por la zona. Sus nombres son muy graciosos y tienen relación con sus aficiones como Spoon Licker (Chupa cucharas), Skyr Gobbler (Devorador de Skyr, con el que nos sentimos identificados) o Door Slammer (golpeador de puertas) que le encanta despertar a la gente a golpe de portazo. En verano es muy difícil verlos, ya que es cuando descansan en sus cuevas. Es en invierno el mejor momento para encontrárselos mientras se preparan para las navidades. La mejor forma de verlos es caminando hasta Hallarflot gritando en alto "Jolasveinn!!". Existe una cueva secreta llamada Jólasveinahellirinn que no se encuentra señalada en ningún mapa en donde podréis ver dónde duermen, su ropa o su cocina. Para encontrarla hay que desviarse del camino principal, pero nosotros no la encontramos.

Paseando por Dimmuborgir

Además de por los trolls, la tradición cristiana nórdica dice que esta zona conecta la tierra con las "Catacumbas del infierno" y que fue donde cayó Satanás cuando fue expulsado del cielo, y ahora ¿quién se asoma a estas cuevas?

Formaciones curiosas en Dimmuborgir

En Dimmuborgir existen diferentes senderos que nos llevarán a conocer la zona. Es importante no olvidarse del color de nuestra ruta porque en caso contrario es muy fácil perderse, ya que las formas del campo de lava son muy parecidas en algunas zonas. Nosotros dimos un pequeño paseo, pero al cabo de un rato comencé a encontrarme mal y tuvimos que volver al coche a descansar un buen rato. Fue una pena porque nos hubiese gustado pasear más por el sitio. Pero no pudo ser, se hacía tarde y había otras dos cosas que no nos podíamos perder.

Hverir, las sulfataras cercanas a Mývatn

Nuestro siguiente destino fue Hverir. Siguiendo por la Ring Road y nada más llegar al otro lado de la montaña Námafjall debemos desviarnos por una pequeña pista de gravilla. De camino se pasa por delante de un gran lago de un curioso azul clarito celeste. Éste forma parte de la primera planta geotérmica de Islandia, Bjarnarflag. Como se encuentra pegado a la carretera, paramos unos minutos para verlo. Justo delante de Hverir hay un aparcamiento y nada más bajar del coche el olor a azufre, normalmente asociado a huevos podridos (¿cuántas veces hemos olido huevos podridos?), nos da un desagradable recibimiento. Eso sí, el paisaje que tenemos delante nos deja sin palabras. Las fumarolas silbantes, calderas de lodo, respiraderos humeantes y la mezcla de colores amarillos, ocres, blancos, grises y azules crean un conjunto que nos trasladan a otro planeta.

Vista general de Hverir

Existen senderos marcados por cuerdas y estacas, pero conviene leerse los carteles informativos donde nos explican cómo debemos comportarnos para evitar algún percance. Por ejemplo, evitar pisar la tierra de color más claro, ya que eso indica que ahí existe un respiradero activo y es posible que al pasar sobre ello las playeras se te derritan. Nosotros disfrutamos un montón de este lugar, pese a que en algún momento el olor a azufre era tan intenso que daban ganas de vomitar. La sensación de estar en un lugar donde la tierra hierbe es impresionante. Nos quedábamos absortos mirando a las calderas de barro borbotear, preguntándonos cuál sería su temperatura. Existen varios carteles informativos que nos explican todos estos fenómenos.

Lena disfrutando de los aromas de Hverir
Una fumarola en Hverir Pozo de lodo hirviendo en Hverir

Esta solfatara es increíble. Nosotros la recomendamos sin dudar y debe ser un "must see" en tu viaje al norte de Islandia, es algo que no se puede ver en casi ningún lado del mundo y no se puede desaprovechar la oportunidad.

Lena frente al paisaje lunar de Hverir

Una espinita que se nos quedó clavada fue no subir a lo alto de la colina Námafjall donde hay unas vistas preciosas de la zona. Nosotros no tuvimos tiempo de hacerlo porque suele llevar unas dos horas y se nos habría hecho de noche, pero si os apetece y os veis con fuerzas de subir la montaña, es un trekking muy recomendado.

Relax en los baños termales de Mývatn, la "Blue Lagoon del norte"

Cuando volvimos al coche eran ya las nueve de la noche, pero aún teníamos una última visita por hacer y que después de lo ajetreado que había sido el día era el mejor colofón que podíamos tener: los baños termales de Mývatn o Jarðböðin við Mývatn. Estos baños son parecidos a la famosísima Blue Lagoon, pero el complejo es más pequeño, barato y se encuentra menos masificado. Tenéis toda la información de horarios y precios en su web. Tiene varias piscinas con temperaturas entre 36 y 40 grados y, además, tiene unas vistas espectaculares del lago, los volcanes y las montañas que lo rodean. Sus aguas provienen de la grieta realizada por la central geotérmica Bjarnarflag y su contenido en minerales y alcalinidad hace que no sea necesaria la utilización de cloro u otros químicos para mantenerla limpia.

Cuando nosotros llegamos eran las nueve y algo pero como en verano cierra a media noche aún teníamos varias horas para disfrutar de un baño relajado. Nos metimos en los vestuarios para ponernos el bañador y cuando terminé salí a la laguna. El termómetro marcaba que estábamos a 0°C así que me eché una carrera hasta la piscina para no morir de congelación (son apenas 15 metros pero a mí se me hicieron eternos). Al entrar el agua estaba calentita y daba gusto aunque tenía un ligero aroma sulfuroso. No era desagradable, pero se notaba.

Baños termales de Mývatn, Jarðböðin við Mývatn

Disfrutamos de la piscina central unos minutos, pero como somos de culo inquieto, fuimos probando todo. En la piscina de 40°C casi nos abrasamos. Si permanecíamos quietos no quemaba, pero en cuanto te movieses, te abrasabas. Lo curioso de esa piscina es que te subía tanto la temperatura del cuerpo que al salir de ella no notabas el frío y eso que había 0°C y hacía algo de viento. Probamos también las saunas. Aunque yo me tuve que salir porque los ambientes tan húmedos y calientes me provocan sensación de asfixia. Estuvimos de piscina en piscina hasta el momento de cierre.

Una cosa muy importante, tened en cuenta que el agua contiene sulfuro, lo que puede estropear joyas de plata o latón. Dejadlas en el vestuario.

Este día nos lo habíamos pasado tan bien que se nos había olvidado avisar en nuestro hotel de que íbamos a llegar súper tarde. Cuando nos subimos en el coche a las 00:15 llamamos y nos dijeron que no nos preocupásemos, que nos dejarían la llave de la habitación encima de la mesa del comedor. Cuando llegamos allí era casi la 1:00, así que entramos con cuidado de no hacer ruido, cenamos un sandwich en la habitación y nos fuimos a dormir. Había sido un día agotador pero muy chulo.

La zona del lago de Mývatn tiene muchísimos atractivos. Nosotros no nos habíamos preparado un recorrido y en ciertos momentos andamos dando tumbos de un sitio a otro. Esto nos hizo perdernos algunas zonas que nos hubiese gustado disfrutar, como la zona de Krafla y el cráter de Vítí o subir a Námafjall. Os aconsejamos que en el coche, según estáis yendo os hagáis una rutilla con los sitios que queréis ver y la vayáis siguiendo. Sino os pasará como a nosotros y algo se os quedará en el tintero. Seguro que el mapa que os dejamos os viene genial para planificaros. Este sitio nos encantó y lo recomendamos sin dudar. Tiene de todo, volcanes, lagos, cuevas, aguas termales, paisajes de otro planeta, bosques, fisuras tectónicas, campos de lava y, con un poco de suerte, trolls :)


A continuación os dejamos un mapa con los puntos de interés alrededor del lago Mývatn que visitamos durante nuestro séptimo día en el país, además de otros que también puedes ver (marcados en amarillo).

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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sábado, 7 de abril de 2018

Dettifoss, Selfoss, Ásbyrgi y las rocas del eco

Dettifoss, la cascada más caudalosa del mundo

Nos esperaba un día de lo más completo, en el que visitaríamos pueblos islandeses con encanto como Seyðisfjörður, cascadas con una fuerza desmesurada como Dettifoss, bosques de leyenda que crecieron bajo la huella del caballo de Odín como Ásbyrgi y caprichosas formas rocosas como las rocas del eco de Hljóðaklettar. Este día prometía.

Seyðisfjörður, un pueblo con encanto en los fiordos del este islandeses

Tras coger energías en el desayuno e intercambiar experiencias con la dueña francesa de nuestro hotel, decidimos que la primera visita del día sería uno de los lugares que tuvimos que descartar el día anterior, el pueblo de Seyðisfjörður. El camino hasta allí desde Reyðarfjörður nos llevó algo más de una hora, y es que los paisajes son tan bonitos que paramos varias veces para ver los caballos islandeses, con su pequeño tamaño y su constitución fuerte, y disfrutar de las hileras de pequeñas cascadas que descienden por los fiordos.

Panorámica de los fiordos del este con caballos islandeses

Poco antes de llegar a Seyðisfjörður, por la carretera 93, nos vamos a encontrar con Gufufoss una pequeña cascada de 20 metros de altura que al estar tan cerca de la carretera, bien merece una pequeña parada.

Cascada Gufufoss, cerca de Seyðisfjörður

Cuando llegamos a Seyðisfjörður aparcamos y salimos a dar un paseo. Su población es de aproximadamente unos 600 habitantes y tiene la imagen de las típicas casitas islandesas con el mar en primer plano y los fiordos con sus cascadas de fondo. Es una estampa muy pintoresca. Caminando por el pueblo nos encontramos con la iglesia luterana (Seyðisfjarðarkirkja) y decidimos entrar para ver cómo era. El interior estaba impoluto, daba cosita entrar por si ensuciábamos algo. Todo era muy sobrio aunque los contrastes entre los bancos y paredes de madera, la balconada blanca y el techo azul le daban un aspecto muy vistoso, pero sobre todo, muy diferente de lo que se suele encontrar en España. Una vez fuera, nos acercamos a la orilla, donde nos encontramos con el cañón de guerra del Grillo, un barco-tanque británico que los alemanes hundieron en la costa Islandesa durante la Segunda Guerra Mundial. El cañón fue rescatado y ahora es un monumento en su memoria.

Iglesia luterana de Seyðisfjörður Cañón de El Grillo en Seyðisfjörður

Como teníamos muchos planes para este día y el tiempo no acompañaba para seguir paseando por el pueblo, nos subimos en el coche con destino a uno de los sitios más impresionantes que hemos visto nunca, la asombrosa cascada de Dettifoss.

Dettifoss, la cascada más caudalosa de Europa

Para llegar hasta Dettifoss desde la Ring Road existen dos opciones, la carretera 862 y la 864. Cada una te lleva a una orilla diferente de la cascada desde la que se tiene una perspectiva muy diferente de ella. Lo bueno es que la distancia que separa una de otra se hace en una hora, por lo que si estás en una orilla y te apetece pasarte a la otra, no te llevará mucho tiempo.

En nuestro caso elegimos la carretera 864 que, a diferencia de la 862, es una pista de tierra. El paisaje que recorre esta carretera es un auténtico pedregal, pero a medida que nos vamos acercando a la cascada vamos a apreciar como una enorme nube de vapor se eleva hacia el cielo. Al principio no nos lo podíamos creer, pero sí, es el vapor que se genera por el choque del agua en Dettifoss.

Vista general de Dettifoss

Al llegar allí vamos a encontrarnos un parking bastante grande donde se puede dejar el coche mientras se vistita este portento de la naturaleza. Desde el parking hasta la cascada hay un caminito de tierra de unos 5 minutos en el que tendremos que tener cuidado para no tropezarnos con alguna de las muchas piedras que vamos a encontrar en el camino. A medida que nos acercamos el ruido se hace más ensordecedor, la fuerza con la que el agua cae en Dettifoss te pone los pelos de punta. La bruma que se levanta por el impacto del agua es tal, que se puede ver desde varios kilómetros de distancia.

Lena y Alberto frente a Dettifoss

Dettifoss tiene una caída de sólo 45 metros de alto y 100 de ancho, pero lo más destacable de ella es que su caudal medio es de 200 m³ por segundo pudiendo llegar a los 500 en épocas de deshielo. Esto la convierte en la cascada más caudalosa de toda Europa. Cuando llegas al borde y la observas, te sientes muy pequeñita viendo caer ese enorme torrente de agua con una fuerza tan brutal.

Dettifoss y su brutal caída de agua

Como ya os hemos contado, Dettifoss se puede visitar desde las dos orillas dependiendo de la carretera desde la que lleguéis. Ambas vistas son espectaculares. Si os acercáis por el margen izquierdo (oeste) tendréis una vista más frontal de la cascada, aunque no es posible acercarse demasiado y la visión es más limitada debido al vapor que provoca la cascada. Nosotros elegimos el lado derecho (este), donde la visión de la cascada es algo más ladeada pero al poderte acercar hasta el mismo borde se puede sentir con más intensidad la violencia del agua. Viendo las fotos y vídeos del margen contrario, nosotros nos seguimos quedando con la orilla derecha (este), aunque seguro que el lado opuesto es igualmente increíble.

Lena frente a Dettifoss

El paisaje que rodea Dettifoss es un impresionante cañón de roca que abarca hasta que la vista alcanza. Existe un mirador a tan solo unos metros aguas abajo desde el que se tiene una mejor panorámica del cañón y una vista completa de Dettifoss. Sin duda os recomendamos acercaros hasta allí.

Selfoss, una cascada con forma de herradura

Si estáis en el margen derecho, desde Dettifoss sale un pequeño sendero que os llevará hasta Selfoss, otra impresionante cascada que se encuentra a tan solo 1,4 kilómetros aguas arriba. Ambas cascadas son muy diferentes. Mientras que Dettifoss concentra todo su caudal en una caída de unos 100 metros de ancho, Selfoss es mucho más ancha pero igual de impresionante. Tiene forma de herradura y está formada por muchos saltos de agua seguidos de unos 11 metros de altura. A medida que nos vamos acercando, el ruido de la cascada nos indica que hemos llegamos. El sitio es increíble, merece la pena sentarse y disfrutar de este espectáculo unos minutos. Además, aquí hay mucha menos gente que en Dettifoss.

Lena y Alberto frente a Selfoss Alberto frente a Selfoss

Hafragilsfoss, la última cascada de la trilogía del Jökulsárgljúfur

Desde Selfoss deshicimos el camino para coger el coche. El río Jökulsá á Fjöllum tiene otra sorpresa más que darnos, Hafragilsfoss. A apenas 5 minutos hacia el norte nos encontramos un parking desde el que vamos a tener una bonita aunque lejana vista de esta cascada. Hafragilsfoss está situada en una de las zonas más profundas del cañón Jökulsárgljúfur. Tiene 27 metros de altura y una anchura de 91 metros. Nosotros estuvimos sólo unos minutos, pero existe un pequeño camino que permite acercarse más.

Hafragilsfoss desde lo alto del cañón

Ásbyrgi, donde el caballo de Odín dejó su huella

Volvimos al coche y en algo más de media hora llegamos a Ásbyrgi, una garganta con forma de herradura situada al norte de Hafragilsfoss. Desde el parking del centro de visitantes salen varias rutas de trekking por el interior de la garganta. Este lugar es un sitio muy agradable para dar un paseo disfrutando del bosque de abedules que se encuentra en su interior o comer junto al laguito cercano a la zona sur. Lo curioso de este lago es que está rodeado casi en su totalidad por una pared vertical de unos 100 metros de altura. Nosotros disfrutamos del lugar, pero creemos que la vista más bonita es desde lo alto de la garganta, donde se puede ver la enorme hondonada que forma la garganta con el lago, el bosque y la curiosa Eyjan, una formación rocosa de 25 metros de altura. Existen diferentes senderos que te llevan tanto a lo alto de la garganta como a lo alto de Eyjan.

Lena frente al lago de Ásbyrgi Bosque de abedules de Ásbyrgi

Cuando te encuentras allí la duda que te asalta es, ¿cómo se ha formado esto? La mitología islandesa dice que mientras Odín paseaba por la zona a lomos de su caballo, que normalmente se movía por el aire, éste tocó accidentalmente la tierra con tanta fuerza que dejó esta gran huella con sus cascos. La explicación geológica indica que se formó como resultado de una enorme erupción bajo el glaciar Vatnajökull que produjo una inmensa inundación subglaciar cuya brusca salida provocó la garganta en cuestión de días.

La formación rocosa Eyjan en Ásbyrgi

Nosotros estuvimos dentro poco más de media hora, pero lo ideal sería pasar algo más de tiempo y realizar alguna de las rutas de senderismo preparadas para recorrer la zona.

Las rocas del eco, Hljóðaklettar

De nuevo en el coche llegamos a nuestra última visita del día, Hljóðaklettar. Para llegar hasta allí nos desviamos por la 862 hasta el parking que se encuentra pasada un pequeño camping. La carretera en esta zona es una pista de tierra encajonada medio metro bajo el suelo y bastante estrecha, tanto que cuando íbamos hacia allí nos encontramos un patito andando por ella que no quería irse. Como era muy arriesgado intentar pasarle, me tocó parar y salir corriendo tras él dando palmadas al grito de "¡¡PATITOO, PATITOOO!!" hasta que echó a volar...menos mal que no me veía nadie. Bueno, Alberto sí, y tuvo coña para un buen rato... Por supuesto, si apenas entra un coche y un pato en paralelo, tampoco lo pueden hacer dos coches. Por ello, cada poco, la carretera se ensancha para que si nos encontramos a alguien de frente, nos orillemos para dejarle paso. No es una pista muy transitada (por coches, no patos jeje) y durante los meses de invierno puede quedar cerrada.

Hljóðaklettar (las rocas resonantes o del eco) son un conjunto de formaciones de roca volcánica situadas en el cañón Jökulsárgljúfur que fueron erosionados y arrastrados por un jökulhlaup, una gran inundación subglaciar. Nada más salir del parking, a la izquierda, nos encontramos con un sendero de tierra perfectamente habilitado que nos lleva al punto de inicio de varias sendas que recorren la zona. Hljóðaklettar está plagado de curiosas formaciones de columnas basálticas. Por norma general las columnas son verticales (perpendiculares a la superficie de enfriamiento), pero en estas formaciones tienen orientaciones muy diversas dando lugar a estructuras muy peculiares y llamativas.

Vista general de las rocas del eco al paso del río Jökulsá á Fjöllum

Según hemos leído, este lugar debe ser un pequeño paraíso para un geólogo ya que se pueden observar numerosos elementos provenientes de erupciones volcánicas. Además, varios de ellos fueron "rotos" por el jökulhlaup y dejan a la vista sus estructuras internas, como es el caso de Tröllið, una enorme formación volcánica que quedó abierta por la mitad dejando a la vista una increíble y enorme estructura de panal de abeja o suelo de iglesia. Esta estructura se encuentra muy cerca del río Jökulsá á Fjöllum y su forma genera un efecto acústico que impide determinar la dirección del estruendo del río. A nosotros nos daba algo miedo acercarnos a él, entre los sonidos y que parece que se te va a caer, daba cosilla.

Tröllið, una de las formaciones más interesantes en Hljóðaklettar Lena al lado del río Jökulsá á Fjöllum

Sin lugar a dudas la formación que nos maravilló fue la Kirkjan. Una impresionante estructura de columnas basálticas que parece haber sido comprimida por los extremos elevando la zona central y formando bajo ella una pequeña cueva. Al acercarnos a la cueva vamos a ver como sus paredes y techos están también formados por columnas de basalto que sobresalen de la estructura. Es un sitio precioso que nos muestra como las fuerzas de la naturaleza pueden dar lugar a las formas más curiosas e increíbles.

Kirkjan, la cueva de basalto de Hljóðaklettar

Como no disponíamos de un mapa y ya se nos estaba haciendo muy tarde no pudimos ir a Rauðhólar, una hilera de cráteres de color rojo intenso que tienen esa tonalidad debido a la oxidación del hierro que conforma su tierra. Nosotros sólo pudimos verla desde la carretera, pero la vista desde dentro del parque es espectacular, una pena no haberla encontrado.

La visita a este parque nos gustó mucho, lo bueno que tiene Islandia es que te ofrece una variedad enorme de sitios interesantes y muy diferentes. Aquí no hay grandes cascadas, pero disfrutamos de un agradable paseo entre formaciones volcánicas basálticas que son un espectáculo para la vista. Además, como el sitio se encuentra junto al mismo río que pasa por Selfoss, Dettifoss y Hafragilsfoss, el estruendo del agua es una banda sonora que te acompaña durante buena parte del recorrido.

Kópasker, un pequeño pueblo norteño

Cuando salimos de allí ya se nos habían hecho las diez de la noche y aún teníamos 45 minutos de viaje hasta Kópasker, donde dormiríamos esa noche. El día terminaba no sin ver aún alguna curiosidad por la carretera como unos espantapájaros vikingos o una iglesia con una cruz iluminada que se veía desde la distancia. Hoy dormíamos en el Kópasker HI Hostel, que era la casa de un señor mayor islandés muy amable que vivía junto a su gato. Mientras cenábamos, una pareja de belgas salió de otra de las habitaciones y estuvimos intercambiando experiencias mientras uno de ellos tocaba el piano. Fue una bonita velada para terminar otro gran día de viaje por Islandia.

El día había sido muy completo: paseamos por Seyðisfjörður, nos quedamos boquiabiertos con Selfoss, Dettifoss y Hafragilsfoss, nos relajamos en Ásbyrgi y disfrutamos en Hljóðaklettar. El día se terminaba, ¡a dormir!


A continuación os dejamos un mapa con los puntos de interés del noreste de Islandia que visitamos durante nuestro sexto día en el país, además de otros que también puedes visitar (marcados en amarillo).

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lunes, 2 de abril de 2018

Jökulsárlón, los fiordos del este y Hengifoss

Jökulsárlón, el lago de los icebergs

La ruta de hoy por los fiordos del este era una de las más largas de todo el viaje de Islandia. Teníamos por delante más de cinco horas de coche recorriendo los fiordos, para llegar al Lago Lagarfljót y hacer el trekking hasta Hengifoss, la segunda cascada más alta de la Islandia.

Jökulsárlón, un lago lleno de icebergs

El día amaneció espectacular, sin viento ni lluvia. ¡Incluso en ocasiones se veía el sol! Como se nos había quedado la espinita clavada con lo poco que habíamos disfrutado de Jökulsárlón el día anterior, decidimos volver hasta allí. Deshacer los 70 Km desde nuestro alojamiento hasta la laguna nos llevó algo menos de una hora, pero mereció la pena. Jökulsárlón lucía de forma totalmente diferente. La ausencia de bruma dejaba una estampa preciosa con el lago de icebergs en primer plano y las lenguas del glacial Vatnajökull de fondo. Como ya os contábamos en el post anterior, Jökulsárlón es un lago de reciente creación que apareció en 1935, aunque fue a partir de 1975 cuando duplicó su superficie hasta los 18 km2 actuales. Su formación se debe a la fusión del glaciar Vatnajökull y lo que le hace tan peculiar es que se encuentra repleto de icebergs que se desprenden de la lengua glaciar Breiðamerkurjökull.

Lena en Jökulsárlón

Tras disfrutar del paisaje y hacernos unas fotos, decidimos hacer una excursión entre los icebergs con un barco anfibio. Para contratar la excursión nos acercamos a una cafetería que se encuentra junto al puente de Jökulsárlón, preguntamos y nos subimos en el siguiente barco que salió. Las excursiones se organizan cada media hora, por lo que no hay que esperar demasiado. La empresa que lo organiza se llama Ice lagoon y el precio del tour en barco anfibio es de 5.700 ISK (46,74 €), pero si optas por ir en una zodiac el precio sube a los 9.800 ISK (80,36 €). Tenéis toda la información, precios y horarios en su web.

Barco anfibio en Jökulsárlón

Una vez subidos en el camión-barco, éste se acercó a una pequeña rampa y comenzamos a navegar por el lago pasando entre los icebergs. Mientras te quedas hipnotizado mirando las formas y colores del hielo, un guía te explica cómo se formó la laguna, la historia del glaciar, los diferentes colores del hielo y otras curiosidades. En un determinado momento suben a bordo un trozo de iceberg, lo parten y te dan un trocito para probar. ¡¡Estamos hablando de hielo milenario!! A mí, que se me pasa el frío a los dientes, estuve a punto de rechazarlo pero al final lo probé. No sé si por la densidad del hielo o por qué, pero no me hizo daño. ¡Era la primera vez en mi vida que ronchaba hielo sin morirme del dolor!

Nuestro guía del lago Jökulsárlón con un trozo de iceberg en la mano
Alberto comienda un trozo de hielo milenario en el lago Jökulsárlón Una zodiac en el lago Jökulsárlón
Viendo icebergs en el lago Jökulsárlón

La excursión dura entre 30 y 40 minutos y, en principio, son en inglés pero existe la posibilidad de que alguna se haga en español, para ello tenéis que preguntar al comprar los billetes. Estas excursiones sólo están disponibles de mayo a octubre, aunque pueden extenderse o cancelarse dependiendo de las condiciones climáticas. A nosotros el paseo nos gustó bastante, por lo que os lo recomendamos. Eso sí, cuando fuimos nosotros era mucho más barato que hoy en día.

Alberto frente a los icebergs del lago Jökulsárlón

Cerca de Jökulsárlón se encuentra Breiðárlón, un lago en el que también podréis ver icebergs. Nosotros no nos acercamos, pero según hemos leído merece mucho la pena. No tiene la majestuosidad de su hermano mayor, pero a cambio está mucho menos concurrido que el otro. Incluso puede que lo podáis disfrutar en soledad.

Diamond beach, la playa de los icebergs

A escaso kilómetro y medio de la laguna se encuentra el mar. Ambos se encuentran comunicados por un pequeño río que desemboca junto a la playa Diamante o Diamond beach. Supongo que se llamará así por lo que te encuentras varado en su arena, cientos de brillantes icebergs. El motivo de por qué la playa está plagada de icebergs es porque las masas de hielo salen flotando de la laguna hacia el mar por el pequeño río, pero las corrientes marinas empujan a muchos de ellos hasta la playa

Diamond beach llena de trozos de icebergs
Sobre un iceberg en Diamond beach Alberto frente a un iceberg en Diamond beach

Merece la pena acercarse a este sitio ya que está a apenas 2 minutos en coche de Jökulsárlón y allí vas a poder caminar entre icebergs, tocarlos, disfrutar de sus curiosas formas o jugar con ellos. A mí me fascinaban las formas del hielo y me pasaba como con el gotelé, que me quedaba mirándolo buscando formas. ¿Tú no ves ahí una cara?

¿Es un trozo de iceberg o una cara?

Los fiordos del este de Islandia

Cuando salimos de la playa comenzamos a dirigirnos hacia el este por la carretera principal, la Ring Road. Por delante teníamos más de cinco horas de viaje, pero lo bueno de conducir por Islandia es que sus paisajes son tan diferentes y bonitos que es imposible aburrirse. En la zona este el entorno cambia completamente ya que la carretera discurre junto a varios fiordos. Berufjörður, Lónsfjörður, Álftafjörður o Hamarsfjörður son algunos por los que pasamos, una pena que el día no estuviese despejado y la bruma cubriese una parte de ellos. Pese a todo, es una pasada conducir por estas carreteras y poder disfrutar de estas vistas.

Fiordos del este de Islandia

En aquellos momentos Alberto no solía conducir coches, por lo que todos los trayectos me los hacía yo. Aprovechando que en esta zona la carretera era sencillita, apenas había tráfico y que yo estaba algo cansada, decidimos que era momento de estrenarse en tierras islandesas. Siguiendo la Ring Road se subió todo el valle de Breiðdalur por una pista de tierra serpenteante. Al llegar a lo alto paramos para disfrutar de las vistas e inmortalizar este gran estreno.

Vistas del valle de Breiðdalur

Hengifoss, una de las cascadas más altas de Islandia

Tras más de cinco horas desde Jökulsárlón llegamos al punto de salida del trekking que lleva a Hengifoss. Allí se encuentra un parking en el que se puede dejar el coche durante el tiempo que estéis haciendo la ruta. Para llegar hasta allí sólo hay que seguir la Ring Road hasta Egilsstaðir, donde tomaremos la carretera 95 unos pocos kilómetros hasta el cruce con la 931, que tomaremos para ir bordeando el lago hasta un puente que lo atraviesa. Nada más pasar el puente nos encontraremos el parking a mano izquierda. El trekking hasta Hengifoss es de aproximadamente 2,5 Km y suele llevar algo menos de una hora, aunque esto depende mucho del estado del terreno y nuestra forma física, ya que es en subida.

La cascada Hengifoss, una de las más altas de Islandia

El sendero discurre por el lateral del río Hengifossá y se van atravesando diferentes puertas que evitan que el ganado se escape. Para continuar tenemos que abrirlas, pero es importante asegurarnos que las cerramos tras nuestro paso. El camino no es complicado aunque, si ha llovido, puede tener algunas zonas resbaladizas. Después de algo más de un kilómetro nos vamos a encontrar con Litlanesfoss, una bonita cascada de unos 30 metros que se encuentra completamente rodeada por unas enormes columnas hexagonales basálticas. Estas columnas de entre 10 y 20 metros son de las más grandes de la isla. Esta cascada no tiene tanta fama como su hermana mayor, pero también tiene su encanto. Además, si tenemos un día despejado, al fondo aparece la imponente Hengifoss. Ambas nos recordaban a la cascada Svartifoss que habíamos visto el día anterior.

Lena con Litlanesfoss y Hengifoss al fondo

Tras algo menos de kilómetro y medio vamos a llegar a Hengifoss que con sus 128 metros de altura es la segunda cascada más alta de Islandia. Este salto de agua vertical se encuentra en una garganta cuya pared tiene una peculiaridad: presenta una sucesión de estratos de arcilla roja intercalados con capas de oscura lava basáltica formadas durante el periodo Terciario hace 5 o 6 millones de años. Las capas rojizas se formaron por la oxidación del hierro existente en la arcilla y provienen de la fosilización de árboles de coníferas. Eso indica que hubo un tiempo en que el clima de Islandia fue mucho más cálido. Este cortante es como un reloj geológico que muestra la alternancia de enormes erupciones volcánicas con otras etapas de recuperación.

La cascada Hengifoss Viendo los estratos cerca de Hengifoss

Hemos leído que cuando el caudal del río es escaso (normalmente en otoño) se puede caminar hasta los pies de la cascada e incluso es posible pasar por detrás, donde existe una pequeña cueva. Nosotros, que visitamos el país en agosto, nos paramos en el primer punto en el que el río te corta el paso. Podíamos haber probado a pasar, pero había demasiadas probabilidades de no saltar lo suficiente y meter los pies en el agua y congelarnos. Supongo que cuando el caudal es menor será más sencillo cruzar de una orilla a otra.

El mejor momento para llegar a Hengifoss es por la mañana, ya que el sol la ilumina directamente, pero en nuestro caso no pudo ser y llegamos por la tarde, cuando solo unos rayos de luz iluminaban la parte superior. Igualmente la cascada es espectacular.

Litlanesfoss y las columnas de basalta, con Hengifoss al fondo

El camino de vuelta discurre por el mismo sitio, eso sí, al ser bajada, cuesta menos. Además, al pasar nuevamente delante de Litlanesfoss vamos a tener unas preciosas vistas del valle Fljótsdalur y del lago Lagarfljót.

Cuando llegamos al coche ya era tarde. Este día habíamos pensado acercarnos a los fiordos de Mjóifjörður o Seyðisfjörður, pero ya no era posible y decidimos ir directos a nuestro alojamiento situado en Reyðarfjörður, el Hjá Marlín Guesthouse. Eso sí, aprovechando que la carretera bordeaba el lago Lagarfljót hicimos una pequeña parada para ver si teníamos suerte y lográbamos ver a Lagarfljótsormur, el gigantesco gusano de mar que habita en sus misteriosas aguas y que es el equivalente islandés del monstruo del lago Ness. No hubo suerte, pero disfrutamos del atardecer en sus orillas.

El lago Lagarfljót

Otro día terminaba en Islandia. Había sido una jornada larga de conducción, pero cuando se hace por las carreteras de Islandia y en buena compañía, se hace más llevadero.

Si estáis haciendo esta ruta y tenéis tiempo, podéis visitar el fiordo de Mjóifjörður o el pueblo de Seyðisfjörður. Son dos lugares bastante recomendables dentro de los fiordos del este.


A continuación os dejamos un mapa con los puntos de interés del este de Islandia que visitamos durante nuestro quinto día en el país, además de otros que también puedes visitar (marcados en amarillo).

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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Alojamiento