lunes, 28 de enero de 2019

Fin de semana de txotx en Navarra

Txotx en las kupelas de la sidrería Martitxonea, Aldatz

¡Txotx! Este grito es la palabra que define uno de los planes más divertidos de fin de semana que puedes hacer con tus amigos o familia. Durante los últimos dos años, y este sábado que viene volveré a repetir, he estado disfrutando de esta experiencia donde los protagonistas son la buena comida, el buen beber, la buena compañía y todo ello, en un ambiente de buen rollo como en poco sitios he visto.

Qué es el txotx (significado y origen)

Y os diréis, pero ¿qué es eso del txotx? Pues bien, la palabra "txotx" significa palillo en euskera. Vale, sé que eso no os dice nada, así lo voy a explicar.

En las sidrerías almacenaban la sidra de temporada recién elaborada en grandes barricas de madera ("kupelas" en euskera). Para probar este delicioso néctar de manzana hacían un pequeño agujero del que salía a presión la sidra. De esta forma conseguían que golpease con fuerza en los vasos de aquellos que la bebían, "rompiéndose" y liberando todos sus matices. Después de que, vaso tras vaso, la cuadrilla saciase su sed, el maestro sidrero tapaba la barrica con un palillo, un "txotx". Cuando se iba a probar la sidra de un kupela, el maestro sidrero, quitaba ese txotx y todos a beber. De ahí viene el nombre de esta gran fiesta en torno a la sidra. Resumiendo se podría decir que la palabra txotx significa palillo, pero también hace referencia al acto de quitar el palillo de kupela de sidra.

Kupelas de un sidrería - txotx

Ahora que ya sabéis el significado de la palabra txotx, vamos a con su origen. Antiguamente, por toda la zona con tradición sidrera del País Vasco y Navarra, la gente iba de caserío en caserío probando la nueva sidra que habían hecho sus amigos y familiares. Todos sabemos que beber con el estómago vacío no es una gran idea, así que lo acompañaban con lo que tenían por casa: queso, nueces, bacalao... Pero pasado un tiempo, está tradición se empezó a extender entre todos los vecinos, ya no solo amigos o familiares, y la gente empezó a llevar su propia comida, para no caer redondos después de tanto trago de sidra. Y aquí fue donde un sidrero dijo, "¿y si yo les sirvo también la comida y así me gano un dinero extra?" De esta forma, fue como empezó la tradición del txotx y de ir a las sidrerías vascas y navarras a disfrutar de un buen menú y de una deliciosa sidra.

Menú del txotx (comida y bebida)

El menú del que os hablaba se basa en tres pilares: tortilla de bacalao, un buen chuletón a la parrilla y de postre, queso con membrillo y nueces. Es cierto que en algunas sidrerías hacen alguna variación sobre el menú, pero estos elementos son los que normalmente deberían estar presentes. Por ejemplo, en una de las dos sidrerías también nos sirvieron unos tacos de bacalao con pimientos. Por cierto, el tamaño de los chuletones es épico y, a no ser que seas un chicarrón del norte o tengas más hambre que un jabato, lo más seguro es que os comáis un chuletón entre dos.

Tortilla de bacalao de menú txotx Chuletón de un menú txotx

Por supuesto, todo esto va acompañado de la sidra elaborada en el propio lagar. Y aquí es donde está la gracia del txotx. Aparte de que durante la comida puedes beber toda la sidra que quieras de la kupelas, cuando escuches el grito txotx, deberás ponerte de pie y buscar al maestro sidrero. Todo el mundo hará lo mismo e iréis en procesión detrás de él hasta una kupela que haya elegido. Hará el txotx, es decir quitará el palillo (o abrirá el grifo si es una barrica más moderna), e iréis llenando vuestros vasos probando esta nueva sidra. Tras pegar un trago comentarás con amigos y desconocidos el sabor de esta nueva sidra y así durante toda la comida. Irse de txotx es mucho más que beber sidra y comer un chuletón, es un evento social en el que hablas y ríes con conocidos y extraños. Si no lo habéis probado nunca, os recomiendo que lo hagáis una vez; seguro que repetís.

Txotx entre amigos en Aldatz

Cuándo se celebra el txotx

Vale, ya sabéis qué significa el txotx, de dónde viene la tradición, qué se come y qué se bebe. Seguro que ahora queréis saber cuándo podéis ir a una sidrería a disfrutar de todo esto. Pues bien, el miércoles anterior al día de San Sebastián (20 de enero), se celebra el "Sagardo Berriaren Eguna" que es el evento que marca el inicio de la temporada del txotx y de la nueva sidra guipuzcoana; siendo ese viernes, el día que abren las sidrerías. En los últimos años, los encargados de presentar este evento y ser su cara visible, han sido personalidades vascas como Karlos Arguiñano, Miguel Indurain, Xabi Alonso... Algo común, que se repite en todos los actos, es que se da por iniciada la temporada de txotx cuando se grita "gure sagardo berria" ("Nuestra nueva sidra" en euskera).

De todas formas, aunque hay sidrerías que ofrecen menú txotx durante todo el año, la temporada de txotx va desde enero hasta abril. Así que ya sabéis, no dejéis pasar la oportunidad.

Dónde irse de txotx

Las sidrerías más conocidas para irse e txotx se encuentran en Guipúzcoa, en los municipios de Astigarraga, Hernani y Usurbil, siendo el más famoso el primero de los tres. Sin embargo, algo no muy conocido por muchos es que en Navarra también existe esta tradición. De hecho, es allí donde he ido yo los últimos años. Os cuento mi experiencia en cada una de ellas.

Oderitz

Aquí fue donde estuve por primera vez de txotx y me lo pasé genial. Fuimos a la sidrería Juanluzenea en Oderitz. A diferencia de otros sitios, el menú también incluye tacos de bacalao con pimientos, además de la tortilla de bacalao, el chuletón y el queso con membrillo y nueces. El ambiente está genial, pero eché de menos el típico grito de txotx del sidrero para ir a probar la sidra de otras kupelas. La comida y la sidra estaban bien, pero el ambiente no era el que yo me había imaginado.

Txotx - Chuletón en la sidrería Juanluzenea en Oderitz Txotx - Kupelas de la sidrería Juanluzenea en Oderitz

En cuanto al alojamiento, al no encontrar una casa rural en el mismo pueblo para todo el grupo en esas fechas, nos hospedamos en un enorme caserón en Astitz, la casa rural Mikeletxenea. Para ir a la sidrería teníamos que andar una media hora, en pequeño paseo que nos haría llegar con ganas a la sidrería. De todas formas, si lo miráis con tiempo y no sois un grupo demasiado numeroso, hay un par de casas rurales en el propio Oderitz.

Casa rural Mikeletxenea en Astitz

Si vas a pasar un fin de semana de txotx, nunca está de más poder hacer alguna actividad cerca de allí como senderismo o alguna visita. En este caso aprovechamos para ir a la Cueva de Mendukilo (entrada adultos 8 € y entrada reducida 6 €). Bajo la sierra de Aralar se encuentra esta bonita joya kárstica en la que se pueden visitar tres salas: el refugio de los pastores, la sala de los lagos y la morada del dragón. Si os alojáis en Astitz, podréis ir hasta allí incluso andando.

Cueva de Mendukilo
Aldatz

Aldatz ha sido otro de los destinos elegidos para irnos de txotx. En este caso fuimos a la sidrería Martitxonea. El menú que sirven está compuesto de los tres pilares básicos que os he comentado antes, la tortilla de bacalao, el chuletón y de postre, queso con membrillo y nueces. A diferencia de la sidrería de Oderitz, el ambiente que había en ésta es mucho más jovial y menos "de restaurante". Cada cierto tiempo, Inaxio, el maestro sidrero, grita txotx y todos nos levantamos con nuestro vaso en busca de los nuevos sabores que nos ofrezca esa kupela de sidra. Para mí, el txotx es más que comer un chuletón y beber sidra, es pasar un buen rato con amigos y con gente que no conoces. Por eso, este año volveremos a repetir a esta sidrería.

Rebañando un chuletón - txotx

Si tenéis pensado ir hasta Aldatz para iros de txotx, podéis alojaros en la casa rural a la que fuimos nosotros, la Casa Uhaldea. En este caso, la casa estaba en el mismo pueblo de la sidrería; una ventaja más.

Paisajes de los caminos de Aldatz

En cuanto a las actividades que podéis hacer por allí. También podéis acercaros a las cuevas de Mendukilo que se encuentran a tan solo 10 minutos en coche. Otra opción es ir a una quesería que se encuentra por la zona y llevaros un buen recuerdo culinario de allí; os lo digo por experiencia. Para los que les gusta la montaña, existe la posibilidad de subir al Aiztondo (1029 m.). Una ruta de unos 7 kilómetros ida y vuelta, con no mucho desnivel, que te regala unas vistas preciosas de la zona cuando llegas a la cima.

Astigarraga

En Guipúzcoa se encuentra una de las localidades más famosas para irse de txotx, Astigarraga. Os sugiero esta opción por ser la más conocida, pero no tengo el placer de haber ido en persona.

Astigarraga es considerada el epicentro de la sidra vasca, por lo que encontraréis multitud de sidrerías entre las que elegir. Además de la variedad de oferta de locales para irse de txotx, cuenta con la ventaja de encontrarse a escasos kilómetros de San Sebastián, una ciudad realmente bonita. Podéis hacer una escapada para descubrir esta preciosa ciudad e incluir en vuestros planes comer en una sidrería de Astigarraga.

En cuanto a opciones de alojamiento, no tendréis problemas en encontrar el alojamiento que más se adecue a vuestras necesidades, tanto en San Sebastián como en la propia Astigarraga.


Te dejo un mapa con las diferentes sidrerías y puntos de interés que os he comentado en el post, para iros de fin de semana de txotx a Navarra.

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.


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jueves, 24 de enero de 2019

Dormir en Mandalay, opinión del Hotel by the Red Canal

Piscina Hotel by the Red Canal, Mandalay

Mandalay, la antigua capital imperial de Myanmar, es uno de los grandes atractivos del país y parada obligada para todos aquellos que viajamos a la antigua Birmania. No solo merece la pena visitar la propia ciudad, sino también, o incluso más, las antiguas capitales imperiales que se encuentran en los alrededores. Para poder disfrutar de todo esto, nosotros recomendamos pasar un mínimo de dos noches en la ciudad.

Mandalay es una ciudad grande y con una gran oferta de alojamientos que cubre todos los presupuestos y necesidades de los diferentes tipos de viajeros. Una de las ventajas de viajar al sudeste asiático es que el alojamiento suele ser bastante barato; si lo comparas con España, por ejemplo. Puedes alojarte en hoteles muy buenos o incluso de lujo, por el mismo precio que pagarías en España por uno normalito. En el caso de Mandalay, buscábamos un hotel que se encontrase más o menos cerca de ciertos lugares que queríamos visitar, como el Palacio imperial. Nuestra intención era poder movernos por nuestra cuenta con una bici. Por supuesto, sin salirnos de nuestro presupuesto, queríamos un hotel que fuese de calidad y que tuviese buenas valoraciones, tranquilo y si podía ser con piscina, pues mejor que mejor.

Tras mucho buscar y darle vueltas, dimos con el Hotel by the Red Canal, uno de los cinco mejores hoteles de Mandalay según Tripadvisor. Además de tener una muy buena ubicación para conocer la ciudad, es un lugar tranquilo, acogedor y con muy buenas críticas.

El hotel y las instalaciones

El Hotel by the Red Canal se encuentra cerca de la entrada del Palacio real de Mandalay; a unos 15 minutos si vas andando o a tan solo 5 con una de las bicis que te dan en el hotel (servicio gratuito). La ubicación es bastante buena, no solo por encontrarse en un lugar tranquilo, sino también por tener relativamente cerca los principales atractivos de la ciudad, como el Palacio real, el monasterio Shwenandaw o la pagoda Kuthodaw.

Una de las ventajas que vimos en el hotel fue su tamaño, relativamente pequeño, lo que implicaba que no hubiese muchos huéspedes y el trato fuese mucho más personalizado. El aspecto exterior del edificio se asemeja al de los palacios birmanos, con esas filigranas en madera tan típicas de estas latitudes. Otro aspecto que nos gustó fue que pese a tener un jardín pequeño estaba tremendamente cuidado. Combinaban a la perfección la vegetación, con ciertos adornos y un bonito canal artificial que había que cruzar para entrar a la zona de las habitaciones. En su conjunto da un ambiente de paz y tranquilidad que se necesita tras un día visitando la ciudad.

Entrada y jardín del Hotel by the Red Canal, Mandalay

El interior de hotel es de madera de teca y decorado con un gusto exquisito. Eso no significa que esté desvinculado de la sostenibilidad ya que se ha utilizado madera eco-friendly y productos reciclados en su construcción. Aparte de esto, hay un montón de detalles que destacan el folclore tradicional de Myanmar como figuras, cuadros o esculturas, dándolo un aspecto espectacular al interior.

Aparte edificio principal donde se encuentran las habitaciones hay otra pequeño edificio en la que se ubica el restaurante donde se sirven los desayunos, comidas y cenas. Ya os hablaré de él más tarde, solo deciros que es uno de los mejores de toda la ciudad y el precio no es caro. En el edificio principal está el Canopy bar, en el que se sirven cócteles y otras bebidas, pero en el que dispones todo el día de agua con frutas, café, té y dulces de manera gratuita. Uno de esos detalles que siempre se agradecen.

Terraza del Canopy bar, Hotel by the Red Canal, Mandalay Interior del Canopy bar, Hotel by the Red Canal, Mandalay

El hotel cuenta con un piscina para relajarse en los días de calor y en la que todos los días por la tarde hay una happy hour gratuita en la que sirven unos riquísimos cócteles (con o sin alcohol), junto a unos aperitivos, acompañados de una relajante música birmana de fondo. Para nosotros, detalles como estos hacen ganar muchos puntos a un alojamiento.

Happy hour en la piscina del Hotel by the Red Canal, Mandalay Cócteles en la piscina del Hotel by the Red Canal, Mandalay

También se dispone de un pequeño gimnasio para aquellos que no pueden vivir un día sin hacer sus rutinas. Hay otra sala, llamada e-hub, en la que se encuentran libros de diferentes temáticas, así como ordenadores con conexión a internet e impresoras para hacer cualquier trámite que necesites. Por supuesto, no solo dispones de internet en esta sala, el hotel tiene conexión gratuita y de muy buena calidad.

La habitación

Hay cuatro tipos de habitaciones que toman el nombre de las principales etnias de Myanmar: Chin, Shan, Kachin y Rakhine. Cada una tiene sus peculiaridades y precios, aunque de la que os vamos a hablar es de la Rakhine, en la que nos alojamos. Es una habitación amplia, con una cama enorme en la que descasamos de lujo durante las dos noches que pasamos allí. También cuenta con una zona que hace las veces de sala de estar, compuesta por un sofá y una mesita. Por cierto, en esa mesa nos dejaron un bonito detalle, un bol de fruta fresca y una cariñosa nota de bienvenida.

Habitación doble Rakhine del Hotel by the Red Canal, Mandalay

La decoración sigue la línea del resto del hotel, con la madera como auténtica protagonista de la habitación. Con un estilo con cierto carácter tradicional birmano, pero que mira hacia acabados más modernos, consiguen que la estancia se convierta en un lugar realmente acogedor. Dentro de ese estilo, acatado con tan buen gusto, destacan ciertos detalles en la habitación como tallas en las maderas de los muebles, adornos o cuadros. El único pero que le pondría a nuestra habitación sería las vistas, que daban al patio de un negocio. Hubiésemos preferido tener vistas al jardín, como es el caso de otras habitaciones.

Muebles de la habitación Rakhine del Hotel by the Red Canal, Mandalay Sofá de la habitación Rakhine del Hotel by the Red Canal, Mandalay

En cuanto al mobiliario, la habitación dispone de un armario en el que se encuentra la caja fuerte y un par de batines por si queremos ponernos más cómodos. También hay un hervidor eléctrico para que nos podamos preparar un café o té, un soporte para maletas y a continuación de éste, un mueble con la televisión. Aunque si soy sincero, creo que no la encendimos ningún día. Flanqueando la cama hay una mesita de noche a uno de los lados y una mesa de despacho al otro.

Facilities de la habitación Rakhine del Hotel by the Red Canal, Mandalay Armario y batas de la habitación Rakhine del Hotel by the Red Canal, Mandalay

La limpieza de la habitación es impecable, como en pocos sitios que hayamos visto. Por otro parte, la wifi funciona a gran velocidad tanto en la habitación, como en el resto del hotel.

El baño

El baño está compuesto por tres piezas: bañera, lavabo e inodoro. Al igual que en el resto del hotel, la madera toma un gran protagonismo, con un suelo compuesto principalmente por madera de teca. Esto es algo que no recordamos haber visto en otro hotel y que nos gustó mucho. En cuanto a las dimensiones del baño, no son muy grandes, pero el gusto con el que está decorado es exquisito. Hay ciertos adornos, que junto los amenities, aportan cierto carácter al baño. También disponemos de un secador de pelo y en lo referente a la limpieza, sigue la línea de la habitación, impecable.

Baño de la habitación Hotel by the Red Canal, Mandalay
Detalle del baño de la habitación Hotel by the Red Canal, Mandalay Amenities del baño de la habitación Hotel by the Red Canal, Mandalay

El personal

El personal del Hotel by the Red Canal es de 10, no le podríamos poner ni un solo pero. Son amables, serviciales, simpáticos, efectivos y siempre te reciben con una gran sonrisa. Además, tienen un buen nivel de inglés, haciendo que sea muy sencillo que entiendan tus solicitudes.

A tu llegada al hotel te reciben con un zumo de frutas natural y una toallita húmeda para refrescarte, pero no solo lo hacen la primera vez, sino todos los días. Que te reciban así de bien después de llegar cansado de un día de visitas, no tiene precio. Por otro lado, también se pueden encargar de gestionarte el transporte al aeropuerto, un taxi para visitar la ciudad, el alquiler de una moto o cualquier otra cosa que necesites. Lo dicho, un personal muy competente.

El restaurante

El hotel cuenta con un restaurante en el que se sirven desayunos, comidas y cenas. El Spice Garden, nombre que recibe el local, es uno de los mejores restaurantes de toda la ciudad (puesto número 6 de 244 según TripAdvisor) y el considerado mejor lugar para comer comida india en Mandalay, aunque también sirven una selección de platos occidentales y de otros países asiáticos. Estas clasificaciones pueden parecer sólo números, pero nosotros, que lo hemos probado, os podemos asegurar que tienen ese puesto bien merecido. Fue uno de los mejores lugares en los que comimos en todo el viaje, sino el mejor.

Cenando en el restaurante Spice Garden, Hotel by the Red Canal, Mandalay

Como os comentaba antes, el restaurante se encuentra en un edificio diferente al de las habitaciones, justo al lado de la piscina. Dependiendo de lo que te apetezca, puedes optar por comer en la terraza, con vistas al jardín y la piscina, o en el interior acristalado. Si coméis dentro, en la plata baja, podréis ver al chef preparar los platos y ver como utiliza el horno tandoor.

Interior del restaurante Hotel by the Red Canal, Mandalay

El desayuno es de tipo buffet y está incluido en el precio de la habitación. Es bastante completo y tienes opciones de platos fríos o calientes. Dispones de fruta variada, dulces, pastas, panes, pasteles, mermeladas, cereales, semillas, huevos cocidos, carnes y platos preparados calientes, café, té, zumos (te pueden hacer detox al momento)... Además de la amplia variedad que tienes en el buffet, puedes pedir que te hagan en el momento unos huevos con bacon, una tortilla o algo similar para el desayuno. Resumiendo, un desayuno bien completo, variado y con buenos productos.

Opciones de desayuno del Hotel by the Red Canal, Mandalay Desayunando en el Hotel by the Red Canal, Mandalay

Contando con uno de los mejores restaurantes de la ciudad, no desaprovechamos la oportunidad de cenar en el hotel las dos noches que pasamos en Mandalay. Como os comentaba antes, es un restaurante especializado en comida india, así que aproveché la ocasión para probar varios de los platos más típicos de esta gastronomía, como pollo tikka masala con un naan (10 USD, unos 8,80 €) o pollo tandoori (12 USD, 10,50 € al cambio). Ambos estaban deliciosos, lo mejor que probé en todo el viaje, en especial el tikka masala. También pedimos otros platos más internacionales como una ensalada de pollo y aguacate deliciosa por (8 USD, unos 7 €), espagueti a la carbonara (7 USD, 6,20 € aproximadamente) o una hamburguesa completa con patatas fritas (5 USD, 5,40 € al cambio). En lo referente a bebidas, tienen una amplia carta. Nosotros optamos por tomar unos lassies (bebida de yogurt típica de la India) y unos batidos de frutas por un precio que rondaba los 2-4 USD (de 1,75 € a 3,50 € aproximadamente). Aunque sí que es cierto que el precio es superior a la media de los restaurantes de la ciudad, la calidad está muy por encima y merece la pena cenar aquí; incluso aunque no te alojes en el hotel.

Pollo tikka masala en el Spice Garden, Hotel by the Red Canal, Mandalay Pasta carbonara en el Spice Garden, Hotel by the Red Canal, Mandalay
Hamburguesa en el restaurante Spice Garden, Hotel by the Red Canal, Mandalay Pollo tandoori en el restaurante Spice Garden, Hotel by the Red Canal, Mandalay

El spa Prana

Otro de los servicios que ofrece el hotel es un spa, el Spa Prana. Está ubicado debajo de la terraza del restaurante en un lugar similar a una gruta. La ambientación y decoración del lugar es espectacular, súper acogedora y cálida. El diseño se inspira en los métodos tradicionales que se usaba en las zonas rurales del país, con suelo de piedra y paredes acabadas en una mezcla barro mezclado con cascarillas de arroz y paja. Este método se usa para mantener el interior de las casas a una temperatura agradable, incluso en verano.

Tuvimos la suerte de recibir una sesión de masaje completa de una hora. Nos recibieron con un té caliente, que nos tomamos relajados en unos sofás de mimbre; el preludio perfecto de lo que nos esperaba. Tras cambiarnos y tumbarnos en las camillas comenzó nuestro viaje al paraíso. Menudas manos tiene el personal del hotel, tras la hora de masajes, salimos de allí como si estuviésemos flotando. Os recomendamos que al menos uno de los días, en el que acabéis agotados, pidáis cita para el spa. Saldréis de allí como nuevos.

Conclusión

Nuestra recomendación es que paséis al menos dos noches en Mandalay, uno para visitar la ciudad y otro para conocer los alrededores. El Hotel by the Red Canal es un hotel boutique de grandísima calidad, un remanso de paz en el caos de la ciudad. Si volviésemos a ir para allá, repetiríamos sin lugar a dudas, nos trataron genial y estuvimos súper a gusto durante nuestra estancia. Lo recomendamos al 100%.

Lo bueno: la decoración, la tranquilidad, el trato del personal, el restaurante, la piscina, el spa, detalles como la happy hour, bicis gratis, la comodidad de la cama, ubicación...

Lo malo: lo único que pondríamos como inconvenientes serían las vistas desde nuestra habitación y que el precio es ligeramente alto, para los estándares birmanos, si vas con un presupuesto ajustado. Eso sí, vale cada euro que pagas por la noche allí, una relación calidad-precio buenísima. En España sería muy difícil o imposible encontrar un hotel así por ese precio.

Datos prácticos

Nombre: Hotel by the Red Canal.

Dirección: 417 Corner of 63rd & 22nd Streets, 05000 Mandalay, Myanmar.

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.

Precio: 103 € por una habitación doble con desayuno incluido.

Wifi: Sí, gratuita.

Desayuno: desayuno gratuito tipo buffet.

Servicios: Internet gratuito, restaurante, bar, piscina, spa, gimnasio, alquiler de bicis gratuito, lavandería, reservas de tours desde el propio alojamiento...

Reservas: se puede realizar la reserva en portales conocidos como Booking.

Todo lo que he comentado en este artículo es fruto de nuestra experiencia personal y no ha sido distorsionado en ningún momento por nadie ajeno al blog, ni por intereses de terceros. Si os ha gustado la entrada compartidla en las redes sociales y dejadnos un comentario y si no os ha gustado pues haced lo mismo ;).



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domingo, 20 de enero de 2019

Echando la vista atrás, resumen del 2018

Atardecer en Bagan

A principios de año me gusta echar la vista atrás y recordar todas las aventuras que nos trajo el año. Es una forma de revivir los viajes, aprender con los recuerdos y también, aclarar la mente para planificar lo que nos deparará este nuevo año. ¿Vosotros ya tenéis pensado a dónde os iréis este 2019? Seguro que encontráis alguna idea por el blog. Por ahora os vamos a contar lo que hemos hecho este año pasado, por si os ayudamos a inspiraros.

El 2018 ha sido un año de grandes viajes, 3 para ser más exactos: Jordania, Sudáfrica y Suazilandia, y Myanmar. Por el contrario, las escapadas cortas las hemos dejado más abandonas y hemos hecho menos que en años anteriores. Igualmente, ha sido un año brutal ¡Allá voy con el resumen! Tomad nota, que alguno de ellos puede ser vuestro planazo de viaje para el 2019.

Txotx en Aldatz (marzo)

Un año más continuamos con la tradición de reunirnos los colegas e irnos de "txotx" a Navarra. Si aún no sabes qué es eso del txotx, lee nuestra experiencia de un fin de semana de txotx en Navarra, un artículo en el que os contamos lo divertida que es esta experiencia.

Txotx, Alberto echándose sidra de las kupelas de la sidrería Martitxonea en Aldatz

En esta ocasión cambiamos de aires y, en vez de ir a Astitz, nos dirigimos a Aldatz (otra localidad navarra), a la sidrería Martitxonea. La experiencia fue aún más divertida que la del año pasado y, de igual forma, dimos buena cuenta de la sidra y los chuletones al grito de ¡Txotx!

Ribera del Duero burgalesa (marzo)

La Ribera del Duero burgalesa fue una de las sorpresas del año. Pese a estar a poca distancia de nuestra casa, no conocíamos demasiado esta zona. Junto a nuestros compañeros de Castilla y León TB pasamos una genial fin de semana descubriendo pueblos con encanto de la zona, lugares con mucha historia y probando los manjares de la tierra; el buen vino y el buen lechazo no faltaron.

Botellas bodega Prodorey, Ribera del Duero burgalesa

Por si os animáis a pasar un fin de semana por la Ribera del Duero burgalesa os contamos qué fue lo que visitamos:

  • Museo de los aramos de Santa Cruz de la Salceda. Un lugar tremendamente curioso en el que lo importante no es lo que ves, sino lo que hueles; una experiencia diferente.
  • Vadocondes. Aunque no tiene ningún elemento tan destacado como el de otras localidades cercanas, fue nuestra base para movernos por la zona. Podéis echar un ojo a los mejores alojamientos de la Ribera del Duero.
  • Bodega Pradorey. Ir a la Ribera del Duero y no visitar una bodega sería un delito. Nosotros visitamos y comimos en esta. Gran visita, buen vino y buena comida, la combinación perfecta.
  • Gumiel de Izán. Fue uno de los lugares que más nos gustó del fin de semana, en especial su iglesia de Santa María.
  • Zazuar. Aunque recorrer sus calles tiene su encanto, lo que más destaca de este lugar son las bodegas subterráneas que hay en el pueblo.
  • Peñaranda de Duero. Una verdadera joya de la Ribera del Duero burgalesa, y un imprescindible si se visita esta región, con su castillo, el Palacio de los Condes de Avellaneda o la Iglesia de Santa Ana como monumentos más importantes.
  • Tubilla del Lago. Es un pueblo que, pese a no tener ningún monumento histórico destacable, ha sabido crear interés gracias a los murales que adornan sus fachadas.
  • Circuito Kotarr. No pudimos tener una mejor guinda para el fin de semana que conducir en este circuito de karts de la ribera del Duero.
Vistas desde el castillo de Peñaranda de Duero, Ribera del Duero burgalesa
Iglesia de Santa María de Gumiel de Izan, Ribera del Duero burgalesa Palacio de los Condes de Avellaneda de Peñaranda de Duero, Ribera del Duero burgalesa

León (abril)

Con la excusa de asistir al "I Encuentro Nacional del Viajero Responsable" tuve la suerte de visitar la ciudad de León durante un fin de semana. No hace falta decir que León tiene una de las catedrales más impresionantes de España o incluso del mundo. Las vidrieras de su interior son algo increíble, pero si a esto le añadimos que tuve la oportunidad de asistir a un concierto de órgano en directo, la experiencia se convirtió en insuperable. Pero León es mucho más que su catedral, también está el famoso tapeo por el barrio húmedo, la casa Botines de Gaudí, el Palacio de los Guzmanes, la Colegiata de San Isidro, el Convento de San Marcos... Aquí tenéis unas cuantas actividades para hacer en León por si os animáis a visitarla, y algunas son gratuitas.

Vidrieras de la catedral de León

Si bien dedicamos el sábado a caminar por las calles de León, el domingo optamos por descubrir uno de los encantos naturales de la provincia, la cueva de Valporquero. Aquel lugar es ya de por si bonito, pero con el agua proveniente del deshielo de la nieve fluyendo en su interior, la cueva alcanza otro nivel. Los torrentes de agua recorren los niveles inferiores de la cueva, se crean saltos de agua de varios metros... y eso es algo que rara vez se puede ver dentro de una cueva abierta al turismo.

Cueva de Valporquero, León

Jordania (mayo)

El primer gran viaje del año llegó en mayo. Durante 10 días recorrimos Jordania con un coche de alquiler, descubriendo que este increíble país es mucho más que Petra y que hay un montón de tesoros que esperan a todos aquellos que busquen un poco más allá.

Amman, su capital, es pasada por alto por mucha gente que visita el país. Pero a nosotros nos pareció una ciudad vibrante, con edificios históricos realmente interesantes como los de la Ciudadela o el Teatro Romano y algún que otro tesoro no tan conocido como la Mezquita del Rey Abdalá I. Sin lugar a dudas, es la mejor primera toma de contacto que puedes tener con el país.

El teatro romano de Amman

Tras la capital, nos desplazamos hacia el norte para visitar Jerash y el castillo de Ajlun; este último, construido en la época de Saladino para defenderse de los cruzados. Jerash es la ciudad romana en ruinas mejor conservada del mundo, a excepción de la propia Roma, claro. Además de la increíble arquitectura que encuentras allí en un gran estado de conservación, otro de los puntos fuertes es que no hay muchos turistas y, en ciertos lugares, puedes disfrutar de aquello en completa soledad.

Vista general de la plaza oval desde el Templo de Zeus en Jerash

Después, volvimos sobre nuestros pasos para dirigirnos más al sur, hacía Petra. Por el camino nos encontramos lugares realmente interesantes y de gran valor como los mosaicos de Umm ar-Rasas que son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; o el enorme castillo templario de Karak, posiblemente uno de los más impresionantes del país; o también el castillo de Shobak, de menor tamaño, algo peor conservado, pero con un encanto que le hacía especial.

Vista general del interior del Castillo de Al-Karak, Jordania Lena paseando entre las ruinas del Castillo de Shobak, Jordania

Tras unos días visitando el país llegamos al lugar con el que habíamos soñado durante tanto tiempo y que por sí mismo hace que merezca la pena visitar el país, Petra. Esta antigua ciudad, cincelada en la roca por los nabateos, es un regalo para los ojos. Durante dos días estuvimos recorriendo los senderos de aquellas montañas, asomándonos a miradores de vértigo y disfrutando de uno de los tesoros más impresionantes del mundo. De hecho, Petra es una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno. Cualquier calificativo que pueda darle a este lugar, se quedará corto para describir lo que se siente cuando, por ejemplo, se ve el Tesoro por primera vez, o se disfruta de un atardecer desde lo alto del Altar de los Sacrificios, o se suben los cientos de escalones y se contempla la fachada del Monasterio... Es un lugar que hay que vivirlo y disfrutarlo en persona.

Mejor mirador del Tesoro de Petra, Jordania
Atardecer desde el Altar de los Sacrificios Panorámica del Monasterio de Petra, Jordania

Tras Petra nos fuimos el desierto de Wadi Rum para vivir otra de las grandes experiencias del viaje. Este increíble desierto de arena roja y de grandes montañas de arenisca, ofrece paisajes que nunca habíamos visto antes. Estuvimos recorriendo con un jeep 4x4 los puntos más interesantes de aquel lugar, como el famoso puente de piedra Umm Fruth bridge, reviviendo las aventuras del mítico Lawrence de Arabia, tomándonos un té beduino en un tienda en medio de la nada, caminando por las arenas de aquel desierto e incluso nos subimos a un globo y pudimos ver aquel espectacular paisaje desde el cielo. Otro de los puntos fuertes fue dormir allí, en una tienda con vistas al cielo en mitad del desierto en el Wadi Rum Starlight Camp. Ya habíamos vivido una experiencia similar en aquel viaje a Marruecos de 2015, y una vez más la experiencia fue algo increíble.

Montañas de Wadi Rum, Jordania Wadi Rum visto desde un globo, Jordania

Del árido paisaje de Wadi Rum nos dirigimos a Aqaba, en la costa del mar Rojo. Sin duda alguna, este fue el lugar que más nos sorprendió de todo el viaje. Nuestra intención era estar un par de días haciendo snorkel y buceando para disfrutar de los peces y corales que lo habitan. Habíamos oído buenas palabras de aquel lugar, pero no nos imaginábamos lo impresionante que era aquello. Después no enteramos de que el mar Rojo es uno de los mejores lugares del mundo para bucear. Durante el tiempo que estuvimos allí nadamos entre un montón de peces de colores, corales inmensos, buceamos dentro de barcos hundidos, y también vimos aviones y tanques en el fondo del mar. Aquello superó por mucho nuestras expectativas y creo que debería ser una parada obligatoria para todos aquellos que visiten el país.

Cubierta del Cedar Pride, Aqaba, mar Rojo, Jordania

Para terminar el viaje volvimos a desplazarnos hacia el norte para visitar otros lugares como el famoso mar Muerto, donde no pudimos resistirnos a hacernos la típica foto leyendo mientras flotábamos relajados en sus aguas. También tuvimos nuestra buena ración de aventura cuando hicimos barranquismo en Wadi Mujib, algo que no que descubrimos cuando empezamos a preparar el viaje. Por último, y antes de coger nuestro vuelo, visitamos Madaba y el Monte Nebo. Este último lugar es famoso por ser la ubicación desde donde se supone que Moisés diviso la Tierra Prometida.

Vistas desde el Monte Nebo, Jordania Flotando en el mar Muerto, Jordania

Aunque el viaje a Jordania no fue tan largo como otros (duró 10 días), sí que fue uno de los grandes viajes del año por todo lo que vimos, vivimos y disfrutamos. Cumplir el sueño de visitar la mítica Petra, volar en globo por primera vez, dormir en el desierto de Wadi Rum, bucear entre montones de peces y corales de colores en el mar Rojo (y meternos dentro de un barco hundido), deleitarnos con la comida jordana y vivir la aventura como a nosotros nos gusta, a nuestro ritmo, hizo que se convirtiese en un grandísimo viaje, tal y como os hemos ido contando en el blog.

Sudáfrica y Suazilandia (agosto)

El año pasado habíamos cumplido un sueño yéndonos de safari a Kenia, en el que hasta el momento ha sido uno de los mejores viajes de nuestra vida. Aquí tenéis la "Guía de viaje: Kenia en dos semanas (safari y playa)" que escribimos el año pasado. Pues bien, este año queríamos repetir la experiencia, pero haciéndolo por nuestra cuenta y en otro de los mejores lugares del mundo para ello, el parque Kruger de Sudáfrica. Aunque contando con 17 días de viaje por Sudáfrica, visitamos más lugares de este país, e incluso también pasamos una noche en el pequeño estado de Suazilandia.

Aterrizamos en Ciudad del Cabo, la capital legislativa de Sudáfrica, una de las ciudades con más ambiente cosmopolita y encanto del país. Aunque el tema de la seguridad era algo que un principio nos tuvo algo inquietos, disfrutamos un montón recorriendo los rincones más destacados, como el Victoria and Alfred Waterfront, el castillo de Buena Esperanza, el colorido barrio de Bo-Kaap, The Company's Garden, el jardín botánico Kirstenbosch y, por supuesto, la archiconocida Table Mountain, una de las 7 maravillas naturales del mundo.

The Company's Garden con la Table Mountain al fondo, Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Desde la propia Ciudad del Cabo hicimos una ruta en coche de un día por la impresionante Península del Cabo. Habíamos oído buenas palabras de esta zona del país, pero, una vez más, lo que vimos superó nuestras expectativas. Disfrutamos de playas y paisajes costeros realmente impresionantes, como los que se ven dese los miradores de la carretera Chapman's Peak Drive, Noordhoek Beach o Scarborough Beach, navegamos entre leones marinos en Duiker island, vimos a los pingüinos de Boulders Beach y recorrimos el mítico Cabo de Buena Esperanza, donde tuvimos contacto por primera ver con los animales salvajes sudafricanos (algunos elands, avestruces, babuinos... incluso vimos ballenas desde sus costas).

Ruta de un día por la Península del Cano, Sudáfrica Hout Bay, Península del Cabo, Sudáfrica
León marino estirándose en Duiker Island, Península del Cabo, Sudáfrica

Desde Ciudad del Cabo, con un coche de alquiler, nos dirigimos hacia el este. Tras una primera parada en Stony Point para ver una de una de las colonias más grandes de los simpáticos pingüinos africanos, llegamos a Hermanus, considerada el mejor lugar del mundo para ver ballenas. Ahora, con la experiencia de haber estado allí, os decimos que aquel lugar es algo impresionante. No creo que haya muchos sitios en el mundo en los que puedas ver tantísimas ballenas asomándose, dando coletazos o pegando brincos desde la propia orilla. Tanto desde un barco, como caminando por los senderos costeros, la experiencia del avistamiento de ballenas en Hermanus es algo que hay que vivir cuando se viaja a Sudáfrica.

Pingüinos en Stony Point, Sudáfrica Ballena sacando la cola en Hermanus, Sudáfrica

Dejando Hermanus atrás, continuamos nuestro camino hacia el este hasta llegar al Cape Agulhas (Cabo de las Agujas), el punto más meridional de todo África y también el punto ubicado más al sur en el que nos hayamos encontrado nunca. Aunque muchos creen que este galardón está en posesión del Cabo de Buena Esperanza, realmente no es así. Pues bien, en esta ubicación vivimos uno de los primeros grandes atardeceres que nos regaló esta país, echad un vistazo a la foto. Tras pasar unos días por esta zona de Sudáfrica volamos hacia el este para disfrutar de los animales y la naturaleza más salvaje de este país.

Atardecer en el Cape Agulhas (Cabo de las Agujas), Sudáfrica

En esta segunda etapa del viaje nos dirigimos a St. Lucia, ubicada dentro del Parque del Humedal de iSimangaliso. Pese a que en este lugar hicimos nuestro primer safari, la razón principal para parar aquí era para disfrutar del estuario de St. Lucia. Hicimos un recorrido en barco por este lugar, en el que aparte de poder ver cocodrilos y diversas aves, se encuentra la mayor población de hipopótamos de todos los parques del África Austral. Ya habíamos visto a estos animales en Kenia, pero la cercanía y el punto de vista desde el que se les ve en este lugar es impresionante. De hecho, el atardecer que vivimos subidos en aquel barco, con los hipopótamos abriendo la boca, será algo que difícilmente olvidaremos.

Hipopótamo abriendo la boca al atardecer en St. Lucia, Sudáfrica

Ahora sí, llegaba uno de los momentos que, personalmente, más tiempo llevaba esperando del viaje, visitar Suazilandia. Este pequeño país africano se ubica entre Sudáfrica y Mozambique. De todos los parques nacionales con los que cuenta el país teníamos claro que queríamos visitar el Hlane Royal National Park. No por ser el más grande de todos ellos, sino por la gran concentración de rinocerontes blancos que se encuentran allí, uno de mis animales favoritos. Además, aquí realizamos una de las experiencias más adrenalínicas que hemos vivido nunca, hacer un safari a pie entre rinocerontes blancos. Sí, habéis leído bien, durante este safari llegamos a estar a tan solo 3 metros de uno de estos colosos, sin ninguna valla, puerta de coche o cualquier otro elemento que nos separase de ellos. Por supuesto, esta actividad se hace acompañado de un ranger del parque que sabe a qué individuos nos podemos acercar y cómo hacerlo. Estamos algo locos, pero no somos unos inconscientes.

Cartel Parque Hlane, Suazilandia Rinoceronte en el Parque Hlane, Suazilandia

Y por fin llegó el momento más esperado de todo el viaje, hacer un safari por nuestra cuenta en el Kruger. Durante algo más de una semana, recorrimos con un coche de alquiler, este parque, considerado uno de los mejores lugares del mundo para hacer safari. Su fama no es en vano. Aquel lugar es un auténtico paraíso para todos aquellos amantes de la naturaleza y los animales. Vimos un montón de manadas de elefantes, decenas de rinocerontes, leones, leopardos, hienas, guepardos, perros salvajes... Pero no solo eso, el lugar está perfectamente acondicionado para poder hacer un safari por tu cuenta y a un precio muchísimo menor que lo que tendrías que pagar en Kenia o Tanzania. Para que os hagáis una idea, el precio de un chalet entero (cocina, baño, comedor, habitación doble y barbacoa en el exterior) en uno de los campamentos dentro del parque nos costaba 80 € la noche, aunque había opciones más baratas sin baño, ni cocina por menos de 30 € la noche. Algo similar en el Masai Mara de Kenia sería varias veces ese precio.

Manada de elefantes en el Kruger, Sudáfrica
Leopardo en el Kruger, Sudáfrica Perro salvaje en el Kruger, Sudáfrica

Vivimos grandes momentos durante el viaje como cuando una leona estuvo andando al lado de nuestro coche (a tan solo 2 metros) durante unos minutos, o cuando de repente aparecieron 5 leones macho de entre la niebla y cruzaron el camino, o cuando un kudú nos avisó de que había un leopardo que venía en nuestra dirección, o cuando vimos a una pareja de leones "haciendo leoncitos", o cuando vimos como unos cocodrilos se daban un festín en una charca... Tenemos un montón de recuerdos que no olvidaremos nunca y que han hecho que volvamos totalmente enamorados de aquel lugar. De hecho, nos hemos hecho la promesa en firme de que regresaremos, no tardando demasiado, en un viaje de unos 10 días a Sudáfrica para disfrutar en exclusiva del Kruger.

Leones dándose amor en el Kruger, Sudáfrica
Hiena y buitre en el Kruger, Sudáfrica Cocodrilo comiendo en el Kruger, Sudáfrica

Para terminar el viaje, en el camino del Kruger a Johannesburgo (donde cogíamos el vuelo de vuelta), recorrimos la Ruta Panorama. Dentro de este trayecto vimos cascadas preciosas como las de Berlin Falls o Lisbon Falls, o las curiosas formaciones del Lucky Potholes. También nos asomamos a la God's Window para disfrutar de sus vistas. Pero sin lugar a dudas, la estrella de este recorrido es el increíble Cañón del río Blyde, el tercero más profundo del mundo.

Cañón del rio Blyde, Ruta Panorama, Sudáfrica

Sudáfrica ha conseguido que la llama del amor por África que se inició en Kenia siga aún más viva, demostrándonos que no hace falta gastarse una fortuna para irse de safari y que además también es algo que podemos hacer nosotros solos y a nuestro ritmo. Solo podemos decir: "Sudáfrica, volveremos a vernos pronto".

Aracena y Minas de Riotinto (septiembre)

A finales de septiembre hicimos una escapada de relax a Huelva, en concreto a Aracena. Nos alojamos en lo que antaño era un convento de clausura, el Hotel Convento Aracena, un lugar lleno de paz y armonía donde nos trataron de 10 y consiguieron que desapareciese todo el estrés del trabajo de un plumazo. Además de relajarnos, aprovechamos para visitar esta tranquila localidad, tierra del jamón de Jabugo y del cerdo ibérico, y descubrir la preciosa Gruta de las Maravillas.

Agua turquesa en la gruta de las Maravillas, Aracena
Patio interior del Hotel Convento Aracena Callejeando por Aracena

Ya que nos habíamos desplazado hasta allí, también nos acercamos al complejo minero Minas de Riotinto, un paisaje marciano del que habíamos oído hablar mucho y que llevábamos tiempo con ganas de ver. Visitamos el museo minero; la Casa 21 del barrio inglés, donde se puede ver cómo vivían los ingenieros, oficiales y demás personal de alto rango de las minas; pero sobre todo, nos maravillamos con la Peña de hierro, el impresionante Cerro Colorado o los intensos colores del nacimiento del río Tinto.

Exterior de Peña del hierro, Minas de Riotinto

Myanmar (noviembre y diciembre)

En nuestro último gran viaje de 2018 volvimos a Asia para visitar Myanmar. Durante 15 días recorrimos este precioso país que aún no ha sido corrompido por el turismo de masas. Volvimos enamorados de sus gentes, y es que aunque esta frase pueda resultar manida, es totalmente cierta. No hemos conocido un lugar donde la gente sea tan amable, te sonría o te salude sin más, y te ayude sin esperar nada a cambio, como en Myanmar. Supongo que esto cambie conforme aumente el número de visitantes al país y la picaresca derivada de su llegada. Por eso, ahora es el momento para viajar a Myanmar.

Nuestra primera parada fue Yangon, la gran urbe birmana, en la que la gran pagoda Shwedagon destaca sobre el resto de monumentos de la ciudad. Esta enorme pagoda de 100 metros de altura cubierta por placas bañadas en oro es realmente impresionante. Aunque fue una lástima que durante nuestra visita estuviese con andamios. Pese a ese inconveniente, nuestra primera toma de contacto con el país fue genial, y no solo por los monumentos que vimos, sino también por el calor que recibimos de la gente.

Pagoda Shwedagon en Yangon, Myanmar

La siguiente parada fue la localidad de Bago, una ciudad mucho menos turística que Yangon, pero que posee igualmente grandes atractivos como la Shwemawdaw Paya, la pagoda más alta del país. Una de las cosas que más nos sorprendió en la visita a Bago fue que durante todo el día nos cruzamos solo con cuatro occidentales más. El turismo de masas aún no ha llegado a este país y puedes visitar los lugares sin agobios, incluso en más de una ocasión en completa soledad. Este tipo de privilegios es un bien escaso en estos días.

Palacio de oro de Kambawzathardi, Bago, Myanmar

Seguimos nuestra ruta hacia el sureste del país para visitar uno de los puntos más importantes para los budistas birmanos, la Golden Rock. Esta gran roca cubierta de oro se encuentra guardando un equilibrio asombroso sobre un pelo de Buda, o al menos, eso dice la leyenda.

Golden Rock, Myanmar

Tras volver a Yangon, cogimos un vuelo hasta Mandalay, antigua capital imperial birmana y uno de los centros culturales del país. La ciudad nos llenó de regalos para la vista como su gran palacio, un monasterio de teca con unas tallas impresionantes o un precioso atardecer desde lo alto de Mandalay Hill.

Palacio imperial de Mandalay, Myanmar

En los alrededores de Mandalay se encuentran las conocidas como antiguas capitales imperiales de Myanmar. ¿Qué mejor forma para conocerlas que hacerlo por nuestra cuenta y con una moto de alquiler? Conducir una moto en Asia es toda una aventura, y para mí, algo súper divertido. El caos ordenado que rige el tráfico de estos lares es impresionante y vivirlo en primera persona es algo que recomiendo. Aunque es cierto que hay que ir con mucho ojo si no quieres tener un accidente. En el recorrido que hicimos visitamos Amarapura y su famoso puente de teca (U-bein), la antigua Inwa (también conocida como Ava) y sus numerosos templos y monasterios, disfrutamos de las vistas al atardecer desde lo alto de la colina de Sagaing y nos maravillamos con la estupa Mingun Pahtodawgyi y la hiperfotogénica Pagoda Mya Thein Tan en Mingun.

Puente de U-Bein, Amarapura, Myanmar
Pagoda Mya Thein Tan, Mingun, Myanmar Alberto motado en moto en Inwa, Myanmar

Desde allí volvimos a coger un vuelo para cumplir uno de nuestros sueño viajeros, ir a Bagan. Empezamos la visita de aquel inmenso complejo de templos por todo lo alto, literalmente. Nuestra primera visión de Bagan fue al amanecer montados en un globo. Sin duda alguna, una de las mejores experiencias del viaje y uno de los mejores amaneceres que hemos visto nunca. Pero la experiencia de Bagan no se quedó en ese vuelo, alquilamos una e-bike (moto eléctrica) y recorrimos los caminos de tierra de Bagan descubriendo templos impresionantes y disfrutando de unos amaneceres y atardeceres mágicos. Sin duda alguna, Bagan es la auténtica joya del país.

Lena entre los templos de Bagan, Myanmar
Globos sobrevolando Bagan al amanecer, Myanmar Templo Dhammayangyi en Bagan, Myanmar

Ante de continuar con la ruta que nos habíamos marcado hicimos una escapada de medio día desde Bagan al Monte Popa, un lugar de gran importancia para el culto nat, ya que es aquí donde se dice que viven los 37 nats (espíritus).

Monte Popa, Myanmar

Desde Bagan cogimos un bus nocturno hasta Kalaw para, desde allí, comenzar un trekking de 3 días hasta el lago Inle. Compartimos el camino con un pequeño grupo de personas de diferentes nacionalidades (franceses, neerlandeses, estadounidenses, chinos...) y con nuestro guía birmano. Durante estos días tuvimos un contacto mucho más directo con el entorno rural del país. Atravesamos pequeños pueblos a los que aún no había llegado la electricidad, dormimos en las casas de los locales, pasamos por los campos de cultivo que sustentaban sus familias, conocimos las diferentes etnias que habitan estas tierras (palaung, danu, pa-o, taung yo y danaw) y sus tradiciones... Fue una experiencia muy enriquecedora, aunque acabamos bastante cansados.

Anciana de la tribu Shan, trekking Kalaw-Inle, Myanmar
Carros en la zona rural, trekking Kalaw-Inle, Myanmar Paisajes del trekking Kalaw-Inle, Myanmar

El último destino del viaje fue el lago Inle, otro de los lugares que más nos gustó del país. La peculiaridad de este lago está en que una gran parte de la actividad y vida que se lleva entorno a él se produce en el mismo lago y no en sus orillas. Aparte de los pescadores del lago Inle, famosos por su destreza y equilibrio a la hora de pescar, se dan otras situaciones bastante peculiares. Hay varios pueblos que se levantan sobre sus aguas, cuyas viviendas son palafitos de madera y chapa; las calles son canales o los huertos de tomates flotan a cinco metros del fondo del lago. El lago es un lugar mágico y es increíble ver la capacidad de adaptación al entorno que tiene el ser humano.

Pescadores reales del lago Inle, Myanmar
Casas de un pueblo del lago Inle, Myanmar Estupas de Indein, cerca del lago Inle, Myanmar

Desde allí hicimos una excursión de medio día hacia las montañas, zona habitada por la etnia Shan, para encontrarnos con uno de los lugares más bonitos que vimos durante el viaje, el bosque de estupas de Kakku. Aquel increíble recinto cuenta con nada más y nada menos que 2478 estupas.

Bosque de estupas de Kakku, Myanmar Reflejos del bosque de estupas de Kakku, Myanmar

Myanmar nos ha parecido un país amable con el visitante como pocos en el mundo. Además de tener lugares tan impresionantes como Bagan o el lago Inle, que hacen de sobra que merezca la pena viajar hasta allí, tiene la gran ventaja de que es un país con poco turismo. Esto hace que los lugares se puedan visitar con calma y sin agobios, ya que no hay demasiada gente. Además, las picardías que nos podríamos encontrar en otros países de la zona donde los turistas son como billetes con patas, aquí, aún no existen. No me cansaré de decir que ahora es el momento de viajar a Myanmar.

Dubái (diciembre)

De vuelta del viaje a Myanmar optamos por hacer una escala larga en Dubái y conocer algo más de esta impresionante ciudad. Ya habíamos estado allí en una escala que hicimos cuando viajamos a Indonesia, visitando los principales puntos de interés, como el impresionante Burj Khalifa. Esta ocasión aprovechamos para ver otras zonas como Dubai Marina o el Burj Al Arab.

Panorámica del Dubai Marina

Una vez más hemos disfrutado de un grandísimo año en lo referente a los viajes. Hemos cumplido un sueño visitando Petra y Bagan, hemos volado en globo por primera vez y además lo hemos hecho en dos países diferentes (Jordania y Myanmar), hemos vuelto al sudeste asiático tras un par de años sin pisar por allí, hemos descubierto nuevos rincones de nuestro país, hemos mantenido tradiciones viajeras con los colegas que empezamos hace unos años, hemos conocido a un montón de gente nueva con la que hemos compartido parte de nuestras aventuras y hemos vuelto a África, el continente que nos ha robado el corazón. Este 2019 se presenta lleno de retos, de proyectos que esperemos que vean la luz en breve y de grandes viajes que nos harán cumplir sueños anhelados. Una pista, volveremos a África a vivir una experiencia con la que soñamos desde hace muchos años.

En lo referente al blog, las cifras siguen aumentado tanto en visitas al blog, como en seguidores en las redes. Sí, las cifras pueden parecer algo intangible, pero representan a los que estáis al otro lado. En cuanto a eso, solo tenemos palabras de agradecimiento para todos vosotros, todos los que siempre estáis ahí, siguiendo nuestras aventuras, dándonos consejos o pidiéndolos, apoyándonos, riéndoos con nosotros, o simplemente agradeciéndonos lo que hacemos. De verdad, no nos cansaremos de daros las gracias por todos vuestros mensajes en el blog, en las redes o por mail. Vosotros hacéis que todo este esfuerzo merezca la pena. Gracias por estar ahí.


A continuación os dejamos un mapa con lugares a los que viajamos en 2018.

Si quieres ver el mapa en otra pestaña haz clic aquí.



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